Papá

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en sueños lo acaricio con las yemas
recorro su rostro lentamente
analizo ese
ser
esa
exoentraña
irreconocible

pregunta qué pasó
cuándo ocurrió
eso de envejecer de repente
el terror a morir de dónde diablos salió
qué ráfaga lo sopló
mientras
daba hilo al barrilete

 

 

 

recuerdo verlo a los ojos por única vez
la mañana
en que me enamoré de la niña mexicana

el vértigo
de mi brazo en su hombro
en el corazón del llanto
el cuerpo frío de su madre en la cama

 

 

 

¿cuándo muté en él
empecé a arrastrar con pesadez
las pantuflas por el pasillo
hasta el baño?

ahora
dobla el diario con estertor de rana decapitada
el sol pega de golpe en su nicho

mamá cocina

concentrado en el plato y los cubiertos
de visita
almuerzo y ceno como recluso

a cierta edad
los padres ingresan en superposición cuántica
uno los da por muertos
pero allí están sus esqueletos sosteniendo una carne cansada

la televisión ensordece
se oye Animal Planet:
los lagartos del sur de Australia
son fieles durante veinte años o más

al aplastar uno en la carretera
su pareja resiste semanas
dando empujoncitos al cadáver

Sobrevivientes

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la atmósfera plana
esterilizada
flameante
disuelve
borronea contornos
satisface la materia dominga
la noche anunciada en su caballo naranja

sopla un viento nuclear
pero despacio

 

 

 

 

marginado al confín sureño
al oro dulce
irresoluto
fractal de su vagina el
laurel púber
penetro

al pie de la cama
su ropa la mía
dos cuerpos
lanzados de un edificio en llamas

entre las piernas
pienso
cómo ocurrió

un burócrata del Paraíso
tocará el timbre
la llevará de regreso

es un sueño y no sé soñar
siento la vida llamar
adentro

 

 

 

 

nos bañamos
secamos nuestros genitales con la toalla áspera
buscamos el calzado que nos hace felices
tomamos un helado en el centro

mi papá entró a mi pieza
—cuenta—
y confiscó el peluche
que yo había ahorcado
con la corbata del colegio

la memoria
el instante final de su abuelo

parece el poblado
obra de un dios

con tranquilidad de espada antigua
mi mujer continúa:

una vez
de chiquita
papá me pegó tanto con la hebilla del cinto
tanto tanto
que me mié

 

 

 

 

soñé
el amor de mi madre
que es el amor del mundo
rendido a los pies
de santo
al
cometido de mesías

fui un insomne
creyéndome genio
un alquimista que vengaría
una por una
las desventuras de niño

a lo lejos
la civilización del hombre

amarga radio de albañiles
repitiendo incansable
la quiniela

Multiversal

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¿desde cuándo empezaron a importar
los solsticios?

es imposible volver e injusto recordar
ver es modificar
cerrar al niño en la cara

cansancio del pensamiento
de los abrazos
de los días y semanas
los placares

afuera el gran torso del invierno

adentro
los filamentos de la luz
indiferente caricia de la pantalla

queda de mí
una foto de perfil
un par de intentos
en botella rota

el mar virtual
interminable

debo existir para otra cosa aún no revelada
que también
se completa escribiendo

 

 

 

enciendo un cigarrillo de cara al patio
la artritis de los árboles en la niebla
asusta
mis dedos en las teclas
pisadas de hormiga
tiemblan

envejece el mundo en camisón
al dorso de la noche

 

 

 

me despierta en la madrugada
la nieve

tras cincuenta años
el pueblo absorto
aprende otra vez cada cosa del mundo
la lengua muda de lo que transcurre
en blanco

somos
el instante en que la planta decide
expresar la flor
soltar la fruta

las moléculas detenidas
el estado narrativo del agua
soplando las canaletas insomnes
los músculos de la noche
la fuerza que nos define

unidades de longitud
unidades de superficie
unidades de volumen
unidades de capacidad
unidades de peso
logaritmos
spin
temperaturas

procesos y nada más que eso lo juro

leves iteraciones desplazándose hacia el olvido

 

 

 

pálida
chata
virgen
la libreta abre las piernas

amante aburrida que ni se mueve

arrojo el fósforo encendido
la carne crocante del otoño
exhala

huelo los versos

letanía de barrio
un envenenamiento general
un desacelerar liviano
de electrones

a lo lejos
murmura una radio

sobrevivientes

(pertenecientes a Multiversal, Ciprés Ediciones, Córdoba, 2013)

Multiversos

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no fui llamado a ser el poeta de mi generación
en este universo

no hablaré de la patria ni el futuro
de nada
igual de anacrónico

que los demás documenten la lucha de los padres
el rostro del país de haber sobrevivido
a la metáfora

la de los míos fue al alba
con las manos cortadas
por los filos del tambo en invierno
las noches en el colegio para adultos
enseñando a escribir
a ciertos maleantes que
solían acuchillarse a la salida

 

 

no seré
el poeta de las aguas turbias
al borde del acantilado que
invita
al sueño
con su manto transparente para el mito
que cae

no a los poemas nostálgicos
tristes pavas usadas de florero
mugre de los mosaicos
adornos en la vitrina
plantas
que crecen en viejas azoteas

el olor que tenía aquel atardecer
la lluvia que se alzaba al cielo

bella
pero a la vez irreparable

 

 

 

no seré
el poeta que lee un cielo
para escribir la tierra

tampoco el de la justicia
ni civil ni poética
repito
ni retórica

 

 

 

en los cubos de Bukowski
podemos quedarnos sin trabajo
alimentarnos a picadillo
morir mañana

los del barrio de Hank
curamos la sarna de perro
a lengüetazos
leemos al sol
lo que las nubes ocultan

podemos bañarnos
si queremos

seducir a la niña más linda del pueblo
con nuestro viejo cuerpo
nuestro
espíritu perdido
nuestra dudosa dentadura
nuestra psicosis galopante

sabemos que la poesía no falla
pero tampoco existe

 

(cuatro poemas pertenecientes a Multiversal, Ciprés ediciones, Córdoba, 2013)

Novedad

portada

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La felicidad es un Gordini

tapa Gordini

Algunos poemas

 

amanece
en lo viejo de la plaza
abrazo las ventanas
les doy de beber a los manteles
baño de luces los muebles

otra vez no tengo qué hacer ni qué decir

voy a comerme de un bostezo
la vía pública

 

 

querido Sísifo
con lloviznas querido
anduviste solo
comiendo galletas
a las cuatro de la mañana
sentado en el umbral
más pálido que aliento de enferma
revolviendo heladeras
veredas viejas libros con cáncer
no una cosa que pueda verse
tocarse sino
el ver y el tocar

lloro
como la tarde en que te encontré
mamando un cordón cuneta

 

 

corro descalzo
sin moverme de mi cuarto

a mi lado
el frío se come un perro
me mira de reojo
espera
relame los huesos
los estudia
les arranca lo que queda

(el problema es que siempre quise decir nada)

 

 

ni puertos ni muelles
ni sirenas
que en la noche reverberen
no hay dónde
sólo adentro
en

 

 

decime si no son las canillas
dos locos en reposo
que rozados
por un giro de mano
despiertan de la ausencia

 

 

perdoname sin gracia
como quien tira un carozo
al fondo del ropero
perdoname despacio
con silencio de gruta

y abrí el ataúd
para que el loco huya

 

 

guerra sonora
entre el despertador y los grillos

nunca acabamos de despertar
pasamos la vida
lavándonos los dientes
bajando a fumar un cigarrillo

se es

poco nos queda de la espera
menos del encuentro

se está quieto
mirando cómo caen las gotas

 

 

el silencio es
presencia deshidratada
el agua de la primera palabra y las que siguen
no justifica la vida
la mistifica

más allá
se despliega completa una llama
desde que nace
es un reino tranquilo
interpretar mil veces
la misma foto distinta

afuera
pastan los árboles la noche acuosa
el mudo aprende nuevas eremitas
insomnes y felices ante el viento
no diremos nada nunca y para siempre.

 

(Textos de Cartón. Córdoba. 2009)