Adiós, Yanino.

335H

Una noche en la casa del Rafa abrimos un cajón y sacamos las pastillas de la madre. No me acuerdo qué había, creo que Rivotril, Rohypnol, Artane y no sé qué otras pepas. En un mortero peruano de adorno picamos todo. La mezcla quedó media blanca y nos sentíamos grandes porque se parecía a la cocaína. El Rafa se mandó el primer nariguetazo. Después el Yanino. Fui el último.

Al rato se oyeron golpes en la puerta. El Rafa agarró la escopeta y fue a ver. No había nadie. Cuando golpearon otra vez miramos por la ventana: el patrullero pasaba despacito. Levanté la hoja canson con el polvillo y lo tiré atrás de un baúl. El Rafa agarró la escopeta y se arrodilló. Le iba a dar sin asco a lo que entrara. Nadie movió la puerta. La abrió sin dejar de apuntar. Después bajó el arma y puteó:

—¡Me cago en Dios! —dijo—. Es el perro.

El doberman tenía moquillo y quería entrar. El Rafa lo cagó a culatazos y después entró.

—Vamosnós —dijo.

Caminamos veinte cuadras esperando que las pastillas nos pegaran. Terminamos en el Centro Cívico hablando del disco de Spinetta con el tema loquísimo que se llamaba “La montaña”. Yo no lo había escuchado, pero igual hablaba como si supiera, mandaba cualquiera.

El Yanino cerró los ojos y se desmoronó. Se dio la cabeza contra el caño de las hamacas. Lo llevamos hasta el camión estacionado al frente. Lo tiramos adentro del acoplado con arena. No volvimos y al rato nos vino un mareo horrible y chau.

Abrimos los ojos en el cementerio y el Rafa me preguntó si me acordaba de lo que había pasado. No podía hablar del dolor de cabeza. Se limpió la nariz que le sangraba. Después notamos que no podíamos levantar las piernas y que el Yanino faltaba. Era de día, habrán sido las ocho de la mañana. A la hora, más o menos, fuimos al camión a buscarlo. Le preguntamos a un tipo del corralón dónde estaba el camión. Dijo que había salido a las seis para Santiago del Estero.

Compramos yogur y un pan dulce y nos pusimos a comer sentados en la cuneta. Eran las once, creo que nos reíamos. Ninguno de los dos pensamos que esa noche habíamos visto al Yanino por última vez.

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Autor: Pablo Giordano

(Las Varillas, Córdoba, Argentina 1977) Acompañante Terapéutico y Escritor. Trabajó en Gráfica, Radio y TV. Publicó libros de poesía, cuentos y una novela. Es aficionado a la divulgación científica. Escribió en varios medios latinoamericanos y Europeos. Actualmente escribe en Las Voz del Interior.

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