Una máquina de movimiento perpetuo que lleva años funcionando…

 

Nuestro admirado profesor loco el Dr. Bagely explica en este episodio de Periodic Videos algunas cosas sobre una máquina de «aparente» movimiento perpetuo que construyó David Jones «Daedalus» hacia 1980 y que le regaló hace unos años. Es básicamente una rueda de bicicleta metida en una caja de cristal llena de gadgets la mayor parte de los cuales probablemente serán para despistar. Pero lleva funcionando dando vueltas sin mantenimiento alguno más de dos años.

Bagely se pasó largo tiempo intentando averiguar cómo funcionaba realmente la máquina –esa era la gracia– pero a pesar de estar acostumbrado a este tipo de mecanismos y a las sutilezas de la física no consiguió averiguarlo.Jones, que murió el año pasado, se había pasado la vida inventando mecanismos graciosos que hicieran cosas raras de este estilo. Por suerte Bagely consiguió que antes de morir escribiera el secreto de la máquina en una carta, que tan sólo él y un ayudante de confianza han leído.

El profesor dice que «la solución es tan simple como decepcionante», haciendo ver lo fácil que resulta a veces engañar a los científicos – a veces más que a gente que se dedica a este tipo de cosas, incluyendo magos, relojeros y jugueteros. Pero el hecho de contar la historia y mostrar la máquina llena de imanes, tubos y extrañas cajas que no se sabe qué contienen tiene un único objetivo:

Estimular la imaginación de la gente para que intente explicar todos los posibles «mecanismos» sobre el funcionamiento de esta máquina de «movimiento perpetuo».

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Los minicerebros cultivados a partir de células madre son una realidad

Estamos tan obsesionados con los robots, esos amasijos de chatarra que nos ganan al ajedrez y al póker, que nos humillan y nos quitan el empleo, estamos tan absortos en su maldita superioridad de silicio que se nos está pasando la otra gran amenaza a nuestra envergadura cósmica, la que ha inspirado siempre a los ingenieros y a los científicos de la computación, la que lleva 4.000 millones de años resolviendo los problemas que nuestra tecnología apenas empieza a arañar ahora: la naturaleza misma.

Una forma de crear mentes es, qué duda cabe, partir de las unidades de información matemáticamente más simples, conectarlas en los circuitos lógicos más elementales y organizarlas en sistemas de inteligencia artificial que ya pueden aprender y extraer pautas abstractas de la experiencia. Pero hay otra forma que solemos ignorar, pese a que sus probabilidades de éxito se fundamentan en bases muy sólidas. Se trata de partir de los autómatas microscópicos más deslumbrantes que conocemos, las células madre, y usarlas para crear cualquier parte del cuerpo, que es justo lo que mejor saben hacer. Y recuerda que el cerebro es un órgano como cualquier otro, que la mente no es más que un trozo de cuerpo.

Los minicerebros cultivados a partir de células madre son una realidad. Miden unos 4 milímetros de diámetro y tienen 2 o 3 millones de células (en comparación con 86.000 millones de neuronas de un cerebro humano típico). Duran vivos un par de años. Si las células madre se obtienen de la piel de un paciente, los minicerebros tendrán su autismo, esquizofrenia o microcefalia inducida por el virus Zika. Son sistemas muy valiosos para investigar las causas últimas de esas condiciones neurológicas. También se pueden trasplantar a ratones, cosa que se ha hecho con cierto éxito.

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El único avión de la historia que se derribó a sí mismo

Una formación de F-11

El 21 de septiembre de 1956 el piloto Tom Attridge disparó una ráfaga de cuatro segundos con los cañones de 20 milímetros del Grumman F-11 Tiger que estaba probando mientras picaba ligeramente.

Acto seguido Attridge aumentó el ángulo del picado con tan mala suerte que unos segundos después su avión se cruzaba con los proyectiles que acababa de disparar después de que éstos empezaran a perder velocidad. Tres alcanzaron el avión y uno de ellos termina alojado en el motor, que empieza a fallar y se para de todo antes de que Attridge pueda volver a base. Así que se ve obligado a hacer un aterrizaje de emergencia del que sale herido, aunque a los seis meses volvía a volar. El F-11, por su parte, entró en servicio sin mayores problemas, llegando incluso a ser adoptado por los Blue Angels, el equipo de acrobacia aérea de la marina de los Estados Unidos.

Este es, probablemente, el único caso de la historia en el que un avión se ha derribado a sí mismo. [Fuente: jpartej]

El sabor de la palabra dulce, un documental sobre una persona con sinestesia léxico-gustativa

Como siempre me ha pasado no sé lo que es que las palabras no te sepan

La sinestesia es una condición neurológica que hace que las personas que la tienen –explicado grosso modo– tengan los cinco sentidos tradicionales (tenemos más sentidos, pero esa es otra historia) conectados entre sí.

Sólo por citar algunos ejemplos alguien con sinestesia puede oír la música en colores o notar sabores cuando la escucha, por ejemplo. Otra manifestación común de la sinestesia es ver los números y o las palabras en colores o incluso como paisajes. Y también existen personas que tienen sinestesia de calendario, que les lleva a ver los calendarios de una forma cuando menos peculiar.

En el caso de Lola, la protagonista de este vídeo, su sinestesia es léxico-gustativa y tiene el efecto de que las palabras oídas o leídas le provocan sabores. No es que le recuerden a sabores, como ella mismo explica, sino que le provocan realmente esos sabores. Sabores que le gustan, afortunadamente, por lo que hay palabras que las repite sólo pare recrearse con su sabor.

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La importancia de cultivar el espíritu científico desde la infancia

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En los tiempos en que vivimos nos enfrentamos al desafiante reto de cambiar el actual sistema educativo por uno que responda de manera más adecuada a las expectativas sociales y a los desafíos que plantea el desarrollo humano y social en el s. XXI.

En lo que a la Ciencia se refiere, en el marco de la Conferencia Mundial sobre la Ciencia para el s. XXI organizada por el Consejo Internacional para la Ciencia y la UNESCO en 1999, se elaboraron dos documentos principales (La Declaración sobre la Ciencia y el Uso del Saber Científico y El Programa en pro de la Ciencia: Marco General de Acción) en los que los países participantes se comprometían, entre otras cosas, a: […reconocer la función esencial que desempeña la investigación científica en la adquisición del saber, la formación de científicos y la educación de los ciudadanos…] así como […la enseñanza de la ciencia es fundamental para la plena realización del ser humano, para crear una capacidad científica endógena y para contar con ciudadanos activos e informados…].[1]

Consecuentemente, todas las naciones participantes en dicha conferencia han ido modificando sus políticas educativas con el propósito de potenciar el currículo STEM (Science, Technology, Engineering and Mathematics; Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), lo que implícitamente ha significado poner el foco de atención sobre las características que debe tener la enseñanza de las materias de ciencias en la infancia.

Tradicionalmente, las materias de ciencias han sido impartidas de forma dogmática y memorística bajo la premisa de que enseñar Ciencia es equiparable a enseñar el conjunto de conocimientos científicos que hemos obtenido gracias a la misma.

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Los verdaderos héroes no usan pistola

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   Desde luego que eso de salvar el mundo a balazos, puñetazos y conquistando a cuanta mujer en bikini aparece en el horizonte, tiene su atractivo. La moderna mitología machacada con obstinación en cómics y en Hollywood simplemente no puede concebir una escena final sin puñetazos, explosiones en cámara lenta (de las que el héroe se aleja caminando), rescatar a la damisela en apuros, una frase sarcástica y ocasionalmente algún zombie.

   Los verdaderos, literalmente salvadores de la humanidad han sido gente que en vez de pistolas ha usado tubos de ensayo. A estos héroes del laboratorio es a quienes deberíamos de levantar estatuas por doquier, saber sus nombres así como nos sabemos el de James Bond y Clark Kent, y prácticamente besar el suelo por donde caminan o han caminado, porque ellos sí, sin hipérbole, han salvado cientos de millones de vidas.

   Es triste que de entre estas personas, que han dedicado su vida básicamente al estudio de la medicina y de la biología, tan sólo hay un nombre que es generalmente conocido, digamos, si se lo preguntamos a alguien al azar: el de Louis Pasteur (1822-1895). Pasteur, responsable entre otras muchas cosas de proponer los principios de la vacunación y de poner su nombre en todos nuestros envases de leche, es quizá el individuo al que más bienestar le debe más gente, en la historia de la humanidad. Los movimientos anti-vacunas modernos deberían de avergonzarse de su ignorancia de la vida de este hombre.

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Los artículos de Annus Mirabilis sobre Einstein.

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 Existe una anécdota apócrifa que es referida con frecuencia, de la ocasión en la que Einstein conoció a Chaplin. Ambos eran prácticamente rock stars en sus respectivas ocupaciones, y había una multitud de fans rodeándolos. Se supone que Chaplin le dijo a Einstein, “nos admiran ambos; a mí porque todos me entienden y a ti porque nadie te entiende.”

Otra anécdota en la misma vena involucra al astrofísico Arthur Eddington (1882 – 1944), que trabajó además en textos explicando la Teoría General de la Relatividad. El físico Ludwig Silberstein, que se consideraba experto en el tema, dijo una vez a Eddington, “dicen que en el mundo sólo tres personas entienden la teoría de la relatividad.” El pobre pensaba que Eddington contestaría, “sí, Einstein, tú y yo”, pero en lugar de eso el astrofísico se quedó callado un rato y al final dijo, “estoy tratando de pensar quién es la tercera persona.”

Estas anécdotas, graciosas como son, no hacen mucho por alentar a la gente a acercarse a los textos de Einstein, sino todo lo contrario. Si a alguien se le pregunta si ha leído a Einstein, posiblemente puede decir, “sí, he leído un par de biografías”, o bien “he leído sus ensayos”, pero difícilmente se atrevería siquiera a considerar abrir uno de los artículos de física de 1905, el famoso “Año Milagroso” en el que con cuatro artículos Einstein puso de cabeza a la ciencia física e inauguró toda una rama de la misma. Este aspecto intimidante de sus artículos es una pena y hay que corregirlo.

Veamos primero: no es que los científicos de su tiempo no entendieran los artículos de Einstein, los entendían perfectamente. Las matemáticas y los conceptos físicos usados son casi elementales. Lo que era increíblemente difícil de comprender eran las implicaciones de los artículos. Ciertamente no es difícil seguir los razonamientos, pero es asombroso ver cómo Einstein va revelando cosas insospechadas de los fundamentos mismos de la realidad física, con tan sólo hacer ciertas presuposiciones y después llevarlas a sus consecuencias lógicas.

Ahora bien: ¿tienen los artículos muchas fórmulas? Sí, desde luego. Pero lo hermoso de ellos es contemplar los asombrosos razonamientos de Einstein, no las fórmulas, que son simplemente traducciones de lo que va explicando, a lenguaje matemático.

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