Sobre la consciencia humana y las diversas teorías al respecto

Una teoría propone que la consciencia es la forma imperfecta que tiene el cerebro de interpretar su propia actividad.

– Michael Graziano

En este vídeo de Ted-ED Michael Graziano explora qué es la consciencia humana según algunas teorías predominantes en varios campos de la ciencia, aunque como bien dice, «científicos, teólogos y filósofos no han conseguido todavía ponerse de acuerdo en qué es exactamente».

El vídeo empieza con un ejemplo sobre la negligencia hemiespacial, un problema que afecta al cerebro de algunas personas debido al cual sólo pueden interpretar la mitad izquierda o derecha de una imagen, pese a lo cual son capaces de percibir visualmente la otra mitad y responder preguntas sobre ella, aunque no «directamente» sino –digamos– de una manera muy peculiar, casi engañándose a sí mismas.

Esto y otros experimentos indican que percibimos el mundo de una forma muy simplificada, que no es exactamente la «real», así que construimos mentalmente modelos. Y aunque tenemos capacidad de prestar atención a ciertos aspectos de esa realidad ignoramos otros, dependiendo de nuestras necesidades. Si no fuera así, seríamos incapaces por ejemplo de concentrarnos, de defendernos de las amenazas o incluso de atrapar un objeto con la mano: simplemente imagina la cantidad de detalles sobre cada uno de nuestros huesos, músculos y articulaciones tenderíamos que procesasr conscientemente.

Sabiendo todo esto, quizá nuestra sensación de consciencia sea la que permite al cerebro describirse a sí mismo, aunque no lo haga con detalle e información perfecta sobre cómo lo procesa todo. Es una especie de experiencia subjetiva, lo cual a mi me resulta más inquietante todavía porque entonces la consciencia podrá ser muy diferente de unos seres humanos a otros, algo que —si lo piensas– tampoco resultaría muy extraño, dado cómo son nuestros comportamientos ante ciertos hechos o situaciones. ¡Ah, lo misterios de la identidad humana!

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Nota: Aunque a veces los términos consciencia y conciencia son según el diccionario sinónimos prácticamente intercambiables, en el contexto de la inteligencia, la neurología y la filosofía son bastante diferentes. Consciencia suele aplicarse para el «autoconocimiento de la propia existencia» (ej. «recuperar la consciencia tras haber estado anestesiado») y concienciacuando además de eso hay ciertas implicaciones morales (ej. «ser consciente de que golpear con un palo en la cabeza a alguien está mal»).

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No hay dos cerebros iguales

Demuestran la existencia de una «huella cerebral» que permitiría identificar de forma inequívoca a un individuo, pues la anatomía del encéfalo sería característica de cada persona.

Cerebro

Las huellas dactilares, la retina, el iris, la geometría de la palma de la mano o la voz permiten el reconocimiento inequívoco de las personas. Pero, ¿sería posible identificar a un individuo en base a las características anatómicas de su cerebro?

Según Lutz Jänke y su equipo, de la Universidad de Zúrich, factores genéticos y experiencias vitales moldearían la forma y estructura del encéfalo. Por consiguiente, no habría dos iguales. La revista Scientific Reports publica las conclusiones del estudio.

Durante 2 años, los científicos obtuvieron imágenes del cerebro de 100 hombres y 91 mujeres mediante 3 resonancias magnéticas realizadas al inicio, a mediados y a finales de la investigación. El posterior análisis reveló que medidas simples como el grosor, la superficie o el volumen de la corteza cerebral bastan para discriminar un sujeto de otro. Sorprendentemente, el volumen y la superficie total del cerebro, parámetros aún más generales, también resultaron específicos de cada individuo.

Estos datos sugieren que el cerebro humano posee una arquitectura altamente «personalizada», determinada por la acción de genes concretos, factores ambientales y vivencias. Asimismo, el hallazgo evidencia la existencia de una suerte de «huella cerebral» que podría complementar el uso de otras medidas biométricas, a fin de verificar la identidad de un sujeto concreto.

Para los Jänke y sus colaboradores el trabajo desmiente aquellas teorías que defendían la uniformidad anatómica del encéfalo humano, definiéndolo como un órgano carente de características propias del individuo. Sin embargo, los investigadores también destacan ciertas limitaciones del estudio, como la edad de los participantes, superior a 65 años. Futuros experimentos evaluarán si el análisis de la corteza cerebral permite identificar, también de forma inequívoca, a individuos más jóvenes. Además, se considerará la obtención de neuroimágenes a lo largo de varios años, con el objeto de detectar posibles variaciones de las medidas con el tiempo que pudieran interferir en el proceso de reconocimiento.

Marta Pulido Salgado

Referencia: «Identification of individual subjects on the basis of their brain anatomical features», de S. Abolfazl Valizadeh et al. en Scientific Reports, 8:5611, publicado el 4 de abril de 2018.

Los minicerebros cultivados a partir de células madre son una realidad

Estamos tan obsesionados con los robots, esos amasijos de chatarra que nos ganan al ajedrez y al póker, que nos humillan y nos quitan el empleo, estamos tan absortos en su maldita superioridad de silicio que se nos está pasando la otra gran amenaza a nuestra envergadura cósmica, la que ha inspirado siempre a los ingenieros y a los científicos de la computación, la que lleva 4.000 millones de años resolviendo los problemas que nuestra tecnología apenas empieza a arañar ahora: la naturaleza misma.

Una forma de crear mentes es, qué duda cabe, partir de las unidades de información matemáticamente más simples, conectarlas en los circuitos lógicos más elementales y organizarlas en sistemas de inteligencia artificial que ya pueden aprender y extraer pautas abstractas de la experiencia. Pero hay otra forma que solemos ignorar, pese a que sus probabilidades de éxito se fundamentan en bases muy sólidas. Se trata de partir de los autómatas microscópicos más deslumbrantes que conocemos, las células madre, y usarlas para crear cualquier parte del cuerpo, que es justo lo que mejor saben hacer. Y recuerda que el cerebro es un órgano como cualquier otro, que la mente no es más que un trozo de cuerpo.

Los minicerebros cultivados a partir de células madre son una realidad. Miden unos 4 milímetros de diámetro y tienen 2 o 3 millones de células (en comparación con 86.000 millones de neuronas de un cerebro humano típico). Duran vivos un par de años. Si las células madre se obtienen de la piel de un paciente, los minicerebros tendrán su autismo, esquizofrenia o microcefalia inducida por el virus Zika. Son sistemas muy valiosos para investigar las causas últimas de esas condiciones neurológicas. También se pueden trasplantar a ratones, cosa que se ha hecho con cierto éxito.

(el resto de la entrada acá)

El cuento cuántico

El último refugio de las “terapias alternativas”

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 Los postulados de la mecánica cuántica se enuncian a través de sistemas matemáticos altamente abstractos, fuera del alcance de cualquiera que no se especialice. Es por eso que entre los científicos de partículas circula una humorada que asegura que si afirmas conocer a la mecánica cuántica, no la conoces.

 En ese universo subatómico no se cumple la física que experimentamos a diario. Ocurren cosas raras. Las primeras leyes fueron enunciadas por Schrodinger y Heisenberg hace casi cien años, y las similitudes con el misticismo oriental propició el movimiento espiritual actual que asegura curar y garantiza felicidad gracias a este “nuevo paradigma”. Entre sus defensores se encuentra la terapeuta Judy Knight, quien sostiene que un guerrero de 35.000 años se le apareció en la cocina de su casa y le transfirió “poderes cuánticos”. En el documental ¡¿Y tú qué sabes?! el gurú espiritual Deepak Chopra expone didácticamente los principios que rigen a las partículas elementales y todo parece ir más o menos bien hasta que una mujer maravillada por este asombroso mundo, tira su medicación a la basura. ¿Para qué usarla si nuestro cerebro puede sanarnos?

Ver para ser

 La ley física que más utilizan las “terapias cuánticas” para crear la sensación de ser avaladas por datos científicos, es la que describe cómo las partículas subatómicas se comportan de una manera cuando las observamos y de otra cuando no. Un electrón, por ejemplo, existe dentro de un átomo simultáneamente en infinitos lugares, y esos infinitos, al ser detectados, es decir, observados, se constituyen en uno solo; se llama colapso de la función de onda. Por eso los místicos cuánticos creen que al estado final de nuestra realidad lo crea la conciencia del observador, nuestro cerebro. De esta manera, existirían infinitas realidades, pero como observadores provocamos solo una, descartando las restantes. Sólo hay que saber “elegir” la realidad en donde estamos sanos.

  Pero el colapso de la función de onda no se produce por “observación”. Para provocarlo debemos interactuar con la partícula haciéndola colisionar. No estamos viendo, sino interviniendo, modificando. Creamos un efecto que nos brinda información que no puede extrapolarse a ningún ámbito que no sea a escala un millón de veces más pequeña que el grosor de un cabello humano, no en nuestra realidad gigantesca.

 Otros gurúes apelan a la dualidad onda-partícula. Las singularidades ultrapequeñas se comportan como partículas y ondas a la vez, pero estos sanadores creen ver allí una dualidad mente-cerebro aunque en Mecánica Cuántica la dualidad es sólo una forma de expresarse. El Doctor en Física Alberto Rojo, argentino ex investigador de la Universidad de Chicago, lo refiere en Borges y la Física Cuántica: “Un electrón es otra cosa, hablar de ondas y partículas para el mundo cuántico es usar analogías de la experiencia cotidiana, lo que abre todas las puertas para filosofías espirituales que nada tienen que ver con la Física y mucho menos con la Medicina.”

  Chopra y otros cientos de miles de creyentes aseguran que en ciertas zonas del cerebro, normalmente en los microtúbulos, tendrían lugar eventos cuánticos que determinarían nuestra salud, enfermedad y conciencia. Pero todas las células del cuerpo poseen estructuras microtubulares, por lo que estaríamos acribillando partes de nuestra conciencia, por ejemplo, cada vez que nos deshacemos de un pedacito de piel, o nos cortamos las puntas en la peluquería.

  

Los peligros de creer

  El caso más famoso que visibilizó mundialmente el problema de las creencias en terapias no-sanitarias es el de Steve Jobs, que optó por morir de cáncer en manos de una dieta milagrosa, a una posible cura en el ámbito médico. El problema es legislativo y cada creencia divergente, no todas prometen una cura, por lo que se torna difícil regularlas. Muchos países optan por condenar a sus practicantes, directamente, por ejercicio ilegal de la medicina. Pero estas sentencias son raras, se avanza de a poco y con mucho impedimento. Este año, por ejemplo, se prohibió en todos los Hospitales de Madrid la práctica del Reiki; Estados Unidos obligó a los “medicamentos” homeopáticos -los cuales se defienden con la cuántica- a advertir a los clientes de que no curan y en Argentina varios Colegios de Psicólogos penalizan a los miembros que practican Constelaciones Familiares, Coaching y Bioneuroemoción.

  Los datos sobre el crecimiento de las pseudoterapias y su impacto negativo en la salud y la economía pública son alarmantes. El más concluyente meta estudio realizado al respecto a cargo de la Universidad de Yale, demostró este año, entre otras cosas, que los que optan por lo alternativo tienen entre dos y seis veces más probabilidades de morir que quienes acuden a su doctor. La evidencia se concluye de la Base de Datos Nacional del Cáncer, una colección de 34 millones de registros.

  Es cierto que estamos compuestos por partículas; pero no por esa razón hablamos de danza cuántica, aunque recientemente la marca española de detergentes Finish lanzó al mercado un nuevo producto que, según pone en la etiqueta, contiene quantos, lo que garantiza una limpieza de tu vajilla en armonía con el universo.

Nao supera una prueba de consciencia de sí mismo

Un robot humanoide ha resuelto un popular juego de lógica, ‘Los hombres sabios’, demostrando que sabe cuándo está hablando. 

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Según un artículo publicado en la revista New Scientist, se trata de la primera vez que un robot Nao, los modelos humanoides disponibles a la venta, ha superado un enigma de este tipo que, aunque pueda resultar una prueba sencilla, se acerca a los límites de la consciencia. De esta forma se da un importante paso hacia la creación de máquinas que tienen consciencia de sí mismas y entienden su lugar en el mundo. 

 La prueba se ha llevado a cabo en el Laboratorio de Inteligencia Artificial Rensselaer (RAIR Lab) al mando del profesor Selmer Bringsjord. Tres pequeños robots humanoides tienen un enigma que resolver. Se les hace creer que a dos de ellos se les ha dado una pastilla para enmudecer que les deja sin habla. En realidad, simplemente se ha pulsado el botón para silenciarlos, pero ninguno sabe cuál puede seguir hablando. Eso es lo que tienen que averiguar. Cuando el investigador les pregunta, sus procesadores tratan de buscar la respuesta correcta. Ya que dos no pueden hablar, sólo uno de ellos responde en voz alta “No sé”, cayendo en la cuenta al oír su propia voz, que no puede estar silenciado. “¡Lo siento, ahora lo sé! Puedo demostrar que no me dieron la pastilla”, exclama. A continuación, lo traslada a código matemático y lo guarda en su memoria para demostrar que lo ha entendido. 

   La prueba de Los hombres sabios requiere algunos rasgos muy humanos. En primer lugar, el robot deben ser capaz de escuchar y comprender la pregunta, responderla, darse cuenta de que es el único en hacerlo, reconocer su propia voz, asociarlo a la pregunta y finalmente, resolver el enigma. La prueba con robots Nao en Rensselaer no es la única en que estas máquinas bordean los límites de la conciencia. Por ejemplo, Nico, un robot de investigación de la Universidad de Yale, es capaz de reconocer su propia mano en un espejo, mientras Qbo, un proyecto español de código abierto, está programado para tareas de reconocimiento facial o de objetos, reconociéndose también a sí mismo frente a un espejo. 

   Ambos son un paso hacia el intento de superar la famosa Prueba del espejo, una medida aplicada a animales para detectar si verdaderamente entienden que el rostro que ven reflejado en un espejo es el suyo. Sólo aquellos más inteligentes, orcas, elefantes, urracas, delfines, algunos simios y el hombre, la han superado. 

Acá el video del emocionante momento:

https://youtu.be/MceJYhVD_xY

Dios en el cerebro con diamantes

El biólogo y divulgador argentino Diego Golombek acaba de publicar Las neuronas de Dios, una serie de explicaciones científicas sobre por qué creemos en dioses y lo sobrenatural.

  Dios no existe, lo sabe cualquiera que lea sobre historia de la humanidad. Pero que no existan los dioses en los que creen las religiones no parece importar mucho a los creyentes inclusive abrumándolos de evidencias. El mundo mantiene la fe y los rituales, comunicaciones con seres llamados sobrenaturales y sobre todo creyendo en lo que le venga en gana porque, según los estudios, es inevitable y en algunos casos beneficioso.

Diego Golombek es Doctor en Biología, dirige un laboratorio especializado en cronobiología y es investigador principal del Conicet en la Argentina. Recibió el Premio  IgNobel por un estudio que incluía Viagra, hamsters y Jet lag. Como divulgador produjo ciclos de televisión (entre ellos TED Río de la Plata) y dirige Ciencia que Ladra, una de las mejores colecciones de libros en español sobre ciencia para el gran público.    

  No es un dato menor decir que Golombek es ateo, más que nunca ahora que acaba de publicar Las Neuronas de Dios, una neurociencia de la religión, la espiritualidad y la luz al final del túnel. Un ateo sugiriendo la existencia de Dios es algo digno de leerse, y conocer. Hablé con él para esclarecer un poco la aparente contradicción. Y sí, sobre drogas también hablamos.

¿Por qué después de tanto peso en su contra, siguen existiendo creencias, religiones y pseudociencias?

Por un lado, no cabe duda de que presentan cierta comodidad, al brindar respuestas que en cierta forma nos dejan tranquilos. En el caso de las religiones, son una forma de organización social de las creencias que está claro que brindan un número de ventajas comunitarias, de solidaridad, de un código ético común y de cierta unidad en pos de un objetivo común. Por su parte, las creencias en lo sobrenatural probablemente sean innatas y, más allá de todas las modificaciones culturales que se les puedan imponer, parecen estar con nosotros para quedarse.

  El sustento de esta respuesta se detalla en el libro. Un resumen posible indicaría que alrededor del 55% de la variabilidad en las actitudes religiosas tiene origen genético hereditario, según los estudios en gemelos idénticos. Dean Hamer presentó al gen VMAT2 como el responsable y relacionado con la actividad de los neurotransmisores serotonina, noradrenalina y dopamina; reinas de los bajones, las manías, la euforia, el placer, la recompensa y otras cosas chulas de las que hablamos más adelante y se relacionan con sensaciones sobrenaturales. Pero un sujeto no sólo es lo que hereda, sino que se desarrolla mayoritariamente con la predisposición a que la herencia se active con un ambiente adecuado. En este caso puntual, el 84% de los niños predispuestos a la religión, con algún detonante ambiental, se sumarán de adultos a una de las diezmil religiones existentes, cada una de ellas subdivididas en muchas otras.

¿Ciencia y Religión son irreconciliables?

En la superficie no, es posible profesar ambas alegremente. Incluso pueden mirarse con cierta simpatía; en particular la ciencia puede intentar dar explicaciones de algunos fenómenos religiosos. Pero si escarbamos en profundidad, no hay reconciliación posible ya que cada una parte de bases completamente opuestas: la religión se basa en la fe y la ciencia en la evidencia.

¿Por qué crees que cuesta tanto incorporar el pensamiento científico en todas las esferas sociales, inclusive en algunas Universidades?

El pensamiento científico exige un esfuerzo al cual la educación no nos tiene muy acostumbrados; a ser racionales, a no confiar en el principio de autoridad ni en los milagros o supersticiones. Mientras que las religiones ofrecen certezas, la ciencia propone más y más preguntas. Es un combate bastante desigual…

Drogas

  “He visto a las mejores mentes de mi generación destruidas por Dios”. Esta frase vendría bien para cualquiera de nosotros con amigos pachecos o pasados de sustancias que después de un viaje les pega el rollo religioso. Para seguir parafraseando al genial poema Aullido de Allen Ginsberg, diríamos “Quienes expusieron sus cerebros al Cielo, bajo Él y vieron ángeles Mahometanos tambaleándose en los techos de apartamentos iluminados”. ¿Quién no tuvo un viajecito de esos alguna vez? El  propio William Burroughs le escribió a Allen Ginsberg que se trataba de la droga más poderosa que haya experimentado. Hasta el Doctor Golombek quiso saber de qué se trataba:

Probaste Ayahuasca ¿Cómo actúa?

La ayahuasca, al igual que el Peyote, interfiere con el sistema de neurotransmisión de serotonina, entre otros, y es un potente alucinógeno. Como suele ser utilizada en rituales con cantos e imágenes devocionales, es común que quienes la prueben experimenten sensaciones de corte místico o espiritual.

¿La Ketamina?

La ketamina es un anestésico de tipo disociativo que actúa sobre otros neurotransmisores cerebrales como el glutamato. La disociación se refiere a la percepción interna, que deja de estar de acuerdo con lo que sucede en el exterior y puede dar lugar a distintos tipos de experiencias.

  Experiencias fuera del cuerpo, por ejemplo. Dios le habló a muchos ilustres de la historia y los mitos. A Pablo y Juana la loca, por citar dos casos bien conocidos. ¿Qué tenían en común? Según puede deducirse de los textos, la mayoría de estas personas sufría, o podría haber sufrido, tipos de epilepsia y enfermedades mentales. Los relatos de los enfermos actuales son casi idénticos y si se escarba un poco en quienes viven teniendo visiones o experimentando lo sobrenatural, ya sea utilizando drogas o no, nos encontraremos seguro con un cerebro de características muy similares en su funcionamiento.

¿Por qué es recurrente el misticismo en enfermedades como la epilepsia o esquizofrenia?

Si asumimos que las creencias sobrenaturales están “cableadas” en el cerebro, entonces la exageración de la actividad de las áreas cerebrales implicadas en la religiosidad podría causar alucinaciones o visiones espirituales o, directamente, místicas. En algunos tipos de epilepsia las áreas que se descontrolan son las que estarían relacionadas con esta actividad y, por lo tanto generan visiones místicas. En cuanto a la esquizofrenia, podría haber un desbalance neuroquímico que genere alucinaciones, algunas de las cuales, dependiendo de la historia y el contexto, serían de corte más bien místico.

Abundan los testimonios de personas que experimentaron (ya sea estando clínicamente muertas o con el uso de alguna sustancia) el famoso túnel de luz, separarse del cuerpo y ver desde arriba, su cuerpo muerto. ¿Por qué ocurre ésto?

Las experiencias cercanas a la muerte tienen síntomas comunes, incluyendo los que se producen por las fallas circulatorias que conllevan un descenso en los niveles de oxígeno en el cuerpo. Cuando la retina deja de recibir oxígeno suficiente, envía una señal al cerebro – y lo único que la retina puede informar es la presencia de luz, de ahí la sensación que narran algunos pacientes con respecto a la luz al final del túnel. La sensación de desprendimiento del cuerpo es menos comprendida, pero al imaginarnos a nosotros mismos siempre nos vemos desde afuera, como si otro nos estuviera mirando.

  Desde las debatibles conversiones de presidiarios gracias a la palabra de Dios hasta los rituales basados en DMT para curar adicciones las experiencias místicas han servido a muchas personas con ciertas patologías y a millones a sostenerse en un mundo que los contraviene. Sin embargo, en la dimensión histórica, todos sabemos el enorme mal que las religiones producen en los pueblos.

¿Cuáles son los beneficios de ser religioso, y cuales las contraindicaciones?

El tener respuestas certeras a mano puede ayudar a calmar las angustias existenciales que llevamos dentro, además de generar una sensación de comunidad que implica ayuda entre los congregados. La persona religiosa puede echar mano a un estado de calma que se ayuda con los rituales de cada caso (rezos, cantos, bailes, etc.). El extremo de la pertenencia a una religión puede implicar dejar las decisiones en manos de otros, o incluso de señales de algo superior o sobrenatural, con lo que no estaríamos controlando nuestras acciones. Asimismo, el fanatismo religioso ha incurrido en cualquier cantidad de atrocidades a lo largo de la historia.

Si hay algunos beneficios en ser religiosos, ¿cómo podemos entender el gran mal que han causado a la humanidad durante toda su historia?

Cada cual entenderá que sus beneficios son mayores y podrá intentar someter a otros a su voluntad arguyendo voluntades divinas. A veces para los humanos es mucho más sencillo pelearse que convencer al otro. El nombre de Dios no solo ha sido invocado en vano sino en algunas de las gestas más terroríficas de la historia.

  Mucho se ha escrito y debatido sobre Dios, cada persona tiene su propia cosmogonía. Lo sobrenatural es un absurdo. Si aceptamos la idea de lo sobrenatual, deberíamos plantearnos qué es lo natural. Si ocurre algo raro en nuestras tres dimensiones (un fantasma, una visión), ya sea fuera o dentro de nuestro cerebro; pues se vuelve natural, y puede ser estudiado, medido y comprendido dentro de la naturaleza. De esta forma, hablar de lo sobrenatural, es una falacia enorme. Porque como bien sabemos, fe y verdad son cosas muy diferentes, ambas conviven en nuestro cerebro. Una vez le preguntaron sobre el tema a Hugo Mujica, sacerdote y poeta. Su respuesta fue simple, bella y justa: Dios, es la búsqueda de Dios. Dijo.