Laura Pratto escribe sobre Chozas

9683_567586703258696_581007465_n

Me acuerdo de la vez que esa gorda lloraba con los codos clavados en el escritorio de la dirección. Decía que un tipo le había reventado la cabeza a su hijo, y que la escuela tenía que hacer algo.

   -¿Pero usted no los cuida? –le decía mi mamá-¿Cómo los deja andar todo el día en la calle?

   La vieja le dijo que no podía porque tenía nueve hijos.

   -¿Qué quiere que haga? –decía.

   -Ciérrele la puerta, señora.

    La vieja se secó las lágrimas y le vi bien la cara como chamuscada.

   -No tenemos puerta –dijo. 

  Nacho, el protagonista de Chozas, se junta con los del otro barrio, ese en el que la gente no tiene puertas. Los que tienen puertas y los que no tienen puertas se cruzan en la escuela, comparten algo más que los espacios; crecen juntos. Es lo que sucedía, si aún no sucede, en lugares pequeños como la localidad del interior de Córdoba donde transcurre Chozas; hay coyunturas que provisoriamente parecen igualar el estatus, o al menos hacer que no pese: la escuela pública, un baile, un partido de fútbol. Las chozas y las cuevas no son tan distintas, después de todo. Pero entre ellas hay una frontera que alguna pincelada vuelve a destacar. 

   Jugábamos al fulbo en el patio. Al lado de la canchita los pobres iban con un tarrito cachuzo a buscar el pedazo de bizcocho y la leche que le daba la caja PAN. Ahí te dabas cuenta quién eran los pobres. 

   En la frontera se truchan cosas, hay imitaciones, nunca igualdad. La comunión es falsa, competitiva, hace agua apenas el narrador o el lector se permiten observar. Chozas tiene la riqueza del microclima en una zona fronteriza: el riesgo, la posibilidad festiva, la licencia para pasar un cadáver o un delito de un lado a otro, el doble estándar, la promiscuidad. En un pasaje de la novela, ambientada en los años de la hiperinflación, se cae al suelo un paquete con azúcar, de esos atesorados porque tan sólo se podía obtener una unidad, y comprar en el acto era una inversión. El paquete se abre y los desesperados se lanzan a juntar con los dedos esa mezcla de azúcar con la arenilla de la tierra. Esa mezcla de pobreza y picardía, dice en otro pasaje Giordano.

   Así de entreveradas, de turbias, están las cosas. Así de ávido está uno en la llanura, en la pubertad.En otro se cuenta una experiencia sexual grupal que toma carácter celebratorio, una suerte de rito de pasaje nacido de la angustia individual, de la perturbación por esas cercanías al borde, en el límite, en la frontera. … porque la tarde que empezó todo fue triste, escribe el autor.

chozas-tapa   Está esa búsqueda de la experiencia, esa ansiedad de relieve en un paisaje tan horizontal, tan llano que hay que trabajar para urdir secretos, novedades topográficas: un pozo para hacer una laguna, un camión que pasa disfrazado de barco, un laboratorio astronómico en el tanque de agua. Una cueva como una cavidad añorada, una choza como una ermita. Los perros que culeando solos hacen huecos en el aire.

    Hay algo en la vida que no conozco, algo escondido… Puede sonar a lamento ante un hecho desconcertante esta frase del protagonista, pero dicha desde la infinitud de la pampa parece más una profesión de fe, un deseo, una necesidad de que algo más que lo totalmente visible haya: ¿Y la vez que alguien me tocó el hombro, y me di vuelta solo en el campito?

   Un pueblo en la pampa cordobesa tiene esas puertas fantasmas, de aire, es decir: no tiene puertas. Es también una casa en el margen. El horizonte escracha las entradas y las salidas. Si no hay puerta no hay escape formal. Si no hay puerta no hay guiño ni reconocimiento estar adentro. Ahí se está siempre, viviendo en carpa, bajo una lona que asfixia.

   Los dos queríamos quedarnos ahí en los techos para siempre, aunque no nos rescataran, pero volví a la choza culiada. ¡A qué mierda volví! 

   No hay puerta, no hay límite tangible que cruzar haciendo alarde, no hay recursos para franquear una planicie, una edad, un peligro. De ciertos ecosistemas, como de la adolescencia, nunca se sale por completo. Esa agorafobia podría ser la pesadilla latente mientras la novela avanza y el protagonista, en simultáneo con el escritor, crece. Ya están los bisnietos de los gatos que ayudé a nacer, escribe Giordano, y acota su novela en el tiempo a un ciclo animal, tan animal como esa transición de los 10 a los 20 años, que es la que vive Nacho. Un espacio brutalmente abierto, nuevamente: sin puertas. Esa intemperie que ni siquiera el lenguaje, a lo largo de la novela, puede eludir: En un momento le vi la pelada a mi viejo cerca de la oreja con sangre y me dio mucha lástima y lo vi como si fuera un viejito, o sobre el final: … mi prima, con la cara ajada por haber sido la más linda…

    Esta última frase advierte que la belleza condena a una gimnasia y a una rutina. El del autor de Chozas es el extenuante ejercicio de la belleza que se sabe en el lenguaje. El modo de decir las cosas se recicla también para la supervivencia, y, mimetizado con los personajes de la historia, se permite entrar en trance con los espíritus más disponibles. El habla es otra de las formas que se afectan t por la acción del tiempo, el lenguaje en esta novela reconoce y admite la inclemencia. Parece querer estar allí para recordarnos que somos bastante permeables. Chozas.

*leído el 2 de junio de 2012 en Casa 13, ciudad de Córdoba, en ocasión de la presentación de Chozas, novela de Pablo Giordano, publicada por Ediciones Ciprés; publicado posteriormente en la revista No Retornable.

Todo lo que siempre quiso saber sobre el acné y nunca lo encontró en la red.

whey-protein-acne

   La química y divulgadora científica Déborah García Bello publicó en Cuadernos de Cultura Científica el mejor informe científico sobre el acné, donde recopila además los mitos y verdades sobre el tema.

   El tratamiento con peróxido de benzoílo es habitual, pero muchas pieles no lo soportan. La preocupación de la influencia de la dieta en el acné surgió en los años 30, donde el chocolate, el azúcar y el yodo estaban entre los factores dietéticos implicados. En los estudios sobre el acné que se hicieron hasta los años 70, no se encontró ninguna conexión entre la dieta y el acné, así que este concepto se olvidó durante años. En cambio, hace un par de décadas estas ideas volvieron. Se hicieron nuevos estudios, algunos concluyentes y otros no. De ahí surgieron algunas certezas y proliferaron ciertos mitos. Veamos algunos de ellos: 

  1. Leche

Se han realizado varios estudios, con diferentes rangos de edad y diferentes productos lácteos, todos concluyeron que el consumo de lácteos sí puede desencadenar acné. Todavía se desconoce qué ingredientes de la leche son los responsables y, por tanto, cómo sucede esto. Existe mayor evidencia con el consumo de leche desnatada, cosa que podría atribuirse a la alfa-lactoalbúmina. Como esto no sucede siempre, no le ocurre a todo el mundo y no prevalece con todos los lácteos, consumir menos lácteos es un consejo que no hay que tomar muy en serio.

  1. Dulces, golosinas y otros alimentos de alto índice glucémico

En teoría las dietas de elevada carga glucémica aumentarían la concentración de insulina, estimulando la producción de sebo y contribuyendo a las lesiones de acné. La realidad es que los estudios demuestran que una dieta de baja carga glucémica mejora el acné. Por esto es recomendable dejar de consumir alimentos con azúcar añadido (dulces, facturas, golosinas, refrescos azucarados, etc.), edulcorantes como la miel, así como pan, pasta o cereales hechos con harinas blancas.

  1. Chocolate

Posiblemente el chocolate sea el alimento que más relacionamos con el acné, pero sorpresa, es un mito. No existe ninguna evidencia científica que relacione el consumo de chocolate con el acné. De hecho, los antioxidantes que contiene el chocolate son beneficiosos para la piel.

   Podemos pensar que la razón de este mito estriba en el tipo de chocolate que consumimos. Si el chocolate contiene azúcar, es un alimento de alto índice glucémico y, por tanto, sí podríamos relacionarlo con el acné. El problema del chocolate está en el azúcar, así que la mejor opción es tomar chocolate sin azúcar.

 

 

  1. Alimentos grasos como la pizza o las patatas fritas

Un mito común sobre el acné es que la grasa alimentaria se traduce en más grasa en los poros, pero no hay una relación directa entre ambas. De todos modos, una dieta rica en grasas saturadas puede estimular las microinflamaciones en todos los órganos del cuerpo, incluida la piel.

   Un falso remedio contra el acné es el sol. Probablemente hayas escuchado que tomar el sol y broncearse reseca los granos y los cura. No es así. El bronceado puede disimular algunas marcas del acné, pero la realidad es que recientemente se ha descubierto que la radiación ultravioleta del sol empeora el acné. Los efectos desecantes del sol provocarán que tu piel sufra un efecto rebote y se acelere la producción de sebo. El engrosamiento de la capa externa de la piel obstruirá los poros e impedirá que el sebo se libere adecuadamente. Para evitar esto, es necesario utilizar productos de protección solar específicos para pieles con acné, fluidos sin aceites y con texturas no comedogénicas.

   Ahora, para conocer remedios contra el acné, te dejo con el artículo original.

 

Lo suficiente…

10155372_10202521668216568_8550876965979218284_n

 

entre las banderolas
los acueductos
moro

salto y me refugio
de una en uno
bajo
por los techos
habito veloz
las alcantarillas

vacilantes tapiales
de los gatos
cornisas y molduras
de las ratas

manglares
de vereda a vereda

tengo once años y escapo de una sustancia de la vida
cumplo con un mandato de los sueños
y lo tipeo

 

 

 

 

a los vecinos ahorcados en los fresnos de las medianeras
un pibe morocho sin magia
paseaba estudiando

visitaba
el puente donde los cuerpos
eran atraídos hacia el alivio

con el tiempo aprendió a remolcar en el agua
los embutidos fríos
desanudar los frutos tensos
en lo alto
de la rama más fuerte

devoraba este niño los capullos
uno a uno
en laboratorios desolados

dijeron que ese fantasma
era yo

fue la estación en que cumplí
todos los años

 

 

 

 

por esta ciudad anduve tanto que
igual a fonemas harto repetidos
la desconozco

¿sabrá de mí?
¿o también
me repitió demasiado?

¿soy una aliteración
una marca de agua en sus fotografías?

 

 

 

 

¿por qué no llevan
señor
título sus poemas
ni puntos
ni comas?

porque son huérfanos
pobres

¿cómo flores silvestres
en la brisa de la tarde?

no
mejor guachas
en medio de un monte
entre espinillos asediados por serpientes

¿o gorriones
atravesando la lluvia
hacia la muerte?

no
cabezas de muñecas quemadas
en el poniente del baldío

Los necesito /2

Amigos que me asistieron en este work in progress hace algunos días: luego de aplicar las recomendaciones que ustedes me hicieron, pego abajo una primer revisión, a ver qué les parece. ¡Gracias!

hotel-del-sol-inn

  La última vez que sus pies se hundieron en el césped del patio, tenía empleo y esposa. Directo desde la cama, sin vestirse ni pasar por el water, no siente que sea exactamente él el que está allí. Empleo y esposa; y una perra: Belkis. Hace años, Julio, Belkis y Carolina eran una sola entidad cuando jugaban, por la tarde, en ese mismo patio donde ahora la circunferencia del sol se completa sobre el muro. Extraña a la perra, no a Carolina. Eso debe tenerlo en claro. Es Domingo de fuego en Rosarito, invadida por las enormes antenas de alta tensión que la afean tanto.

  Anoche, como cada Sábado, los güeritos dejaron el reguero de basura por toda la calle. Ninguno tiene edad para saber que han cruzado a otro país. Creen que México  es el estado más divertido de América. La compañía de limpia del Ayuntamiento envió al personal de las playas a juntar la mugre de este lado. Un gordo que apenas si puede mover la bolsa donde debe colocar las latas de cerveza, entra y sale del cuadro que Julio descubre en la ventana mientras enciende un cigarro y termina de abrocharse la camisa. Se nota que el gordo es un voluntario, que tuvieron que recurrir a gente como él o quizá a presidiarios porque seguramente la mayoría del personal de la compañía se quedó limpiando la sobrepoblación de medusas en la costa. Ahora Julio cierra la persiana y alcanza a ver al gordo agacharse con dificultad, levantar una lata y botarla dentro de la bolsa.

  Julio cierra la puerta y proyecta en su mente el cruce por el Mojave. Enciende el Tsuru, baja a la calle y lo deja allí rumiando mientras cierra el garaje. Luego se sube y acelera. A las pocas calles gira por Troncoso Miranda, donde está el templo Bethel que siempre lo intrigó. Un día va a entrar, lo presiente, es una de esas sensaciones que lo empujan, como ahora, a una experiencia sin sentido, como este largo viaje por una perra.

¿Querés darte una vuelta por la Estación Espacial Internacional?

Street View no sólo nos sirve para ver la calle a la que tenemos que ir, o para recordar lugares por los que hemos pasado. El gran proyecto de Google Maps puede servirnos para explorar lugares que no hemos visto nunca, o sitios a los que posiblemente no podamos acudir nunca. Por ejemplo, podemos mirar el océano por dentro, el castillo de Drácula o incluso el espacio exterior. Ni siquiera el vasto campo de oscuridad que rodea a la Tierra se escapa de las cámaras de Google. Y ya podemos explorar una pequeña parte del espacio a través de Street View: la Estación Espacial Internacional. Y todo gracias a Thomas Pesquet, uno de los astronautas de la Agencia Espacial Europea (ESA) que ha subido hasta allí con la cámara del gigante buscador.

   Thomas Pesquet comenta en el blog de Google el desafío que ha supuesto capturar todas estas imágenes. El equipo que Google suele utilizar no funciona con gravedad cero, así que tuvieron que usar una configuración personalizada con cámaras DSLR y elementos ya presentes en la estación. Todas esas fotos se enviaron a la Tierra, y allí se juntaron para formar una imagen en 360 grados.

   Estas imágenes ya se pueden explorar en Street View. Para hacerlo sólo tenéis que seguir este enlace, y explorar a partir de ahí.

Los necesito

Amigos, los quiero. Pero además, los necesito. Estoy editando un relato y necesito sus opiniones y/o comentarios. Pego abajo el comienzo. Gracias.

maxresdefault

   La última vez que sus pies descalzos se hundieron en el césped del patio, tenía empleo y esposa. Julio todavía siente el sabor del queso untable contra el paladar y la textura láctea en la lengua. Fue todo lo que cenó anoche. Se duchó y se acostó sin llevar nada a la cama para leer, tampoco miró televisión; sí al techo, un rato antes de dormirse. No estaba triste.

  El naranja del amanecer muerde el muro del patio que da a la calle sur. Mira sus pies como si fueran ajenos, no son los mismo que lo trajeron recién directo desde la cama, sin vestirse ni pasar por el water. Empleo y esposa; y una perra llamada Belkis que ladraba largas horas y no dejaba dormir a nadie. Julio propuso a su mujer llevar al animal al veterinario para operarle las cuerdas vocales. Una intervención simple y barata, indolora. Carolina lo miró con desprecio, advirtiendo recién entonces al tipo de hombre con el que se había casado, capaz de mutilar a una inocente perrita. Esa tarde ella levantó a Belkis en sus brazos y, como cuando la trajo inflada de parásitos rogando a Julio que se la quedaran; se largó a llorar como una niña ante un padre cruel. El llanto de Carolina revelaba su postadolescencia recién florecida en los pómulos.

  Julio, Belkis y Carolina eran una sola entidad cuando jugaban, por la tarde, en ese mismo patio. No había llantos. Él escribió una columna en el periódico con la idea surgida de esos eventos: la vida detenida en un patio por la felicidad familiar. Casi nadie entendió el concepto y Julio se desanimó un poco hasta que en Facebook lo ayudó un colega vinculando el artículo de Julio con citas a los patios borgeanos.

 La circunferencia del sol se completa sobre el muro. Extraña a esa perra y le parece un sentimiento digno de atender por unos segundos más. Es a su perra a quien extraña y no a Carolina. Eso debe tenerlo en claro. Es un Domingo plano en Rosarito como siempre lo evidencian sus avenidas de árboles de copas insuficientes, el sol bíblico que lo calcina todo, y las enormes antenas de alta tensión como gigantes absurdos invadiendo impunes la ciudad, cruzando inclusive la zona del Centro Cívico. Anoche, como cada Sábado, los malcriados güeritos dejaron el acostumbrado reguero de basura por toda la calle. Los oyó mientras terminaba el queso. Cruzan con el dinero y los carros de papá a drogarse y a hacer lo que en San Diego no pueden. No muy diferente a la tradición de la antigua Ley Seca que traía gente del norte hacia Ensenada y Rosarito. Ninguno tiene edad para saber que han cruzado a otro país, cuando dicen “México” creen que se trata del estado más divertido de América. La compañía de limpia del Ayuntamiento ha enviado al personal de las playas a juntar la mugre de los adolescentes. Un gordo que apenas si puede mover la bolsa donde debe colocar las latas de cerveza, entra y sale del cuadro que Julio ve por la ventana mientras enciende un cigarro y termina de abrocharse la camisa. Se nota que el gordo es un voluntario, que tuvieron que recurrir a ellos o quizá a presidiarios porque parte de la compañía se quedó limpiando la sobre población de medusas en la costa. Ahora Julio cierra la persiana y alcanza a ver al gordo agacharse con dificultad, levantar una lata, y botarla dentro de la bolsa. Julio se pregunta por qué no usa un pincho para hacerlo.  

  Extrañar a la perra… sí… viajar a verla, o mejor dicho, a verlas, porque supone que Carolina todavía tiene a Belkis, es un reto a su integridad. Y si ni su trabajo, ni su vida, ni su soledad tienen sentido, porque tendría que tenerlo viajar a Tucson. Ahora cierra la puerta y proyecta en su mente el largo cruce por el Mojave. ¡Cuánto necesita meterse en él por un rato! La “belleza americana” no es ya una adolescente de boca madura y caderas de caja musical que fue su esposa, sino una parte seca del país más odiado del mundo, un manchón ocre recostado inmenso, mostrando sus rigurosas curvas a los limpios cielos del sur. Le encanta el desierto desde que era un niño mirando El Correcaminos o las historias de Speedy González. Y a los lagartos cornudos los ama, no puede pasar mucho tiempo sin tocar uno, al sol, verles la cabeza mirando al horizonte dorado.

  En la garaje enciende el viejo Tsuru y lo baja a la calle, lo deja allí rumiando mientras cierra el garaje. Luego se sube y sale. A las pocas calles gira por Troncoso Miranda, donde está el templo Bethel que siempre lo intrigó. Un día va a entrar, lo presiente, es una de esas sensaciones que lo empujan, como ahora, a una experiencia sin sentido, como este larguísimo viaje. Siempre tiene esos impulsos a los que llama “sensaciones”. Son extremas y se desmoronan fácilmente con otra que no tarda en llegar y contradice a la primera. Por eso termina enredado o perdido cuando la contra sensación no llega.