Los necesito

Amigos, los quiero. Pero además, los necesito. Estoy editando un relato y necesito sus opiniones y/o comentarios. Pego abajo el comienzo. Gracias.

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   La última vez que sus pies descalzos se hundieron en el césped del patio, tenía empleo y esposa. Julio todavía siente el sabor del queso untable contra el paladar y la textura láctea en la lengua. Fue todo lo que cenó anoche. Se duchó y se acostó sin llevar nada a la cama para leer, tampoco miró televisión; sí al techo, un rato antes de dormirse. No estaba triste.

  El naranja del amanecer muerde el muro del patio que da a la calle sur. Mira sus pies como si fueran ajenos, no son los mismo que lo trajeron recién directo desde la cama, sin vestirse ni pasar por el water. Empleo y esposa; y una perra llamada Belkis que ladraba largas horas y no dejaba dormir a nadie. Julio propuso a su mujer llevar al animal al veterinario para operarle las cuerdas vocales. Una intervención simple y barata, indolora. Carolina lo miró con desprecio, advirtiendo recién entonces al tipo de hombre con el que se había casado, capaz de mutilar a una inocente perrita. Esa tarde ella levantó a Belkis en sus brazos y, como cuando la trajo inflada de parásitos rogando a Julio que se la quedaran; se largó a llorar como una niña ante un padre cruel. El llanto de Carolina revelaba su postadolescencia recién florecida en los pómulos.

  Julio, Belkis y Carolina eran una sola entidad cuando jugaban, por la tarde, en ese mismo patio. No había llantos. Él escribió una columna en el periódico con la idea surgida de esos eventos: la vida detenida en un patio por la felicidad familiar. Casi nadie entendió el concepto y Julio se desanimó un poco hasta que en Facebook lo ayudó un colega vinculando el artículo de Julio con citas a los patios borgeanos.

 La circunferencia del sol se completa sobre el muro. Extraña a esa perra y le parece un sentimiento digno de atender por unos segundos más. Es a su perra a quien extraña y no a Carolina. Eso debe tenerlo en claro. Es un Domingo plano en Rosarito como siempre lo evidencian sus avenidas de árboles de copas insuficientes, el sol bíblico que lo calcina todo, y las enormes antenas de alta tensión como gigantes absurdos invadiendo impunes la ciudad, cruzando inclusive la zona del Centro Cívico. Anoche, como cada Sábado, los malcriados güeritos dejaron el acostumbrado reguero de basura por toda la calle. Los oyó mientras terminaba el queso. Cruzan con el dinero y los carros de papá a drogarse y a hacer lo que en San Diego no pueden. No muy diferente a la tradición de la antigua Ley Seca que traía gente del norte hacia Ensenada y Rosarito. Ninguno tiene edad para saber que han cruzado a otro país, cuando dicen “México” creen que se trata del estado más divertido de América. La compañía de limpia del Ayuntamiento ha enviado al personal de las playas a juntar la mugre de los adolescentes. Un gordo que apenas si puede mover la bolsa donde debe colocar las latas de cerveza, entra y sale del cuadro que Julio ve por la ventana mientras enciende un cigarro y termina de abrocharse la camisa. Se nota que el gordo es un voluntario, que tuvieron que recurrir a ellos o quizá a presidiarios porque parte de la compañía se quedó limpiando la sobre población de medusas en la costa. Ahora Julio cierra la persiana y alcanza a ver al gordo agacharse con dificultad, levantar una lata, y botarla dentro de la bolsa. Julio se pregunta por qué no usa un pincho para hacerlo.  

  Extrañar a la perra… sí… viajar a verla, o mejor dicho, a verlas, porque supone que Carolina todavía tiene a Belkis, es un reto a su integridad. Y si ni su trabajo, ni su vida, ni su soledad tienen sentido, porque tendría que tenerlo viajar a Tucson. Ahora cierra la puerta y proyecta en su mente el largo cruce por el Mojave. ¡Cuánto necesita meterse en él por un rato! La “belleza americana” no es ya una adolescente de boca madura y caderas de caja musical que fue su esposa, sino una parte seca del país más odiado del mundo, un manchón ocre recostado inmenso, mostrando sus rigurosas curvas a los limpios cielos del sur. Le encanta el desierto desde que era un niño mirando El Correcaminos o las historias de Speedy González. Y a los lagartos cornudos los ama, no puede pasar mucho tiempo sin tocar uno, al sol, verles la cabeza mirando al horizonte dorado.

  En la garaje enciende el viejo Tsuru y lo baja a la calle, lo deja allí rumiando mientras cierra el garaje. Luego se sube y sale. A las pocas calles gira por Troncoso Miranda, donde está el templo Bethel que siempre lo intrigó. Un día va a entrar, lo presiente, es una de esas sensaciones que lo empujan, como ahora, a una experiencia sin sentido, como este larguísimo viaje. Siempre tiene esos impulsos a los que llama “sensaciones”. Son extremas y se desmoronan fácilmente con otra que no tarda en llegar y contradice a la primera. Por eso termina enredado o perdido cuando la contra sensación no llega.

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Publicado por

Pablo Giordano

(Las Varillas, Córdoba, Argentina 1977) Acompañante Terapéutico y Escritor. Trabajó en Gráfica, Radio y TV. Publicó libros de poesía, cuentos y una novela. Es aficionado a la divulgación científica. Escribió en varios medios latinoamericanos y Europeos. Actualmente escribe en Las Voz del Interior.

9 comentarios sobre “Los necesito”

  1. Me gusta, pero atenti a las golosinas, la puntuación y los tiempos verbales. (Golosinas es descalzos, textura láctea, inocente (para perrita), postadolescencia recién florecida en los pómulos, etc etc…Andá a lo concreto, el tipo perdió el laburo. Si bien es un periodista es un hombre, y cuando un hombre pierde el laburo no recuerda la mordida del sol anaranajado trepando por el muro que da a la calle sur, no, el hombre que perdió el laburo piensa qué va a morder para llenarse la panza y poder vivir. ¿Se entiende?
    Pero está güeno, atrapa…

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    1. “es un hombre, y cuando un hombre pierde el laburo no recuerda la mordida del sol anaranajado trepando por el muro que da a la calle sur, no, el hombre que perdió el laburo piensa qué va a morder para llenarse la panza y poder vivir”
      Me temo que discrepo en eso. La mente humana es mucho más compleja que esto cuando se trata de preocupaciones y obsesiones. La atención lineal es casi simplista y el estado de shock suele estar acompañado de una agudeza bastante ridícula en la percepción de cosas no relevantes al caso.

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      1. Gracias, pienso lo mismo. Pero creo que Diana acierta en que una cosa es la realidad y otra lo que se llama “verosímil fílmico”. Acabo de postear la revisión del texto que hice, para ver qué les parece. ya no está el sol en el tapial y las golosinas, además de otros aportes de lectores. A ver si te parece que perdió, o ganó.

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  2. Hola, Pablo
    Me parece que la idea del cuento es buena, hasta donde pude leer. Sobre todo algunas de las imágenes, como la del principio: los pies desclazos sobre el cesped, ¿qué mejor metáfora sobre la felicidad?.
    El problema es que cuesta ubicarse temporalmente. Ya desde el primer párrafo me parece por momentos que hablas del presente, y otras veces que te refieres a algo que pasó hace mucho tiempo. Con esfuerzo se coge el hilo de la narración, pero no es el objetivo. Deberías llevar al lector de la mano con un poco más de docilidad. Deja que se adapte a la situación antes de que empieces a saltar de presente a pasado y de pasado a presente.
    ¿Entiendes a que me refiero?
    Por lo demás, vas por buen camino. Si puedes compartir con tus suscriptores el resultado final, estaría genial. Así todos aprendemos y mejoramos un poco 😉
    Saludos desde Cuba!

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  3. A mí me gusta… me apetece seguir leyendo, quiero saber qué ocurrió y qué va a ocurrir.
    Único “pero”: los tiempos verbales. Igual es impresión mía, pero a veces no sé si está o estuvo, no sé si me entiendes (mucho salto del pasado al presente). Pero ya te digo que igual es impresión mía, tendría que leer el relato completo para comparar.
    Me gusta mucho.

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  4. Pues es el comienzo, y se nota que el texto aún no termina. Pero si la idea es la de sentar el argumento, supongo, pero solo es mi lectura, que falta poner el para dónde va la tensión entre Julio y Carolina se nota el descontento y ya la ruptura, pero ¿Todo se debe a la insensibilidad sobre Belkis? ¿Un matrimonio no puede soportar el hecho de una perdida del laboru? Además la información sobre Belkis se siente un poco caótica primero la mandan a veterinario a quitarle las cuerdas vocales y luego está la imagen de la primera vez que la encontraron con parásitos y se la llevan a casa.
    Por otro lado falta saber qué motivación hay para hacer notar un artículo que no se la leído ni se va a exponer, pero que tiene una importancia mayor gracias a un vistazo al Facebook. De hecho solo se da a notar que esa importancia es meramente personal para Julio. “Nadie entendió el concepto”, y parece que eso va a seguir así, puesto que no es nada sin los patios borgianos. Aquí los patios borgianos parece una válvula de escape. Pero no quiero decir más, porque solo es un inicio, una parte. Y se entiende perfectamente que la narración avanzará. Pero, por supuesto, ya siento simpatía por Belkis.

    Saludos 😉

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