Astroloquía 4 y 5

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4

 Carl se encuentra en la sala con un cierto grado de ansiedad que lo paraliza. Transcurren sus vacaciones de verano. Con él se encuentra su madre, su hermana y una criada. Algo está a punto de ocurrir. Entonces ocurre: sin causa aparente, la mesa redonda de nogal, con setenta años de antigüedad, se parte por la mitad en un estrépito. Estamos a fines del siglo XIX en Suecia. Aquello lo marcaría para siempre, y su familia tendría que acostumbrarse. A las dos semanas, se hace añicos un aparador. En su interior se halla la cesta del pan, rectangular, dispuesta de tal modo que en una esquina quedó el mango del cuchillo y en las otras tres, los tres trozos en que se dividió el cubierto.

  Movilizados por las extrañas experiencias, la familia dió con familiares inmersos en el espiritismo (conocido como fraudulento ya en aquella época, y tan de moda). Una médium de poco más de quince años, quería ponerse en contacto con él. No hay evidencias de nada de ésto, y la persona de la que hablamos es el famoso Carl Gustav Jung, psiquiatra clave en la etapa inicial del psicoanálisis; posteriormente, fundador de la escuela de psicología analítica, también llamada psicología de los complejos y psicología profunda.

   Los aparentes hechos sobrenaturales ocurrieron después de su pelea con Freud, otro psiquiátra espiritista con quien colaboró en los comienzos. Jung enfermó a raíz del pleito y las cosas, literalmente, comenzaron a romperse. Tiempo más tarde, dijo que la relación entre analista y paciente puede generar en determinadas ocasiones fenómenos parapsicológicos, sobre todo ante la existencia de transferencia por parte del analizado, o una identificación inconsciente entre ambos. Jamás lo demostró. Sin embargo, lo utilizó para la elaboración de su tesis doctoral «Acerca de la psicología y patología de los llamados fenómenos ocultos» en 1902. La conclusión fue que la casa estaba repleta de espíritus.

   Jung continuó publicando libros hasta el final de su vida,  intentó dar base científica a varios de sus postulados, pero en la mayoría de los casos, fracazó. Uno de sus libros más famosos (El Libro Rojo) se basa en la astrología y es un punto base de gran parte de los movimientos que en la actualidad se denominan New Age. Contrariando lo que muchos suponen, poco antes de su muerte Jung descartó de plano la solvencia metodológica de disciplinas como la astrología. Ninguno de los defensores del Libro Rojo conoce este dato. La crisis religiosa y la contraposición de algunas personas contra la ciencia durante los siglos XIX y XX han logrado mantener la cifra de adeptos en esta creencia.

     Más de 2000 bebés británicos nacidos a principios de marzo de 1958 en hospitales de Londres, muchos de ellos con diferencias de minutos en sus edades, fueron seguidos por médicos durante años. El objetivo era comprobar de qué manera afectan a largo plazo a la salud cuestiones relacionadas con las costumbres, como la dieta, pero incidentalmente la inmensa masa de datos acumulada sobre este grupo a lo largo de los años se utilizó con el fin de demostrar si la astrología funciona o no.

  Fue imposible encontrar ningún tipo de relación. Si la tesis central de la astrología fuese cierta, la influencia de las esferas tendría que ser común a todos ellos, o muy similar, ya que nacieron casi a la vez y casi en el mismo lugar. Tendrían que tener alguna característica o querencia parecida. Pero las completas estadísticas sobre su estado de salud y psicológico que se han acumulado durante todos estos años no muestran ninguna.

   La evidencia de los gemelos idénticos es quizás la crítica más demoledora, por sencilla y lógica. Cualquier pretensión de la astrología de describir o predecir el carácter o futuro de una persona se basa en datar correctamente el momento de su nacimiento. En la realidad nos encontramos que frecuentemente los hermanos gemelos, cuyo nacimiento se encuentra separado por apenas unos pocos minutos, poseen gustos, caracteres, o sufren enfermedades o circunstancias vitales, totalmente distintas. Por lo tanto, cualquier posible efecto del momento del nacimiento sería insignificante comparado con las influencias del entorno y la herencia genética. Esto se ha cuantificado.

5

En 1980, Carl Sagán era un mediático de las ciencias gracias al más popular de todos los programas de divulgación: Cosmos. En una de sus entregas dijo: ¡Cómo puede la ascendencia de Marte en el momento de mi nacimiento influir sobre mí, ni entonces ni ahora! Yo nací en una habitación cerrada, la luz de Marte no podía entrar. La única influencia de Marte que podía afectarme era su gravitación. Sin embargo, la influencia gravitatoria del partero era mucho mayor que la influencia gravitatoria de Marte. Marte tiene mayor masa, pero el partero estaba mucho más cerca.

  Entre exacta y graciosa, la aseveración de Sagan fue calculada. La ciencia ha encontrado, por ejemplo, que la fuerza gravitatoria que ejerce sobre un recién nacido el médico que ayuda en el parto es unas seis veces superior a la del planeta Marte.

  Según un estudio de la Universidad de Mánchester y en contra de una creencia habitual de la astrología, no existe una influencia del signo zodiacal en el matrimonio. Según este estudio no existen combinaciones de signos zodiacales entre los miembros de un matrimonio que sean más habituales que otras combinaciones. Para dicho trabajo se hizo un estudio estadístico sobre el censo británico de 2001, lo que supone una población de 10 millones de matrimonios.

  En 2005 el escéptico y divulgador científico español Luis Alfonso Gámez (a quién robo compulsivamente mucho de lo que leerán acá) llevó a cabo una práctica ejemplificadora. Un astrólogo que no los conocía hizo a cada uno de los veintiséis alumnos del Máster de Periodismo de El Correo y la Universidad del País Vasco la carta astral personalizada a partir de la fecha y el lugar de nacimiento. Junto al gráfico con la situación de los planetas en su cielo natal, cada uno recibió una interpretación de su personalidad. Quince de los veintiséis consideraron, por tanto, que la carta astral les describía notable o sobresalientemente. La sorpresa y las risas llegaron cuando los jóvenes periodistas constataron que todos los textos eran iguales -una colección de generalidades que se adapta a cualquiera, como las que se publican a diario en los horóscopos de los periódicos- y que el astrólogo en realidad no existía, fue el propio Gámez quien escribió las cartas astrales.

  Unos de los argumentos que los astrólogos anteponen cuando son desenmascarados, es básicamente el que anteponen casi todos los que intentan defender lo que llaman sobrenatural: en este caso es que los planetas influyen no por efecto de la gravedad sino por otras fuerzas desconocidas y no detectables ni medibles por medios técnicos.

  El ilusionista y escéptico James Randi lleva décadas ofreciendo un premio de un millón de dólares a cualquiera que logre demostrar fehacientemente la existencia de un fenómeno o poderes paranormales, incluyendo el tipo de eventos como los que se ocupa la astrología. El premio está desierto desde que se ofreció.

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Publicado por

Pablo Giordano

(Las Varillas, Córdoba, Argentina 1977) Acompañante Terapéutico y Escritor. Trabajó en Gráfica, Radio y TV. Publicó libros de poesía, cuentos y una novela. Es aficionado a la divulgación científica. Escribió en varios medios latinoamericanos y Europeos. Actualmente escribe en Las Voz del Interior.

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