Mejorar la escritura.

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Aunque no es ninguna novedad, cada vez que puedo lo digo como una iluminación: escribir es corregir. Otra variante que uso es: escribir es aprender a escribir.

A lo largo de mi experiencia ayudando a escritores a iniciarse o continuar (algo muchas veces difícil) comprobé que estas formas de ver la literatura produce mejores resultados y en menor tiempo, que las clásicas visiones que se tienen sobre lo que es escribir, o mucho peor: ser escritor.

El sitio Con letra clara (apuntes de una correctora argentina) se encarga de estas y de muchas otras cuestiones fundamentales para aprender a escribir, corregir, y por ende, a entender la literatura. Al aguardo de que los correctores del sitio me sugieran cambios para estos dos párrafos, los invito a visitar y guardar en favoritos a este mal llamado sitio. Creo que mejor sería describirlo como una enorme caja de herramientas literarias, y disfrute de lectura. No exagero, me demoré en postear esta recomendación porque me colgué leyéndolo durante días.

   Pasen y aprendan lean.

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Te lo vendo, porque lo vale

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   Me topé con este libro en la web, después de mucho buscar, de mucho defraudarme, y de leer toneladas de cosas que ya sabía. Simple, práctico y al hueso, Mercadotecnia para Proyectos Artísticos no es (aunque su subtitulo lo sugiera) un libro que promete hacerte rico con el mercado del arte. Lo que sí logra, es aclararte la mente en cuanto a lo que hay que hacer y lo que no en materia creativa y administrativa. Encontré mucha claridad que otros libros prefieren omitir porque ese tipo de consejos no les parecen intelectuales. Este libro te va a ayudar con tu pequeño proyecto, desde qué hacer con tu cuento recién escrito, hasta cómo montar una galería de arte y no morir en el intento. No miente y te va a poner los pies sobre la tierra. Les dejo el link por si a alguien le interesa saber más, y hasta, por qué no, comprarlo:

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Chinita de porquería

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Hace unos días la gente vio a la Luna ponerse roja, los astrónomos estudiaron el eclipse, muchísimos otros deliraron con misticismos acordes a sus creencias, los terraplanistas dijeron que no ocurrió; y como siempre, se registraron en el mundo algunos casos de suicidio, simplemente, por el paso de nuestra nave entre el sol y el satélite terrestre.
Ciento setenta toneladas de basura dejamos en la Luna en sólo seis visitas. Seis años tardaron las huellas humanas en calentar el sector pisado, después de cambiar la estructura de regolito obligándolo a absorber más luz solar y calentarse. Exportamos calentamiento global.
Hace apenas un par de semanas, China, que significa “centro del mundo”, posó una sonda en el lado oscuro de la luna e intentó con éxito relativo hacer crecer vegetales e insectos en la tierra plomiza. China se le decía a la mujer del gaucho, “chinita de porquería” a la adolescente que se “porta mal”. La palabra no hace referencia a las mujeres del país asiático. China es una palabra quechua que significa hembra. Los españoles la usaron despectivamente para referirse a las mujeres mestizas. En Chile las chinas de hoy son las empleadas domésticas, casi todas de tez para nada selenitas.
China, la mujer con gigantismo que no para de crecer, está en el centro del telescopio de las grandes potencias temerosas de ser devoradas. Esa china que no es mujer sino centro, pondrá en órbita una nueva luna. Se necesita luz nocturna en cantidad. La noche nos da miedo y nos paraliza, económica y emocionalmente. El mundo tiende a no dormir, como un gran criadero de pollitos. Nos aseguramos compañía para las noches de soledad, sobretodo cuando no hay luna y hace frío porque esa mujer nos ha dado vuelta la cara para siempre. La cara oscura donde la China impertinente posó una sonda.
En la poesía, la mujer y la luna son lesbianas haciendo el amor. Es una relación antiquísima. Pero la cara oculta de la poesía, que no todos visitamos, nos sugiere que una mujer-luna necesariamente será satélite del hombre: ilumina nuestra melancolía, pero es lejana y se requiere mucho dinero y arriesgar la vida para conquistarla. Se hace la difícil. Nos ahoga si no estamos preparados para ella, no tiene mucho que ofrecer y podemos hacer crecer cosas en su seno y abandonarlas allí. Es fría y sin aire; pero también hermosa. O solamente hermosa.
En español es femenina y no tiene luz propia, la luz la recibe de un masculino; el Sol; que la emite y es gigante y devorador como la China. Hay que estudiar ese patriarcado porque cada tanto sus llamaradas intentan penetrarnos. Se sabe que crecerá hasta devorarnos aunque nos mudemos. Es el padre de la madre tierra, de quién salió la Luna, la hija, la chinita de porquería a la que “le viene” tres veces al año. Cuando eclipsa al sol, hace un huequito de oscuridad en algún rincón de la tierra, nada más: un pequeño pezón en la madre. Pequeños y oscuros como los derechos de las mujeres.
Se puede orbitar durante millones de años usando estas interrelaciones. Sumar, por ejemplo, que en el medio oriente del sistema solar el sultán Júpiter posee un harem de 79 concubinas, casi todas de nombre femenino y destino femenino en distintas mitologías. El destino femenino se entiende como ninguno, o trágico. Lo único que les queda es orbitar al panzón.
No hay forma de que la metáfora entre luna y mujer sea justa, ni siquiera en el arte, que es amoral, como el cosmos, e infinito como lo que aún no asimilamos, o nos negamos a aceptar, como el feminismo, que es a los hombres lo que un eclipse a la tierra plana.

Los escombros de la Historia

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Se dijo que aceptar el destino es digno de grandes hombres. En Enterrados, el narrador lo explicita aprisionado bajo las paredes de una casa desplomada. Acepta esa condición como epifanía, como tuvo que aceptar la Guerra del Paraguay.

Este narrador puede ser el general Mitre, aunque porte linterna y celular. La locación puede ser uno de los círculos infernales de la Divina comedia, a la cual tradujo y agoniza en la historia enterrada de las traducciones. El concreto quebrado sobre el protagonista se convierte de repente en los restos de la mansión donde se construyó tiempo después la Biblioteca Nacional: la explosión polisémica no da respiro.

Dividida en cuatro partes, dentro de un relato ramificado, la trama deja espacio a la asociación libre entre arte e Historia, revela la pasión de Delfina, mujer de Mitre; pero también la de Elisa Lynch y su hombre líder del Paraguay: Francisco Solano. Conviven caóticamente, unidos por el pensamiento delirante del que fallece bajo la destrucción: Marco Aurelio, los arcanos de la política sudamericana, los antepasados irlandeses del Che, las supersticiones nazis, Sarmiento, la cultura libresca islámica, Mansilla, Borges y todos los vínculos imaginables entre estos.

Miguel Vitagliano ofrece una historia reconstruida con escombros del pasado del mundo y la historia reciente argentina. El libro requiere pensar bien cada capítulo como un juego de ingenio donde los encastres están distantes.