Pinceladas reunidas

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  El artista italiano Alessandro Kokocinski pidió a un amigo algún cuento de María Kodama para inspirarlo a pintar y sacarlo de la depresión. Antes de morir se refirió a esa experiencia como trascendental y expresó sus deseos de que Kodama publique un volumen de cuentos propios, los cuales creía fundamentales. La mujer de Borges no había editado jamás esos textos porque su marido y el poeta Girri querían escribir el prólogo, lo cual la perturbaba. Relatos es ese libro que Kodama nunca quiso sacar a la luz. Una bella edición de cuatro cuentos acompañados por 26 dibujos ocres del pintor, escultor y escenógrafo nacido en 1948 en el campo de refugiados de Porto Recanati.

   Los relatos abordan temas como el remordimiento, la redención, la pérdida de la inocencia, el desquicio inevitable de ciertas personas y la precariedad de la vida. Entre los personajes, creados con pinceladas niponas, se encuentran un samurái frente a la traición (en diálogo con ella sobre las variables del deseo); un legendario guerrero agonizante que analiza su pasado; una niña enferma camino al Edén y un paleontólogo al borde de lo fantástico que tanto persiguió.

   El cliché de que María Kodama mantuvo una voz y estilo propio es necesario para despejar cualquier expectativa que se suele tener por las mujeres de ciertos gigantes de las letras, como ocurrió también este año con la edición de Libro de Bernarda, compañera de Cortázar. Se usó muchas veces el significado del apellido Kodama (Eco) para denostar a quien fue y quiere seguir siendo sombra de Borges, el genio que pasó sus últimos años a tientas en las sombras literales. Quizá Kodama haya sido la más luminosas de todas ellas; al fin y al cabo es la famosa mujer que a Jorge Luis le dolía en todo el cuerpo.

  Esta edición abre el deseo de que los textos de Kodama sean también ecos y sombras de los de su marido; pero no ocurre, y es evidente que no es el objetivo de la autora. Sus relatos apenas corregidos, al contrario de los de Borges, cultivan una soltura que evidencia el placer por el hecho minimalista de escribir como delineando ideogramas de oriente, simples, pero densamente poblados de significado. La de Kodama es una prosa de hilos que entretejen con levedad una trama tradicional, clásica; son pinceladas artesanales a la que no se debe manosear mundanamente porque pertenecen a la naturaleza.

   María conoció a Borges a los 12 años y fue su alumna desde los 16. Se casaron pocos meses antes de la muerte del escritor. Algunos otros cuentos de Kodama aparecieron en distintas publicaciones en décadas pasadas sin llamar demasiado la atención. Este es el primer volumen que recoge parte de su obra.

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