Lámpara de After.

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  Nunca entendí a los After. Son lugares llenos de gente reventada, más alcohol y humo, ganas de sexo en vano, sale el sol, casa y gente desconocida y desesperada… en fín. Yo soy el típico lámpara de after. ¿Vieron ese que no se mueve mucho, habla poco y generalmente se queda parado con las manos en los bolsillos, cerca de la heladera? Ese. Hay solo tres razones por lo que la gente sensata va a un after. 1) sabés que en tu casa te espera la angustia de otro fin de semana en soledad 2) te quedaste sin cigarrillos y sin dinero 3) la vida a esa hora no tiene ningún sentido.

  La fauna de los after es más bien un zoológico. Especímenes exóticos de cada clase social, de cada grupo de edades e intereses, con algo en común. Estamos solos. Pocas, muy pocas veces, vi una pareja que se formara en un after. Y si ocurrió, siempre, es en beneficio del dueño de casa, que lo organizó para poder llevar a la chica que dio mínimas señales de amor en la noche pero no suficientes para irse sola con él.

  Ahí está la hipona borracha que quiere poner música desde su celular y solo le interesa cantar LA canción que, jura, la identifica. Más allá los dos o tres que llegaron en una motito con un tetra para ver qué onda, nadie los conoce ni ellos conocen a nadie, pero cada media hora se animan a un chiste. Está la divina de la noche, sin zapatos, con la cara que parece un óleo corrido por un manotazo, tratando de preparar un Fernet y chorreando la mesa. Cerca de la puerta ya se pone la campera una que es madre y tiene que ir a buscar a sus hijos y continuar despierta, más acá los tres que fuman y juegan a las cartas mientras comen bizcochitos o restos de sandwiches de miga que robaron de la heladera y tuvieron que correrme para eso. En fín. Así transcurren las cosas, o mejor dicho, no transcurren.

  Entonces ¡¿Qué hacemos ahí?! No lo sabemos, hay un instinto humano absurdo que nos lleva a creer que algo inédito va a ocurrir con alguna chica. Repasamos el lugar mirando a las presentes. Nahhh! Nada extraordinario puede pasar con ninguna de ellas. Es hora de irse. Hace cuarenta minutos que es hora de irse. Nos vamos por fín.

  Afuera nos espera la cachetada del sol en la nuca, las viejas barriendo sus veredas inmaculadas y deteniéndose a registrar cada auto que pasa con música fuerte, algunos perros husmeando en los canastos de basura, y nuestra sombra, delante, apurada por llegar a casa antes que nosotros. Ella es sabia. Nosotros caminamos despacio, inconscientemente albergamos una ingenua esperanza de que algún auto nos levante y nos lleve a un lugar maravilloso, con chicas dispuestas, por supuesto.

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Publicado por

Pablo Giordano

(Las Varillas, Córdoba, Argentina 1977) Acompañante Terapéutico y Escritor. Trabajó en Gráfica, Radio y TV. Publicó libros de poesía, cuentos y una novela. Es aficionado a la divulgación científica. Escribió en varios medios latinoamericanos y Europeos. Actualmente escribe en Las Voz del Interior.

4 comentarios en “Lámpara de After.”

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