El cordobés Pablo Giordano

Un escritor que pinta su pueblo

   Acaba de publicar tres libros y cada lunes sube un capítulo de su novela a la web, en la que narra con humor “como un pueblo te cocina a fuego lento”

 

    “Sabe que no es necesario ser aburrido para hablar del aburrimiento, ni oscuro para expresar la oscuridad: su poesía es una gema profunda y negra, pero tallada con claridad absoluta”. Así escribió sobre Pablo Giordano el escritor Marcelo Di Marco en el prólogo de La Felicidad es un Gordini (Textos de Cartón-2009), el hermoso libro de poesía que el joven escritor acaba de publicar en la editorial cartonera de la ciudad de Córdoba.

   Pero lo observado por Di Marco no sólo se aplica a esa poesía ni lo publicado por Giordano se reduce a ese libro; sino que acaban de salir a la luz dos antologías de la joven narrativa cordobesa, Es lo que hay (Ed. Babel) y 10 bajistas (Eduvim), en las que participa con un cuento y un microrrelato, otros de los géneros en los que su escritura fluye y donde el aburrimiento vuelve a aparecer como la chispa que enciende la acción de los personajes o como una fina capa que los adormece de por vida. El escenario siempre es un barrio, que podría ser el suyo, en Las Varillas, una pequeña ciudad del este cordobés donde recibió a Críticadigital y donde justamente hace 22 años, “cuando tenía apenas diez, una tarde de domingo e inmerso en un terrible aburrimiento de pueblo” escribió su primer cuento. 

   En su casa, con el silencio de la siesta pueblerina interrumpida por los ladridos de unos perros callejeros, Giordano cuenta que después de aquel relato llegaron otros pero todo terminó con la primaria hasta que dejó el colegio secundario, recuperó el entusiasmo y volvió a leer y escribir. En 2002 creó Cosas de mimbre, el blog que ya dejó de serlo y que ahora utiliza sólo como una especie de archivo donde va colgando lo que escribe, “sin presiones, sin bloguear”. Allí sube cada lunes un capítulo de Chozas, su novela inédita que circula con excelentes críticas entre colegas y lectores. Claro que se siente halagado, dice, mientras trata de hacer callar a los perros. 

   La historia de la novela es la vida de un pibe de clase media que, narrada en primera persona, avanza con la velocidad de las peripecias de personajes tan reales como el Étor, el colorado Cresta, el Benja, el gordo Suero, el negro Huelga, muchachos que conocen de violencia, hambre y descontrol y que se juntan en chozas de paja que ellos mismos construyeron para matar el tiempo. Allí se ríen, se escapan, se putean, crecen y se arruinan la vida. Escrita con mucho humor y un registro hiperrealista logra que el lector sienta que está ahí muriéndose de risa o retorciéndose de dolor. 

   Escribir Chozas le llevó años. “La he corregido mucho y sigo haciéndolo, subirla a la web es un intento de terminar con toda corrección. Porque la literatura – algo que dirá varias veces durante la entrevista – tiene más que ver con la corrección que con el hecho de fluir”. Lo mismo hizo con sus cuentos, cuando su blog era blog: revisó y editó muchos de sus relatos que hoy están antologados en Grageas (IMFC – 2007), junto a cuentos breves de Abelardo Castillo, Leo Masliah y Ana María Shua; o en 25 ciudades, de La voz del Interior (2007). 

   Con fina ironía y como para graficar que el motor de su escritura es narrar lo que le pasó, lo que le contaron, lo que piensa y siente, Giordano dice que no sabe si escribe cuentos o anecdotarios. Le resulta fácil contar historias infantiles de los 80, tiene tela para cortar y sobretodo un tono. Durante el encuentro se explayará con varias, pero hay una que condensa el valor de los gestos en su narrativa. Un día recibió por correo dos ejemplares de un suplemento cultural de Nueva York en el que había publicado unos relatos. Era 2002 y la paranoia mundial por el ántrax llegaba también a Las Varillas, al punto que hasta el cartero “lo miró raro” cuando quiso abrir el sobre y tuvo que explicarle lo que contenía para que se fuera tranquilo. De esos detalles están repletos sus textos. 

   Hay un ritual que la mayoría de los varillenses repiten todos los mediodías: clavar el control remoto en el canal de TV local cuando se emite Retro, un programa realizado con imágenes de archivo y en el que pueden reconocerse con algunos años menos o verse en situaciones ya olvidadas hasta por ellos mismos. Al programa también lo realiza Pablo, quien se remite a una de esas imágenes para explicar que “la literatura hoy es un hobbie y que logró reunirse con su idea ancestral de inutilidad”. La frase, que comenta haberla leído en algún lado, le recordó a una entrevista a un viejito escultor que vive en un rancho en el medio del campo. “Si vieras sus obras, eran muy bellas, tenían valor artístico. ¿Y qué es el tipo para la sociedad? un hombre que tiene un hobbie. Como el escritor que tiene el hobbie de escribir. Así es para la mayoría de la gente, aunque para mi sea fundamental”. Como narrar un gesto. 

   Y quizás por todo eso, ante la consulta sobre qué es lo que más le agrada de vivir allí, responde que “las ciudades queman, arden, consumen. El pueblo te cocina a fuego lento, al spiedo. Das vueltas todo el tiempo y no te movés de tu eje. Me encantaría viajar; pero si viviera en una gran ciudad, definitivamente no sería escritor. El hecho de que no pase nada y que casi no haya gente ni cosas para hacer, es una buena condición para ponerse a escribir”. 

   “ES LO QUE HAY” . Algunas consideraciones de Giordano a propósito de la reciente publicación de la antología de la joven narrativa en Córdoba, compilada y prologada por la escritora Lilia Lardone y que fue presentada ayer en Buenos Aires. El libro reúne relatos de 24 narradores nacidos a partir de 1976. 

¿Cuáles son las características comunes en la literatura de los jóvenes cordobeses?

Para que pueda asegurarse que una literatura es de un lugar y no de otro, creo, tiene que ser intransferible. En la literatura cordobesa de mi generación impresiona la cantidad de cuentos que transcurren en pueblos del interior, con personajes que se comen las eses y trabajan en los silos de granos. Impresiona esa manía de referirse a la infancia y al yo. Creo que el blog fundó un género en sí mismo que se transfirió a la literatura de a poco, subrepticiamente. La idea de diario personal, de la primera persona contando sucesos en apariencia triviales, cotidianos, es un arma de doble filo: algunos logran manejar este arma con maestría, la mayoría no.

¿La antología “Es lo q hay” vendría a ser la presentación de la joven guardia cordobesa? 

A diferencia de Buenos Aires, la “joven Guardia Cordobesa” se ha promocionado mucho menos como tal. No surge de una reunión de autores autoconvocados con un fin determinado, sino como selección de autores a cargo de una escritora consagrada como es Lilia. Algunos autores comparten ambos grupos, algunos otros jamás volverán a aparecer en ninguno de los dos.

Alicia Beltrami (28 de junio de 2009 – CRITICA DE LA ARGENTINA)

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Publicado por

Pablo Giordano

(Las Varillas, Córdoba, Argentina 1977) Acompañante Terapéutico y Escritor. Trabajó en Gráfica, Radio y TV. Publicó libros de poesía, cuentos y una novela. Es aficionado a la divulgación científica. Escribió en varios medios latinoamericanos y Europeos. Actualmente escribe en Las Voz del Interior.

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