Mafias del Tenis

Golpe-de-efecto

  Valerie Simpson, la nueva promesa del tenis americano, es asesinada en pleno US Open en la cumbre de su carrera. El agresor deja en los pasillos del estadio algunas pistas: una bolsa deportiva con el orificio de bala y el arma dentro. Myron Bolitar, el agente deportivo al que la tenista quiso contactar un día antes, considera el episodio como una afrenta personal y se lanza a investigar el misterio por su cuenta: cree que el homicidio está relacionado con unos oscuros casos de hace años en el mundo del tenis . Junto a Win, su socio comercial y de aventuras (un yuppy un tanto psicópata), Bolitar tendrá que hurgar en la industria de un deporte aparentemente anodino para encontrar una realidad muy distinta.

  Golpe de efecto se publicó por primera vez en 1995. Los protagonistas son los mismos que en Motivo de Ruptura, y continúan sus biografías aunque las novelas no constituyen una saga. Al norteamericano Harlan Coben, prolífico autor de policiales y suspenso, le sirve el contexto para documentar cómo se mueven los grandes grupos empresariales que patrocinan eventos, la alta sociedad, la corrupción del estado, las mafias, y las perversiones que se relacionan con un deporte solitario y egoísta.

  En el tenis, se denomina drop shot (o golpe de efecto), a la bola que para quien la recibe es un misterio. Su rebote es impredecible y ocurrirá cerca de la red: precisa metáfora de cómo se le presenta el caso al sarcástico detective amateur.

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Generaciones españolas de la posguerra

La novela Viñetas, de Agustín Sánchez Vidal, está ambientada en la década del 1950 en la zona rural española y resume los cambios en los puntos de vista de diversas generaciones.

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Viñetas es la clásica historia que desentraña enigmas familiares después de una muerte. En este caso se trata de Antonio, quien deja, en la huerta que fuera de sus padres, un testamento y una novela gráfica sin terminar compuesta por dibujos, proyectos urbanos, textos y mapas. Miguel, su hermano, llegará al lugar después de décadas, donde lo espera su hija y su yerno, los cuadernos, los enigmas, el testamento y la punta del ovillo.

Ambientada en la década del 1950 en la zona rural española, Viñetas propone un resumen de la vida en la España post Guerra Civil y los cambios en los puntos de vista de las generaciones que lo vivieron: algunas esquirlas quedaron en los cuerpos y el aire aún está enrarecido, pero brota un ideal reparador, aunque los viejos sólo puedan mirar hacia atrás, o adentro de la familia, esa metáfora incompleta de nación.

Agustín Sánchez Vidal es catedrático de la Historia del Cine en la Universidad de Zaragoza y Premio a las letras aragonesas por el conjunto de su obra. En esta, su más reciente novela, juega con el sentido de las palabras “viña” y “viñeta”. La segunda viene de la primera. Y “página”, en latín, era un emparrado de forma rectangular, igual que la palabra “verso” nombraba el giro del arado al final del campo, cuando se da la vuelta al formar el contrasurco.

Es, también, una historia de aprendizaje en una edad en la que ya parece imposible hacerlo; aunque las opiniones y el fuerte carácter moral que contienen más que actualizar esos conceptos, los continúan.

A la realidad posmoderna, que evidencia la ignorancia sobre el origen de las cosas que se heredan, compran, consumen y cuánto ha costado alcanzarlas, producirlas o crearlas, Vidal contrapone una mirada paradigmática conservadora no menos ingenua. Y aquí la otra paradoja: los conservadores están representados como hijos, y el protagonista, portador evidente de la voz del autor, cree ser el progreso.

Para Vidal no puede ser que los niños “conozcan todos los modelos de aparatos electrónicos, pero sean incapaces de diferenciar una zanahoria de una patata o un cebollino”. La reiteración de estos planteamientos convierte a los personajes en ideas y la lectura se torna incómoda.

Básicamente, Viñetas intenta recrear la modernización de España comenzada en 1960 y la pérdida de ciertos valores que no son ajenos a cualquier otro lugar del mundo. En esa empresa el autor embarra una buena narrativa con sus constantes reflexiones.

La infancia como pesadilla.

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  Hanka tiene 9 años, las tropas alemanas toman Polonia. Junto a miles de judíos es trasladada al Ghetto de Lodz (donde pierde a su padre) para después ser exportada como carne de los hornos en Auswitch. Sobrevivió de milagro. Su memoria registra un plato de sopa cada cinco personas, cuerpos de fugitivos colgando inertes de las vallas electrificadas, el aseo y un baño como lujos inalcanzables y la muerte propia como necesidad en puja con la pulsión de vida.

 Cuando la guerra parecía terminar, bajo un cielo celeste y calmo, descubre que ya nada malo puede ocurrir, hasta que llegan los bombarderos. Terminada, por fin, aquella desmesura, fue rescatada por la Cruz Roja. Años más tarde se casó en Suecia, donde trabajó en un laboratorio y se diplomó en la Facultad de Química para luego emigrar a nuestro país y reencontrarse con una de sus hermanas llegada antes de la guerra.

  Hoy Hanka Dziubas Grzmot tiene 87 años. Al regreso de un viaje en 2016 a los antiguos escenarios del horror, invitada por la ORT a la Marcha por la Vida, decidió contar su historia al escritor Alejandro Parisi, quien la entrevistó tres veces por semana durante un año y construyó una crónica novelada donde la niña entra a la adultez arrastrada de los pelos entre cadáveres.

  Después de estudiar la Guerra más horrorosa del planeta, de documentarse y hablar con los sobrevivientes, Parisi trabajó en una trilogía iniciada por la historia de Mira Ostromogilska, bajo el título El ghetto de las ocho puertas (2009) y luego la historia de la sobreviviente Nusia Stier: La niña y su doble (2014); Hanka 753 es la que cierra el proyecto.

  Se trata de una novela a la que se le notan las costuras: la niña se entera de lo que ocurre oyendo detrás de las puertas, como en las telenovelas de media tarde; y más allá de que esto haya sido real o no en la vida de Dziubas, es inverosímil y deteriora la lectura. Sin embargo, lo importante es otra cosa: en esta, como en todas las obras sobre la Segunda Guerra, aparece el cuestionamiento sobre la existencia de un Dios. ¿Por qué no está? ¿Por qué no hizo nada antes de que todo ocurriera? ¿Por qué abandonó al pueblo elegido?

  En Hanka 753 cualquier escena se parece a un golpe bajo. Pero es que durante el Holocausto los golpes bajos eran lo cotidiano. Parisi no necesita lucirse como argumentador, sólo le basta con contar, y la calidad de la prosa se queda atrás para dar paso a las historias cargadas del sinsentido de aquel infierno donde el renacimiento no fue menos doloroso que la agonía de la que se salía.

Una prosa irremplazable

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   Una recompensa espera a quien logre adaptarse al sincopado ritmo de Laberinto: la de haber leído una de las mejores novelas escritas en Córdoba en los últimos años. El lector no la tendrá fácil al comienzo. La desmesura de aliteración, rima, hipérbaton y los neuróticos golpeteos en el parlamento pueden colmar la paciencia de cualquiera; pero una vez aprendidos ciertos patrones lingüísticos en las primeras páginas, la novela no deja de sorprendernos en cada capítulo.

   Florencio es un treintañero bibliotecario con un trastorno del espectro autista. Vive solo y sin amigos, desconfía de la historia familiar y cree que es hijo adoptivo porque su altura no coincide con lo que la genética dice, según lo que se conoce como talla Diana. Sus hermanos se burlan de él y su padre le inventa un síndrome llamado “del Laberinto” y asegura que los demás defectos personales se deben a un gen recesivo.

   Con un entendimiento literal de la realidad, problemas para socializar, obsesiones, rituales y un lenguaje cargado de florituras y simetrías, Florencio irá en busca de su identidad. Su hoja de ruta será el buscador de Google. Allí encontrará no sólo los datos que necesita para su investigación, sino la traducción entre nuestro mundo sin Asperger y el suyo. “Soy Florencio y dudo de que ustedes sean mis padres porque son lindos y yo feo”, dice luego de pasar la noche googleando.

   Augusto Porporato (foto) fue finalista del Premio Planeta y del Emecé en 2005 y en 2007, respectivamente, con su novela Punto de fuga, una biografía sobre la vida del genial Paganini. Esta, su cuarta novela, despliega una, en apariencia, pasiva historia ligada al pasado político del país de un personaje inolvidable.

Es una tragicomedia con escenas desopilantes y paranoicas, recuerda a El curioso incidente del perro a medianoche, de Mark Haddon, o a la trilogía de Simsion, protagonizada por el también inolvidable Don Tillman, novelas que indagan sobre la vida de personas con autismo.

   Laberinto es otra de las historias que nos ponen en la vereda de los neurotípicos, que nos llevan al hueso de la condición humana, algo que muchos autores desdeñan por no poder abordar. Porporato la tiende sobre la mesa de disección con la cadencia de quien parece no poder escapar de un extenso hip hop. Las combinaciones entre personaje, tono y trama generan un humor sórdido que multiplica el disfrute.

  El autor cordobés ideó un desafío literario que parece imposible en los planes y, sin embargo, se mueve. ¡Y cómo! Al grado de que su prosa no podría ser reemplazada por ninguna otra para contar esta historia.

Que parezca un accidente.

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  Es 1960. Albert Camus viaja en el asiento del acompañante de un Facel Vega por la ancha y tranquila recta de una carretera parisina. Su amigo y editor Michel Gallimard va al volante, atrás viaja su esposa Janine, su hija Anne, y el perro de la familia. Nadie sabrá nunca por qué Gallimard perdió el control del volante. Después de varios derrapes y de rebotar en los plátanos de la banquina, el Vega se incrusta contra el que finalmente lo detuvo. Las mujeres no sufrieron mayores daños, el piloto murió días después en un hospital. El Premio Nobel de Literatura, con el cráneo partido y el cuello roto, murió al instante. Al perro no lo encontraron jamás. Según las autoridades, el accidente de debió al exceso de velocidad que pudo reventar una de las gomas o romper el eje. Hace unos años, comenzaron a circular las versiones sobre un supuesto sabotaje ejecutado por la KGB.

  Giovanni Catelli, poeta y escritor especializado en estudios sobre Europa del Este, se ocupó de investigar estas versiones y da cuenta de ellas en Camus debe morir, donde a lo largo de breves capítulos plagados de expresiones como “opípara cena” o “interpérrita persona” trata de justificar versiones no del todo concluyentes aunque bastantes probables sobre lo que podría haber ocurrido. Catelli se apoya básicamente en el diario secreto de Jan Zábrana, un poeta y traductor checo, disidente del régimen soviético qué afirmó tener información directa de un arrepentido del sabotaje; y en Herbert Lottman, quien escribió la que quizá sea la mejor y más documentada biografía del autor francés.

  Camus fue muy activo políticamente durante la Guerra Fría, y quizá no le perdonaron los venenosos dardos arrojados contra la invasión soviética a Hungría un año antes de que se le otorgara el Premio Nóbel, en 1956. En el discurso de premiación pidió que se le otorgara el próximo al ruso Boris Pasternak, autor de Doctor Shivago, perseguido por el régimen, quien lo recibiera dos años después y se profundizaba en varios países de Europa la ola de asesinatos a intelectuales anti soviéticos. El autor de El Extranjero era uno.

  Camus debe morir vio la luz por primera vez en 2013, conmemorando el centenario del nacimiento del autor francés, y se tradujo al español el año pasado, con apéndices de nuevas versiones agregadas. Lejos de tratarse de un libro de investigación o documentación novedosa, se conforma con extensas loas al compromiso político de Camus y se regodea en intrigas de espías donde cualquier cosa podía ser posible y por eso, quizá, es posible que Camus haya sido asesinado. Las evidencias no están en este libro.

Pinceladas reunidas

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  El artista italiano Alessandro Kokocinski pidió a un amigo algún cuento de María Kodama para inspirarlo a pintar y sacarlo de la depresión. Antes de morir se refirió a esa experiencia como trascendental y expresó sus deseos de que Kodama publique un volumen de cuentos propios, los cuales creía fundamentales. La mujer de Borges no había editado jamás esos textos porque su marido y el poeta Girri querían escribir el prólogo, lo cual la perturbaba. Relatos es ese libro que Kodama nunca quiso sacar a la luz. Una bella edición de cuatro cuentos acompañados por 26 dibujos ocres del pintor, escultor y escenógrafo nacido en 1948 en el campo de refugiados de Porto Recanati.

   Los relatos abordan temas como el remordimiento, la redención, la pérdida de la inocencia, el desquicio inevitable de ciertas personas y la precariedad de la vida. Entre los personajes, creados con pinceladas niponas, se encuentran un samurái frente a la traición (en diálogo con ella sobre las variables del deseo); un legendario guerrero agonizante que analiza su pasado; una niña enferma camino al Edén y un paleontólogo al borde de lo fantástico que tanto persiguió.

   El cliché de que María Kodama mantuvo una voz y estilo propio es necesario para despejar cualquier expectativa que se suele tener por las mujeres de ciertos gigantes de las letras, como ocurrió también este año con la edición de Libro de Bernarda, compañera de Cortázar. Se usó muchas veces el significado del apellido Kodama (Eco) para denostar a quien fue y quiere seguir siendo sombra de Borges, el genio que pasó sus últimos años a tientas en las sombras literales. Quizá Kodama haya sido la más luminosas de todas ellas; al fin y al cabo es la famosa mujer que a Jorge Luis le dolía en todo el cuerpo.

  Esta edición abre el deseo de que los textos de Kodama sean también ecos y sombras de los de su marido; pero no ocurre, y es evidente que no es el objetivo de la autora. Sus relatos apenas corregidos, al contrario de los de Borges, cultivan una soltura que evidencia el placer por el hecho minimalista de escribir como delineando ideogramas de oriente, simples, pero densamente poblados de significado. La de Kodama es una prosa de hilos que entretejen con levedad una trama tradicional, clásica; son pinceladas artesanales a la que no se debe manosear mundanamente porque pertenecen a la naturaleza.

   María conoció a Borges a los 12 años y fue su alumna desde los 16. Se casaron pocos meses antes de la muerte del escritor. Algunos otros cuentos de Kodama aparecieron en distintas publicaciones en décadas pasadas sin llamar demasiado la atención. Este es el primer volumen que recoge parte de su obra.

Lo menos malo

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En occidente los totalitarismos nacionalistas y fascistas fueron desarticulados a finales del siglo pasado al igual que los regímenes autoritarios militares en América Latina. Hoy casi todos los jefes se proclaman democráticos. La democracia es una necesidad ciudadana pero también una condición de mercado muchas veces impuesta en pos de un mejor comercio, o al menos, uno más redituable para las grandes potencias; más allá de que la industria armamentística necesite, cada tanto, algún tirano para equilibrar los números o muchas democracias sean impuestas para el saqueo.

En El Líder y La Masa, la génesis de la democracia recitativa, Emilio Gentile repasa la historia de esta forma de gobierno desde sus comienzos en Grecia hasta los actuales modelos globales, dando cuenta de sus complejidades, su crecimiento y transformación a lo largo de los siglos y su permanencia en una sola idea: el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, como la definiera Lincoln. Gentile es profesor emérito de la Universidad La Sapienza, de Roma. Es uno de los mayores historiadores de Italia y reconocido experto en el fascismo. En 2003 recibió el Premio de la Universidad de Sigrist Hans Bern por sus estudios sobre la religión en la política.

El libro comienza su travesía histórica en la actualidad, donde más de medio siglo después se da la singular coincidencia de que en las dos primeras democracias de occidente llegaron a la cumbre del poder un viejo y un joven: Trump en Estados Unidos y Macrón en Francia, ambos de la mano del populismo, la estrategia más efectiva para ganar elecciones. Trump mezclando nacionalismo y demagogia con extremismo ideológico y Macrón a pesar su público antipopulismo.

Valiéndose de los avances en conocimientos neurológicos y de comportamiento, hoy, al igual que en aquella campaña a presidente entre Nixon y Kennedy (que inaugurara los debates televisivos de candidatos) los consultores y coaching de los mandatarios “compiten para ofrecer a los electores exactamente aquello que estos desean, aunque sea imposible de conseguir y hasta absurdo [pobreza cero] sin pedirles siquiera un mínimo de esfuerzo porque eso podría hacer perder las elecciones”. Es decir: se venden presidentes como se venden celulares.

La pregunta que Gentile se hace e intenta responder es si las actuales democracias están, efectivamente, alejadas de las antigua figuras de Rey, Dictador, Zar, Jefe o cualquier otro tipo de dirigente que encarne al pueblo no para representarlo, sino por su carisma; su imposición de la fuerza (hoy las urnas) u otros mecanismos que lo han llevado al poder por motivos que no sean sus capacidades de gestión. Y es que según muchos observadores, entre ellos Gentile, uno de los fenómenos más importantes del actual malestar de las democracias es la tendencia a la personalización de la política en la figura del jefe, que entabla una relación cada vez más cínica con la multitud gracias a los medios masivos de comunicación.