Postales y miradas.

Tapa posta

Revista Travel

En el tercer libro de poesía del autor cordobés se resigna la autorreferencialidad para dar paso a un otro que la resignifique. Giordano sitúa su álter ego en la ciudad californiana que le da título al volumen para desplegar una estética de los años dorados y un lenguaje derivado del español latino muy común en los doblajes neutros de los años ochenta. Con esta quimera versifica y sugiere algunas historias, reflexiona sobre el paso del tiempo y crea escenarios que parecen procesados por un melancolitrón de película lavada pero vívida, colorida; a pesar de las fotografías en blanco y negro que acompañan a los textos.

  Pasadena cuenta con un poco más de veinte poemas que se imponen desde el inicio con una declaración conceptual: estas son las palabras que nos sobrevivieron/ fuimos extraños arrojando las cenizas de un aduanero/ al viento del domingo. El libro está dirigido a una mujer que no se nombra, a una época que nunca se vivió, y a una ciudad desconocida y ficcional, a pesar de su rigor geocultural y hasta munícipe. Es así, como, por ejemplo, los ojos de la mujer tratando de encontrar explicación a su dolencia psicológica, se dejan llevar en una tangente nada menos que hacia las heladas laderas de Altadena. La cosa, el símbolo y el lenguaje se conjugan en tan sólo una imagen.

  En las páginas del libro-objeto hallaremos una lluvia sobre los tejados de Linda Glen, un payaso decadente acosado por los niños, barriletes incendiados en lo alto, el fantasma/recuerdo de una adolescente llamada Mellow y un vecino que poda el césped en calzones, entre otras propuestas al imaginario americano extranjero. No faltan fuertes parates introspectivos como este pasaje: duermo/ al levantar los párpados/ el rostro del verdugo en el espejo del botiquín/ decidirá rasurar/ o cortar por la garganta.

   Con versos y poemas breves, en minúsculas, sin puntuación ni títulos (a los que el autor nos tiene acostumbrados) Pasadena se configura como reservorio de postales un tanto ajenas que pueden incomodarnos o arrojar al hueso del llanto. No importa si esto le ocurrió al autor o a alguien, ficticio o no; la emoción se transfiere al lector que al terminar volverá a abrir el libro para verificar si el espejo que tiene entre manos no lo ha deformado un poco.

Autor: Pablo Giordano

(Las Varillas, Córdoba, Argentina 1977) Acompañante Terapéutico y Escritor. Trabajó en Gráfica, Radio y TV. Publicó libros de poesía, cuentos y una novela. Es aficionado a la divulgación científica. Escribió en varios medios latinoamericanos y Europeos. Actualmente escribe en Las Voz del Interior.

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