Me mudé.

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   Queridos lectores (y escritores):  son muchos los que me leen aquí, se los agradezco, pero a veces uno siente, y les pasará a ustedes también, que trabaja sin recibir un miserable dólar por esto.

   Ya existe, después de años de buscar, una plataforma que lo hace posible. Se llama Patreon, muchos de ustedes la conocerán. Es por eso que los invito a leerme allí y, si se animan, a patrocinarme con un mínimo de dinero (irrisorio); pero motivador, por lo menos. Para quienes no pueden, colgaré allí algunos contenidos libres, como acá. Así que nada termina del todo. Por otra parte, monté allí un taller literario que puede ser de interés para muchos de ustedes.

También los invito a quienes escriban o ya tengan una cuenta allí, que me inviten a conocerla.

   Un abrazo, ojalá puedan acompañarme.

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Te lo vendo, porque lo vale

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   Me topé con este libro en la web, después de mucho buscar, de mucho defraudarme, y de leer toneladas de cosas que ya sabía. Simple, práctico y al hueso, Mercadotecnia para Proyectos Artísticos no es (aunque su subtitulo lo sugiera) un libro que promete hacerte rico con el mercado del arte. Lo que sí logra, es aclararte la mente en cuanto a lo que hay que hacer y lo que no en materia creativa y administrativa. Encontré mucha claridad que otros libros prefieren omitir porque ese tipo de consejos no les parecen intelectuales. Este libro te va a ayudar con tu pequeño proyecto, desde qué hacer con tu cuento recién escrito, hasta cómo montar una galería de arte y no morir en el intento. No miente y te va a poner los pies sobre la tierra. Les dejo el link por si a alguien le interesa saber más, y hasta, por qué no, comprarlo:

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Cruza los pueblos de la pampa a la siesta en un Dodge cargado con enciclopedias. Estaciona en ciertas casas a ofrecerlas, pide agua, se seca la transpiración, habla entusiasmado, no disimula el desaliento. Cuando cae la tarde, llegará a su casa por los mismos caminos humeantes. Su mujer y su hija lo recibirán con la cena casi lista. Una vez sentados, con los cubiertos en la mano, lo mirarán a los ojos, expectantes.

Sobre la consciencia humana y las diversas teorías al respecto

Una teoría propone que la consciencia es la forma imperfecta que tiene el cerebro de interpretar su propia actividad.

– Michael Graziano

En este vídeo de Ted-ED Michael Graziano explora qué es la consciencia humana según algunas teorías predominantes en varios campos de la ciencia, aunque como bien dice, «científicos, teólogos y filósofos no han conseguido todavía ponerse de acuerdo en qué es exactamente».

El vídeo empieza con un ejemplo sobre la negligencia hemiespacial, un problema que afecta al cerebro de algunas personas debido al cual sólo pueden interpretar la mitad izquierda o derecha de una imagen, pese a lo cual son capaces de percibir visualmente la otra mitad y responder preguntas sobre ella, aunque no «directamente» sino –digamos– de una manera muy peculiar, casi engañándose a sí mismas.

Esto y otros experimentos indican que percibimos el mundo de una forma muy simplificada, que no es exactamente la «real», así que construimos mentalmente modelos. Y aunque tenemos capacidad de prestar atención a ciertos aspectos de esa realidad ignoramos otros, dependiendo de nuestras necesidades. Si no fuera así, seríamos incapaces por ejemplo de concentrarnos, de defendernos de las amenazas o incluso de atrapar un objeto con la mano: simplemente imagina la cantidad de detalles sobre cada uno de nuestros huesos, músculos y articulaciones tenderíamos que procesasr conscientemente.

Sabiendo todo esto, quizá nuestra sensación de consciencia sea la que permite al cerebro describirse a sí mismo, aunque no lo haga con detalle e información perfecta sobre cómo lo procesa todo. Es una especie de experiencia subjetiva, lo cual a mi me resulta más inquietante todavía porque entonces la consciencia podrá ser muy diferente de unos seres humanos a otros, algo que —si lo piensas– tampoco resultaría muy extraño, dado cómo son nuestros comportamientos ante ciertos hechos o situaciones. ¡Ah, lo misterios de la identidad humana!

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Nota: Aunque a veces los términos consciencia y conciencia son según el diccionario sinónimos prácticamente intercambiables, en el contexto de la inteligencia, la neurología y la filosofía son bastante diferentes. Consciencia suele aplicarse para el «autoconocimiento de la propia existencia» (ej. «recuperar la consciencia tras haber estado anestesiado») y concienciacuando además de eso hay ciertas implicaciones morales (ej. «ser consciente de que golpear con un palo en la cabeza a alguien está mal»).

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Puntos de quiebre.

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El clivaje designa, en los cristales, los sectores donde la unión de los átomos es más débil, zonas de ruptura. El término fue empleado en psicología para designar, por ejemplo, puntos de escisión del yo. En Zona de clivaje, Liliana Heker utiliza el concepto para preguntarse por la existencia de esa cualidad dentro de una pareja y en la construcción de una identidad.

Alfredo Etchart es profesor de literatura, mantiene un noviazgo abierto con la treintañera Irene, a la que conoció siendo una alumna de 17 años. Es una relación exótica como las integradas por narcisistas de alta resistencia, intelectualmente soberbios y emocionalmente desprejuiciados en apariencia. El punto de quiebre se produce cuando ella entiende que la supuesta apertura es unilateral. Le abre los ojos una nueva alumna de él, de la edad que ella tenía al conocer al profesor. A partir de allí, Irene luchará contra los celos que le produce ese espejo, y comenzará una búsqueda que describirá con analogías propias de su profesión: la Física; con preguntas sobre hasta dónde somos capaces de aguantar la introspección, es decir, de qué está hecho nuestro clivaje.

Heker ganó con esta obra, reeditada en 2018, el Premio Municipal de Novela en Buenos Aires en 1987. Hay una tesis que apunta al descubrimiento del feminismo y a la necesidad de todo individuo de dejar que el cristal se rompa y que la parte resultante se configure como un nuevo todo. Y es, también, una historia de amor post dictadura, que atraviesa la cultura emergente de la década.

Chinita de porquería

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Hace unos días la gente vio a la Luna ponerse roja, los astrónomos estudiaron el eclipse, muchísimos otros deliraron con misticismos acordes a sus creencias, los terraplanistas dijeron que no ocurrió; y como siempre, se registraron en el mundo algunos casos de suicidio, simplemente, por el paso de nuestra nave entre el sol y el satélite terrestre.
Ciento setenta toneladas de basura dejamos en la Luna en sólo seis visitas. Seis años tardaron las huellas humanas en calentar el sector pisado, después de cambiar la estructura de regolito obligándolo a absorber más luz solar y calentarse. Exportamos calentamiento global.
Hace apenas un par de semanas, China, que significa “centro del mundo”, posó una sonda en el lado oscuro de la luna e intentó con éxito relativo hacer crecer vegetales e insectos en la tierra plomiza. China se le decía a la mujer del gaucho, “chinita de porquería” a la adolescente que se “porta mal”. La palabra no hace referencia a las mujeres del país asiático. China es una palabra quechua que significa hembra. Los españoles la usaron despectivamente para referirse a las mujeres mestizas. En Chile las chinas de hoy son las empleadas domésticas, casi todas de tez para nada selenitas.
China, la mujer con gigantismo que no para de crecer, está en el centro del telescopio de las grandes potencias temerosas de ser devoradas. Esa china que no es mujer sino centro, pondrá en órbita una nueva luna. Se necesita luz nocturna en cantidad. La noche nos da miedo y nos paraliza, económica y emocionalmente. El mundo tiende a no dormir, como un gran criadero de pollitos. Nos aseguramos compañía para las noches de soledad, sobretodo cuando no hay luna y hace frío porque esa mujer nos ha dado vuelta la cara para siempre. La cara oscura donde la China impertinente posó una sonda.
En la poesía, la mujer y la luna son lesbianas haciendo el amor. Es una relación antiquísima. Pero la cara oculta de la poesía, que no todos visitamos, nos sugiere que una mujer-luna necesariamente será satélite del hombre: ilumina nuestra melancolía, pero es lejana y se requiere mucho dinero y arriesgar la vida para conquistarla. Se hace la difícil. Nos ahoga si no estamos preparados para ella, no tiene mucho que ofrecer y podemos hacer crecer cosas en su seno y abandonarlas allí. Es fría y sin aire; pero también hermosa. O solamente hermosa.
En español es femenina y no tiene luz propia, la luz la recibe de un masculino; el Sol; que la emite y es gigante y devorador como la China. Hay que estudiar ese patriarcado porque cada tanto sus llamaradas intentan penetrarnos. Se sabe que crecerá hasta devorarnos aunque nos mudemos. Es el padre de la madre tierra, de quién salió la Luna, la hija, la chinita de porquería a la que “le viene” tres veces al año. Cuando eclipsa al sol, hace un huequito de oscuridad en algún rincón de la tierra, nada más: un pequeño pezón en la madre. Pequeños y oscuros como los derechos de las mujeres.
Se puede orbitar durante millones de años usando estas interrelaciones. Sumar, por ejemplo, que en el medio oriente del sistema solar el sultán Júpiter posee un harem de 79 concubinas, casi todas de nombre femenino y destino femenino en distintas mitologías. El destino femenino se entiende como ninguno, o trágico. Lo único que les queda es orbitar al panzón.
No hay forma de que la metáfora entre luna y mujer sea justa, ni siquiera en el arte, que es amoral, como el cosmos, e infinito como lo que aún no asimilamos, o nos negamos a aceptar, como el feminismo, que es a los hombres lo que un eclipse a la tierra plana.

40 años de historias

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García Márquez no quería ser recordado por Cien años de soledad ni por el Nobel, sino por su labor en los periódicos. Definió al periodismo como el mejor trabajo del mundo, el cual desempeñó desde 1947, mientras publicaba sus primeros cuentos, hasta poco antes de su muerte, en 2014, a los 87 años. 

El escándalo del siglo, una selección de su obra periodística, recoge publicaciones en distintos medios gráficos durante cuatro décadas: desde el bohemio “Gabo” aprendiz, hasta mediados de la década de 1980, cuando ya era un nombre pesado de la literatura. 

En las notas encontramos a un borracho que se tira por la ventana de su hotel al ver una lluvia de peces; un velatorio costero autóctono rodeado de leyendas populares; el bloqueo a Cuba; reflexiones sobre la escritura y el Premio Nobel; crónicas de homicidios; unas vacaciones con el Papa; una oficina de correos donde van a parar las cartas perdidas y la famosa crónica por entregas, que da título al libro, acerca de la misteriosa muerte de la italiana Wilma Montesi.

Es una antología que evidencia la poca distancia entre el García Márquez cronista y el escritor de novelas, y  donde aparecen por primera vez los bocetos de sus grandes obras: Aracataca y las familias Buendía.

Además de maestro de periodistas, nadie duda de que “fue el mejor colombiano de todos los tiempos”, como manifestó el presidente del país caribeño el día del funeral. Su periodismo se mantuvo fiel a un principio: contar una historia. Contarla bien.