Chinita de porquería

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Hace unos días la gente vio a la Luna ponerse roja, los astrónomos estudiaron el eclipse, muchísimos otros deliraron con misticismos acordes a sus creencias, los terraplanistas dijeron que no ocurrió; y como siempre, se registraron en el mundo algunos casos de suicidio, simplemente, por el paso de nuestra nave entre el sol y el satélite terrestre.
Ciento setenta toneladas de basura dejamos en la Luna en sólo seis visitas. Seis años tardaron las huellas humanas en calentar el sector pisado, después de cambiar la estructura de regolito obligándolo a absorber más luz solar y calentarse. Exportamos calentamiento global.
Hace apenas un par de semanas, China, que significa “centro del mundo”, posó una sonda en el lado oscuro de la luna e intentó con éxito relativo hacer crecer vegetales e insectos en la tierra plomiza. China se le decía a la mujer del gaucho, “chinita de porquería” a la adolescente que se “porta mal”. La palabra no hace referencia a las mujeres del país asiático. China es una palabra quechua que significa hembra. Los españoles la usaron despectivamente para referirse a las mujeres mestizas. En Chile las chinas de hoy son las empleadas domésticas, casi todas de tez para nada selenitas.
China, la mujer con gigantismo que no para de crecer, está en el centro del telescopio de las grandes potencias temerosas de ser devoradas. Esa china que no es mujer sino centro, pondrá en órbita una nueva luna. Se necesita luz nocturna en cantidad. La noche nos da miedo y nos paraliza, económica y emocionalmente. El mundo tiende a no dormir, como un gran criadero de pollitos. Nos aseguramos compañía para las noches de soledad, sobretodo cuando no hay luna y hace frío porque esa mujer nos ha dado vuelta la cara para siempre. La cara oscura donde la China impertinente posó una sonda.
En la poesía, la mujer y la luna son lesbianas haciendo el amor. Es una relación antiquísima. Pero la cara oculta de la poesía, que no todos visitamos, nos sugiere que una mujer-luna necesariamente será satélite del hombre: ilumina nuestra melancolía, pero es lejana y se requiere mucho dinero y arriesgar la vida para conquistarla. Se hace la difícil. Nos ahoga si no estamos preparados para ella, no tiene mucho que ofrecer y podemos hacer crecer cosas en su seno y abandonarlas allí. Es fría y sin aire; pero también hermosa. O solamente hermosa.
En español es femenina y no tiene luz propia, la luz la recibe de un masculino; el Sol; que la emite y es gigante y devorador como la China. Hay que estudiar ese patriarcado porque cada tanto sus llamaradas intentan penetrarnos. Se sabe que crecerá hasta devorarnos aunque nos mudemos. Es el padre de la madre tierra, de quién salió la Luna, la hija, la chinita de porquería a la que “le viene” tres veces al año. Cuando eclipsa al sol, hace un huequito de oscuridad en algún rincón de la tierra, nada más: un pequeño pezón en la madre. Pequeños y oscuros como los derechos de las mujeres.
Se puede orbitar durante millones de años usando estas interrelaciones. Sumar, por ejemplo, que en el medio oriente del sistema solar el sultán Júpiter posee un harem de 79 concubinas, casi todas de nombre femenino y destino femenino en distintas mitologías. El destino femenino se entiende como ninguno, o trágico. Lo único que les queda es orbitar al panzón.
No hay forma de que la metáfora entre luna y mujer sea justa, ni siquiera en el arte, que es amoral, como el cosmos, e infinito como lo que aún no asimilamos, o nos negamos a aceptar, como el feminismo, que es a los hombres lo que un eclipse a la tierra plana.

40 años de historias

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García Márquez no quería ser recordado por Cien años de soledad ni por el Nobel, sino por su labor en los periódicos. Definió al periodismo como el mejor trabajo del mundo, el cual desempeñó desde 1947, mientras publicaba sus primeros cuentos, hasta poco antes de su muerte, en 2014, a los 87 años. 

El escándalo del siglo, una selección de su obra periodística, recoge publicaciones en distintos medios gráficos durante cuatro décadas: desde el bohemio “Gabo” aprendiz, hasta mediados de la década de 1980, cuando ya era un nombre pesado de la literatura. 

En las notas encontramos a un borracho que se tira por la ventana de su hotel al ver una lluvia de peces; un velatorio costero autóctono rodeado de leyendas populares; el bloqueo a Cuba; reflexiones sobre la escritura y el Premio Nobel; crónicas de homicidios; unas vacaciones con el Papa; una oficina de correos donde van a parar las cartas perdidas y la famosa crónica por entregas, que da título al libro, acerca de la misteriosa muerte de la italiana Wilma Montesi.

Es una antología que evidencia la poca distancia entre el García Márquez cronista y el escritor de novelas, y  donde aparecen por primera vez los bocetos de sus grandes obras: Aracataca y las familias Buendía.

Además de maestro de periodistas, nadie duda de que “fue el mejor colombiano de todos los tiempos”, como manifestó el presidente del país caribeño el día del funeral. Su periodismo se mantuvo fiel a un principio: contar una historia. Contarla bien.

Mis lecturas 2018

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Fue un año de relecturas, de deudas (vergonzosas) saldadas con la literatura, y de alguna que otra novedad. Los de arriba son los diez libros que recomiendo de entre todas las lecturas del 2018. Abajo, dos links a los comentarios y críticas que escribí para La Voz del Interior sobre alguno de ellos. Espero que disfruten. ¿Ustedes que leyeron?

 

Lecturas:

Las garras del niño inútil de Luis Mey

Más allá de las imposturas intelectuales de Alan Sokal

El proyecto esposa de Graeme Simsion

Einstein para perplejos de José Edelstein y Andrés Gomberoff

El gusano máximo de la vida misma de Alberto Laiseca

Los Divinos de Laura Restrepo

El camino del tabaco de Erskine Caldwell 

Laberinto de Augusto Porporato

Magnetizado de Carlos Busqued

Una brevísima introducción a la filosofía de la ciencia de Samir Okasha

Los escombros de la Historia

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Se dijo que aceptar el destino es digno de grandes hombres. En Enterrados, el narrador lo explicita aprisionado bajo las paredes de una casa desplomada. Acepta esa condición como epifanía, como tuvo que aceptar la Guerra del Paraguay.

Este narrador puede ser el general Mitre, aunque porte linterna y celular. La locación puede ser uno de los círculos infernales de la Divina comedia, a la cual tradujo y agoniza en la historia enterrada de las traducciones. El concreto quebrado sobre el protagonista se convierte de repente en los restos de la mansión donde se construyó tiempo después la Biblioteca Nacional: la explosión polisémica no da respiro.

Dividida en cuatro partes, dentro de un relato ramificado, la trama deja espacio a la asociación libre entre arte e Historia, revela la pasión de Delfina, mujer de Mitre; pero también la de Elisa Lynch y su hombre líder del Paraguay: Francisco Solano. Conviven caóticamente, unidos por el pensamiento delirante del que fallece bajo la destrucción: Marco Aurelio, los arcanos de la política sudamericana, los antepasados irlandeses del Che, las supersticiones nazis, Sarmiento, la cultura libresca islámica, Mansilla, Borges y todos los vínculos imaginables entre estos.

Miguel Vitagliano ofrece una historia reconstruida con escombros del pasado del mundo y la historia reciente argentina. El libro requiere pensar bien cada capítulo como un juego de ingenio donde los encastres están distantes.

Rostros de personas que no existen

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En Internet, discernir qué es verdad de lo que no lo es resulta una tarea más complicada conforme pasa el tiempo. Atrás quedó esa época de los fakes y hoaxes de dudosa calidad que se defendían por la mala calidad de, por ejemplo, las cámaras del momento. Sin embargo, estamos cerca de dar un salto enorme en fabricar realidades alternativas con los deep fakes. En vídeo ya hemos visto realidades preocupantes, pero en foto lo nuevo de los desarrolladores de NVIDIA es incluso más inquietante.

La compañía especializada en tarjetas gráficas y cada vez más en inteligencia artificial comenzó a mostrar resultados de generación de rostros con lo que llaman Generative Adversarial Networks (GAN). Sin embargo, todavía presentaba problemas en los rostros como para resultar creíble a personas. Lo que acaban de mostrar en vídeo es impresionante, las caras parecen las de cualquier persona con la que te puedes encontrar en la vida real, sin rasgos que resulten extraños en forma alguna.

Las GAN ofrecían, según la investigación de NVIDIA, muy poco control sobre las imágenes generadas. El nuevo sistema tiene un generador que sabe cómo separar diferentes partes de las imágenes sin supervisión humana. Así, los diferentes rasgos y partes de una cara se toman como variables independientes mucho mejor procesadas, que se pueden combinar en cualquier tipo de rostro sin que resulte extraño.

El equipo responsable muestra en el vídeo cómo, después de que las redes neuronales hayan sido entrenadas son capaces de combinar dos fuentes y generar nuevas caras. Para ello, han empleado 70.000 fotografías de caras humanas de Flickr-Faces-HQ y FFHQ que están disponibles para estas investigaciones (como los datos de Cambridge Analytica también lo estaban para ciencias sociales). Para eliminar estatuas y rostros localizados en cuadros, han utilizado la plataforma Mechanical Turk de Amazon.

(la entrada completa aquí)

Lo humano que habita en el monstruo

En la novela Los Divinos la autora crea una ficción a partir de un crimen que tuvo gran resonancia mediática en Colombia.

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Noche de nadie en Bogotá, en las calles zumban alarmas, pandillas sicariales y porteros armados. De a ratos, la sirena de una ambulancia parece poner paz a lejanos alaridos. El Muñeco, Tarabeo, El Duque, Pildo y El Hobbit (la hermandad llamada Los Tutti Frutti) se mueven en sus autos de lujo como divinos en una madrugada infame.

Pertenecen a la clase que cumple el riguroso mandato de la sociedad acomodada colombiana: violencia contra cualquier mujer que se interponga en sus placeres o sea el objetivo de estos. Los Tutti se conocen desde niños y jamás elevaron la vara por encima de los delitos menores; pero, desde hace unos meses, el clima que se respira es trágico, lo presienten, especulan.

Esa es la panorámica de apertura en Los Divinos, la última novela de la colombiana Laura Restrepo, que le valiera los premios Antonio Gala de Narrativa y Córdoba por la Paz 2018.

El relato, basado en un hecho real, aborda el caso que conmocionó a Bogotá en diciembre de 2016: la desaparición de Yuliana Samboní, de 7 años. En ese infanticidio no hubo semanas de búsqueda ni decenas de pistas. Siete horas después de la desaparición, el cuerpo de la niña fue encontrado ungido en aceites, sales y envuelto en velos, rodeado de velas encendidas ondeando sobre el agua de la piscina del arquitecto de 38 años Rafael Uribe.

Restrepo recrea en primera persona la vida de los cinco personajes involucrados y los arroja por un embudo argumental cuyo final se palpita en cada página: lo que nace como travesuras infantiles se consolida como aberraciones de adultos. Cada capítulo es un perfil y una revelación.

El modo elegido por la escritora que ganó el premio Alfaguara 2004 para contar esta historia tiene el color y la fuerza del léxico coloquial bogotano, interferido por el estilo culto de la autora, que sacrifica un poco de realismo para hacernos irremediablemente cómplices del horror: una manera necesaria de entender que los actos a veces llamados monstruosos son humanos y que para aprehenderlos hay que vivirlos o pensarlos desde una cultura ilustrada. La novela intenta dar respuesta al lugar común: ¿por qué ocurren estas cosas?

En un continente que visibiliza cada vez más los femicidios y ha levantado en la última década más alto que nunca las banderas del feminismo, Los Divinos es otro aporte que trasciende al caso particular y nos sitúa en la realidad de un continente que tuvo y tiene problemas de narcotráfico, fronteras, violencia y abusos sistemáticos; donde la corrupción permite a las clases dominantes hacer prácticamente lo que quieren.

A pesar de basarse en el caso particular de Yuliana, la novela de Restrepo es una obra ficcional que toma este crimen para enfocar en las particularidades de la complejidad humana. No hay spoiler cuando lo que importa no es lo que ocurrió, sino por qué.

Otras coordenadas

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la nieve cede ante el sol de abril

paramos en esta tienda de abarrotes y pienso

cómo es que terminamos en Alberta

de dónde y hacia qué escapamos

en los versos de otras coordenadas

no necesito un auto, me digo

mientras caminás hacia el auto

Queen y el populismo

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Freddie, como producto de la multiculturalidad inglesa, prueba que el populismo no teme a las contradicciones

El inesperado éxito de taquilla de la película Bohemian Rhapsody, de Bryan Singer, resulta algo así como una buena noticia. Ante este invierno de los descontentos, la película se ha convertido en un lugar en que padres e hijos y hasta abuelos pueden cantar unas canciones que, mezclando rock progresivo, ópera y guitarras afiladas, han logrado vencer en la aplicación Spotify por primera vez en años al reguetón como lo más escuchado.

¿Qué puede haber más provocador en la era del Brexit que un biopic que retrata la gloria eterna de Farrokh Bulsara (alias Freddie Mercury), un rockero inglés hasta la médula que nació en África, se educó en Asia y triunfó en Latinoamérica? Es al menos el Queen que la película intenta retratar, un mundo mejor en el que el rock permitía la convivencia de un astrofísico obsesionado con su guitarra (Brian May), un técnico electrónico callado (John Deacon), un chico rubio que está enamorado de su auto (Roger Taylor) y un joven parsi (Freddie Mercury) que, a pesar de su homosexualidad, ama de manera intensa y definitiva a su novia. Un grupo que da cabida en sus discos a los gustos de sus integrantes, hasta que, tras una serie de malentendidos promovidos por la escena gay en que Freddie se pierde, parece a punto de romperse. Un breve malentendido que termina con una reconciliación espectacular en el Live Aid del estadio de Wembley —el 13 de junio de 1985—, quizás el acto fundacional del buenismo musical: ese momento en que creímos que el rock podía derrotar al hambre.

Mirado en retrospectiva, el triunfo de Queen en este concierto es quizás uno de los hitos fundacionales del populismo moderno. Es al menos de lo que siempre la crítica musical más refinada acusó a Queen, de usar un talento, que nadie nunca le negó, para acariciar en el sentido del pelo la multitud de los estadios, despreciando la soledad del que escucha el LP en casa. No por nada, Dave Marsh, de la revista Rolling Stone, la llamó en época tan temprano como el año 1978 como la “única banda de rock realmente fascista”. Crítica a la que el grupo contestó exagerando aún más la pompa de sus himnos innegables, al mismo tiempo que crecía el número de asistentes de sus conciertos en países en plena dictaduras (Argentina y Brasil), donde hacían gala de la marcialidad innegable de su líder único, que pasó del pelo largo habitual del rockero al bigote de los macho man de discoteca gais, pero también de los interrogadores de la policía política.

Queen, reformado por el dolor, se convirtió al mismo tiempo en grupo tolerante y tolerable. Eso no quita que quizás sea el que mejor ayude a explicar el populismo actual. Un populismo que es, como Queen mismo, una mezcla dispar de elementos contradictorios. Evangelistas puritanos que votan por un presidente que no esconde su lujuria. Huérfanos y millonarios, racistas de muchos colores, obreros deslocalizados y sus patrones deslocalizadores, todos cantando de pronto la misma canción, el himno perfecto del populismo que es ‘We Are the Champions’, un piano de balada donde Freddie sufre los golpes de una vida que no ha sido justa con él para, en el coro, descubrir que, por eso mismo:

“Nosotros somos los campeones. / No hay tiempo para los perdedores / porque nosotros somos los campeones del mundo”.

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Eric Schierloh: “Hay que hacer de la escritura una vida”

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Marina Do pico entrevistó a Eric Schierloh para la Revista Atletas. Sin desperdicios.

Eric Schierloh (La Plata, 1981) es muchas cosas: escritor, traductor, editor, tallerista, creador de la editorial Barba de Abejas. Sin embargo, entiende todos sus roles como ramificaciones de un mismo árbol: la escritura. De ese quehacer multifacético salen libros tan disímiles como las novelas Formas de humo (2006), Kilgore (2010), Donde termina el desierto (2012) y La mera tierra (2017); y los libros de poemas Costamarina (2012), Frío en las regiones equinocciales (2014), Los cueros (2014), Por el camino de tierra (2017) y Cuaderno de ornitología (2018) —antología de poemas y traducciones sobre pájaros publicada por Caleta Olivia.

Coordinar la entrevista tomó meses: Eric siempre está viajando a alguna feria o evento. Finalmente, quedamos en pasarlo a buscar por la UNA, la facultad donde enseña en la cátedra Taller de Poesía II, y manejar hasta su casa en City Bell. En el trayecto charlamos sobre el paisaje, la ruta; el santuario de Rodrigo que está en plena autopista deriva en una conversación sobre la misoginia en el arte. Empiezan a aparecer los campos de plantas silvestres al costado de la ruta y ya estamos cerca. Con las indicaciones de Eric, desembocamos en un barrio tranquilo de calles angostas y muchos árboles. Eric señala: “Es esa casa, la de la catalpa en flor”. Rocío, que maneja, se pasa unos metros. “Acá, acá. Perdón. Es que yo digo catalpa y asumo que todo el mundo sabe qué árbol es”, dice riendo.

Me había imaginado su casa como la de un ermitaño: austera y despojada. Al llegar resulta ser una casa familiar, con un pizarrón lleno de actividades, fotos, mochilas de colegio, tres perros y un gato. Eric nos muestra su taller, que está sobrecargado de objetos, como todo en la casa. La biblioteca ocupa toda la pared. “Es probable que esta sea la biblioteca sobre Melville más grande de la región”, dice. Efectivamente, los estantes están repletos de lomos en los que se lee “Melville” en distintas tipografías: varias ediciones de Moby Dick, su obra completa, cartas, biografías, crítica. En el patio, bajo la Santa Rita, comienza la charla. 

Atletas: Marianne Moore decía que los poemas son como jardines imaginarios con sapos reales. ¿Qué buscás vos en un poema?

Eric: Uy, qué decir después de la frase de Moore… Yo intento que un poema refleje una situación que viví, pero al mismo tiempo que la escritura del poema complete esa experiencia. Tienen que darse ambas cosas. No me interesa un poema que dice algo que no está conectado conmigo. Para mí un poema tiene que ser un registro de la experiencia. En un sentido o en otro, pero en algún sentido tiene que ser el registro de una experiencia. Digamos entonces que me interesan más los sapos reales que los jardines imaginarios.

Atletas: ¿Cómo surgió la idea de crear una editorial?

Eric: Para alguien con un proyecto de escritura como el mío, publicar solamente en editoriales independientes (que son las que quiero, admiro y a las que siempre voy a apoyar) no era ni es económicamente viable. En 2010 yo trabajaba además en la escuela secundaria y eso hacía que la escritura comenzara a funcionar en una suerte de segundo plano y contrarreloj medio ficticio, y estaba en ese momento preciso en el que muchos terminan por resignarla o abandonarla a causa de las condiciones materiales necesarias para poder colaborar con la subsistencia de una economía familiar. No quería resignar la escritura, pero tampoco quería que la escritura no colaborara de alguna manera con la dimensión del trabajo más formal, digamos. Era un callejón típico. Entonces encontré esta solución que es la edición artesanal, que implica hacerse cargo de todo el proceso, involucrarse al máximo con la escritura en un sentido muy amplio que incluye la hechura de los libros y la circulación, todo lo cual permite ver resultados más rápido en términos de capital simbólico, de construcción de una obra y, por supuesto, también económicos. Diría entonces que viene de estas cuestiones: poder escribir y publicar cómo y cuándo quiero, y de generar las condiciones materiales para que eso ocurra y circule, lo que además me permitió dejar definitivamente la escuela secundaria para dedicarme casi por completo a este tipo de escritura total, que yo llamo edición artesanal. Por aquel entonces estaba además en un momento de mucha producción, tanto de traducciones como de textos propios, algo que por suerte continúa, y entonces la edición artesanal me permitió seguir eligiendo a las editoriales independientes que me interesan (y en las que siempre voy a publicar) para algunos proyectos y, al mismo tiempo, ir desarrollando el catálogo de Barba de Abejas. Me gusta diferenciar entre “vivir de” y “vivir con”. Vivir de las cosas tiene algo de parasitario. No quiero vivir de la escritura, porque entonces existe el peligro de encarar la cosa como una fórmula y eso generaría la repetición de algo que no sería genuino. Vivir con la escritura implica aceptar que va a haber cosas que van a funcionar y otras que (en principio) no, pero que deben ser intentadas y sostenidas de todas formas a lo largo del tiempo. Escribir principalmente poesía, si se quiere, es una manera más cercana a vivir con la escritura que de la escritura.

El resto de la entrevista acá.

Gina

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Gina
a las dos de la mañana
tirando al aro en el perímetro de Picadilly y Renton
con sudadera y capucha
bajo la llovizna
el sónico rebote del balón
las piernas tersas elevándose
cada noche

con mi taza de café
desde la ventana del primer piso
pienso:
alguien le romperá el corazón
por primera vez
en cualquier fiesta de Anita Beach