Escribir el vacío

para Spleen Journal! (México)

   Flaubert se manifestó motivado con la idea de escribir un libro sobre nada. Bioy Casares pensó en escribir un libro así. “No estoy seguro -reflexionó después- (para no decir que no creo) que sea posible”. Cuando leí el Libro del Desasosiego, de Fernando Pessoa como Bernardo Soares, creí descubrir una enorme obra vacía. “Así como quien hay que trabaje por hastío, escribo, a veces, por no tener qué decir. El devaneo, en el que naturalmente se pierde quien no piensa, es algo en lo que yo me pierdo por escrito, pues sé soñar en prosa. Y hay mucho sentimiento sincero, mucha emoción legítima que extraigo de no estar sintiendo”. Teniendo en cuenta la cantidad de cosas que surgen de semejante paradoja, a nadie se le ocurriría afirmar que el Libro del Desasosiego es vacío.

   De adolescente creemos que escribir sobre nada es no contar, apenas describir, desvariar, volcar sentimientos en los márgenes de algún cuaderno y por sobre todas las cosas, aburrir. El aburrimiento como técnica para transmitir al lector el vacío, no está mal. Pero no resuelve. A los quince años quise escribir una novela en donde no ocurriera ninguna cosa. Se parecía a las películas de Perrone, el cineasta argentino que reflejó el vaciamiento menemista en los años noventa con varios films donde -en apariencia- no ocurría gran cosa. Una parte del cine de esa década intentó (quizá inconscientemente) escribir el vacío. En Mundo Grúa, la película atinadamente en blanco y negro dirigida por Pablo Trapero en 1999 cuando ignorábamos que al año entrante el país comenzaría a desmoronarse en la peor crisis de su historia; hay una escena donde dos amigos viajan al sur a visitar a un tercero que hace tiempo no ven. Una vez juntos, los tres amigos casi no hablan, se sientan en el desierto patagónico y observan el paisaje: la nada. El viento les da en la cara, no se miran, de a momentos parece que alguien va a decir algo, pero no, el viento se ha llevado todo.

   En la música, es imposible no remitir a Stockhausen, el famoso compositor alemán que se presentó al concierto, se sentó frente al piano, y no tocó durante veinte minutos. La gente se quedó oyendo el sonido de la calle que entraba por las ventanas. También nos encontramos con los argentinos Reynols, la banda de música experimental más rara del planeta, quienes grabaron Blank Tapes, un disco donde se escuchan los diferentes silencios (soplidos) de las cintas vírgenes de casetes que se vendían en distintas épocas, aunque más acertado sería destacar su disco desmaterializado. Al comprarlo y abrir el packaging, encontrabas solo el soporte donde tendría que haberse colocado el CD.

   ¿Podemos entender al vacío literario por su contrario? ¿Una novela que diga todo? Las novelas de Tom Wolfe me parecen cercanas a este concepto. Lo cuentan todo. Pero con ese criterio evaluativo, una novela sobre nada hablaría de manera ínfima sobre un tema no bien definido. Mario Levrero lo intenta en El discurso vacío: una obra sobre el arte de escribir a mano, cuidar la caligrafía, anotar esos ejercicios y crear una atmósfera. Me recuerda a un monje que comenzó a escribir a los diez años la historia de su vida y murió a los ochenta sin haber terminado de dibujar la primera letra. El grafismo que dejó no permite dilucidar de qué ideograma se trata. También dicen que esta historia es falsa, es decir que no es, no existió.

   En USA, donde todo existe, se creó en 1958 la Sociedad Estadounidense del Vacío. Según sus postulados, el término se refiere a cierto espacio lleno con gases a una presión total menor que la presión atmosférica, por lo que el grado de vacío se incrementa en relación directa con la disminución de presión del gas residual. La definición universal de vacío es mucho más accesible para los no-científicos: El vacío (del latín vacīvus) es la ausencia total de material en los elementos (materia) en un determinado espacio o lugar, o la falta de contenido en el interior de un recipiente. Por extensión, se denomina también vacío a la condición de una región donde la densidad de partículas es muy baja, como en  el espacio interestelar; o la de una cavidad cerrada donde la presión de aire u otros gases es menor que la atmosférica. Puede existir naturalmente o ser provocado en forma artificial, ya sea para usos tecnológicos o científicos, o en la vida diaria. Se aprovecha en diversas industrias, como la alimentaria, la automovilística o la farmacéutica. Nada dice de la literatura.

   Creo que escribir el vacío es imposible. El acto de escribir ya es algo. Un amigo decía que su abuelo era un escritor genial. El viejo no había producido obra en su vida, pero cuando lo miraba cuidar la huerta con tanta tranquilidad creía adivinar en su interior innumerables historias. A mi me remitió a los recuerdos, esa forma imprecisa que tiene el cerebro de mostrarnos archivos viejos. Mi amigo quería convencerme de la potencialidad de ciertas personas para la literatura, aunque no ejerzan. A eso él llamaba escribir el vacío. Para mí, eso es directamente no escribir.

   Cuando supe que el tema de este número de Spleen era éste, tuve la tentación de decirle a mi editor: deje mi espacio vacío. Luego recordé que ya no soy un niño y que tenía que ponerme a trabajar. Hay cierto vacío literario cuando se es chico, uno puede leer toneladas de libros a esa edad, meterse en mil historias, pero no veremos a la literatura, así como no vemos el código fuente y la página web al mismo tiempo. Quizá solo se pueda escribir el vacío en la infancia, donde todo es nuevo, donde hay que llenarlo todo, donde el espacio sobra, o está en blanco.

   No lo sé, hace unos meses me quedé sin trabajo, sin esposa, sin un disco rígido de un terabyte y todo su contenido. De a momentos creo que escribo el vacío cada vez que tipeo para ganar una monedas, cada vez que camino los pasillos ya vacíos de la casa, que rememoro algún viejo video familiar que no volverá.

   Es verano y el sol ahueca la tarde. Mirando por la ventana hacia la plaza vacía, el sol decae como un plasma enfermo sobre los techos de las casas bajas del barrio y el teclado bajo mis dedos dispara ráfagas de contenido. No hay blanco ya en la página de Word. Releo este extracto de Bernardo Soares que dejé a un lado y no supe donde usar: “Escribo demorándome en las palabras, como ante vidrieras en las que nada veo. (…) Escribo acunándome, como una madre loca a un hijo muerto.”

(2012)

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Publicado por

Pablo Giordano

(Las Varillas, Córdoba, Argentina 1977) Acompañante Terapéutico y Escritor. Trabajó en Gráfica, Radio y TV. Publicó libros de poesía, cuentos y una novela. Es aficionado a la divulgación científica. Escribió en varios medios latinoamericanos y Europeos. Actualmente escribe en Las Voz del Interior.

8 comentarios en “Escribir el vacío”

  1. Estupenda revisión del vacío como concepto. Con frecuencia olvidamos su importancia. El vacío, origen y piedra angular de la creatividad. No es fácil de alcanzar, sin embargo. Demasiado acostumbrados a tener nuestra mente y nuestras vidas siempre llenas…

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  2. Hola Pablo, buen intento de profundizar algo que no es tal. Me parece que en el ensayo se funden áreas en las cuales se diluye un poco el tema que trataste aquí. En lo científico, vale decir, o con la mención a la programación, el tema es otro, aunque el término empleado sea el mismo ( vacío ). En literatura, lo que se suele dar y varios escritores lo han declarado, es que el texto por más que abunde en forma, estilo y demás, no “dice”. Justamente es un arte que utiliza el medio de comunicación más difundido, la palabra, que suscita en cada lector los conceptos y/o emociones que implícitamente él le da desde su acumulación verbal, imaginaria o sentimental desde temprana edad, a pesar de que el escritor ha dado una pieza en la que no trasmite nada y, muy probablemente, ha explotado esta faceta de dicho arte, burlando la comprensión del lector. Otros lo hacen sin tener la más remota idea de lo que están haciendo ( y en otras creaciones artísticas ).
    Si te sirve una opinión para ensayos posteriores, el vacío, justamente, no es un concepto, pero bien se puede experimentar.
    Saludos cordiales. Te estaré leyendo.

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      1. A mi gusto, no le queda grande para nada. Se han escrito “ensayos” totalmente vacíos. Ya tendrás la desgracia de que caiga alguno a tus manos y verás que tu “txt” decía ( quisiera subrayar esa palabra, como no puedo la repito ), decía mucho más que esos.
        Saludos cordiales.

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  3. Grata lectura. Acaso con el vacío pasa lo mismo que con el silencio; enunciarlo es llenarlo de algún modo, trastornar su ausencia de partículas, de contenido. Cuando hablas de vacío en la literatura no puedo evitar pensar en Baterbly, el escribiente, y en esa forma tan particular del despojo. Saludos.

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  4. Que disfrute el post. A veces me encuentro en la obligacion, por decirlo, de escribir aunque sea algo por el mero hecho de hacerlo, sin motivacion, crear algo a partir del vacio. A veces creo que son absurdos, pero es la expresion mas cercana a una atmosfera que produzca una sensacion.

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  5. Que hermoso el extracto de Bernardo Soares, creo que en la vida podemos sentirnos así y no sólo al escribir. Me gustó mucho tu escrito.
    El vacío dicen que existe para llenarse, a veces lo mejor es no hacerlo… pero sólo a veces. 🙂

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