No escaparás de la gravedad nunca

Este estupendo vídeo de TED-Ed explica algunos detalles teóricos y prácticos de la Ley de gravitación universal, esa fuerza –desde los tiempos de Einstein mejor entendida como una deformación del espacio-tiempo– que afecta a todos los objetos con masa. Es algo que nos mantiene atrapados a la Tierra y gobierna los movimientos de los objetos celestes. Algo que varía según las masas de los objetos y las distancias, pero de cuyo efecto nunca se puede escapar completamente (aunque puedan actuar fuerzas contrarias que lo compensen o incluso superen, por ejemplo con el motor de un cohete.)

Por qué leer “Einstein para perplejos”

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Escrito por los físicos José Edelstein y Andrés Gomberoff, el libro revela facetas de la vida y de la carrera del científico para dimensionar por qué fue una figura revolucionaria.

La Voz del Interior

El hombre de pelo canoso y revuelto que saca la lengua en la fotografía, a pesar de no ser un político, un rockero, un actor, ni una estrella de TV es uno de los dos o tres personajes más representativos del siglo 20.

A los veintipocos años, cuando se creía que había llegado al apogeo de su carrera, Albert Einstein aún no había escrito la Teoría de la relatividad general, obra cumbre de la ciencia de todos los tiempos.

Hace más de ocho siglos, uno de los más grandes pensadores judíos de la historia, Maimónides, escribió la Guía de los Perplejos, en la que aseguraba que a toda persona le interesa conocer los cielos y cómo tuvo lugar la creación, pero de manera rápida, ágil y sencilla.

En la Edad Media ya se sabía que el conocimiento escapaba al entendimiento de las muchedumbres. Por eso se hizo tan necesaria la divulgación científica popular, género al que pertenece el libro Einstein para perplejos (editorial Debate, 288 páginas), del argentino José Edelstein y del chileno Andrés Gomberoff, ambos físicos teóricos.

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Edelstein y Gomberoff suman en este volumen otras explicaciones no matemáticas a las teorías del científico, con el objetivo de acercarnos desde varias direcciones a una idea de lo revolucionario que fue Einstein, lo que dijo y predijo: las ondas gravitacionales, la misteriosa relatividad del tiempo, la enigmática dualidad onda-partícula, la equivalencia entre masa y energía, y un larguísimo etcétera.

Cuesta, por ejemplo, encontrar una metáfora explicativa sobre la curvatura del universo tan simple y concreta como la que se ensaya en Einstein para perplejos.

Einstein descubrió y describió a ese monstruo llamado mecánica cuántica, al que tenía pavor mirar y negó hasta su muerte, a pesar de que surgió de sus propias investigaciones, las cuales son expuestas con sencillez en el libro.

De hecho, la carrera y la vida de Einstein forman una intensa novela en la que no faltan los celos, la culpa, la política, los errores y los problemas de cama.

FIGURA POPULAR

Desde que Einstein desarrolló su famosa teoría, hasta hoy se produjeron millones de papers científicos, miles de libros sobre su vida y obra, documentales, películas, dibujos animados y hasta muñecos de acción.

También en ese tiempo conocimos los famosos relojes derretidos de Salvador Dalí y el Gran Colisionador de Hadrones de Ginebra: la obra de ingeniería humana más grande y revolucionaria desde el telescopio de Galileo.

Entonces: ¿para qué un nuevo libro sobre el asunto?

Quizá no sólo porque, como suele decir Mirtha Legrand, el público se renueva, sino porque, a pesar de ser un personaje que ha atravesado el siglo y cambiado a la humanidad para siempre, el 99 por ciento de la población mundial todavía no entiende a Albert Einstein.

Seguimos perplejos, tratando de explicarlo.

Los artículos de Annus Mirabilis sobre Einstein.

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 Existe una anécdota apócrifa que es referida con frecuencia, de la ocasión en la que Einstein conoció a Chaplin. Ambos eran prácticamente rock stars en sus respectivas ocupaciones, y había una multitud de fans rodeándolos. Se supone que Chaplin le dijo a Einstein, “nos admiran ambos; a mí porque todos me entienden y a ti porque nadie te entiende.”

Otra anécdota en la misma vena involucra al astrofísico Arthur Eddington (1882 – 1944), que trabajó además en textos explicando la Teoría General de la Relatividad. El físico Ludwig Silberstein, que se consideraba experto en el tema, dijo una vez a Eddington, “dicen que en el mundo sólo tres personas entienden la teoría de la relatividad.” El pobre pensaba que Eddington contestaría, “sí, Einstein, tú y yo”, pero en lugar de eso el astrofísico se quedó callado un rato y al final dijo, “estoy tratando de pensar quién es la tercera persona.”

Estas anécdotas, graciosas como son, no hacen mucho por alentar a la gente a acercarse a los textos de Einstein, sino todo lo contrario. Si a alguien se le pregunta si ha leído a Einstein, posiblemente puede decir, “sí, he leído un par de biografías”, o bien “he leído sus ensayos”, pero difícilmente se atrevería siquiera a considerar abrir uno de los artículos de física de 1905, el famoso “Año Milagroso” en el que con cuatro artículos Einstein puso de cabeza a la ciencia física e inauguró toda una rama de la misma. Este aspecto intimidante de sus artículos es una pena y hay que corregirlo.

Veamos primero: no es que los científicos de su tiempo no entendieran los artículos de Einstein, los entendían perfectamente. Las matemáticas y los conceptos físicos usados son casi elementales. Lo que era increíblemente difícil de comprender eran las implicaciones de los artículos. Ciertamente no es difícil seguir los razonamientos, pero es asombroso ver cómo Einstein va revelando cosas insospechadas de los fundamentos mismos de la realidad física, con tan sólo hacer ciertas presuposiciones y después llevarlas a sus consecuencias lógicas.

Ahora bien: ¿tienen los artículos muchas fórmulas? Sí, desde luego. Pero lo hermoso de ellos es contemplar los asombrosos razonamientos de Einstein, no las fórmulas, que son simplemente traducciones de lo que va explicando, a lenguaje matemático.

(la entrada completa acá)