Multiversos

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no fui llamado a ser el poeta de mi generación
en este universo

no hablaré de la patria ni el futuro
de nada
igual de anacrónico

que los demás documenten la lucha de los padres
el rostro del país de haber sobrevivido
a la metáfora

la de los míos fue al alba
con las manos cortadas
por los filos del tambo en invierno
las noches en el colegio para adultos
enseñando a escribir
a ciertos maleantes que
solían acuchillarse a la salida

 

 

no seré
el poeta de las aguas turbias
al borde del acantilado que
invita
al sueño
con su manto transparente para el mito
que cae

no a los poemas nostálgicos
tristes pavas usadas de florero
mugre de los mosaicos
adornos en la vitrina
plantas
que crecen en viejas azoteas

el olor que tenía aquel atardecer
la lluvia que se alzaba al cielo

bella
pero a la vez irreparable

 

 

 

no seré
el poeta que lee un cielo
para escribir la tierra

tampoco el de la justicia
ni civil ni poética
repito
ni retórica

 

 

 

en los cubos de Bukowski
podemos quedarnos sin trabajo
alimentarnos a picadillo
morir mañana

los del barrio de Hank
curamos la sarna de perro
a lengüetazos
leemos al sol
lo que las nubes ocultan

podemos bañarnos
si queremos

seducir a la niña más linda del pueblo
con nuestro viejo cuerpo
nuestro
espíritu perdido
nuestra dudosa dentadura
nuestra psicosis galopante

sabemos que la poesía no falla
pero tampoco existe

 

(cuatro poemas pertenecientes a Multiversal, Ciprés ediciones, Córdoba, 2013)

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El lado claro de la luna

El alunizaje humano llevado a cabo por Estados Unidos en 1969 se convirtió asombrosamente en un mito contemporáneo.

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 “Se lleva el secreto a la tumba”. Esas fueron las palabras que, como muchos otros millones de personas en el mundo, pronunciaron varios periodistas el 25 de agosto de 2012 cuando murió Neil Armstrong, el primer hombre en pisar la Luna. Supuestamente, el secreto que se llevaba, era si el alunizaje existió o no. El enunciado “nunca llegamos a la Luna” pasó de ser una denuncia de un grupo de conspiranoicos -categóricamente refutados en su momento-, a una creencia popular que se escucha en la última década en los bares y sobremesas, con aires de superioridad intelectual.

  La idea comenzó en 1974 con las denuncias del norteamericano Bill Kaysing en su libro “Nunca fuimos a la Luna”, empezó a popularizarse cuatro años después, con el estreno de la película de ciencia-ficción Capricornio Uno, donde se ficcionalizó a la NASA intentando falsificar un amartizaje; y en 1968 un guión del dramaturgo británico Desmond Lowden, mostraba un alunizaje con maquetas.

  El mito cobró fuerza, pero muchos grupos New Age y otras creencias absurdas empezaron a luchar por instalar la idea del alunizaje falso y tuvieron éxito. Fue el caso de la Sociedad de la Tierra Plana, que aún existe y sí, Señores, sostiene que la tierra no tiene forma de papa (el tubérculo), sino de tabla. Esta sociedad afirmó que varias de las fotografías eran falsas ya que se veía una Tierra redonda.

  El descrédito del alunizaje fue imparable cuando se sumó el éxito del libro NASA Mooned America, del periodista norteamericano Ralph Rene, llegando a una global masificación en 2001 gracias a la prensa paranormal. Fue el documental  presentado por Mitch Pileggi -el jefe de Mulder y Scully en Expedientes X – emitido por Fox, el culpable.

  Las acusaciones de base son que la bandera en la Luna no puede flamear ya que allí no hay atmósfera y por lo tanto tampoco viento; que no se ven estrellas en el cielo lunar; ni  seguimos visitando el satélite; y que todo fue un montaje para ganar la carrera espacial a  los rusos en plena guerra fría.

  Al principio la NASA no contestó al absurdo, pero para 2003 tuvo que desmontar cada una de las numerosas acusaciones instigados por la prensa. La bandera, por ejemplo, nunca flameó (y se ve claramente en el video), posee un travesaño que la mantiene extendida y su movimiento, que no es ondulatorio, corresponde a la gravedad lunar. Las estrellas no se ven por la misma razón que en un partido de fútbol nocturno, la magnitud de luz no llega a imprimir la cinta; por otro lado sí se siguió viajando a la Luna, inclusive con misiones tripuladas hasta el Apollo 17.

  Algunas de las acusaciones más complejas plantearon que el módulo de aterrizaje pesaba 17 toneladas y no dejó huellas tan profundas como las pisadas de los astronautas; que ni siquiera el poderoso cohete propulsor del módulo dejó rastros cuando debiera haber creado un cráter; que los motores tendrían potencia para levantar polvo al alunizar y por lo tanto la famosa huella de Armstrong no podría haberse grabado si todo el polvo circundante fue soplado.

  Como todas, fueron explicadas no sin tedio: el módulo lunar pesaba entre 15 y 17 toneladas en la tierra, no en la Luna donde su peso se situó apenas entre los 1200 y 1600 kg. La idea del cráter debajo es errónea, el módulo sólo tenía que contrarrestar su peso, por lo que el empuje fue muy inferior, dividiendo esa fuerza entre la superficie de salida de la tobera, logrando la presión de expulsión de los gases, la cual disminuye debido a la rápida expansión de los gases en el vacío, por lo que no era suficiente para crear un cráter, aunque sí para levantar algo de polvo, como se muestra en las grabaciones realizadas desde la ventana del módulo. El polvo de las inmediaciones no fue removido por la falta de viento, y las huellas pudieron imprimirse.

  Para terminar, la evidencia más contundente es un simple cálculo estadístico: el proyecto Apollo llegó a tener en nómina a unas 35.000 personas trabajando y otras 400.000 que colaboraban en empresas y universidades contratadas. Demasiada gente para mantener callada. Las nuevas tendencias religiosas, que se basan en el negacionismo de cualquier ortodoxia, occidentalismo (a pesar de que sus prácticas nada tengan de orientales), la conspiranoia y el odio hacia Norteamérica, utilizan este caballito de batalla que ha llegado demasiado lejos para ser de madera con una tabla mecedora por debajo.

 Países como la Unión Soviética habrían tenido motivos para denunciar el fraude si no fuera que astrónomos profesionales, aficionados y observadores satelitales de numerosas naciones siguieron la misión, junto a radioaficionados que oían las conversaciones de los astronautas a través de sus radiotelescopios apuntados a la región exacta donde se encontraba la nave.

  Aún hoy mucha gente cree o tiene dudas sobre el alunizaje del 69; pero cada vez son menos gracias a programas serios emitidos en la última década como Magonia en España y Cazadores de Mitos en USA.

Aquellos relojes

  ¿Quién no tuvo de chico un reloj calculadora? ¿Los recordás? Podías hacer de todo con él menos mirar la hora. Otro problema era que los minúsculos botoncitos impedían cálculos de una cifra, tus dedos siempre apretaban como mínimo tres números a la vez. ¿Y quién no lo llevó al colegio para la evaluación de matemáticas? Como si semejante socotroco pasara desapercibido. Era de un plástico tan berreta que cuando transpirabas por los nervios tu muñeca izquierda emanaba un olor de otro mundo. La maestra te lo hacían sacar, poner abajo del banco. Así que ahí te quedabas con una marca negruzca hedionda en la muñeca y sabiendo que no ibas a poder hacer una maldita ecuación. De nada servía tirar el lápiz al suelo y agacharse a buscarlo para intentar usar el reloj, la seño recorría los pasillos de los bancos como un nazi en los pabellones de un campo de concentración. Tac, tac, tac, mirando acá y allá en busca de algún tramposo que ejecutar.

  ¿Y quién no tuvo uno de esos relojes que apretando un botón encendía la pantalla azul o verde? Estabas con tus amigos a la noche viendo una de terror en la videocassettera y de pronto se cortaba la luz. Y vos, relamiéndote en la oscuridad ¡Tuf! Lo encendías. ¡Ahhhh! ¡Qué bello! Era el futuro en tus manos. Y a la hora de irte a dormir te lo sacabas y lo dejabas en la mesita de luz y no pasaban ni treinta segundos hasta que lo encendías para ver hasta qué distancia era capaz de iluminar. ¡A qué sí! A que lo metían debajo de la sábanas para mirar. ¡Sí! Y después a la mesita de luz para volver a agarrarlo y encenderlo para notar que no había pasado ni siquiera otro minuto. Lo importante era no dejar de asombrarnos de esa luz nunca vista. ¿Cuánto duraba encendida? Jamás nadie lo supo, decían que variaba según la hora. ¡Vamos, no se hagan! Acaso no hacen eso con el celular todo el tiempo, como si de repente nos llegara algún mensaje tipo “Te ganaste un auto”. Bueno… sí llegan, yo ya me gané 6. Por eso miro el celular a cada rato, no es por si ella me escribe, es para ver si me informan dónde retirarlos.

Todas las vidas de Marcos Aguinis

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  Aguinis pasó dos meses en coma y tuvo, literalmente, las neuronas de Lenin bajo el microscopio. Este par de datos bastaría para atrapar y llevarnos a querer leer su autobiografía, excepto que esas anécdotas se agotan allí mismo y el nuevo libro del cordobés de 82 años no es una estricta autobiografía. Puede leerse como libro de ensayos novelados por su propia experiencia de vida. Memorias tópicas y concentradas cuyos capítulos no exceden las cuatro o cinco páginas. En ellas despliega algunas imágenes y escenas brillantes, otras paupérrimas, la mayoría anodinas. Desde el derrotero de sus antepasados en manos nazis, hasta el odio por el kirchnerismo, Aguinis ejerció múltiples profesiones: músico, teólogo, neurocirujano, escritor, político y psicoanalista; pasiones que terminaron mutiladas para enriquecer la pasión por la escritura.

  La novela de mi vida abre y cierra con el llanto de su padre, alguien incapaz de llorar. Ocurrió durante una infancia lúcida, cuando una madre radical en sus decisiones arrastró de la oreja al pequeño Marcos hasta la biblioteca vecina para obligarlo a leer, y más tarde, en manos de distintos profesores, estudiar piano, tema que desarrollará durante más de cien páginas lineales donde deja intervenir con mayor magnitud a los temas que siempre lo obsesionaron: el conflicto árabe-israelí y las dictaduras. También nos presenta postales de su relación y encuentros con famosos personajes: el futuro Papa Bergoglio, Ionesco, Juan XXIII, Borges, García Márquez, Gandhi y el futuro Presidente Illia, entre otros.

la-novela-de-mi-vid  La segunda gran parte del volumen lo ocupa la Medicina, extendiéndose durante demasiadas páginas innecesarias en donde en dos ocasiones se detiene a explicar cómo se realizaba una trepanación; confesando haber engañado a pacientes y familiares para salvar una vida conflictuada por la religión, otro gran tema que siempre lo mantuvo alerta y cambiante; ya sea en los debates y libros publicados a cuatro manos con Justo Laguna como en su reservada participación para la canonización de Ceferino Namuncurá donde se topó ante los requerimientos absurdos del Vaticano.

  Quienes conozcan las novelas de Aguinis sabrán que tiene una pluma certera, que en esta ocasión sólo aparece en pequeños milagros, apurado por contar y regocijarse en sus logros y su desdén eufórico para relativizar sus fallos y dotarlos de emoción. Aguinis fue Secretario de Cultura durante el alfonsinismo, labor que lo dejó insatisfecho. También fue nombrado en Francia Caballero de las Artes y las Letras y fue el primer latinoamericano en ganar el Premio Planeta de España. Buñuel lo elogió y su novela La cruz invertida es inolvidable. Se dice que es un hombre del renacimiento, la mejor descripción de una persona mayoritariamente conocida por sus intervenciones mediáticas cada vez menos felices. Su odio hacia el kirchnerismo es irracional: cree que el gobierno de la familia sureña supera en brutalidad a las dictaduras de Nerón y Calígula. Y según cuenta en estas memorias, sus opiniones y decisiones funcionaron siempre sin medias tintas, extremas e irracionales. Sólo le quedaba el escritor, y a eso se dedicó con éxito.

Letras supermodernas

Antología de cuentos “Los nuevos de babel”, resultado de un concurso para autores nacidos a partir de 1980. La propuesta se suma a anteriores compilaciones de escritores jóvenes.

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El escritor David Voloj

(para La Voz del Interior)

 Este año, la editorial cordobesa Babel llamó a concurso a escritores de todo el país nacidos a partir de 1980. La convocatoria arrojó doce cuentos breves editados en una antología llamada Los nuevos de Babel. El jurado estuvo integrado por Lilia Lardone, Estela Smania y Federico Falco. Antes de llegar al papel, los textos se publicaron en la web del diario La Mañana de Córdoba y de allí los lectores eligieron al ganador, Santiago Oliva, quien en su relato “Historia de An Jung y los rinocerontes”  linkea al teatro del absurdo de Ionesco (más específicamente El Rinoceronte) con una Córdoba costumbrista.

  “Apostamos a ver qué pasa hoy con los chicos nacidos en esa década tan especial —explica el editor Ramiro Iraola-, qué y cómo escriben. La gran duda era si había cantidad y calidad de chicos escribiendo y dispuestos a enviar un sobre en papel y por correo no virtual. La realidad nos demostró que existen”.

 Los 12 nuevos apóstoles de las letras jóvenes son el villamariense Javier Paez, Juan Manuel Saharrea de San Luis, Emiliano Theyler de Río Ceballos, Marcos Peralta de La Falda, Sofía Castaño, Facundo Gerez y Guillermo Montalbetti de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires; Nicolás Albrieu, Franco Gatica, Santiago Oliva, Javier Martínez Ramaciotti y David Voloj de Córdoba, los dos últimos incluidos en su momento en Es lo que hay, narrativa joven en Córdoba (Lilia Lardone, Babel – 2009).    

  El denominador común de los trabajos seleccionados es la brevedad, el realismo -a excepción del cuento de Oliva- y la sequedad. No en vano se repite una y otra vez que la narrativa cordobesa mama de Carver como ninguna, aunque creo que en este caso se emparenta más con el cine rioplatense de los noventa, en donde no ocurre absolutamente nada. Tres excelentes cuentos conforman la estructura de Los nuevos de Babel.  “Relámpagos atravezando el cielo una y otra vez”, de Ramaciotti, quien atrapa con un niño huérfano y su trágico pasado, dando pie a simbolismos profundos, bellos, cargados de misticismo y poesía, manejando los tiempos de acción, las esperas del lector y las texturas que brindan ciertas imágenes de manera excepcional.

  Después Javier Páez emociona en “El Cerdo” con una prosa simple pero robusta, un manejo musical del lenguaje que remite a Daniel Moyano, y la elección de un tema ameno: dos niños al cuidado de un cerdo. El autor nació en Tilisarao (San Luis) en 1980, pero vive en Villa María. Es profesor de Lengua y Literatura y participó de la antología Voces de este río (Eduvim, 2009).

  A la hora de hablar de estilos e influencia, Páez dice que los escritores que conoce de Córdoba a través de sus obras son Busqued, Falco, Wielikosielek, Gustavo Borga, Lamberti, Natale, Iván Ferreyra, Dughetti, Fabio Martínez y Alejo Carbonell, entre otros. “el panorama que veo —arriesga— es por demás bueno y alentador. El surgimiento de nuevos espacios de edición, ha posibilitado la aparición y continuidad de muchos escritores locales que tiempo atrás no tenían la chance inmediata de mostrar su obra. Me parece que se está generando toda una nueva corriente en Córdoba que no sólo abarca a la literatura”.

  El libro cierra con el estupendo “Huesos”, de David Voloj, donde un espiritista estafa en los pueblos con el cuento del tío y explota a sus sobrinos hasta que recibe su merecido. Recuerda al cuento Ave Fénix de Federico Falco (222 patitos, La Creciente 2005) y a ciertas películas americanas de ranchos y escapes. Voloj quizá sea el más experimentado de los escritores reunidos en la antología. Nació en Córdoba en  1980, es licenciado en Letras Modernas y en 2008 publicó el libro de cuentos Letras modernas (Mención en Premio Luis de Tejeda). Al año siguiente obtuvo el Primer Premio del Fondo Nacional de las Artes con el libro Asuntos Internos, publicado en 2011.

  “Varios de los escritores jóvenes que disfruto leer -dice Voloj-, han participado en las antologías que se publicaron desde 2009 hasta ahora. Pablo Dema, Hernán Tejerina, Luciano Lamberti, Fabio Martínez. Varios ya habían publicado, o muy pronto se despacharon con libros de una gran belleza, como Fondo Blanco, de Ramacciotti”.

  El propio Ramaciotti sostiene: “hay un gran nivel de escrituras en Córdoba, y una heterogeneidad de grupos y estéticas que es saludable, estamos en un momento donde la diferencia de escrituras se multiplica, pero como si vivieran unas al lado de las otras en una respetuosa indiferencia: soy un convencido del conflicto, y creo que faltan espacios de discusión de la diferencia”.

  Nicolás Albrieu, autor de “Invierno en Río Gallegos”, cuenta: “Mis viejos decidieron irse al sur cuando todavía no caminaba. Me crié entre el viento y la nieve (y la tele, obvio). Pero nunca tuve un Family Game. Quizá por eso me volví lector. Estímulo, motivo o razón (estimo) para que, ya de nuevo en Córdoba, me convirtiera en estudiante de Letras. Siempre albergué un deseo de escribir, pero no me convencían las cosas que me salían, hasta que leí a tipos como Carver, Bolaño, Bukowsky, Natale y Lamberti y me di cuenta de que no era necesario generar una intriga con misterio y conflicto. El resultado de mi atrevimiento es lo que puede leerse en esta antología”.

  Otro de los autores presentes es Marcos Funes Peralta, que vive en La Falda, y aclara que su conocimiento sobre el panorama literario de la capital y de otras latitudes de la provincia es limitado.  “No obstante, tengo una posición tomada.  Me gustaría que los autores noveles tuvieran la posibilidad de publicar sus libros sin verse obligados a pagar las ediciones o a ganar un concurso literario”.

  La única mujer seleccionada, Sofía Castaño, se presenta como escritora y psicodramatista. Se formó en el taller literario de Diego Paszkowski, en el Centro Argentino de Psicodrama Psicoanalítico y en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Alejo Carbonell ya alertaba en 10 bajistas sobre la escasa producción de narrativa femenina, donde abunda la poesía. En su antología no había una sola mujer, y en Es lo que hay, antologada por Lilia Lardone, apenas aparecen dos. En Los nuevos de Babel, Castaño presenta un relato que gira en torno a lo que produce la información medíatica sobre la edad de Luisiana Lopilato.

 

Huérfanos y herencias

   Los nuevos de Babel se presenta apenas tres años después de que las dos importantes en la década pasada hubiesen propuesto un panorama de la nueva narrativa en Córdoba con resultados similares: apenas algunas cabezas que demuestran talento, la mayoría ya conocidos. Aquella vez fueron las ya citadas 10 bajistas, de Alejo Carbonell (editada por el sello de la Universidad Nacional de Villa María) y Es lo que hay, de la propia Babel, con selección y prólogo de Lilia Lardone. Estás dos visiones, a veces discordantes, sirvieron para el monumental estudio Los prisioneros de la Torre, política, relatos y jóvenes en la postdictadura, que Elsa Drucaroff publicó en Emecé el año pasado. Allí, la crítica y docente porteña refutó el ideario común de que las nuevas generaciones no producen textos políticos y los puso a dialogar con la vieja trova de jóvenes narradores argentinos (Andahazi, Birmajer, Casas, de Santis, Fresán, Kohan, etc.). Córdoba se llevó un lugar de peso a la hora de aportar escritores de esa y la  generación siguiente, llamada en el estudio “de post-dictadura”, y casi ninguna otra provincia estuvo en la mira. En aquel momento se dijo que estas antologías reunía a una generación liberada de dogmas, resultado de una revolución industrial que no fue y que tenía el desafío de renovar la escena cordobesa. Se habló de esos autores como promesas, y se marcó que la gran mayoría desconocía la tradición local y tenían como tema común a la infancia, territorios de ficción con cierta melancolía brutal.

   Javier Martínez Ramaciotti lo definió muy bien entonces: “Somos huérfanos chocando con huérfanos mientras buscamos, como podemos, restos para construir una herencia, un acervo literario. Pero esta orfandad, que es nuestra pobreza, es también -creo- nuestra libertad.”

  “En las otras antologías -compara ahora Ramacciotti consultado por Ciudad X a propósito de su inclusión en Los nuevos…– los narradores tenían una cierta visibilidad en su producción o al menos una resonancia en el ámbito literario local. Lo que más me llama la atención de esta nueva antología es que la mayoría somos “buenos desconocidos”, hay muchos escritores realmente jóvenes, y con escasa o nula producción narrativa. Este dato, que en sí mismo no dice nada (porque ser “nuevo” no es un valor), puede sin embargo a la larga incentivar más literatura y más diversa. Y eso sí es un valor”.

  Marcos Funes Peralta, autor del relato “El cuento”, agrega: “He notado que los jóvenes escritores cordobeses compartimos un saludable interés por la interpelación crítica a la sociedad y a la cultura en que vivimos, moviéndonos en un amplio espectro de registros que va desde la melancolía hasta el sarcasmo. Me atrae mucho esa literatura provocadora e inconformista que se gesta en Córdoba”.

 Por su parte, Javier Paez, admite no haber leído demasiadas antologías de jóvenes escritores en Córdoba. “Aunque lo que más rescato de este tipo de ediciones es la posibilidad que brindan para que muchos publiquemos por primera vez”.

 

Los nuevos de Babel

Autores: Nicolás Albrieu, Emiliano Baigorri Theyler, Sofia Castaño, Marcos Funes Peralta, Franco Gatica, Facundo Gerez, Guillermo Marinaro Montalbetti, Javier Martinez Ramaciotti, Santiago Oliva, Javier Páez, Juan Manuel Saharrea y David Voloj.

(Suplemento Ciudad X – 2012)

Novedad

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¿Querían cara de loco, foto vieja, poesía reunida, bajo costo, disponibilidad? Ya está listo en Amazon el volumen que incluye mis tres libros de poesía y algunos textos inéditos. Los libros reunidos son La Felicidad es un Gordini (2009); Multiversal (2013); Leticia (2014) y algunos poemas experimentales sueltos. Se puede descargar grátis. ¡Que lo disfruten!

Crónicas expatriadas

“Sam no es mi tío” reúne textos de más de 20 escritores e intelectuales latinoamericanos residentes en Estados Unidos. El periodista y escritor cordobés Diego Fonseca cuenta el origen de esta antología que propone miradas sobre el modo de vivir el sueño americano, o sus pesadillas.

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Foto: Adrián Duchateau

Hace unos años, el periodista y escritor cordobés Diego Fonseca llegó a Miami para dirigir la revista de economía competidora de la latinoamericana que dirigía desde México, donde vivía con su pareja. A los pocos días de comenzar, Bush da su discurso ante el Congreso y Wall Street se va en picada. En ese tiempo resuelve casarse y un domingo, en la primera mañana de luna de miel, se entera que desde el lunes se quedaba sin trabajo. Allí empezó a pensar la idea de un libro como plataforma para narrar su propia experiencia. Le contó la idea a la brasilera doctorada en literatura latinoamericana Aileen El-Kadi y se entusiasmaron.

 Así reunieron en Sam no es mi tío (Alfaguara) a más de una veintena de intelectuales “latinos” residentes en Estados Unidos (entre los que se destacanSantiago Roncagliolo, Edmundo Paz Soldán, Claudia Piñeiro y Gabriela Esquivada) para dar cuenta de cómo se juegan sus tensiones, las negociaciones de su yo, los conflictos y contradicciones; de qué modo se producen las mixturas y sincretismos en el gran país del norte.

   ”Siempre pensé a Sam no es mi tío como un puente —cuenta Fonseca desde Washington—, una oferta de diálogo hacia otros intelectuales, los americanos y sajones. La idea era: aquí está este grupo de intelectuales latinoamericanos —periodistas, académicos, novelistas— que asumimos así nuestra relación y la de los latinos en general con Estados Unidos. Una segunda parte de Sam debieran ser esos colegas latinos aceptando el convite: que nos cuenten cómo ven ellos su patio lleno de latinos bullangueros”.

¿Cómo fue el criterio para reunir las crónicas?

Lo primero fue evitar las agendas condicionadas. El gran tema vinculado a migración ha sido y es la migración indocumentada, en particular la que sucede por la frontera con México. Eso está, pero no es dominante. El asunto era tratar de mirar cuestiones universales: cómo es trabajar, vivir, amar en Estados Unidos. Cómo se miran los latinos en sus países en relación a Estados Unidos. Cómo es operar entre los agujeros del sistema. Cómo comprar los grandes discursos y sueños y encontrar pesadillas.  

¿Qué tan grande y complejo es Estados Unidos para no poder entenderlo?

Es complejo pretender explicar una nación en términos absolutos. ¿Es un imperio? Tiene comportamientos imperiales en política exterior. ¿Pero es una nación democrática, respetuosa de las minorías? Lo es, mucho más que varias que conozco. Y estas dos definiciones no abarcan todo. Más en el fondo, ¿hay una definición de lo americano, profunda y única? No: no es el mismo Estados Unidos el que ve un miembro del Tea Party que el que narra Springsteen. Ni es el mismo relato el de Mitt Romney que el de The Wire. No sé si existe “lo argentino”, por ejemplo, como categoría y, del mismo modo, no sé si se puede definir absolutamente qué es americano y, por extensión, qué es Estados Unidos.  

¿Cómo ve, si es que se puede resumir en una respuesta, un “latino” al país? ¿Y cómo se ve el mundo desde allá?

Estados Unidos, en general, es un país de pequeñas ciudades insulares. El ciudadano medio americano viaja poco —un porcentaje muy bajo de la población tiene pasaporte— y es un país tan vasto que suele ser pupocéntrico. La mayoría de los noticieros de los canales locales, por ejemplo, a diferencia de lo que suele suceder con los medios en Argentina, se enfocan en noticias muy locales. Si sirve esto como medida, en el último debate presidencial, Barack Obama y Mitt Romney discutieron política internacional sin casi mencionar México —que es central en la agenda migratoria—, Europa —capital para la estabilidad financiera internacional— o América Latina —que por primera vez en décadas tiene una agenda con una mirada relativamente independiente de Estados Unidos.

¿Cuáles son las diferencia en cuanto a la mirada sobre el país según la nacionalidad de quien escribe?

Nunca se puede ser concluyente pues cometería el mismo error que cuestiono —la generalización— pero en general se tiene una mirada más amistosa de Estados Unidos en el conjunto de la región que, por ejemplo, la que se tiene desde ciertos campos en Argentina. Hace unos días, en una charla sobre Sam no es mi tío que tuve en Miami, una persona de un grupo de lectura me dijo que se indignó con el texto de Claudia Piñeiro. Claudia narra cómo se perdió buscando una dirección en un viaje a Miami, un territorio que para la psique tradicional argentina no representa más que playas y centros comerciales. El texto de Claudia expresa muy bien cierta mirada superficial en alguna medida predominante en el progresismo argentino.  En México hay tensión producto de una relación muy cercana y friccionada, pero la retórica política es menos agresiva para con Estados Unidos, comparativamente, que la argentina.

Desde adentro

   Un inmigrante sin documentos se burla del sistema y se gradúa con honores. Una vieja cantante de tangos busca otros 15 minutos de fama mientras desinfecta baños en Miami. Un gringo que defiende a latinos pobres que lo van a traicionar. Una mujer y su amante ven por tele la caída de las Torres Gemelas mientras especulan si el esposo murió en el ataque. Estas y otras historias se reúnen en Sam no es mi tío.

   ”La mitología del “sueño americano” recibe aquí giros irónicos, patéticos, trágicos, melancólicos, pero nunca ingenuamente satisfechos y celebratorios”, se lee en el prólogo.

   Los 24 cronistas que aquí participan se propusieron desordenar los discursos oficiales que hablan de las relaciones entre latinos y gringos, entre legales e ilegales, entre primer y tercer mundo.

Perfiles:

Diego Fonseca: Nació en Las Varillas, Córdoba en 1970. Vive en Washington, DC. Es periodista desde 1989. Licenciado en comunicación por la Universidad Nacional de Córdoba, en Argentina, Diego tiene un MBA del Instituto de Empresa Business School, de Madrid, y estudios en posgrado en Georgetown University y en INCAE Business School de Costa Es autor del libro de relatosSouth Beach (Recovecos, 2009).

Aileen El-Kadi: Nació en Bahía, Brasil en 1972. Es Doctora  en literatura latinoamericana de la Universidad de Colorado. Traductora literaria, profesora e investiga­dora de cultura, literatura y cine contempo­ráneo latinoamericano. Dirige el programa de Estudios Brasileros en la University of Texas, en El Paso, donde vive.

Cronicas de Daniel Alarcón, Jorge Volpi, Santiago Roncagliolo, Ilán Stavans, Edmundo Paz Soldán, Claudia Piñeiro, Jon Lee Anderson, Joaquín Botero, João Paolo Cuenca, André de Leones, Aileen El-Kadi, Gabriela Esquivada, Diego Fonseca, Eduardo Halfon, Yuri Herrera, Hernán Iglesias Illa, Andrea Jeftanovic, Camilo Jiménez, Juan Pablo Meneses, Diego Enrique Osorno, Guillermo Osorno, Carola Saavedra, Wilbert Torre y Eloy Urroz.

(Suplemento Ciudad X – 2012)