40 años de historias

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García Márquez no quería ser recordado por Cien años de soledad ni por el Nobel, sino por su labor en los periódicos. Definió al periodismo como el mejor trabajo del mundo, el cual desempeñó desde 1947, mientras publicaba sus primeros cuentos, hasta poco antes de su muerte, en 2014, a los 87 años. 

El escándalo del siglo, una selección de su obra periodística, recoge publicaciones en distintos medios gráficos durante cuatro décadas: desde el bohemio “Gabo” aprendiz, hasta mediados de la década de 1980, cuando ya era un nombre pesado de la literatura. 

En las notas encontramos a un borracho que se tira por la ventana de su hotel al ver una lluvia de peces; un velatorio costero autóctono rodeado de leyendas populares; el bloqueo a Cuba; reflexiones sobre la escritura y el Premio Nobel; crónicas de homicidios; unas vacaciones con el Papa; una oficina de correos donde van a parar las cartas perdidas y la famosa crónica por entregas, que da título al libro, acerca de la misteriosa muerte de la italiana Wilma Montesi.

Es una antología que evidencia la poca distancia entre el García Márquez cronista y el escritor de novelas, y  donde aparecen por primera vez los bocetos de sus grandes obras: Aracataca y las familias Buendía.

Además de maestro de periodistas, nadie duda de que “fue el mejor colombiano de todos los tiempos”, como manifestó el presidente del país caribeño el día del funeral. Su periodismo se mantuvo fiel a un principio: contar una historia. Contarla bien.

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Mis lecturas 2018

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Fue un año de relecturas, de deudas (vergonzosas) saldadas con la literatura, y de alguna que otra novedad. Los de arriba son los diez libros que recomiendo de entre todas las lecturas del 2018. Abajo, dos links a los comentarios y críticas que escribí para La Voz del Interior sobre alguno de ellos. Espero que disfruten. ¿Ustedes que leyeron?

 

Lecturas:

Las garras del niño inútil de Luis Mey

Más allá de las imposturas intelectuales de Alan Sokal

El proyecto esposa de Graeme Simsion

Einstein para perplejos de José Edelstein y Andrés Gomberoff

El gusano máximo de la vida misma de Alberto Laiseca

Los Divinos de Laura Restrepo

El camino del tabaco de Erskine Caldwell 

Laberinto de Augusto Porporato

Magnetizado de Carlos Busqued

Una brevísima introducción a la filosofía de la ciencia de Samir Okasha

Los escombros de la Historia

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Se dijo que aceptar el destino es digno de grandes hombres. En Enterrados, el narrador lo explicita aprisionado bajo las paredes de una casa desplomada. Acepta esa condición como epifanía, como tuvo que aceptar la Guerra del Paraguay.

Este narrador puede ser el general Mitre, aunque porte linterna y celular. La locación puede ser uno de los círculos infernales de la Divina comedia, a la cual tradujo y agoniza en la historia enterrada de las traducciones. El concreto quebrado sobre el protagonista se convierte de repente en los restos de la mansión donde se construyó tiempo después la Biblioteca Nacional: la explosión polisémica no da respiro.

Dividida en cuatro partes, dentro de un relato ramificado, la trama deja espacio a la asociación libre entre arte e Historia, revela la pasión de Delfina, mujer de Mitre; pero también la de Elisa Lynch y su hombre líder del Paraguay: Francisco Solano. Conviven caóticamente, unidos por el pensamiento delirante del que fallece bajo la destrucción: Marco Aurelio, los arcanos de la política sudamericana, los antepasados irlandeses del Che, las supersticiones nazis, Sarmiento, la cultura libresca islámica, Mansilla, Borges y todos los vínculos imaginables entre estos.

Miguel Vitagliano ofrece una historia reconstruida con escombros del pasado del mundo y la historia reciente argentina. El libro requiere pensar bien cada capítulo como un juego de ingenio donde los encastres están distantes.

Rostros de personas que no existen

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En Internet, discernir qué es verdad de lo que no lo es resulta una tarea más complicada conforme pasa el tiempo. Atrás quedó esa época de los fakes y hoaxes de dudosa calidad que se defendían por la mala calidad de, por ejemplo, las cámaras del momento. Sin embargo, estamos cerca de dar un salto enorme en fabricar realidades alternativas con los deep fakes. En vídeo ya hemos visto realidades preocupantes, pero en foto lo nuevo de los desarrolladores de NVIDIA es incluso más inquietante.

La compañía especializada en tarjetas gráficas y cada vez más en inteligencia artificial comenzó a mostrar resultados de generación de rostros con lo que llaman Generative Adversarial Networks (GAN). Sin embargo, todavía presentaba problemas en los rostros como para resultar creíble a personas. Lo que acaban de mostrar en vídeo es impresionante, las caras parecen las de cualquier persona con la que te puedes encontrar en la vida real, sin rasgos que resulten extraños en forma alguna.

Las GAN ofrecían, según la investigación de NVIDIA, muy poco control sobre las imágenes generadas. El nuevo sistema tiene un generador que sabe cómo separar diferentes partes de las imágenes sin supervisión humana. Así, los diferentes rasgos y partes de una cara se toman como variables independientes mucho mejor procesadas, que se pueden combinar en cualquier tipo de rostro sin que resulte extraño.

El equipo responsable muestra en el vídeo cómo, después de que las redes neuronales hayan sido entrenadas son capaces de combinar dos fuentes y generar nuevas caras. Para ello, han empleado 70.000 fotografías de caras humanas de Flickr-Faces-HQ y FFHQ que están disponibles para estas investigaciones (como los datos de Cambridge Analytica también lo estaban para ciencias sociales). Para eliminar estatuas y rostros localizados en cuadros, han utilizado la plataforma Mechanical Turk de Amazon.

(la entrada completa aquí)

Lo humano que habita en el monstruo

En la novela Los Divinos la autora crea una ficción a partir de un crimen que tuvo gran resonancia mediática en Colombia.

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Noche de nadie en Bogotá, en las calles zumban alarmas, pandillas sicariales y porteros armados. De a ratos, la sirena de una ambulancia parece poner paz a lejanos alaridos. El Muñeco, Tarabeo, El Duque, Pildo y El Hobbit (la hermandad llamada Los Tutti Frutti) se mueven en sus autos de lujo como divinos en una madrugada infame.

Pertenecen a la clase que cumple el riguroso mandato de la sociedad acomodada colombiana: violencia contra cualquier mujer que se interponga en sus placeres o sea el objetivo de estos. Los Tutti se conocen desde niños y jamás elevaron la vara por encima de los delitos menores; pero, desde hace unos meses, el clima que se respira es trágico, lo presienten, especulan.

Esa es la panorámica de apertura en Los Divinos, la última novela de la colombiana Laura Restrepo, que le valiera los premios Antonio Gala de Narrativa y Córdoba por la Paz 2018.

El relato, basado en un hecho real, aborda el caso que conmocionó a Bogotá en diciembre de 2016: la desaparición de Yuliana Samboní, de 7 años. En ese infanticidio no hubo semanas de búsqueda ni decenas de pistas. Siete horas después de la desaparición, el cuerpo de la niña fue encontrado ungido en aceites, sales y envuelto en velos, rodeado de velas encendidas ondeando sobre el agua de la piscina del arquitecto de 38 años Rafael Uribe.

Restrepo recrea en primera persona la vida de los cinco personajes involucrados y los arroja por un embudo argumental cuyo final se palpita en cada página: lo que nace como travesuras infantiles se consolida como aberraciones de adultos. Cada capítulo es un perfil y una revelación.

El modo elegido por la escritora que ganó el premio Alfaguara 2004 para contar esta historia tiene el color y la fuerza del léxico coloquial bogotano, interferido por el estilo culto de la autora, que sacrifica un poco de realismo para hacernos irremediablemente cómplices del horror: una manera necesaria de entender que los actos a veces llamados monstruosos son humanos y que para aprehenderlos hay que vivirlos o pensarlos desde una cultura ilustrada. La novela intenta dar respuesta al lugar común: ¿por qué ocurren estas cosas?

En un continente que visibiliza cada vez más los femicidios y ha levantado en la última década más alto que nunca las banderas del feminismo, Los Divinos es otro aporte que trasciende al caso particular y nos sitúa en la realidad de un continente que tuvo y tiene problemas de narcotráfico, fronteras, violencia y abusos sistemáticos; donde la corrupción permite a las clases dominantes hacer prácticamente lo que quieren.

A pesar de basarse en el caso particular de Yuliana, la novela de Restrepo es una obra ficcional que toma este crimen para enfocar en las particularidades de la complejidad humana. No hay spoiler cuando lo que importa no es lo que ocurrió, sino por qué.

Otras coordenadas

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la nieve cede ante el sol de abril

paramos en esta tienda de abarrotes y pienso

cómo es que terminamos en Alberta

de dónde y hacia qué escapamos

en los versos de otras coordenadas

no necesito un auto, me digo

mientras caminás hacia el auto

Queen y el populismo

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Freddie, como producto de la multiculturalidad inglesa, prueba que el populismo no teme a las contradicciones

El inesperado éxito de taquilla de la película Bohemian Rhapsody, de Bryan Singer, resulta algo así como una buena noticia. Ante este invierno de los descontentos, la película se ha convertido en un lugar en que padres e hijos y hasta abuelos pueden cantar unas canciones que, mezclando rock progresivo, ópera y guitarras afiladas, han logrado vencer en la aplicación Spotify por primera vez en años al reguetón como lo más escuchado.

¿Qué puede haber más provocador en la era del Brexit que un biopic que retrata la gloria eterna de Farrokh Bulsara (alias Freddie Mercury), un rockero inglés hasta la médula que nació en África, se educó en Asia y triunfó en Latinoamérica? Es al menos el Queen que la película intenta retratar, un mundo mejor en el que el rock permitía la convivencia de un astrofísico obsesionado con su guitarra (Brian May), un técnico electrónico callado (John Deacon), un chico rubio que está enamorado de su auto (Roger Taylor) y un joven parsi (Freddie Mercury) que, a pesar de su homosexualidad, ama de manera intensa y definitiva a su novia. Un grupo que da cabida en sus discos a los gustos de sus integrantes, hasta que, tras una serie de malentendidos promovidos por la escena gay en que Freddie se pierde, parece a punto de romperse. Un breve malentendido que termina con una reconciliación espectacular en el Live Aid del estadio de Wembley —el 13 de junio de 1985—, quizás el acto fundacional del buenismo musical: ese momento en que creímos que el rock podía derrotar al hambre.

Mirado en retrospectiva, el triunfo de Queen en este concierto es quizás uno de los hitos fundacionales del populismo moderno. Es al menos de lo que siempre la crítica musical más refinada acusó a Queen, de usar un talento, que nadie nunca le negó, para acariciar en el sentido del pelo la multitud de los estadios, despreciando la soledad del que escucha el LP en casa. No por nada, Dave Marsh, de la revista Rolling Stone, la llamó en época tan temprano como el año 1978 como la “única banda de rock realmente fascista”. Crítica a la que el grupo contestó exagerando aún más la pompa de sus himnos innegables, al mismo tiempo que crecía el número de asistentes de sus conciertos en países en plena dictaduras (Argentina y Brasil), donde hacían gala de la marcialidad innegable de su líder único, que pasó del pelo largo habitual del rockero al bigote de los macho man de discoteca gais, pero también de los interrogadores de la policía política.

Queen, reformado por el dolor, se convirtió al mismo tiempo en grupo tolerante y tolerable. Eso no quita que quizás sea el que mejor ayude a explicar el populismo actual. Un populismo que es, como Queen mismo, una mezcla dispar de elementos contradictorios. Evangelistas puritanos que votan por un presidente que no esconde su lujuria. Huérfanos y millonarios, racistas de muchos colores, obreros deslocalizados y sus patrones deslocalizadores, todos cantando de pronto la misma canción, el himno perfecto del populismo que es ‘We Are the Champions’, un piano de balada donde Freddie sufre los golpes de una vida que no ha sido justa con él para, en el coro, descubrir que, por eso mismo:

“Nosotros somos los campeones. / No hay tiempo para los perdedores / porque nosotros somos los campeones del mundo”.

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