Por lo menos, un café.

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 Escritores primerizos, amateurs, aficionados y profesionales, necesitamos, además de publicar nuestros libros, una especie de bitácora, o diario, o sitio que nos permita publicar al ritmo en que escribimos. Por eso antes y ahora recurríamos a los blog (como este) pero algo no cuajó nunca. Es el hecho de no tener remuneración alguna por ello. Escribí sobre esto aquí en estos últimos meses, contando mi experiencia en diferentes plataformas. Algunas ideas interesantes funcionan y están vigentes, pero no alcanzan. Hoy les comparto una red social que, si bien tampoco alcanza por ahora, promete más que las otras. Quizá se acerque, no al ideal, pero sí a un consuelo más cómodo que cualquier otra red social.

   Boukker. De origen, administración y capitales canadienses, pocos meses de actividad y en tres idiomas: Inglés, Francés y Español. Si bien le falta mucho en funcionalidad, diseño y visión literaria (si es que estos son los objetivo) -y a riesgo de convertirse en un repositorio de adolescentes escribiendo (mal) los géneros de moda entre estos- se presenta como la única red social que paga por tu contenido. En realidad, quienes pagan son tus lectores (otros usuarios, la mayoría también escritores) y lo hacen invitándote un café virtual, que va a tu monedero, y corresponde a una unidad en metálico, que retiras al llegar a las 50. 

   Básicamente funciona como Facebook, no voy a ahondar en detalles. La diferencia son los cafés que te ayudan a seguir escribiendo y los usuarios, circunscritos a la literatura: lectores y escritores. Veremos cómo sigue, si hace lo que tiene que hacer, y por fin tenemos la red que los que escribimos, merecemos.

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