Epilepsia, pasarelas y cocaína

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   Saulos no ve más que una línea en el horizonte. La caminata vale la pena a pesar del calor, el cansancio y la tierra que se cuela por sus sandalias y envuelve sus pies de una pasta difícil de equilibrar. Le duelen, también, los dedos cuando pisa, pero se siente a gusto con el sacrificio. Viaja a Damasco donde debe continuar con su cruzada para hacer renunciar a su fe o ajusticiar a miembros de la nueva secta todavía no llamada cristianismo que siente como amenaza al pueblo judío.

  Los ojos de Saulos, o Paulos (como se llama a sí mismo) están llenos de polvo, y de ira. Es el año 34 de nuestra era. Lejos quedó su historia personal a esta altura de la militancia. Es un judío acomodado, formado en las tradiciones y culturas judaicas, romanas y griegas. Lejos, también, quedaron las imágenes de la muerte a piedrasos propinada a Estéban. Él mismo autorizó aquella sentencia.

  Y fue el aura. Una sensación placentera que lo envolvió de repente en medio del camino, y que según las descripciones, se parece mucho a las experiencia de quienes sufren epilepsia. Quedó revolcándose en el polvo un buen rato, hasta que el supuesto éxtasis u ataque cesó. Al despertar contó a sus compañeros que Jesucristo se le apareció y tirándolo al suelo le dijo: «Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?»

  No podía verlo por la inmensa luz que lo cegó, pero sí escucharlo. Jesús resucitado le pidió un profundo acto de humildad y su bautismo. Ahora se llamará Pablo, aceptatá la misión de predicar el Evangelio de Cristo, quien lo constituye Apóstol de una manera especial en contra de sus costumbres, es decir, sin haber convivido con él.

  Saúl, Saulos, Paulos o Pablo, es el último apóstol constituido. En su peregrinar y prédica anunciando el Día del Señor, o Fin del Mundo, fue apedreado, azotado, naufragó tres veces, aguantó hambre y sed, noches sin descanso, peligros y cautiverios. Cuando viajó a Tesalónica, los lugareños le dijeron que el Día del Señor había ocurrido en el año 53 y habían sido abandonados. Pablo se vio forzado a corregir el error doctrinal acerca del Día de Señor, y amonestó a los ociosos a volver a trabajar.

  Aún no se escribían todos los libros que conformarían La Biblia, la cual anunció el Fin del Mundo poco después de la muerte del último Apóstol, en este caso él mismo, San Pablo, que murió en Roma en el año 67. Como nada ocurrió, los religiosos que inicialmente contaban 12 apóstoles, extendieron a 70 el número; después a más de 500 enviados por Jesucristo para extender el Reino de Dios en la Tierra. El último de ellos murió hacia el año 99. Tampoco ocurrió nada.

  En el siglo XX, el neurólogo Michael Persinger recogió de sus pacientes con epilepsia temporal relatos de alucinaciones de tipo religioso. Dos de los relatos frecuentemente aludidos son los de Rudi Affolter: ateo que durante los testimonios juró sentir y ver que se moría; y Gwen Tihe: cristiana que durante los ataques alucina, como la mayoría de los epilépticos religiosos, la luz a Jesucristo.

 

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   Las pasarelas de París están sufriendo una revolución que se extenderá al mundo. Por ella desfilan mujeres con ropa extraña, diseños descabellados, vestidos de metal y colores nunca antes vistos. El diseñador de semejante talento se llama Francisco Rabaneda. Nació en 1934 en San Sebastián del vientre de una mujer pragmática y política. Se educó con ella y otra católica ferviente, su abuela. A los cinco años se exiliaron en Francia.
   En una entrevista en Madrid, dijo: Hace 2000 años yo estaba en Palestina, allí conocí a un soldado romano muy malo, que odiaba todo lo femenino. Eliminó todo elemento femenino de la religión de Cristo, en cuya cosmogonía existían dios padre, dios madre y dios hijo, y todos eran iguales. Él borró a la diosa madre y plantó al espíritu santo. En Cristo el amor que surge de la madre y el padre es la ley que todo lo anima. San Pablo transformó todo eso porque odiaba a las mujeres. Maltrató a María Magdalena que huyó con Santiago a Francia, y a la virgen María que huyó con Juan a Éfeso porque no podía soportar la locura de Pablo.
   Este señor ya era conocido como Paco Rabanne cuando afirmó que su memoria cuenta 7.000 años. Aseguró que fuimos mentirosos y ruines hasta 1994, año en que se inició el cambio. Pero allí no se detuvo. Vaticinó que la estación espacial Mir caería sobre París el 11 de Agosto de 1999 y se desataría, coincidiendo con el último eclipse total de sol del segundo milenio -según una peculiar lectura de las Centurias de Nostradamus-, el fin del mundo.
   Luego de que la estación espacial no sufriera cambio alguno, se excusó: Lo que sucede es el fin de una era, Piscis: un tiempo se va y otro nuevo llega. Ahora mismo vivimos lo que Cristo denominó tiempo reducido, que es el período de cambio y confusión, de crimen, para que otro tiempo renazca: esto terminará en el 2010.
Tampoco ocurrió nada durante 2010.

 

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   Las maletas de su mujer están cerradas y las últimas cajas fueron trasladadas al aeropuerto. José Luis quería más explicaciones, pero su mujer solo repetía las mismas. Aquello era demasiado, su marido se estaba volviendo loco. En 1986 inicio un programa radial cristiano y congregó a 600 personas, a la que en 1988 llamo ‘Creciendo en Gracia’, proclamándose él mismo como Apóstol. Ella soportó aquello hasta 1993 cuando él redobló la apuesta y dijo que era un ángel de Dios. La decisión de separarse le cayó como gota en vaso lleno cuando el autoproclamado ángel le afirmó a su congregación que era la encarnación del Apóstol Pablo y dos años más tarde, en 1999, aseguró que era el Espíritu Santo.
   José Luis de Jesús Miranda había nacido en 1946 en Ponce, Puerto Rico, a dónde su mujer va a regresar junto a 8 de sus 9 hijos. José sale del cuarto hacia el living y enciende el televisor. Quisiera llorar, pero no puede, la cocaína lo mantiene como una estatua de sal. Demasiado mirar atrás: su madre católica y el alcohólico machista de su padre; la pobreza de su natal Ponce. Ella solo repite que es demasiado, baja las escaleras y se hace conducir por uno de los choferes hacia el aeropuerto. Había perdido una vida junto a este lunático y ahora tendría que rehacerla. Una vez en Guaynabo, establecería un nuevo ministerio llamado ‘Reinando en Vida’, donde enseñará a no creerle a Miranda.
   El hombre, duro frente al televisor, solo se ve a él: su adicción a la heroína a los 14 años y los robos reiterados para sobrevivir y comprarla; las noches de ahogo y alucinaciones en su celda a los 18, y una vez libre, la agrupación cristiana “Reto Adolescente” a los 20 haciéndose bautizar en la Iglesia Pentecostal. Era un adolescente que no duraría muchos años allí. La abandonó para viajar a Massachusetts, e ingresar a otra, la Iglesia Bautista del Sur, convirtiéndose en un predicador bilingüe. Es hora de dejar la pantalla.
   En el 2002 José vuelve a casarse y tres años después, en el Seminario Mundial de Creciendo en Gracia en Venezuela, se autoproclamó Jesucristo. A partir de ese momento organizó revueltas que interrumpían celebraciones religiosas en el sur de los Estados Unidos y diversos países de América Latina. Las apariciones eran violentas y le garantizaron la exposición mediática que anhelaba.
   A principios del 2007, a través de Internet después de muchos reclamos, reconoció que era el Anticristo, ya que la gente no seguía las “enseñanzas judías” de Jesús de Nazaret, sino más bien las del Apóstol Pablo a través de Jesús. “El Anticristo significa no seguir a Jesús de Nazaret como vivió en sus días de carne”, dijo exponiendo ante las cámaras su antebrazo tatuado con el 666. Las mayoría de sus seguidores se tatuaron también el número. Ese año su religión contaba con seguidores en unos 35 países, sobre todo en América Latina, 287 programas de radio y una hora de televisión en español de la red 24. A raíz de los constantes escándalos protagonizados por sus seguidores declararon al puertorriqueño, ya de 61 años, persona no grata, prohibiendo su entrada en casi todos sus territorios.
    A mediados de año se divorció.
   A finales de 2008 un juez lo condenó a pagarle a su anterior esposa 2 millones 200 mil dólares estadounidenses en dinero en efectivo, adicionales a 642.000 dólares en propiedades. Además el juez declaró a de Jesús Miranda en desacato por negarse a pagarle a Torrez 15.000 dólares mensuales para su manutención.
Desde el púlpito, Miranda transmitió que “la cocaína colombiana es la más bella del mundo”. Con respecto al fin del mundo los fieles fueron claros, aseguraron que en 2012 sus cuerpos serían mudados en otros inmortales para gobernar el planeta. Deben andar entre nosotros.

Nostradamus

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  El Conde de Montgomery está de frente a varios metros esperando la orden de atacar. El Rey Enrique II de Francia no puede mantener tranquilo a su caballo. Se trata de un juego, más precisamente un torneo festejado con motivo de la boda de su hija Isabel. Enrique sale disparado, su caballo parece levitar, de frente se acerca al galope el conde con su lanza. Fue el último recuerdo de la justa que Enrique describe como un dolor intenso en el ojo que lo tiró del caballo.

  Una vez en palacio, fue atendido por los mejores cirujanos sin dar con la cura. El padre de la cirujía moderna, Ambroise Paré, fue autorizado a reproducir la herida del rey en algunos condenados para investigar cómo y de qué forma curarla, sin obtener resultado. Felipe II envió desde Bruselas a Andrea Vesalio, otro fundador, en este caso de la anatomía moderna, que no llegó a tiempo. El monarca estaba muerto.

  Al tiempo su viuda Catalina de Medici encargó un relevamiento de vaticinios a fin de descubrir si alguno de los adivinos o astrólogos a quienes consultaba se había anticipado a la tragedia. Nadie lo había predicho, ninguna de las miles de visiones había registrado tan importante hecho. Al tiempo encontraron una sospechosa: en la Cuarteta 1-35 de un tal Nostradamus, había una serie de imágenes que sugerían el desenlace. Eran muy confusas pero si se las hacia encajar con un poco de fuerza, podía ser la que buscaban. ¿Por qué este señor no había advertido semejante suceso si lo había visto? y sobre todo ¿quién era?

  Michel de Nôtre-Dame nación en Francia en 1503 en una familia Judía que fue forzada a convertirse al catolicismo. De adulto afirmó que descendía de la tribu bíblica de Isacar, dotada para la profecía; lo cual es falso si tenemos en cuenta que ni siquiera hoy se puede rastrear cualquier genealogía hasta los tiempos de las Doce Tribus de Israel; y tampoco existen las profecías. Lo cierto es que Michel se recibió de médico. El programa de la carrera contenía muchos conceptos erróneos: la herboristería, por ejemplo, junto a medidas higiénicas que combinaban procedimientos adecuados con otros que eran inservibles o perjudiciales. Viajando encontró e intercambió información con varios doctores, alquimistas, cabalistas y místicos renacentistas en la clandestinidad.

  En 1537 murieron su esposa y sus dos niños a causa de la peste bubónica. Tuvo problemas con la Inquisición en Toulouse por un comentario sobre la estatua de la Virgen María. Simpatizaba con el protestantismo: llamaba “cristianos” a los reformistas, y “papistas” a los católicos. Se mudó a Salon-de-Provence, en 1547.

  Tres años después, Michel se siente feliz de alejarse de la medicina y encuentra en las prácticas ocultas un regocijo mesiánico. Enciende fuego y descansa su vista allí por horas,  en trance, al igual que cuando mira algún estanque. Son viejos métodos de contemplación, como una mirada hacia el yo.

  Es noche cerrada en el sur de Francia, sopla un viento gélido que obliga a volver a abrigarse. Michel, sentado sobre un trípode, contempla el interior de un cuenco con agua, aceites y especias. Las figuras que se forman le sugieren hechos del futuro en los que cree fervientemente. Con este método, de Branchus, el profeta délfico de Grecia, escribió una serie de almanaques anuales. Los hizo públicos con la versión latina de su nombre:  Nostradamus. Antes tuvo que sortear el problema de la época: la Inquisición. Sus vaticinios fueron corregidos por él mismo, cambiándolos y tornándolos aún más oscuros y borrosos, hasta absurdos. Muchos clientes, entre los que se encontraban el empresario minero alemán Hans Rosenberger y el noble Hyeronimus Schorer, se quejaron de sus predicciones por demasiado imprecisas. Nostradamus se defendía alegando que utilizaba juegos de palabras e idiomas: provenzal, griego, latín, italiano, hebreo y árabe.

  Sin embargo tuvo éxito. Muchas personas provenientes de alejadas regiones francesas lo contactaron para saber sobre el futuro a través de los horóscopos. En el siglo XVI, la Astronomía aún no se había separado de la Astrología. Cuando publicó Las profecías, muchos empezaron a criticar su contenido, argumentando que constituía información obtenida del demonio, y lo declararon hereje. Otros lo  apoyaron y consideraron la obra como una segunda biblia. Entre sus clientes estuvieron los ricos y famosos de la época. Catalina de Médicis, esposa de Enrique II, rey de Francia, fue quien lo había invitado a la Corte. Así había llegado allí este vidente, que según Catalina era el dueño de la profecía sobre la muerte de su esposo. La voz se corrió: Nostradamus fue temido, sus malos augurios para Inglaterra desataron el pánico. Así se constituyó el mito que lo hizo sobresalir entre cientos de profetas de la época.

  El 1 de julio de 1566 al atardecer, le dijo a su secretaria que “no lo encontrarían vivo para el amanecer”. Fue, quizá, su única profecía (en el caso de que haya pronunciado esas palabras) que se cumplió. Después de su muerte, según sus cartas, se supo que no dominaba el Latín y no era capaz de ejecutar los cálculos astrológicos básicos, los cuales encargaba a terceros, limitándose a elaborar las interpretaciones.

  No hay prueba alguna de que Nostradamus haya acertado alguna profecía, la ciencia ni siquiera considera a sus libros como enteramente proféticos. La fama contemporánea de Nostradamus se cimenta en intérpretes que comenzaron a divinizarlo en el siglo pasado. Ninguna cuarteta de Nostradamus ha sido interpretada antes de que el hecho suceda o los sugieren genéricamente, algo que cualquiera puede hacer: “incendios en occidente”, “guerras espantosas en oriente”. El método que utilizan sus traductores y creyentes se llama precognición retroactiva, y se basa en relacionar su poesía con eventos ocurridos (y no por ocurrir) o que son tan cercanos en el tiempo, y obvios, que son inevitables.

  Se encontraron muchas predicciones de Nostradamus de hechos ya ocurridos cuando las formuló, esperando que su público las creyera anteriores. La mayoría de sus defensores afirman que predijo todas las catástrofes del mundo, desde su época hasta el 3797, según él mismo, el fin del mundo. Justifican su falta de claridad a que tuvo que codificar sus profecías para evitar la condena de la Inquisición, lo cual es ingenuo teniendo en cuenta que no hubiese significado nada en absoluto para la época escribir las palabras “Napoleón” o “Hitler”, personajes que según sus defensores, previó.

  Nostradamus pronosticó el fin del mundo en muchas oportunidades, fallando en todas. La más contundente fue su cuarteta: “El año 1999, séptimo mes, vendrá del cielo un gran Rey de espanto. Resucitar al gran Rey de Angolmois, antes, después, Marte reinará por buen dicha”.

Astroloquía 4 y 5

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 Carl se encuentra en la sala con un cierto grado de ansiedad que lo paraliza. Transcurren sus vacaciones de verano. Con él se encuentra su madre, su hermana y una criada. Algo está a punto de ocurrir. Entonces ocurre: sin causa aparente, la mesa redonda de nogal, con setenta años de antigüedad, se parte por la mitad en un estrépito. Estamos a fines del siglo XIX en Suecia. Aquello lo marcaría para siempre, y su familia tendría que acostumbrarse. A las dos semanas, se hace añicos un aparador. En su interior se halla la cesta del pan, rectangular, dispuesta de tal modo que en una esquina quedó el mango del cuchillo y en las otras tres, los tres trozos en que se dividió el cubierto.

  Movilizados por las extrañas experiencias, la familia dió con familiares inmersos en el espiritismo (conocido como fraudulento ya en aquella época, y tan de moda). Una médium de poco más de quince años, quería ponerse en contacto con él. No hay evidencias de nada de ésto, y la persona de la que hablamos es el famoso Carl Gustav Jung, psiquiatra clave en la etapa inicial del psicoanálisis; posteriormente, fundador de la escuela de psicología analítica, también llamada psicología de los complejos y psicología profunda.

   Los aparentes hechos sobrenaturales ocurrieron después de su pelea con Freud, otro psiquiátra espiritista con quien colaboró en los comienzos. Jung enfermó a raíz del pleito y las cosas, literalmente, comenzaron a romperse. Tiempo más tarde, dijo que la relación entre analista y paciente puede generar en determinadas ocasiones fenómenos parapsicológicos, sobre todo ante la existencia de transferencia por parte del analizado, o una identificación inconsciente entre ambos. Jamás lo demostró. Sin embargo, lo utilizó para la elaboración de su tesis doctoral «Acerca de la psicología y patología de los llamados fenómenos ocultos» en 1902. La conclusión fue que la casa estaba repleta de espíritus.

   Jung continuó publicando libros hasta el final de su vida,  intentó dar base científica a varios de sus postulados, pero en la mayoría de los casos, fracazó. Uno de sus libros más famosos (El Libro Rojo) se basa en la astrología y es un punto base de gran parte de los movimientos que en la actualidad se denominan New Age. Contrariando lo que muchos suponen, poco antes de su muerte Jung descartó de plano la solvencia metodológica de disciplinas como la astrología. Ninguno de los defensores del Libro Rojo conoce este dato. La crisis religiosa y la contraposición de algunas personas contra la ciencia durante los siglos XIX y XX han logrado mantener la cifra de adeptos en esta creencia.

     Más de 2000 bebés británicos nacidos a principios de marzo de 1958 en hospitales de Londres, muchos de ellos con diferencias de minutos en sus edades, fueron seguidos por médicos durante años. El objetivo era comprobar de qué manera afectan a largo plazo a la salud cuestiones relacionadas con las costumbres, como la dieta, pero incidentalmente la inmensa masa de datos acumulada sobre este grupo a lo largo de los años se utilizó con el fin de demostrar si la astrología funciona o no.

  Fue imposible encontrar ningún tipo de relación. Si la tesis central de la astrología fuese cierta, la influencia de las esferas tendría que ser común a todos ellos, o muy similar, ya que nacieron casi a la vez y casi en el mismo lugar. Tendrían que tener alguna característica o querencia parecida. Pero las completas estadísticas sobre su estado de salud y psicológico que se han acumulado durante todos estos años no muestran ninguna.

   La evidencia de los gemelos idénticos es quizás la crítica más demoledora, por sencilla y lógica. Cualquier pretensión de la astrología de describir o predecir el carácter o futuro de una persona se basa en datar correctamente el momento de su nacimiento. En la realidad nos encontramos que frecuentemente los hermanos gemelos, cuyo nacimiento se encuentra separado por apenas unos pocos minutos, poseen gustos, caracteres, o sufren enfermedades o circunstancias vitales, totalmente distintas. Por lo tanto, cualquier posible efecto del momento del nacimiento sería insignificante comparado con las influencias del entorno y la herencia genética. Esto se ha cuantificado.

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En 1980, Carl Sagán era un mediático de las ciencias gracias al más popular de todos los programas de divulgación: Cosmos. En una de sus entregas dijo: ¡Cómo puede la ascendencia de Marte en el momento de mi nacimiento influir sobre mí, ni entonces ni ahora! Yo nací en una habitación cerrada, la luz de Marte no podía entrar. La única influencia de Marte que podía afectarme era su gravitación. Sin embargo, la influencia gravitatoria del partero era mucho mayor que la influencia gravitatoria de Marte. Marte tiene mayor masa, pero el partero estaba mucho más cerca.

  Entre exacta y graciosa, la aseveración de Sagan fue calculada. La ciencia ha encontrado, por ejemplo, que la fuerza gravitatoria que ejerce sobre un recién nacido el médico que ayuda en el parto es unas seis veces superior a la del planeta Marte.

  Según un estudio de la Universidad de Mánchester y en contra de una creencia habitual de la astrología, no existe una influencia del signo zodiacal en el matrimonio. Según este estudio no existen combinaciones de signos zodiacales entre los miembros de un matrimonio que sean más habituales que otras combinaciones. Para dicho trabajo se hizo un estudio estadístico sobre el censo británico de 2001, lo que supone una población de 10 millones de matrimonios.

  En 2005 el escéptico y divulgador científico español Luis Alfonso Gámez (a quién robo compulsivamente mucho de lo que leerán acá) llevó a cabo una práctica ejemplificadora. Un astrólogo que no los conocía hizo a cada uno de los veintiséis alumnos del Máster de Periodismo de El Correo y la Universidad del País Vasco la carta astral personalizada a partir de la fecha y el lugar de nacimiento. Junto al gráfico con la situación de los planetas en su cielo natal, cada uno recibió una interpretación de su personalidad. Quince de los veintiséis consideraron, por tanto, que la carta astral les describía notable o sobresalientemente. La sorpresa y las risas llegaron cuando los jóvenes periodistas constataron que todos los textos eran iguales -una colección de generalidades que se adapta a cualquiera, como las que se publican a diario en los horóscopos de los periódicos- y que el astrólogo en realidad no existía, fue el propio Gámez quien escribió las cartas astrales.

  Unos de los argumentos que los astrólogos anteponen cuando son desenmascarados, es básicamente el que anteponen casi todos los que intentan defender lo que llaman sobrenatural: en este caso es que los planetas influyen no por efecto de la gravedad sino por otras fuerzas desconocidas y no detectables ni medibles por medios técnicos.

  El ilusionista y escéptico James Randi lleva décadas ofreciendo un premio de un millón de dólares a cualquiera que logre demostrar fehacientemente la existencia de un fenómeno o poderes paranormales, incluyendo el tipo de eventos como los que se ocupa la astrología. El premio está desierto desde que se ofreció.

La biblia, la cábala y Madonna

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“La Biblia” significa “Los Libros”. Se trata de un conjunto de textos que el judaísmo y el cristianismo consideran sagrados y escritos por su dios. El primer texto donde aparece este dios (YHWH) de los judíos es una estela moabita conservada en el Museo del Louvre, y no sale muy bien parado: relata cómo los han derrotado y cómo las copas sagradas de YHWH son arrastradas ante un dios de Moab.

  Todos los dioses antiguos tenían sus correspondientes diosas; y YHWH  (convertido en Yahvéh) no fue una excepción. En el conglomerado cultural levantino, la diosa-madre era Asherah, aparece en la Biblia, y muy específicamente en el Libro 2º de Reyes, donde se explica cómo destruyen su culto y queman “todos los objetos que se habían hecho para Baal, para Asherah y para todo el ejército de los cielos” (2 R 23:4-7)  Y es que parece que el culto a Asherah como diosa consorte de Yahvéh era generalizado entre los judíos antiguos; existe un extenso registro arqueológico al respecto, y de hecho cualquiera diría que se trataba de una diosa muy popular antes de que los monoteístas pasaran todo por la espada y el fuego.

  La Biblia fue escrita a lo largo de aproximadamente 1000 años (entre el 900 a. C. y el 100 d. C.). Actualmente, la creencia común da por sentado que la Biblia está exenta de todo error, siendo perfecta como palabra de Dios al hombre aunque sea una colección de textos escogidos, previa eliminación de otros, corregidos, y amoldados a la religión que utilice el libro, poblado de leyendas e infantilismos dignos de los hombres de aquellas épocas y no de un dios.

  La Cábala nació en siglo XII, es una de las principales corrientes de la mística judía. Pretende (sin lograrlo) ser una ciencia que busca en la Torá (el Pentateuco, los primeros cinco libros de la Biblia), el significado del mundo y la verdad. La Cábala práctica persigue fines como la curación de un enfermo, la expulsión de un demonio, mediante la invocación o escritura de ciertos pasajes o palabras de la Biblia, en tablillas colgándolas del cuello del paciente.

  Según la concepción moderna la Cábala precede a cualquier religión o teología y fue dada a la humanidad por el mismísimo Dios, sin pre-requisitos ni pre-condiciones. Según las enseñanzas cabalísticas, el universo funciona de acuerdo a ciertos principios supremamente poderosos. Al entender estos principios y al aprender a actuar de acuerdo con ellos, la vida mejora enormemente en lo inmediato, y se logra a mediano y largo plazo la verdadera plenitud, para uno mismo y para toda la humanidad. Así, de la misma manera en que las leyes físicas básicas, tales como la gravedad y el magnetismo existen independientemente de nuestra voluntad y de nuestra conciencia, las leyes espirituales del Universo influyen en nuestras vidas cada día y a cada momento. La Cábala brinda el poder de entender y vivir en armonía con estas leyes, y además, de usarlas para beneficiarnos a nosotros mismos y al mundo.

   A pesar de estos enormes conocimientos, los defensores de esta creencia jamás explicaron científicamente cuáles son las leyes espirituales del universo y cómo usarlas, lo que hace que nos perdamos la fuente de conocimiento más importante para alcanzar nuestro bienestar.

   Según Gershom Sholem, su historiador, Sabbatai Zevi nació el 23 de julio de 1623 en Esmirna. Su nacimiento coincidió con el día en que los judíos conmemoran la destrucción del templo, y que ya había sido señalado por algunos cabalistas y rabinos como el del nacimiento del Mesías. Fue el año del despiadado pogromo de Chmielniecki, en Polonia, donde miles de judíos fueron asesinados.

  Una niña de seis años, llamada Sarah se salvó milagrosamente. Será la futura mujer de Sabbatai. Los cálculos cabalísticos no indicaban en qué año exacto nacería el Mesías, sino cuándo sería su entronización. En el Sefer ha-Zohar, o Libro del Esplendor, escrito por Moisés de León en la segunda mitad del siglo XIII, parecía deducirse que la fecha de su llegada sería el 1.648. Entre los milenaristas cristianos se apuntaba como especialmente señalado el año 1.666. Los cálculos numéricos que hacían basándose en el Apocalipsis indicaban que este año tendría lugar la Segunda Venida de Cristo. Precisamente en 1648 Sabbathai oyó una voz que le decía que él era el Mesías e inmediatamente se proclamó como tal en su ciudad natal, delante de un grupo de seguidores exaltados a los que consideró apóstoles representativos de las doce tribus de Israel.

  Poco después anunció que la redención de los judíos tendría lugar el 8 de junio de 1.666. Él restauraría el Reino de Israel. Se contaba que en el transcurso de sus mortificaciones era capaz de levitar y comunicarse con Dios y los ángeles y predecir el futuro. También lo visitaba el demonio contra el que acababa envuelto en tremendas peleas.

  Transcurridos algunos años, aquella niña sobreviviente de progromo se trasladó a Livorno, donde llevó, según decían, una vida bastante irregular. Pero milagrosamente comprendió que estaba destinada a ser la mujer del Messiah que estaba a punto de aparecer. Los informes sobre Sarah llegaron a oídos de Sabbatai, que inmediatamente la hizo llamar y se casó sin pérdida de tiempo con ella. Una antigua tradición sostenía que la mujer del Mesías tenía que ser una prostituta arrepentida.

  La popularidad de Sabbatai crecía. La curiosidad inicial se convirtió rápidamente en fervor entre muchos judíos, y este en frenesí mesiánico. Muchos judíos comenzaron a despreciar los bienes que poseían en el exilio y los malvendieron, preparándose para el regreso a Israel. Cantaban y bailaban en las calles y sacaron en procesión las tablas de la ley. Esta epidemia de misticismo afectó con especial intensidad a los judíos sefardíes.

  A comienzos de 1.666, Sabbatai se trasladó a Constantinopla. Nada más llegar fue arrestado y conducido a prisión cargado de cadenas. Tras dos meses de cárcel, fue recluido en Abidos y, posteriormente, en Edirne, donde el sultán lo convocó el 16 de septiembre de 1.666, obligándolo a elegir una de estas tres opciones: realizar un milagro y demostrar que era efectivamente el Mesías; ser ejecutado; o convertirse al Islam. Sabbatai optó por lo último.

  Un día lo sorprendieron cantando salmos y fue exiliado a Dulcigno, en Montenegro, donde murió probablemente el 30 de septiembre de 1676. Contaban que su muerte fue un acto de generosidad, pues cambió su alma con la de un niño que se había caído de un árbol y estaba a punto de morir. Inmediatamente comenzaron a llegar peregrinos hasta su tumba. El hermano de Sarah, Jacob Querido, anunció que el alma de Sabbathai había entrado en él y que ahora él era el Mesías. Aún hay seguidores de Sabbatai en Turquía y en Grecia, se hacen llamar Donmeh (“apóstata” en turco). Su número podría alcanzar los 15.000. Sus rituales son una mezcla de judaísmo e islamismo y son realizados en Hebreo, arameo y ladino.

    Entre sus seguidores están artistas como Madonna, Demi Moore o la diseñadora Donna Karan. La Cábala vaticinaba para 2012, no ya el fin del mundo, sino cambios “nunca antes vistos”, y ofrecía las herramientas para recibirlos con “felicidad” y como una “oportunidad” espiritual. “Vamos a ser empujados a ese cambio, y ese empuje está pasando ahora: destrucción económica, crisis mundial, desastres naturales; y podemos llegar a ese punto con luz y felicidad, o de una forma difícil, pero vamos a llegar, sí o sí, vamos a llegar”, declaró a Acan-Efe en Panamá la líder cabalista internacional Karen Berg, estadounidense de 69 años, que junto a su esposo, el rabino Philip Berg, dirigen el Centro de Cábala Internacional, con medio centenar de sedes en todo el mundo.

   La cabalista, que está considerada guía espiritual, no solo de Madonna, sino de otras celebridades como el actor Ashton Kutcher o el director de cine Guy Ritchie, recordó que ya “la cultura maya habla de 2012” como un año de transformaciones (falso) que, dijo en tono enigmático, serán inéditas y drásticas.

  Autora de libros como Dios usa lápiz labial (Kabbalah Publishing, 2005), Berg no precisó con claridad el cariz de los “cambios drásticos” que le esperan a la humanidad, pero sí enfatizó que, en todo caso, serán consecuencia de los propios actos del hombre, con lo cual cierra toda presunción sobrenatural y reduce aún más un supuesto poder de vaticinio. “Los desastres naturales que vemos ahora son el resultado de años en que la gente, por su negatividad personal, ha destruido la naturaleza y su forma de vida (…) Hay destrucción, y está ahí para hacernos comprender que no podemos destruir y no ver una reacción del mundo”, argumentó.