Multiversal

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por Leandro Calle (Especial para Hoy Día Córdoba)

    A partir de un epígrafe de Carlos Drummond de Andrade, que dice: “No seré poeta de un mundo caduco. / Tampoco cantaré el mundo futuro”, Pablo Giordano anuncia desde el comienzo una clara postura poética. Claridad que no está dada a través de una afirmación, sino que por el contrario es la negación de una poética. Negación de la que  está seguro de afirmar: “No fui llamado a ser el poeta de mi generación/ en este universo// no hablaré de la patria ni el futuro/ de nada/ igual de anacrónico”. Y entonces, ¿de qué habla el poeta Pablo Giordano en su último libro que tiene por título: multiversal?

   Habla de muchas cosas pero lo más interesante es que su hablar avanza desde una especie de estallido, de disolución de un todo. El nivel semántico en “multiversal” podemos hallarlo en la pérdida de la unidad que había en el pasado y la vigencia de un presente que ha estallado y ha dejado un campo minado de astillas y de esquirlas. Multiversal es un cuerpo dividido, diseminado. De algún modo, el lector, se convierte en una especie de detective en busca de un asesino que ha desmembrado el cuerpo poético aquí y allá. A lo largo de la lectura, el detective-lector, va uniendo pedazos de una realidad otra, que en otros momentos constituía un todo. Esa realidad multiversal, ni siquiera se revela de manera rizomática para citar a Deleuze a través del gran escritor martiniqués Edouard Glissant. No, no hay una estructura o una apuesta a la convivencia de raíces entrelazadas, diferentes en su identidad pero constituyentes de un archipiélago de palabras.

    La referencia externa en “multiversal” ha estallado y en este sentido es un espejo de lo posmoderno. La atomización, la fragmentación y el estallido de un todo hacen que cada verso se convierta en un mundo en sí. Pablo Giordano acierta además en no querer recomponer ese todo. Lo observa, lo describe, y lo escribe. No se trata de apremiar a los dioses para conseguir exorcizar las caídas. Viejo tema ya remanido en la poesía argentina y llevado a las alturas por, por ejemplo, Olga Orozco, que en “Desdoblamiento en máscara de todos”, concluye: “Es víspera de Dios/ está uniendo en nosotros sus pedazos”. Los pedazos, fragmentos y astillas que revela la poesía de Pablo Giordano, no son juntados por nadie. Están ahí, luminosos y oscuros al mismo tiempo como miles de puertas abiertas en el tiempo a través de las cuales podemos entrar y salir.Hay en el poeta una conciencia de la novedad que tiene también que ver con el rompimiento de una tradición: “debo existir para otra cosa aún no revelada/ que también/ se completa escribiendo”.

   Escribir entonces, no es afirmar, es buscar, es seguir los designios de la sed, por eso Giordano aclara: “La realidad es lo que nunca veremos”.

   La segunda parte del libro, se llama “Sobrevivientes”. ¿Sobrevivientes de qué? Tal vez, del mismo estallido, de las esquirlas que han pasado a ser un todo descompuesto. Un todo que ahora se resuelve en versos que llaman la escritura con su olor, como si disueltos y estallados, emitieran un aroma de corrupción y tiempo: “pálida/ chata/ virgen/ la libreta abre las piernas// amante aburrida que ni se mueve// arrojo el fósforo encendido/ la carne crocante del otoño/ exhala// huelo los versos”.

   Siguen cinco poemas que llevan por título “papá”. Y sí, hay que matar al padre para poder escribir en libertad. Y el libro se termina por una cuarta sección que se llama: “Lo suficiente”.

   Como el yogurt o el sachet de leche descremada, tenemos fecha de vencimiento sólo que no sabemos cuál es la fecha, está velada, oculta a nuestros ojos y de ahí ese binomio de certeza e incertidumbre. “Viajamos hacia el frío”, dice Pablo y es cierto. En el medio del viaje, hay miles de ventanas que se abren y se comunican multiversalmente.

    Los poemas de Pablo Giordano poseen la belleza de quien agarra una palabra y la hace estallar en medio de palabras enteras que no tienen otra cosa que brindarnos que una lejana luz envejecida.

 

sirva otro trago

mozo

está saliendo el sol

la empleada pasa el piso

después de barrer las colillas

 

lagañas de luna

resto de olvido en los vasos

 

las patas de las sillas apuntan al techo

estacas de una aldea

al aguardo de sus decapitaciones

 

   El poeta varíllense, desde su guarida nos indica otra mirilla a través de la cual pensar el mundo y mirarlo. Tal vez lo que nosotros creemos que es la realidad, no sean las mesas bien puestas de un bar donde descansan las sillas con las patas hacia abajo. Tal vez, en otra abertura del tiempo, multiversalmente, la realidad esté marcada por esas patas de las sillas señalando el techo y la espera del frío, el frío que llega inevitablemente y se instala hasta en los mismos huesos de los versos.

(2013)

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Autor: Pablo Giordano

(Las Varillas, Córdoba, Argentina 1977) Acompañante Terapéutico y Escritor. Trabajó en Gráfica, Radio y TV. Publicó libros de poesía, cuentos y una novela. Es aficionado a la divulgación científica. Escribió en varios medios latinoamericanos y Europeos. Actualmente escribe en Las Voz del Interior.

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