Las islas al fondo

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  Una práctica común en el arte consiste en escoger un mito griego y ponerlo a andar con elementos de la actualidad, o en algún tiempo histórico que mejor combine con los intereses retóricos o artísticos del autor. Suele hacerse para re significar al mito, o por lo menos, actualizarlo a los usos. Pero del simple recurso a una novela excelente como 1982, hay un trecho que sólo puede sortear un autor como Olguín, y pocos más.

  El mito escogido es el de Fedra, la princesa cretense, hija de Minos y de Pasífae, y hermana de Ariadna. Fue raptada por Teseo, tras abandonar este a Ariadna, para casarse con ella. Olguín incorpora algunos cambios a la historia y la trae a la Argentina del año que da título a la novela. Su protagonista, Pedro, tiene diecinueve años, vive en Buenos Aires, estudia Letras y es hijo del teniente coronel Augusto Vidal (a punto de convertirse en héroe en Malvinas). Fátima es la segunda mujer del militar, de quien Pedro se enamora. A partir de ese momento se desatará la tragedia.

  Sólo hacen falta dos o tres pequeñas acciones en la vida cotidiana (un llamado telefónico, un beso, subir a un colectivo) para que toda la estructura de una familia se vea obligada a ceder ante la monstruosidad. A medida que la historia avanza, el clima de la narración mutará del hiperrealismo a un inquietante surrealismo para escapar de lo previsible. El desenlace de la historia es grotesco como puede serlo un lobo marino cayendo por unas filosas escaleras de metal.    

  Si bien no es una novela sobre Malvinas, las noticias que llegan desde las islas a la casa de los protagonistas son la música de fondo, con dramatismo expectante, que magnifica los sonidos de los discos de rock nacional que suenan en las escenas; también el de la playa y los colores de la madrugada, cuando Pedro se gana la vida como aprendiz de pescador, más interesado por la belleza del amor que por el derrotero de su familia. Ese escenario es la ciudad de Mar de Ajó, a la cual gracias al estilo de la prosa, no hace falta haber visitado para recordar sus aromas, su idiosincrasia demodé, y su argentinidad transfigurada, como lo fue la guerra, como lo fue la junta militar en su debacle.

  Sergio Olguín, nacido en Buenos Aires en 1967, es recordado entre otras obras por Springfield (Norma, 2007) novela trascendental que fue traducidas al francés, alemán e italiano. En 1982, su novena, nos narra una oscura historia de amor donde la represión estatal se volverá doméstica, donde la realidad homogénea del país bajo el régimen militar se resquebraja, y en sus primera grietas se puede volver a buscar una identidad, a pensar y a amar, aunque el precio a pagar por la libertad y la felicidad sea, paradójicamente, perderlas. Como en toda tragedia griega (o argentina) lo construido desde la valentía y la revelación; terminará en un duro golpe sin vuelta atrás.

 

Astroloquía 4 y 5

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leer partes 1, 2 y 3

4

 Carl se encuentra en la sala con un cierto grado de ansiedad que lo paraliza. Transcurren sus vacaciones de verano. Con él se encuentra su madre, su hermana y una criada. Algo está a punto de ocurrir. Entonces ocurre: sin causa aparente, la mesa redonda de nogal, con setenta años de antigüedad, se parte por la mitad en un estrépito. Estamos a fines del siglo XIX en Suecia. Aquello lo marcaría para siempre, y su familia tendría que acostumbrarse. A las dos semanas, se hace añicos un aparador. En su interior se halla la cesta del pan, rectangular, dispuesta de tal modo que en una esquina quedó el mango del cuchillo y en las otras tres, los tres trozos en que se dividió el cubierto.

  Movilizados por las extrañas experiencias, la familia dió con familiares inmersos en el espiritismo (conocido como fraudulento ya en aquella época, y tan de moda). Una médium de poco más de quince años, quería ponerse en contacto con él. No hay evidencias de nada de ésto, y la persona de la que hablamos es el famoso Carl Gustav Jung, psiquiatra clave en la etapa inicial del psicoanálisis; posteriormente, fundador de la escuela de psicología analítica, también llamada psicología de los complejos y psicología profunda.

   Los aparentes hechos sobrenaturales ocurrieron después de su pelea con Freud, otro psiquiátra espiritista con quien colaboró en los comienzos. Jung enfermó a raíz del pleito y las cosas, literalmente, comenzaron a romperse. Tiempo más tarde, dijo que la relación entre analista y paciente puede generar en determinadas ocasiones fenómenos parapsicológicos, sobre todo ante la existencia de transferencia por parte del analizado, o una identificación inconsciente entre ambos. Jamás lo demostró. Sin embargo, lo utilizó para la elaboración de su tesis doctoral «Acerca de la psicología y patología de los llamados fenómenos ocultos» en 1902. La conclusión fue que la casa estaba repleta de espíritus.

   Jung continuó publicando libros hasta el final de su vida,  intentó dar base científica a varios de sus postulados, pero en la mayoría de los casos, fracazó. Uno de sus libros más famosos (El Libro Rojo) se basa en la astrología y es un punto base de gran parte de los movimientos que en la actualidad se denominan New Age. Contrariando lo que muchos suponen, poco antes de su muerte Jung descartó de plano la solvencia metodológica de disciplinas como la astrología. Ninguno de los defensores del Libro Rojo conoce este dato. La crisis religiosa y la contraposición de algunas personas contra la ciencia durante los siglos XIX y XX han logrado mantener la cifra de adeptos en esta creencia.

     Más de 2000 bebés británicos nacidos a principios de marzo de 1958 en hospitales de Londres, muchos de ellos con diferencias de minutos en sus edades, fueron seguidos por médicos durante años. El objetivo era comprobar de qué manera afectan a largo plazo a la salud cuestiones relacionadas con las costumbres, como la dieta, pero incidentalmente la inmensa masa de datos acumulada sobre este grupo a lo largo de los años se utilizó con el fin de demostrar si la astrología funciona o no.

  Fue imposible encontrar ningún tipo de relación. Si la tesis central de la astrología fuese cierta, la influencia de las esferas tendría que ser común a todos ellos, o muy similar, ya que nacieron casi a la vez y casi en el mismo lugar. Tendrían que tener alguna característica o querencia parecida. Pero las completas estadísticas sobre su estado de salud y psicológico que se han acumulado durante todos estos años no muestran ninguna.

   La evidencia de los gemelos idénticos es quizás la crítica más demoledora, por sencilla y lógica. Cualquier pretensión de la astrología de describir o predecir el carácter o futuro de una persona se basa en datar correctamente el momento de su nacimiento. En la realidad nos encontramos que frecuentemente los hermanos gemelos, cuyo nacimiento se encuentra separado por apenas unos pocos minutos, poseen gustos, caracteres, o sufren enfermedades o circunstancias vitales, totalmente distintas. Por lo tanto, cualquier posible efecto del momento del nacimiento sería insignificante comparado con las influencias del entorno y la herencia genética. Esto se ha cuantificado.

5

En 1980, Carl Sagán era un mediático de las ciencias gracias al más popular de todos los programas de divulgación: Cosmos. En una de sus entregas dijo: ¡Cómo puede la ascendencia de Marte en el momento de mi nacimiento influir sobre mí, ni entonces ni ahora! Yo nací en una habitación cerrada, la luz de Marte no podía entrar. La única influencia de Marte que podía afectarme era su gravitación. Sin embargo, la influencia gravitatoria del partero era mucho mayor que la influencia gravitatoria de Marte. Marte tiene mayor masa, pero el partero estaba mucho más cerca.

  Entre exacta y graciosa, la aseveración de Sagan fue calculada. La ciencia ha encontrado, por ejemplo, que la fuerza gravitatoria que ejerce sobre un recién nacido el médico que ayuda en el parto es unas seis veces superior a la del planeta Marte.

  Según un estudio de la Universidad de Mánchester y en contra de una creencia habitual de la astrología, no existe una influencia del signo zodiacal en el matrimonio. Según este estudio no existen combinaciones de signos zodiacales entre los miembros de un matrimonio que sean más habituales que otras combinaciones. Para dicho trabajo se hizo un estudio estadístico sobre el censo británico de 2001, lo que supone una población de 10 millones de matrimonios.

  En 2005 el escéptico y divulgador científico español Luis Alfonso Gámez (a quién robo compulsivamente mucho de lo que leerán acá) llevó a cabo una práctica ejemplificadora. Un astrólogo que no los conocía hizo a cada uno de los veintiséis alumnos del Máster de Periodismo de El Correo y la Universidad del País Vasco la carta astral personalizada a partir de la fecha y el lugar de nacimiento. Junto al gráfico con la situación de los planetas en su cielo natal, cada uno recibió una interpretación de su personalidad. Quince de los veintiséis consideraron, por tanto, que la carta astral les describía notable o sobresalientemente. La sorpresa y las risas llegaron cuando los jóvenes periodistas constataron que todos los textos eran iguales -una colección de generalidades que se adapta a cualquiera, como las que se publican a diario en los horóscopos de los periódicos- y que el astrólogo en realidad no existía, fue el propio Gámez quien escribió las cartas astrales.

  Unos de los argumentos que los astrólogos anteponen cuando son desenmascarados, es básicamente el que anteponen casi todos los que intentan defender lo que llaman sobrenatural: en este caso es que los planetas influyen no por efecto de la gravedad sino por otras fuerzas desconocidas y no detectables ni medibles por medios técnicos.

  El ilusionista y escéptico James Randi lleva décadas ofreciendo un premio de un millón de dólares a cualquiera que logre demostrar fehacientemente la existencia de un fenómeno o poderes paranormales, incluyendo el tipo de eventos como los que se ocupa la astrología. El premio está desierto desde que se ofreció.

“Lisario o el placer infinito de las mujeres”: un secreto femenino

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Lisario o el placer infinito de las mujeres es la primera novela de la italiana Antonella Cilento traducida al castellano.

Desde que sus padres le informaron que se casaría con un anciano, la niña muda Lisario Morales finge dormir para siempre, como si se tratase de un hechizo. Su estadía en la cama será una mezcla de acting y renunciamiento patológico que pondrá a toda la familia en una situación desesperante. Avicente Iguelmano, el médico que parece sacarla del sopor, será su esposo en virtud del agradecimiento de los familiares que le entregan a la joven. El médico la había visitado por meses sin éxito, dejándose atrapar por los bordes sórdidos de la terapia que improvisaba, llegando a perturbarse para siempre con su erotismo y, de alguna manera, a enamorarse. 

Lisario es una mujer rebelde, pero a escondidas. Roba libros de la biblioteca de su padre y comete prácticamente una herejía para las damas de la época: leer. Conocemos lo que hace y piensa gracias a las cartas que escribe a la Virgen María, donde no escatima en halagos a Cervantes y en el orgullo de poseer secretamente tanta literatura para conocerse y aprender del mundo ilustrado. Quizá el peor de sus pecados no estuviera solo en la lectura, sino en lo segundo, conocerse, conocer su cuerpo. Si para muchos aún hoy la masturbación femenina es terreno virgen, podemos comprender perfectamente que en el siglo XVII se le asignaran sospechas de brujería o posesión demoníaca. Lisario corría peligro cada día, pero su mutismo la exoneraba como ciertas discapacidades suelen solapar perversiones.

El goce femenino autosuficiente es el centro mismo de la trama de esta novela de época, con personajes extremos que se mezclan impúdicamente: desde príncipes hasta hermafroditas que ejercen la prostitución. Algo similar había contado Federico Andahazi en El anatomista, con la historia de Mateo Colón, quien descubre el clítoris como su homónimo a América, una tierra tan rica como intrigante y enloquecedora.   

Movido por un espíritu científico sin escrúpulos, el marido doctor llegará al punto de hacer tambalear el matrimonio en el afán sistemático de adentrarse en el misterio máximo de la feminidad. Primero con su propia esposa, y luego con todo tipo de personas con características femeninas. Lisario o el placer infinito de las mujeres de la escritora napolitana Antonella Cilento, ha sido finalista del premio Strega el año pasado y es su primera novela traducida al español de las 10 que lleva publicadas.

Astroloquía 1, 2 y 3

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  El frío en los desiertos nocturnos es una crueldad que hay que respetar y aprender. No hay otra cosa más que el cielo. La luz guía. Uniendo estrellas se podía ver a la osa, el carro, un arado. El GPS de la antiguedad en los largos viajes de los tiempos de la ingenuidad. Se trataba de sumerios y egipcios. Los hindúes, griegos y después los Incas y los Mayas armarían sus propios dibujos. Los primeros juraban haber inventado este sistema de posicionamiento global. Los chinos siempre fueron diferentes, pero estaban de acuerdo con algunas figuras. Luego se las llamó constelaciones.  

  Es el siglo II en Egipto. Claudio Ptolomeo pasa las noches mirando el cielo y reuniendo cientos de anotaciones. De ese caos arma un sistema de 48 dibujos, que, con algunas modificaciones, son los que aún se utilizan. Erróneamente Ptolomeo piensa que la tierra es el centro del Universo. No por burro, sino porque la humanidad cree eso desde milenios. También se cree que esta quieta, o como mucho, gira sobre sí misma, y que el Sol gira a su alrededor a lo largo del año.

  En el tiempo de Ptolomeo la astrología y la astronomía son la misma cosa. Una ciencia que estudia la evolución de los astros a lo largo del tiempo pero con un gran lastre religioso que relaciona a los eventos cósmicos como causa de los sucesos terrenales  como la caída de reyes o resultados de batallas.

  Fue en Roma donde se empezó a denunciar tímidamente a la astrología como errónea pero por contradecir la doctrina católica, el libre albedrío, es decir: la creencia de que los humanos tienen el poder de elegir y tomar sus propias decisiones.

    En 1147, Anwari, el mayor poeta persa, predijo después de unos estudios astrológicos basados en agrupamiento de cinco planetas en la constelación de Libra, que el fin del mundo llegaría el 16 de septiembre de 1186. Lo mismo advirtieron varios astrólogos de Toledo al Papa Clemente III. Nada ocurrió.

2

Uno de los Teólogos, enfurecido, se levantó para dejar mudos a los demás:

  — ¿Estamos obligados a admitir en nuestros barcos a quienes no los tienen?

  La lluvia seguía golpeando las ventanas con furia y era evidente que de seguir así durante días la altura del agua la alcanzaría inundando. Un trueno sacudió a la Universidad de Tubinga cuando nadie había contestado aún. La pregunta, supieron después, era estúpida. Cualquiera de las dos respuestas no había funcionado semanas antes y una horda de personas desesperadas asaltó los barcos y las arcas construidas por los ricos cuando el agua no dejaba de crecer.  Hubo naufragios y muertos por el exceso de pasaje. En Londres 20.000 personas habían abandonado sus casas.

  Nadie respondió, faltaba menos de 24 horas para el fin del mundo. Sin embargo, a la mañana, la lluvia se retiró y amaneció soledo. Al pánico fue gracias a que en 1499, el astrólogo alemán Johannes Stoeffer, profesor de la Universidad, publicó ‘Ephemerides’, anunciando que el 20 de febrero de 1524 sería el fin del mundo por la reunión de los planetas en el signo de Piscis.

  Como la profecía de Stoeffer falló, el discípulo Johann Carion rehizo los cálculos y apuntó al 15 de julio de 1525. Ese año, que tampoco acabó con el mundo, Thomas Muntzer, teólogo alemán, declaró que la venida de Cristo ocurriría, y que solo esperaba la derrota de las altas esferas de la monarquía.

  Muntzer dijo que Dios le habló, y le prometió “atrapar en sus manos las balas de los cañones del enemigo”. Los ejércitos de la monarquía derrotaron a los revolucionarios y Muntzer fue decapitado. Jan Mattijs, un profeta holandés discípulo de Muntzer, declaró que en ese mismo año ocurriría la venida de Cristo. Similar a Muntzer se alzó contra la monarquía y fue abatido por los ejércitos de los príncipes alemanes. Cien años después muchos de los astrólogos que predijeron fallidamente la inundación de 1524 volvieron a ajustar la fecha con el argumento de haberse equivocado por 100 años.

  En 1624 el pánico fue menor y no hay registro de inundaciones grandes.

3

 Hasta 1781 se ignoró en la astrología la influencia de Urano, como siguieron haciendo hasta 1846 con Neptuno. Plutón no pudo incorporarse hasta 1930; aunque su destronamiento como planeta ha debido de tener también su importancia en las predicciones que le tuvieran en cuenta antes de esa fecha. La lista de objetos celestiales que se utiliza en astrología se limita principalmente a los conocidos por Ptolomeo ignorando una enorme variedad de nuevos objetos astronómicos descubiertos hasta el momento. Por otra parte, el Sol lleva siglos pasando por Cáncer entre el 21 de junio y el 21 de julio, por decreto astrológico; aunque ya no sea así en la realidad. En la actualidad el Sol transita la constelación entre el 21 de julio y el 11 de agosto: es decir que muchos cáncer son en realidad géminis y muchos leo, cáncer.

  Las afirmaciones de los astrólogos comenzaron a considerarse obsoletas por la ciencia.  La mayoría hablan de 12 signos zodiacales, es decir las doce constelaciones, cuando realmente son 13 las que recorre el Sol (incluyendo Ofiuco). Por eso, hace poco, quisieron incluirlo, pero sin éxito. Las creencias y supersticiones son tan conservadoras que ni siquiera permiten modificaciones falaces dentro del mismo sistema de gran falacia.

La felicidad de los libros

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 Pablo Giordano es de Las Varillas. Allí nació en 1977, allí vive y desde allí se proyecta al mundo. Y no exageramos, Giordano integra ese pequeño grupo de jóvenes escritores de la provincia que ha hecho de su trabajo literario un oficio. La disciplina, la prolijidad y la autoexigencia, llevada casi al extremo, lo han proyectado hacia todas las direcciones; como un sismo que tiene epicentro en el interior de Córdoba, pero con una onda expansiva de límites desconocidos. 

   Ha publicado en diarios, revistas y sitios de América y Europa: La Voz del Interior, EL DIARIO del centro del país, Diario Perfil, Punto en línea (de la Universidad Nacional de México), El Especial de Nueva York y Alex Lootz de Madrid. A fines de la década pasada formó parte de las discutidas antologías provinciales sobre la narrativa joven en Córdoba (Es lo que hay y 10 bajistas) y publicó los libros “La Felicidad es un Gordini” (poesía, 2009), “Los muertos” (cuentos, 2012) y “Chozas” (novela, 2012). En la actualidad mantiene una columna en la revista PoloSecki, de Córdoba, y escribe casi a diario en su blog “Cosas de mimbre”, un espacio virtual en el que difunde sus escritos y un abanico de propuestas para aquellos que gustan de la cultura en toda su extensión. 

   Recientemente su trabajo se coronó con la publicación de dos libros de muy buena factura en los géneros cuento y poesía. Esos títulos son la “excusa” que hoy le proponemos en este hermoso domingo.

 Armando la choza 

   Giordano está feliz: recientemente una editorial cordobesa materializó en tapas duras una novela que comenzó a escribir cuando era adolescente, 16 años para ser más exactos. Sobre ese momento, el autor reflexiona ahora, con 18 primaveras más sobre la piel: “Aprendí básicamente el ABC de la literatura y algunos truqillos más. Fue una experiencia reveladora, exhaustiva y agotadora, en su sentido literal”. 

   En el medio, desde su inicio hasta la edición, pasaron correcciones, publicaciones en microcapítulos en web (al mejor estilo novela por entregas) hasta las últimas correcciones momentos antes de imprimirse. “Chozas”, se ambienta hacia “fines de los 80, comienzo de los 90, en un barrio de trabajadores de un pueblo del interior de Córdoba. Allí se desarrolla la historia de un niño de clase media baja con sueños de escritor que, en épocas hiperinflacionarias marcadas por la última dictadura y las secuelas de Malvinas, descubrirá la muerte, el sexo y el amor en pleno vaciamiento menemista, entre otros temas fundantes, los cuales se abordan diagonalmente y configuran un paradigma generacional que no escapa a la neurosis y arriba a la adultez con una visión del mundo interrogativa de ciertos valores.” 

   El amplio proceso de maceración del texto ha hecho que distinguidos lectores se aproximen a la propuesta del varillense y hayan emitido su juicio revelador. En ese sentido, Fabián Casas dijo que Chozas “es un libro intenso, lírico, donde desfilan personajes inquietantes que me hizo acordar a la primera vez que me encontré con el lenguaje particular del gran Ricardo Zelarayán. Entre la montonera de libros literarios, ‘Chozas’ hace la diferencia por la creación de un lenguaje en mal estado, pero sin fecha de vencimiento. Un lenguaje que se muerde la cola y que destila veneno. Un libro que produce intensas ganas de escribir”. 

   El escritor cordobés Federico Falco, contemporáneo al autor de “La felicidad es un Gordini”, dice: “En ‘Chozas’ Pablo Giordano da cuenta, con una voz atenta a los detalles del habla y una mirada dura e implacable, de las formas de la infancia y la adolescencia en un pueblo del interior de Córdoba a fines de los años ochenta y principio de los noventa. Detrás de la aparente calma de las siestas y los feriados, mientras los adultos tratan de llegar a fin de mes como pueden, los más chicos descubren la violencia, el sexo, las diferencias de clases y los códigos de la amistad. Las películas de Luis Miguel, las novelas de Carolina Papaleo y Raúl Taibo, Nirvana, los bloopers de canal 8 y las bolsas de chizitos puntean un crecer doloroso y la entrada en una primera juventud que, en el horizonte de la llanura, se vive ya como una vejez infinita, sin esperanzas”. 

   Por otra parte, desde el otro lado del charco (España), Marcelo Luján escribió: “Chozas describe -con mucho acierto y desde una violenta dulzura- esa instancia maravillosa de la vida que es la adolescencia. Un texto precioso -de altísimo vuelo literario- que no parece ni de lejos ópera prima. Una prosa sin miedos, suelta, que descubre todos los rincones de cualquier pueblo de provincia. Párrafo aparte para los discursos directos: los más auténticos que he leído en años”.

 Exhumando muertos

   De manera paralela, hacia fines de año pasado, Giordano veía concretado otro proyecto y es que su libro de cuentos “Los muertos” terminaba de editarse luego de ser seleccionado unánimemente y obtener el primer puesto en un concurso literario a nivel nacional. 

   Este libro alberga una serie de nueve cuentos que se exhumaron como huesos, en los que algunos ya habían aparecido en distintos medios del país y el exterior y que terminaron de armar el esqueleto con la adición de nuevos textos. Un libro orgánico, macizo, donde nada sobra. El autor nos sitúa en contextos particulares y disímiles, con esa prosa limpia, coloquial y con esas descripciones que nos plantan en algún pueblo de nuestro interior cordobés donde aparecen esos personajes singulares y pintorescos que muchos conocemos. 

   Juan Terranova escribe al respecto que “Los muertos” es una “cartografía de lo doméstico y la calle, personajes que son al mismo tiempo conocidos y extraños como en el heimlich freudiano. Pablo Giordano trabaja con una lupa, con una pinza y con un grabador-reproductor de voces. Sus relatos son ágiles, livianos, directos, pero también microscópicos, duros, astillados como un insecto de vidrio que nos mira”.

   Por su parte, Rubén Sacchi manifiesta “estos cuentos son crueles, pero no al estilo de Abelardo Castillo; poseen una crueldad cotidiana, casi natural, pero muy humana porque son horrores que resultarían evitables más allá de lo cultural y lo social. Sartre decía que para que el suceso más trivial se convirtiera en aventura era condición necesaria y suficiente contarlo. Yo sumo a esto que si la manera de referirlo lo vuelve atrapante, podemos estar en presencia de una promesa para el género”. 

   Un género difícil donde cada componente debe encajar perfectamente para que la maquinaria funcione de manera aceitada y armónica. La naturalidad con la que han sido construidos los diálogos hacen que cada trama sea un universo por sí mismo y se cree ese ambiente verosímil que a quienes escriben les cuesta lograr. 

   Cerramos con dos impresiones realizadas fuera del país. Desde México, Marco Tulio Aguilera Garramuño sentencia “hay algo indefinible en la prosa de Pablo Giordano que hace pensar en lo argentino esencial: aquello que está lejos de lo aparente porteño, la farsa, el embuste, la presunción. Su escritura es juvenil, pero posee una madurez definitiva”. Por su parte, José Angel Barruecos, desde España, dice que “Pablo Giordano destila en sus relatos una prosa feroz y cuajada de jerga mediante la que nos brinda historias ásperas y truculentas que nos enfrentan con esos abismos donde se mueven la violencia y la miseria”.

 

El Diario, Darío Falconi (2012)

Nao supera una prueba de consciencia de sí mismo

Un robot humanoide ha resuelto un popular juego de lógica, ‘Los hombres sabios’, demostrando que sabe cuándo está hablando. 

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Según un artículo publicado en la revista New Scientist, se trata de la primera vez que un robot Nao, los modelos humanoides disponibles a la venta, ha superado un enigma de este tipo que, aunque pueda resultar una prueba sencilla, se acerca a los límites de la consciencia. De esta forma se da un importante paso hacia la creación de máquinas que tienen consciencia de sí mismas y entienden su lugar en el mundo. 

 La prueba se ha llevado a cabo en el Laboratorio de Inteligencia Artificial Rensselaer (RAIR Lab) al mando del profesor Selmer Bringsjord. Tres pequeños robots humanoides tienen un enigma que resolver. Se les hace creer que a dos de ellos se les ha dado una pastilla para enmudecer que les deja sin habla. En realidad, simplemente se ha pulsado el botón para silenciarlos, pero ninguno sabe cuál puede seguir hablando. Eso es lo que tienen que averiguar. Cuando el investigador les pregunta, sus procesadores tratan de buscar la respuesta correcta. Ya que dos no pueden hablar, sólo uno de ellos responde en voz alta “No sé”, cayendo en la cuenta al oír su propia voz, que no puede estar silenciado. “¡Lo siento, ahora lo sé! Puedo demostrar que no me dieron la pastilla”, exclama. A continuación, lo traslada a código matemático y lo guarda en su memoria para demostrar que lo ha entendido. 

   La prueba de Los hombres sabios requiere algunos rasgos muy humanos. En primer lugar, el robot deben ser capaz de escuchar y comprender la pregunta, responderla, darse cuenta de que es el único en hacerlo, reconocer su propia voz, asociarlo a la pregunta y finalmente, resolver el enigma. La prueba con robots Nao en Rensselaer no es la única en que estas máquinas bordean los límites de la conciencia. Por ejemplo, Nico, un robot de investigación de la Universidad de Yale, es capaz de reconocer su propia mano en un espejo, mientras Qbo, un proyecto español de código abierto, está programado para tareas de reconocimiento facial o de objetos, reconociéndose también a sí mismo frente a un espejo. 

   Ambos son un paso hacia el intento de superar la famosa Prueba del espejo, una medida aplicada a animales para detectar si verdaderamente entienden que el rostro que ven reflejado en un espejo es el suyo. Sólo aquellos más inteligentes, orcas, elefantes, urracas, delfines, algunos simios y el hombre, la han superado. 

Acá el video del emocionante momento:

https://youtu.be/MceJYhVD_xY

Toma y daca de la política

El impacto de estas prácticas en contextos de poder es el tema de estudio de este ensayo, de Gabriel Vommaro y Hélène Combes.

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En la gestión pública nada se critica tanto (con excepción de la corrupción) como el clientelismo político. Pocos conocen su origen y es habitual que lo confundan con la compra de votos. Los dos tienen, a los oídos del sentido común, una connotación negativa; sin embargo el primero es un concepto mucho más complejo y es imprescindible estudiarlo para entender las relaciones humanas, no sólo las políticas.

El impacto de estas prácticas con otras similares en contextos de poder, es el tema de estudio en El clientelismo político, escrito originalmente en francés y publicado en Francia por Gabriel Vommaro, doctor en Sociología e investigador del Conicet y Hélène Combes, investigadora del Centre National de la Recherche Scientifique, de París.

Para muchos, por más reproches que se merezca, el clientelismo es algo natural: el trabajo político se nutre de los militantes y los representantes elegidos por el voto; los altos funcionarios y los agentes políticos suelen sostener relaciones de proximidad, a veces desde la infancia, con los habitantes de sus barrios, su comuna, así como con colegas del trabajo, allegados, amigos convertidos en empresarios y empresarios convertidos en amigos.

Esta visión popular sobre el clientelismo en las organizaciones se encarna en la figura de dominación por parte de las clases de élite, sin embargo, el panorama parece apuntar más a una idea simbiótica entre el poderoso y el dominado. El primero le debe muchas veces a sus sometidos el lugar que ocupa, y estos ejercen una clase de poder sobre quienes necesitan de su apoyo. No en los votos, que prometen venir, sino en el trabajo en los distintos grupos de influencia social, de gestión, de movilización de masas, y de construcción de una identidad nacional, de partido, o ideológico. En definitiva, una relación de reciprocidad e intercambio.
Los autores exponen y analizan desde varios enfoques los casos paradigmáticos desde donde abordar el fenómeno. En el caso de América latina, México y Argentina son imprescindibles para entenderlo.

Las intervenciones referidas a nuestro país recorren el camino desde la movilización de clubes y redes informales a partir del sufragio masculino directo en 1821, los cambios de éste al ser universal en 1912, el uso que hizo el radicalismo del Estado; y la monstruosa (por enorme y compleja) transformación que fue el peronismo, hasta la figura del puntero político de nuestros días como un agente de “resolución de problemas”.

Mientras nos interiorizamos en el accionar de organismos internacionales que luchan por erradicarlo, y comprendemos todo un abanico de prejuicios a la hora de evaluarlo, accedemos a las claves y enfoques que matizan la figura clientelar dentro de la sociología de Bourdieu, la epistemología constructivista, que toma, a su vez, elementos de la sociología pragmática.

Aquí el clientelismo es causa pero también efecto del subdesarrollo, una serpiente mordiendo su cola con tintes venenosos que dañan pero no matan, mantienen empobrecidas a las distintas sociedades.

El clientelismo se manifiesta así de maneras diversas y diversas serán las consecuencias sociales que tendrá, inclusive en las elites intelectuales con alguna influencia en el poder, una vez comprendido el fenómeno como un mal a combatir.