Rosario siempre estuvo

El Concurso Municipal de Poesía Felipe Aldana 2013 de Rosario fortaleció a dos autores más que interesantes y reveló una sorpresa que promete buena salud a las letras jóvenes en nuevas ediciones.

 

  Necesito algo que me haga concha el corazón. Este verso pertenece a un poema de Daiana Henderson (Paraná, 1988). La expresión coloquial parece resumir el deseo de una época donde las turbulencias emocionales conviven con una meseta parecida a la producida por los efectos de la prescripción compulsiva de antidepresivos pero también es una clara secuela en quienes se criaron durante el menemismo. Es común encontrar en los poetas nacidos en los ochenta un pedido de sentido a la cotidianidad.

  El poema compone Un foquito en medio del campo, libro con el que Daiana ganó el Primer Premio en el Concurso Municipal de Poesía Felipe Aldana 2013 de Rosario; que fue compartido con el asombroso Leiden y otros textos, de José Sainz (Rosario 1987); Los dos autores pertenecen a la categoría mayores de 21 años del certamen.

  Leiden y otros textos impacta por la evidente talla de un lenguaje que recurre al verso, la prosa y el versículo para establecer un panorama sin fisuras. Su  lenguaje está compuesto de una plasticidad más cercana al concreto utilizado en grandes rascacielos para que se doblen ante los tornados que a la arcilla que puede moldearse con los dedos. En el mundo de este poeta el tiempo no existe y todo confluye en un ahora que puede albergar cualquier estadío espacio-temporal. En cuanto a su método “son procesos simultáneos —explica—, que se sostienen mutuamente: la duda y el avance, la reconstrucción y la incertidumbre; en el fondo, se me ocurre, debe estar intentando ponerle bordes a la experiencia, debe creer que una versión clara de las cosas, cualquier versión, sea o no del todo verdad, alcanza para entender, para explicar algo”.

   “Escribir es en gran parte trabajar con la memoria —dice Henderson—, la memoria individual y la colectiva. Es una manera de reconstruir la historia. Creo que hay algo más que interesante ahí, y muy poderoso, se produce una especie de conocimiento de lo propio, de lo íntimo, de lo personal. Lo familiar se vuelve extraño al exportarlo a un código lingüístico, adquiere una fuerza propia que se desprende de la referencia autobiográfica, para brillar por sí solo.”

  Por su parte, Sainz no cree en la nostalgia en referencia a su libro: “No creo que el narrador esté en el medio de un ejercicio de nostalgia, intenta, supongo, determinar si tiene los recuerdos bien sintonizados, si el tiempo y la distancia no transformaron los hechos en algo distinto”.

 

 

La niña japonesa

  La gran sorpresa en el concurso se dio en la categoría menor: Sol Figueroa, una adolescente de 15 años que presentó 101: Memorias de un pianista, un poemario escrito por heterónimos de animé (el que firma el volúmen es Cleffa Takahashi) con una temática donde el amor de esta subcultura cada vez más de moda configura una extraña experiencia de lectura. “Nuestra realidad se compone por un lenguaje fuerte —define la autora—, hoy en día los poetas escriben sin necesidad de censurar, lo plasman crudo, como es. La literatura argentina se planta y te grita lo que te quiera decir”.

  Los otros premios y menciones fueron Folk, de Bernardo Orge; Mágico Hermoso Profundo, de Manuela Suárez y Ambulancia improvisada de Julia Enriquez (Segundo Premio y menciones especiales respectivamente).

  En cuanto a la poesía joven o la poesía Rosarina en general, Daiana expresó un deseo muy atendible: “Creo que hay que dejar un poco tranquila a la juventud. Al joven escritor no se lo deja jugar. Se pretende que sea lo suficientemente distinto como para que no se noten sus influencias, pero no demasiado distinto como para que pueda ser leído en continuidad con los movimientos a los que está adaptado un lector –digamos– “tradicional”. Es como si ahí, al exigirles novedad, nos ganara la lógica de mercado”.

Mientras miro las nuevas olas

  “No creemos en algo así como una poesía joven o sub 30 —dice Verónica Yattha—, sino en una serie de búsquedas que no por ser personales o diversas tienen que estar aisladas”. Para Martin Vazquez Grille, otro de los autores reunidos en El Rayo verde, la antología publicada en 2013 por Viajero Insomne, “tal vez toda poesía sea joven en tanto se plantee un trabajo genuino con el lenguaje y no la mera búsqueda de generar efectos”.

   Siempre bajo conceptos y opiniones similares, las antologías de escritores jóvenes (cada vez más jóvenes), siguen apareciendo con diversas aceptaciones en el campo literario; pero todas, de alguna manera, se hacen oír. Extraído de una novela de Julio Verne, el título de la antología alude a un camino de belleza e incertidumbre que ilumina toda palabra verdadera. De todo esto da cuenta el escritor Osvaldo Bossi que tuvo a cargo la selección de los autores y la poesía que integra el volúmen. Entre los ya citados se encuentran además Natalia Romero, Jotapé Rodríguez, Juan Cristóbal Miranda, Gustavo Gottfried, Martín Sánchez, Silvana Proto, Joaquín Oreña, Javier Roldán, Mariana Suozzo, Guido Delía, Emilio Herrera, Rocío Macarena y Hugo Zonáglez, todos nacidos entre mediados de los setenta y fines de los ochenta; éste último se destaca por una serie dedicada a la vida de Vincent Van Gogh. “Nunca me había interesado la pintura en general, ni su vida —explica—. Fue un llamado, me acuerdo que hace tiempo había comprado …el suicidado por la sociedad. Después me compré las cartas a Theo, y ahí quedé fascinado por lo detallista de su expresión, tan lúcido que me cuesta creer que se haya vuelto loco”.

  El hecho de la diversidad de las voces da cuenta del trabajo que se realiza en el taller de Bossi, donde se respetan fundamentalmente las búsquedas estéticas particulares, sin tratar de homologarlas. Para Grille ninguno de esos poemas se plantea como un fin en sí mismo sino como parte de un proceso. “Ninguno de esos poemas busca ser el “gran poema” y eso, al menos para mí, es algo destacable”. Verónica Yattha piensa que la principal virtud del libro es esa: “ser una verdadera muestra de búsquedas y de voces. Lo que vale es el hecho de compartir un espacio donde se superponen modos distintos de entender y de acercarnos a lo poético”.

  Grille también presenta una serie de poemas, pero sobre canciones y momentos de la vida de algunos músicos. “Muchas cosas me fascinan —explica—, las vidas de santos, las historias de caballería, algunas comidas, bebidas, también la música. Podría decir que elijo las máscaras de músicos para escribir poemas porque algunas de esas canciones me atravesaron y siguen haciéndolo, o simplemente para cumplir la fantasía de ser un rockstar.”

  Para cerrar, o abrir el debate, Zonáglez toma a la antología más como si fuese un “souvenir”, algo concretamente simbólico con respecto al primer año del ciclo. “Dentro del grupo hubo distintas posturas, a favor y en contra de editarla. Siete de los quince somos inéditos, eso demuestra de alguna forma, hablando propiamente de la calidad de los textos, la destreza de la mayoría, importantes también dentro del taller a la hora de los comentarios”.

Dios en el cerebro con diamantes

El biólogo y divulgador argentino Diego Golombek acaba de publicar Las neuronas de Dios, una serie de explicaciones científicas sobre por qué creemos en dioses y lo sobrenatural.

  Dios no existe, lo sabe cualquiera que lea sobre historia de la humanidad. Pero que no existan los dioses en los que creen las religiones no parece importar mucho a los creyentes inclusive abrumándolos de evidencias. El mundo mantiene la fe y los rituales, comunicaciones con seres llamados sobrenaturales y sobre todo creyendo en lo que le venga en gana porque, según los estudios, es inevitable y en algunos casos beneficioso.

Diego Golombek es Doctor en Biología, dirige un laboratorio especializado en cronobiología y es investigador principal del Conicet en la Argentina. Recibió el Premio  IgNobel por un estudio que incluía Viagra, hamsters y Jet lag. Como divulgador produjo ciclos de televisión (entre ellos TED Río de la Plata) y dirige Ciencia que Ladra, una de las mejores colecciones de libros en español sobre ciencia para el gran público.    

  No es un dato menor decir que Golombek es ateo, más que nunca ahora que acaba de publicar Las Neuronas de Dios, una neurociencia de la religión, la espiritualidad y la luz al final del túnel. Un ateo sugiriendo la existencia de Dios es algo digno de leerse, y conocer. Hablé con él para esclarecer un poco la aparente contradicción. Y sí, sobre drogas también hablamos.

¿Por qué después de tanto peso en su contra, siguen existiendo creencias, religiones y pseudociencias?

Por un lado, no cabe duda de que presentan cierta comodidad, al brindar respuestas que en cierta forma nos dejan tranquilos. En el caso de las religiones, son una forma de organización social de las creencias que está claro que brindan un número de ventajas comunitarias, de solidaridad, de un código ético común y de cierta unidad en pos de un objetivo común. Por su parte, las creencias en lo sobrenatural probablemente sean innatas y, más allá de todas las modificaciones culturales que se les puedan imponer, parecen estar con nosotros para quedarse.

  El sustento de esta respuesta se detalla en el libro. Un resumen posible indicaría que alrededor del 55% de la variabilidad en las actitudes religiosas tiene origen genético hereditario, según los estudios en gemelos idénticos. Dean Hamer presentó al gen VMAT2 como el responsable y relacionado con la actividad de los neurotransmisores serotonina, noradrenalina y dopamina; reinas de los bajones, las manías, la euforia, el placer, la recompensa y otras cosas chulas de las que hablamos más adelante y se relacionan con sensaciones sobrenaturales. Pero un sujeto no sólo es lo que hereda, sino que se desarrolla mayoritariamente con la predisposición a que la herencia se active con un ambiente adecuado. En este caso puntual, el 84% de los niños predispuestos a la religión, con algún detonante ambiental, se sumarán de adultos a una de las diezmil religiones existentes, cada una de ellas subdivididas en muchas otras.

¿Ciencia y Religión son irreconciliables?

En la superficie no, es posible profesar ambas alegremente. Incluso pueden mirarse con cierta simpatía; en particular la ciencia puede intentar dar explicaciones de algunos fenómenos religiosos. Pero si escarbamos en profundidad, no hay reconciliación posible ya que cada una parte de bases completamente opuestas: la religión se basa en la fe y la ciencia en la evidencia.

¿Por qué crees que cuesta tanto incorporar el pensamiento científico en todas las esferas sociales, inclusive en algunas Universidades?

El pensamiento científico exige un esfuerzo al cual la educación no nos tiene muy acostumbrados; a ser racionales, a no confiar en el principio de autoridad ni en los milagros o supersticiones. Mientras que las religiones ofrecen certezas, la ciencia propone más y más preguntas. Es un combate bastante desigual…

Drogas

  “He visto a las mejores mentes de mi generación destruidas por Dios”. Esta frase vendría bien para cualquiera de nosotros con amigos pachecos o pasados de sustancias que después de un viaje les pega el rollo religioso. Para seguir parafraseando al genial poema Aullido de Allen Ginsberg, diríamos “Quienes expusieron sus cerebros al Cielo, bajo Él y vieron ángeles Mahometanos tambaleándose en los techos de apartamentos iluminados”. ¿Quién no tuvo un viajecito de esos alguna vez? El  propio William Burroughs le escribió a Allen Ginsberg que se trataba de la droga más poderosa que haya experimentado. Hasta el Doctor Golombek quiso saber de qué se trataba:

Probaste Ayahuasca ¿Cómo actúa?

La ayahuasca, al igual que el Peyote, interfiere con el sistema de neurotransmisión de serotonina, entre otros, y es un potente alucinógeno. Como suele ser utilizada en rituales con cantos e imágenes devocionales, es común que quienes la prueben experimenten sensaciones de corte místico o espiritual.

¿La Ketamina?

La ketamina es un anestésico de tipo disociativo que actúa sobre otros neurotransmisores cerebrales como el glutamato. La disociación se refiere a la percepción interna, que deja de estar de acuerdo con lo que sucede en el exterior y puede dar lugar a distintos tipos de experiencias.

  Experiencias fuera del cuerpo, por ejemplo. Dios le habló a muchos ilustres de la historia y los mitos. A Pablo y Juana la loca, por citar dos casos bien conocidos. ¿Qué tenían en común? Según puede deducirse de los textos, la mayoría de estas personas sufría, o podría haber sufrido, tipos de epilepsia y enfermedades mentales. Los relatos de los enfermos actuales son casi idénticos y si se escarba un poco en quienes viven teniendo visiones o experimentando lo sobrenatural, ya sea utilizando drogas o no, nos encontraremos seguro con un cerebro de características muy similares en su funcionamiento.

¿Por qué es recurrente el misticismo en enfermedades como la epilepsia o esquizofrenia?

Si asumimos que las creencias sobrenaturales están “cableadas” en el cerebro, entonces la exageración de la actividad de las áreas cerebrales implicadas en la religiosidad podría causar alucinaciones o visiones espirituales o, directamente, místicas. En algunos tipos de epilepsia las áreas que se descontrolan son las que estarían relacionadas con esta actividad y, por lo tanto generan visiones místicas. En cuanto a la esquizofrenia, podría haber un desbalance neuroquímico que genere alucinaciones, algunas de las cuales, dependiendo de la historia y el contexto, serían de corte más bien místico.

Abundan los testimonios de personas que experimentaron (ya sea estando clínicamente muertas o con el uso de alguna sustancia) el famoso túnel de luz, separarse del cuerpo y ver desde arriba, su cuerpo muerto. ¿Por qué ocurre ésto?

Las experiencias cercanas a la muerte tienen síntomas comunes, incluyendo los que se producen por las fallas circulatorias que conllevan un descenso en los niveles de oxígeno en el cuerpo. Cuando la retina deja de recibir oxígeno suficiente, envía una señal al cerebro – y lo único que la retina puede informar es la presencia de luz, de ahí la sensación que narran algunos pacientes con respecto a la luz al final del túnel. La sensación de desprendimiento del cuerpo es menos comprendida, pero al imaginarnos a nosotros mismos siempre nos vemos desde afuera, como si otro nos estuviera mirando.

  Desde las debatibles conversiones de presidiarios gracias a la palabra de Dios hasta los rituales basados en DMT para curar adicciones las experiencias místicas han servido a muchas personas con ciertas patologías y a millones a sostenerse en un mundo que los contraviene. Sin embargo, en la dimensión histórica, todos sabemos el enorme mal que las religiones producen en los pueblos.

¿Cuáles son los beneficios de ser religioso, y cuales las contraindicaciones?

El tener respuestas certeras a mano puede ayudar a calmar las angustias existenciales que llevamos dentro, además de generar una sensación de comunidad que implica ayuda entre los congregados. La persona religiosa puede echar mano a un estado de calma que se ayuda con los rituales de cada caso (rezos, cantos, bailes, etc.). El extremo de la pertenencia a una religión puede implicar dejar las decisiones en manos de otros, o incluso de señales de algo superior o sobrenatural, con lo que no estaríamos controlando nuestras acciones. Asimismo, el fanatismo religioso ha incurrido en cualquier cantidad de atrocidades a lo largo de la historia.

Si hay algunos beneficios en ser religiosos, ¿cómo podemos entender el gran mal que han causado a la humanidad durante toda su historia?

Cada cual entenderá que sus beneficios son mayores y podrá intentar someter a otros a su voluntad arguyendo voluntades divinas. A veces para los humanos es mucho más sencillo pelearse que convencer al otro. El nombre de Dios no solo ha sido invocado en vano sino en algunas de las gestas más terroríficas de la historia.

  Mucho se ha escrito y debatido sobre Dios, cada persona tiene su propia cosmogonía. Lo sobrenatural es un absurdo. Si aceptamos la idea de lo sobrenatual, deberíamos plantearnos qué es lo natural. Si ocurre algo raro en nuestras tres dimensiones (un fantasma, una visión), ya sea fuera o dentro de nuestro cerebro; pues se vuelve natural, y puede ser estudiado, medido y comprendido dentro de la naturaleza. De esta forma, hablar de lo sobrenatural, es una falacia enorme. Porque como bien sabemos, fe y verdad son cosas muy diferentes, ambas conviven en nuestro cerebro. Una vez le preguntaron sobre el tema a Hugo Mujica, sacerdote y poeta. Su respuesta fue simple, bella y justa: Dios, es la búsqueda de Dios. Dijo.

El Jardín de senderos que se predicen

tapa-borges-y-la-fisica-cuantica_reimpr-620x932  En los enunciados y prácticas espirituales actuales existe una valoración de todo aquello que termine con la palabra “cuántico”. Vende tan bien como en literatura todo lo que comience con “Borges”. Imaginen un producto que contenga a los dos. Este doble-gancho de marketing existe, un científico utilizó la obra del escritor (“del que todos hablan pero nadie leyó”) y a la Física Cuántica (“a la que todos invocan y nadie conoce”) para nobles fines: introducir a la gente común en el mundo subatómico.

   Cuando Internet fue reconocido como monstruo, se dijo que Borges lo había predicho en El Aleph, también que Google era su soñada biblioteca. Ahora se sugiere que el autor argentino “adelantó” algunas extravagancias de la física de partículas. Alberto Rojo, el autor de Borges y la Física Cuántica fue investigador postdoctoral en la Universidad de Chicago y profesor adjunto en la Universidad de Míchigan. Es Doctor en Física del Instituto Balseiro, Investigador y profesor en la Universidad de Oakland y publicó en coautoría con Anthony James Leggett (Premio Nobel de Física en 2003).

  Para los dummies que anhelan una explicación simple del espacio-tiempo, el entrelazamiento cuántico, la teletransportación y las cuatro dimensiones, este es su libro. Pero no es solo eso, el científico también rememora el día en que le presentaron a Borges, y lo hace con una prosa elegante y de a momentos literaria como en el pasaje en que cuenta como destruyó bajo la lluvia un manuscrito inédito del escritor.

   La carencia de método científico en el sistema de pensamiento de la población en general y de la mayoría de los profesionales de la educación construyó una transpolación de la verdad al símbolo: el saber, que por complejo, reducimos perezosamente a la representación. La cosa pasa a ser el símbolo. En la reflexología, por ejemplo, se ha reducido todo el conocimiento médico sobre el cuerpo humano a la planta de los pies. En este marco se puede incluir a todas las creencias harto refutadas: el Reiki, la homeopatía el psicoanálisis, etc. La utilización que hacen algunos artistas, religiosos, creyentes, terapeutas, charlatanes e inclusive divulgadores científicos, del universo cuántico, tan de moda gracias a sus postulados revolucionarios y anti-intuitivos, producen disparates.

   “Mi evaluación es que es un uso inapropiado y hasta deshonesto de los conceptos cuánticos —comparte Rojo—, a veces por desconocimiento, a veces por un uso intencional de iconografías afines al mundo new age, para darles una pátina de credibilidad. El mundo microscópico es peculiarmente misterioso y enigmático, pero hay que entender que mucho de lo extravagante del mundo microscópico no se aplica al mundo macroscópico de todos los días. Tenemos que entender que mucho del uso conceptual es metafórico, no riguroso. Dicho esto, si esas terapias alternativas funcionan bienvenidas sean, pero es claro que funcionan por motivos que no tienen que ver con la acción química (en el caso de la homeopatía) o física (en la acupuntura) o por cierto holismo místico (en las terapias cuánticas) sino por el efecto placebo.

 

BORGES Y LAS ANTICIPACIONES

  Regodeándose con ese personaje que era él mismo, su erudición y su obra, ¿realmente cree que Borges ignoraba la física como se jactaba de hacer?

  Quizás haya sabido un poco, pero es seguro que no mucho. Su anticipo de la teoría de los muchos mundos, en todo caso, requeriría que haya sabido más que los físicos del momento (Einstein por ejemplo), cosa que es improbable en extremo, sino imposible. Para mí lo de Borges es un triunfo de la intuición, un ejemplo de que a veces saber un poco puede ser peligroso, y es mejor no saber nada de algo y emprender, desde la ficción, aventuras intelectuales que pueden llegar a ser anticipatorias.

  ¿Las ideas de anticipación -exceptuando a Arthur Clarke y pocos más- no son, muchas veces, interpretaciones con el diario del día después?

  En muchos casos sí. Sin embargo, hay anticipos conceptuales que son verdaderos. Pienso  por ejemplo en Dante y la curvatura del espacio, Wells y la idea del tiempo como una dimensión especial y Borges y los laberintos temporales. Cuando los anticipos son meras extrapolaciones de la tecnología del momento (la telefonía celular), o fantasías fáciles (el viaje a la Luna),  sí creo que se aplica lo del diario del día después. Pero cuando los anticipos tienen una elaboración conceptual como la de Borges o Dante (que por otra parte no están planteando un anticipo sino una ficción) creo que van más allá, que se mezclan e integran a la búsqueda científica, son parte embrional en el camino evolutivo que lleva a la teoría científica.

  Usted sugiere una anticipación de la hipótesis de multiversos. ¿Cree que Borges no emuló a los vedas, por ejemplo, o a los mundos del mazdeísmo primitivo?

  Es posible, aunque en mi opinión la idea es lo suficientemente distinta de los mundos en constante creación que vos mencionás. Me refiero al hecho de que en El Jardín de senderos que se bifurcan en cada decisión se crean tantos mundos como alternativas hay en una decisión. Y esa, literalmente, es la idea que aparece en el trabajo de Everett, un trabajo de física.

Podría decirse que Borges utilizó hipótesis y teorías científicas con fines estéticos.

  Si, sobre todo en el caso de las matemáticas.  Pienso en sus alusiones al infinito, a las series,  al azar, temas que atraviesan la ciencia y la filosofía. Borges es, además, el escritor que mejor escribió sobre el tiempo. El caso de El Jardín… es una singularidad, ya que, en su aproximación desde la ficción a un problema del tiempo, descifra, sin saberlo, una solución a un problema de física.

¿Cuánto le debe Borges a Ouspensky?

  Yo creo que bastante. La idea de los universos de Tlön, por ejemplo, o toda la idea de Funes, está también en Ouspensky. Pero claro, también podríamos decir que le debe a Lasswitz la idea de una biblioteca total. Nadie conoce el cuento de Lasswitz y la Biblioteca de Babel es el cuento más famoso de Borges. Es un caso de triunfo del qué sobre el cómo. Borges toma cosas de Ouspensky y las reformula con una ejecución magistral.

 

ARTE Y CUÁNTICA

  ¿Cree que Dalí conocía la morfología del hipercubo desplegado para crucificar allí a su cristo, o lo atribuye más a una coincidencia de un juego geométrico?

  Dalí conocía el hipercubo, estaba muy interesado en las matemáticas, en las cuatro dimensiones, incluso en la física cuántica, de modo que no creo que sea una coincidencia. Lo interesante del cuadro es la idea de un cristo crucificado en un objeto que “proviene” de una dimensión geométrica mayor, de cuatro dimensiones.

¿Qué papel juega la estética en la Ciencia?

 Una frase del astrofísico Subrahmanyan Chandrasekhar para mí resume el rol de la estética en la ciencia: “Es un hecho increíble que aquello que la mente humana, en lo más profundo y hondo, percibe como bello, encuentra su realización en la naturaleza externa”. Ya más en lo específico, hay muchas instancias en el desarrollo de la física  -la electrodinámica de Maxwell, la relatividad de Einstein, la teoría de partículas- en el que el gran avance se produce, menos por el intento de explicar un experimento sin explicación, que persiguiendo un horizonte de simplicidad, de simetría, de elegancia de la teoría. Lo interesante es que esas pautas subjetivas conducen (en muchos casos) a la verdad.

  Se han realizado experimentos donde algunos comportamientos de la física de partículas funcionan a estructura macro. ¿Se puede predecir el futuro de la teoría, sus implicancias en el mundo cotidiano? Pienso en la computación cuántica, por ejemplo.

  Ya hay algunos prototipos funcionando. Predecir la aplicación masiva de un descubrimiento como ese es muy difícil. Lo cierto es que no hay que detenerlo, hay que seguir investigando. La mayoría de las grandes aplicaciones cayeron fuera del objetivo de las predicciones. Me acuerdo de un dibujito de los 60, Los Supersónicos, que anticipaba un futuro de automóviles voladores, pero los personajes hablaban con teléfonos rotativos. Una vez escuché a Charles Townes, uno de los inventores del láser, contar que, como no se les ocurría aplicación, hicieron un pelapapas óptico. ()

 

Alberto Rojo es Doctor en física del Instituto Balseiro. Investigador y profesor en la Universidad de Oakland y publicó en coautoría con Anthony James Leggett (premio Nobel de Física de 2003). En 2005 recibió el premio University of California at Santa Barbara, KITP Scholar y en 2007 el Jack Williamson Professor of Science and Humanities, Eastern New Mexico University.

Alberto es además guitarrista y autor de canciones. Contó con la participación de Charly García y de Pedro Aznar en sus discos. Grabó a dúo con Mercedes Sosa y la acompañó en numerosas salas del mundo. En 2006 debutó como orquestador en el Teatro Colón de Buenos Aires con su obra Ni Si Ni No (compuesta en coautoría con Luis Gurevich) interpretada a dúo con Merdeces Sosa y con la orquesta estable del teatro dirigida por Pedro Ignacio Calderón. Sus obras solistas se usan como material de estudio en varios conservatorios argentinos. Compuso a dúo con Pedro Aznar Te digo gracias guitarra y con Víctor Heredia La canción que jamás olvidé. En sus exploraciones en luthería, diseñó la primera guitarra decafónica.

La colosal fuerza de uno solo

Diego Fonseca, periodista argentino radicado en Washington y editor asociado de la revista de crónicas “Etiqueta negra”, publicó “Stiglitz detiene el tiempo”, un perfil magnífico y provocador del polémico Nobel de Economía 2001. El libro llegó en poco tiempo a los topes de venta digital, incluso en las listas anglosajonas. Un caso excéntrico.

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Para Diario Perfil (Buenos Aires) 

  La relación entre la economía y el tiempo es crítica: obtener ventaja en el menor tiempo posible, conservarla maximizando el beneficio y hacerla sostenible. Una ecuación compleja que corre contra el segundero. Por eso el comienzo de Joseph Stiglitz detiene el tiempo (e-Cicero 2013) es tan efectivo: “¿Podemos confiar el futuro de la economía del mundo a un hombre que llega tarde a todas partes?”

      Una helada mañana de marzo de 2011, Joseph Stiglizt (Premio Nobel de Economía  2001) detuvo el ascensor en la planta baja del Uris Hall de Columbia University. Venía de su casa con una parte de la camisa afuera, y llegó tarde. Allí lo esperaba el periodista argentino radicado en Washinton Diego Fonseca. “Fui ya decidido a reunir datos, escenas —cuenta el autor a PERFIL—. Reunirte con un Nobel es, de por sí, un evento extraordinario del que debés tomar nota. La primera reunión implicó una espera de seis meses entre que fue el pedido y Stiglitz encontró lugar en su agenda. Luego de verlo la segunda vez, entendí que se trataba de un tipo capaz de recordar toneladas de bytes de información pero olvidar la hora de su reloj. Por supuesto, mientras creí que Stiglitz tenía esa marca distinguida (vivir con hora propia), produje todo el research sobre su vida, y allí descubrí que podría no vivir con hora propia en la muñeca pero vivía con hora propia con todo el cuerpo: llegar tarde era algo normal en él”. Esa relación entre el tiempo y las decisiones sobre temas macro, en la que el cronista hizo foco, se presenta en el libro como una compleja paradoja. El Nobel lo maneja bien. Se entretiene con el tiempo y aquello que le interesa, donde es capaz de ser escuchado. Llega a tiempo a lo que es crítico, y el valor de lo que es crítico es algo que sólo conoce él.      

  Después de trabajar en el Banco Mundial y en el Fondo Monetario Internacional, de asesorar a países desarrollados y a grandes firmas, Stiglitz confrontó con sus políticas, fue despedido y despreciado en Washington y Wall Street. El Nobel compara al FMI con un “hospital donde los enfermos empeoran” y apareció de improviso en el parque El Retiro, de Madrid, para animar a los indignados con un altoparlante. “A Joe, como lo llaman en la familia, no lo quieren mucho quienes fueron sus empleadores en el Banco Mundial ni los pensadores neoliberales —explica Fonseca—. Tampoco tiene puertas ampliamente abiertas en Estados Unidos. El establishment demócrata respeta su inteligencia pero sus sugerencias no han tenido aplicación práctica. Mientras Obama tuvo a su lado a Tim Geithner, que viene del riñón financiero que Stiglitz quiere diseccionar, su discurso no llegó a la Casa Blanca. Pero todos lo escuchan, incluidos los conservadores británicos, el gobierno de China y los gobiernos nacionalistas de América Latina”.

 Fonseca muestra un Stiglitz desalineado, mirando al cielo, pensando mientras otros lo esperan. Su figura es un Némesis solitario del actual “orden mundial”. Si fuera un superhéroe su archienemigo sería El Hijo de Dios, Lloyd Blankfein Super JP Morgan Money, el economista que perdió miles de millones de dólares con créditos e inversiones malignas y convenció al gobierno de Estados Unidos de salvarlo con otros tantos miles de millones en fondos públicos. Para describir al héroe dentro de su ciudad gótica, el autor se sitúa en el Foro Económico Mundial de Davos, que, según describe,  reúne a los presidentes de las naciones poderosas, aspirantes y pretenciosas, al uno por ciento de los gatos gordos y a intelectuales de cartel francés. En ese foro, Stiglitz es una estrella a la que otros van a admirar, no alguien del público que se fija en los demás: es de los pocos que puede bajar esas montañas con tablas de mandamientos axiológicos sobre la economía global y ganar parroquia.  

  Para Diego Fonseca no existe en el mundo una nación que haya aplicado, de manual y en términos absolutos, la receta económica del neoliberalismo. Stiglitz cuestiona a los países centrales pero para competir con las grandes empresas globales de esos países los emergentes precisan corporaciones de peso similar. “Si hacen eso —advierte—, el riesgo de captura del Estado es elevado, por lo que, en plan de aplicar algunas medidas neokeynesianas, precisás de consensos y de construir hegemonías complejas, que pueden resultar contradictorias con el discurso de Stiglitz. Ha fracasado el último experimento neoconservador y ahora las naciones ensayan medidas de reparación, que casi por definición tienen al Estado en el centro. Por lo tanto, es el regreso del neokeynesianismo y este es el momento para las voces como las de Stiglitz ”. (2013)

 

 

 El libro  fue publicado en formato digital y alcanzó los topes de ventas en Amazon con una rapidez apabullante, trasladándose a España al poco tiempo. Fonseca (quién también editó hace poco Sam no es mi tío (Alfaguara), una antología de crónicas escritas por latinos viviendo allí) asume alguna suerte: “Hubo coincidencias importantes. A pocos días en que salió a la venta el libro y comenzamos la difusión con eCícero se dio la Cumbre de Davos. Las críticas de Stiglitz al estado del capitalismo, en especial su mirada del capitalismo financiero, fueron duras. Unos días antes, la prensa también tomaba las divergencias de mirada de Stiglitz y Krugman sobre la desigualdad económica. El contexto ayudó mucho al libro. Vivirlo lo vives normalmente. Si te llama la atención que el libro acabe de número dos en los Hot Releases de periodismo de Amazon, el único en español entre una marea de buenos textos en inglés, pero también aprendés a vivir con la circunstancia. Hay mucha fluctuación en las ventas, te acostumbras a eso”.

La familia desaparecida

Las autoras de Los Oesterheld, Alicia Beltrami y Fernanda Nicolini, explican cómo fue la investigación en torno a la desaparición forzada en la dictadura militar del autor de “El Eternauta” y sus cuatro hijas. Se presenta en la Feria del Libro.

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La foto de portada muestra a Héctor Oesterheld jugando en una cuna con su mujer y sus niñas, una imagen familiar como cualquier otra si no conociéramos el final. El autor de El Eternauta, sus cuatro hijas, sus tres yernos y dos de sus cuatro nietos fueron desaparecidos durante la última dictadura cívico-militar del país. Elsa, esposa de Héctor y madre de las chicas, sobrevivió.

Cinco años de investigación, más de 200 entrevistas, un registro coral y dos cronistas, Alicia Beltrami (1976) y Fernanda Nicolini (1979), fue lo que necesitó Los Oesterheld, libro cuya prosa oscila entre la novela y el documental, en el que Elsa (fallecida el año pasado) adquiere entidad a través de su propia voz, al igual que los autores de las cartas que le enviaron.

“Cuando empezamos en 2011 no teníamos dimensión de la investigación que tendríamos que realizar —explica la cordobesa Alicia Beltrami—, por lo poco que se sabía o se había publicado sobre las hijas o sobre Héctor más allá de su perfil como guionista de historietas. Por las características de la militancia, entre ellos no se sabían datos personales ni nombres reales y otros habían perdido contacto después del golpe de 1976”.

Los Oesterheld fueron una familia acomodada que vivió en una casona de zona norte de Buenos Aires, más precisamente en Beccar, un barrio privilegiado donde Estela, Beatriz, Marina y Diana, las hijas del matrimonio, estudiaron en colegios bilingües de elite, el Northlands y el Nacional de San Isidro.

Ferviente admirador del Che, el guionista de historietas Héctor Oesterheld contagiaba a todos la pasión revolucionaria en tertulias hogareñas en las que sus hijas formaron su identidad, como lo hicieron también en el trabajo territorial en villas del conurbano, en asambleas universitarias, en el teatro experimental, en la bohemia artística, en las redacciones periodísticas y en las campañas en el monte del norte argentino, hasta pasar a la clandestinidad.

La historieta profética

Las vidas de Héctor, su familia y sus compañeros de militancia parecen haber autocumplido la profecía encriptada en la trama de El Eternauta, historieta ilustrada por Solano López que Héctor comenzó a publicar por entregas en la década de 1950, premiada este año con un Eisner (los Premios Oscar de la historieta) a la mejor reedición de archivo.

En El Eternauta se presenta casi por primera vez a un héroe sin superpoderes, rodeado de un grupo de amigos, en un escenario hasta ese momento poco usado: la ciudad de Buenos Aires. Las armas eran dignas de la guerrilla urbana y el enemigo, casi desconocido al principio, flotaba en el aire, matando todo bajo su manto. Una nieve mortal cubría cada rincón de la ciudad como lo hizo el terrorismo de Estado que empezaría a gestarse en los primeros años de la década de 1970. Es por eso que muchos arriesgan que El Eternauta es una proyección autobiográfica en clave de ficción fantástica.

“Héctor solía contar que la idea original de El Eternauta surgió pensando en Robinson Crusoe —explica Fernanda Nicolini—. Él, que había crecido leyendo a Defoe, se preguntó qué pasaría si en lugar de en una isla, el aislamiento fuera en una casa y que la amenaza no fuera la inmensidad del mar sino una invasión extraterrestre. Otro elemento que él venía trabajando en sus otras historietas y que acá se potencia es la idea de que nunca hay un héroe individual, que el héroe, la aventura, siempre es en grupo. Con todo lo que sucede a partir de su militancia, la dictadura y el final trágico, la historieta se resignifica. Héctor creó una historia capaz de trascender y reinterpretarse en todas las épocas. De ahí que también se volviera un ícono político”.

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Desapariciones

Héctor se sumó a Montoneros en 1974 con plena conciencia del riesgo que corrían tanto él como sus hijas. Beatriz fue secuestrada en Campo de Mayo y Diana en un centro de la ciudad de Tucumán. A fines de 1976, poco antes de ser capturado su padre y trasladado a Campo de Mayo y luego al centro clandestino El Vesubio, las dos ya se contaban desaparecidas.

“Elsa siempre se opuso a la militancia de sus hijas —dice Beltrami—, y al apoyo que Héctor les daba. Al principio, por expectativas culturales o profesionales para ellas; después, porque intuía que podían terminar mal. Discutió con ellos cuando ingresaron a Montoneros, consideraba que la lucha armada no era una opción. Siempre les decía que querían ‘parar un tren con las manos’ y que temía por sus vidas, a lo que ellas le respondían que exageraba y todo terminaba en insalvables discusiones”.

Beltrami añade que en 1975, cuando Héctor y Marina se fueron de la casa porque secuestraron a una compañera que conocía donde vivían, Elsa se quedó viviendo con la señora de limpieza. “En junio de 1976 secuestraron y asesinaron a Beatriz, después de que se encontrara con Elsa a tomar un café. Elsa siempre creyó que habían llegado a su hija a través de ella. Pero los testimonios surgidos de nuestra investigación explican que a Beatriz la habían marcado mientras caminaba hacia La Cava desde una camioneta con la que salían a rastrillar en busca de militantes. Elsa no llegó a saber eso, vivió con culpa y murió antes de que  tuviéramos el dato”, añade.

La historia que recoge Los Oesterheld no es sólo trágica. Da cuenta de la candidez de la formación de ideales durante la adolescencia, la dinámica de una familia unida por el amor y las causas comunes, las relaciones de pareja, los hijos, la vitalidad para llevar adelante obras de arte, de solidaridad, de lucha, de resistencia o de convivencia. Centrada en la figura de Héctor, la novela expone a su vez el quiebre que significó su talento en la historieta argentina y su proyección mundial en el género por entonces popular.

Presentación del libro

Los Oesterheld. De Fernanda Nicolini y Alicia Beltrami. Editorial Sudamericana. Se presenta en la Feria del Libro el lunes 12 de septiembre, a las 19.30. Con la presencia de Alicia Beltrami. Presenta Griselda Gómez.

“Con mis cuentos tengo un afán de coleccionista”

La narradora porteña Samanta Schweblin ganó el Premio Juan Rulfo 2012 y se consolida definitivamente entre los mejores escritores jóvenes de habla hispana. Asegura que la riqueza literaria en sus cuentos se halla en los límites y que, como escritora, ignora por completo los demás géneros.

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(para La Voz del Interior) 

 Hace unos meses, en una residencia para escritores y traductores en Leding House (Nueva York), Samanta Schweblin, encerrada en su habitación sola y con su secreto, festejó a los saltos, rebotando de pared en pared con un grito ahogado. Momentos antes una llamada desde París intentó comunicarse con ella infructuosamente, enredada en las complicaciones tecnológicas de la receptoría del hospedaje. A la noticia la recibió por e-mail, donde le pidieron absoluta reserva. Un mes de silencio, de alegría contenida.

  Con Others Lives de Tamer Animal en los auriculares, salió a caminar por Hudson -que es más o menos como darse una vuelta por Twin Peak-, concretando un festejo de lo más literario. Acababan de anunciarle que su cuento “Un hombre sin suerte”, el cual narra el encuentro entre una niña y un desconocido, había ganado el Premio Juan Rulfo, el más importante de habla hispana en el género cuento, dotado además por cinco mil euros.

  Organizado por Radio Francia Internacional (RFI), el Instituto Cultural de México en París y la Casa de América Latina parisina, fue la última edición que llevó el nombre del célebre escritor mexicano, los organizadores accedieron al pedido de los familiares de Rulfo de retirar su nombre. El jurado, compuesto por el argentino Alan Pauls junto a Eduardo Ramos Izquierdo, Grecia Cáceres, Juan Villanueva Chang, Aline Schulman y Elmer Mendoza, recibió el año pasado 2.200 cuentos, provenientes principalmente de México (606), Argentina (374), Colombia (272), España (191) y Venezuela (103).

LA CHICA PRODIGIO

  La alegría de la autora porteña de 34 años no tiene fin. Su primer libro de cuentos El núcleo del disturbio (2001), obtuvo los premios Fondo Nacional de las Artes y Haroldo Conti. Su segundo volumen de relatos, Pájaros en la boca (2009), fue distinguido nada menos que con el premio Casa de las Américas, se tradujo a once lenguas y fue publicado en veintidós países. Para rematar, en 2010, fue incluída por la revista británica Granta dentro de una lista con los 22 mejores escritores en español menores de 35 años.

  A la hora de entrevistarla, Samanta Schweblin se encuentra en el frío berlinés disfrutando de los últimos cinco meses de una beca del gobierno alemán que aprovechó para un proyecto personal en cambio del planificado. “Haber sido premiada de tan chica me metió de prepo en el mercado —explica—, me refiero a las criticas, las entrevistas, la exposición, las ofertas de nuevos proyectos. Y como esto me asustó mucho huí despavorida y dejé bastante solo a ese primer libro. Tenía 23 años. Con respecto a la selección en Granta recuerdo que en mi adolescencia hubo dos o tres ediciones de la revista que se vendieron como saldo en los supermercados Carrefour, y creo que gran parte de los autores por los cuales me enamoré de la literatura norteamericana estaban listados en esas ediciones como las nuevas ‘promesas norteamericanas’. Así que, al menos a nivel personal y en recuerdo a mis propias lecturas, ser parte de una de esas listas fue algo bastante movilizador. Aunque también tengo que decir que, al menos en el plano editorial y en la circulación de mis libros este reconocimiento no marcó un cambio importante como sí lo hicieron, por ejemplo, el premio de Casa de las Américas, o las primeras traducciones”.

DE LÍMITES Y VELOCIDADES

“En el cuento que ganó el Rulfo, mi intención no fue tanto jugar con la ambigüedad acerca de las buenas o malas intenciones, sino evidenciar la perversidad del lector, que es la que hace posible la lectura más oscura”, señala Schweblin.

    —Tus cuentos suelen arriesgarse a caer de lo verosímil. ¿Cómo conseguís tocar los extremos sin perder verosimilitud?

    — Si se quiebra la verosimilitud, se quiebra la tensión, y si esto pasa, el cuento ya no funciona. Así que este es un problema en el que pongo prácticamente toda mi atención. Creo que es uno de los problemas más interesantes de la literatura porque es en este límite -donde más cuesta mantener un verosímil- donde también suceden las historias más fuertes y atractivas. En los géneros, los personajes y los tonos, lo más rico suele estar muy cerca de los límites.  

  —¿Influyen de alguna manera tus estudios de las artes visuales en tu literatura?

  — Supongo que sí. Me pasé los cinco años de la carrera de Imagen y Sonido de la UBA viendo un promedio de veinticinco películas por semana, y estuve muy comprometida sobre todo con el montaje: cómo se cuenta una historia, qué se dice antes, qué se dice después, cuántos segundos sobran o faltan en una escena, cuánto cuenta una escena por su omisión, cuanto cuenta el ritmo de una historia, etc. Pero también creo que hay mucho generacional. Creo que nuestra generación tiene ya en su educación una carga visual que no tenían las generaciones previas, y eso se ve no solo en la literatura que se escribe, sino también en la que elegimos leer.

  —Alguna vez manifestaste que escribís lento y poco. ¿Cuál crees que sería un promedio perfecto de ritmo en la escritura (y si querés también en la publicación) para cualquier escritor?

  —Bueno, ideal sería un libro por año y además escribir como los dioses. Como cualquier pesimista obsesivo y exigente no puedo evitar añorar lo imposible. Con mis cuentos tengo un afán casi de coleccionista. Me gusta que mi carpeta de cuentos crezca, me gusta tenerlos impresos y a mano, me gustan siempre los últimos que escribo, me emociona enviárselos a mis amigos lectores, y ni hablar de sostener por primera vez los cuentos nuevos, recién salidos de mi impresora. Pero me programé a mi misma para quitarme cualquier tipo de ansiedad por publicar. La literatura es lenta, y hay que pensarla a largo plazo. Quizá sean estas mismas dos cosas las que la están desplazando poco a poco del mercado.

  — ¿Por qué crees que el cuento no encuentra su lugar en el plano editorial?

  — Los cuentos exigen mucho de parte del lector, y lo dejan solo unos pocos minutos más tarde. Como lectora encuentro que un buen cuento, incluso, anula el siguiente: no puedo leerlos de corrido, hay que darles espacio, hay que ser paciente. Como cuentista, y como fervorosa lectora de cuentos me cuesta entender como estas poderosas características pueden volverse desventajas, pero no tengo ninguna teoría al respecto, de hecho me desconcierta bastante.

   —¿Cuál es tu relación con otros géneros literarios, de haberla, como lectora y/o escritora?

     —Como escritora, nula. Quizá esté equivocada y haya que programar de alguna forma las ideas, quizá haya que “prepararse” para abordar una idea como novelista, o como dramaturgo. Pero por ahora no encuentro la manera de hacerlo ni un interés especial por abordar estos otros géneros. Creo que las ideas que suelo tener se llevan mejor con el formato de cuento, y supongo que no cambiaré de formato hasta no encontrarme con una idea que exceda por completo las posibilidades de este género.

 —Como cuentista y mujer, debés haber acumulado anécdotas curiosas ¿recordás alguna?

  —La cereza del postre fue cuando, como un halago, un periodista dijo que mi voz narrativa parecía completamente masculina. Como cuentista tengo una que se repite con asiduidad: me preguntan qué escribo y cuando respondo “cuentos” dicen “¡Que lindo! ¿Para chicos?” No sé qué me molesta más, la idea de que este género solo pueda ser infantil o la palabra “lindo” asociada a cualquier formato literario, creo que es devastadora. Como escritora, como persona que “supuestamente” vive de la escritura -supuesto prácticamente imposible-, mi anécdota preferida ocurrió hace unos diez años atrás, cuando recién empezaba y la editorial española Siruela publicó mi cuento “Matar a un perro” en una antología de literatura argentina. Me pagaron -bajo todo concepto- 50 dólares, de los cuales la mitad se los quedó mi editorial argentina. Como no me mandaron ningún ejemplar, cambié mis 25 dólares a pesos y me fui a la avenida corrientes a comprar el libro, pero no me alcanzó.

(Ciudad X, suplemento Cultura, 2012)