Todas las vidas de Marcos Aguinis

Aguinis-casa

 

  Aguinis pasó dos meses en coma y tuvo, literalmente, las neuronas de Lenin bajo el microscopio. Este par de datos bastaría para atrapar y llevarnos a querer leer su autobiografía, excepto que esas anécdotas se agotan allí mismo y el nuevo libro del cordobés de 82 años no es una estricta autobiografía. Puede leerse como libro de ensayos novelados por su propia experiencia de vida. Memorias tópicas y concentradas cuyos capítulos no exceden las cuatro o cinco páginas. En ellas despliega algunas imágenes y escenas brillantes, otras paupérrimas, la mayoría anodinas. Desde el derrotero de sus antepasados en manos nazis, hasta el odio por el kirchnerismo, Aguinis ejerció múltiples profesiones: músico, teólogo, neurocirujano, escritor, político y psicoanalista; pasiones que terminaron mutiladas para enriquecer la pasión por la escritura.

  La novela de mi vida abre y cierra con el llanto de su padre, alguien incapaz de llorar. Ocurrió durante una infancia lúcida, cuando una madre radical en sus decisiones arrastró de la oreja al pequeño Marcos hasta la biblioteca vecina para obligarlo a leer, y más tarde, en manos de distintos profesores, estudiar piano, tema que desarrollará durante más de cien páginas lineales donde deja intervenir con mayor magnitud a los temas que siempre lo obsesionaron: el conflicto árabe-israelí y las dictaduras. También nos presenta postales de su relación y encuentros con famosos personajes: el futuro Papa Bergoglio, Ionesco, Juan XXIII, Borges, García Márquez, Gandhi y el futuro Presidente Illia, entre otros.

la-novela-de-mi-vid  La segunda gran parte del volumen lo ocupa la Medicina, extendiéndose durante demasiadas páginas innecesarias en donde en dos ocasiones se detiene a explicar cómo se realizaba una trepanación; confesando haber engañado a pacientes y familiares para salvar una vida conflictuada por la religión, otro gran tema que siempre lo mantuvo alerta y cambiante; ya sea en los debates y libros publicados a cuatro manos con Justo Laguna como en su reservada participación para la canonización de Ceferino Namuncurá donde se topó ante los requerimientos absurdos del Vaticano.

  Quienes conozcan las novelas de Aguinis sabrán que tiene una pluma certera, que en esta ocasión sólo aparece en pequeños milagros, apurado por contar y regocijarse en sus logros y su desdén eufórico para relativizar sus fallos y dotarlos de emoción. Aguinis fue Secretario de Cultura durante el alfonsinismo, labor que lo dejó insatisfecho. También fue nombrado en Francia Caballero de las Artes y las Letras y fue el primer latinoamericano en ganar el Premio Planeta de España. Buñuel lo elogió y su novela La cruz invertida es inolvidable. Se dice que es un hombre del renacimiento, la mejor descripción de una persona mayoritariamente conocida por sus intervenciones mediáticas cada vez menos felices. Su odio hacia el kirchnerismo es irracional: cree que el gobierno de la familia sureña supera en brutalidad a las dictaduras de Nerón y Calígula. Y según cuenta en estas memorias, sus opiniones y decisiones funcionaron siempre sin medias tintas, extremas e irracionales. Sólo le quedaba el escritor, y a eso se dedicó con éxito.

Letras supermodernas

Antología de cuentos “Los nuevos de babel”, resultado de un concurso para autores nacidos a partir de 1980. La propuesta se suma a anteriores compilaciones de escritores jóvenes.

10623893_10204721977155086_5273467052428306866_o
El escritor David Voloj

(para La Voz del Interior)

 Este año, la editorial cordobesa Babel llamó a concurso a escritores de todo el país nacidos a partir de 1980. La convocatoria arrojó doce cuentos breves editados en una antología llamada Los nuevos de Babel. El jurado estuvo integrado por Lilia Lardone, Estela Smania y Federico Falco. Antes de llegar al papel, los textos se publicaron en la web del diario La Mañana de Córdoba y de allí los lectores eligieron al ganador, Santiago Oliva, quien en su relato “Historia de An Jung y los rinocerontes”  linkea al teatro del absurdo de Ionesco (más específicamente El Rinoceronte) con una Córdoba costumbrista.

  “Apostamos a ver qué pasa hoy con los chicos nacidos en esa década tan especial —explica el editor Ramiro Iraola-, qué y cómo escriben. La gran duda era si había cantidad y calidad de chicos escribiendo y dispuestos a enviar un sobre en papel y por correo no virtual. La realidad nos demostró que existen”.

 Los 12 nuevos apóstoles de las letras jóvenes son el villamariense Javier Paez, Juan Manuel Saharrea de San Luis, Emiliano Theyler de Río Ceballos, Marcos Peralta de La Falda, Sofía Castaño, Facundo Gerez y Guillermo Montalbetti de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires; Nicolás Albrieu, Franco Gatica, Santiago Oliva, Javier Martínez Ramaciotti y David Voloj de Córdoba, los dos últimos incluidos en su momento en Es lo que hay, narrativa joven en Córdoba (Lilia Lardone, Babel – 2009).    

  El denominador común de los trabajos seleccionados es la brevedad, el realismo -a excepción del cuento de Oliva- y la sequedad. No en vano se repite una y otra vez que la narrativa cordobesa mama de Carver como ninguna, aunque creo que en este caso se emparenta más con el cine rioplatense de los noventa, en donde no ocurre absolutamente nada. Tres excelentes cuentos conforman la estructura de Los nuevos de Babel.  “Relámpagos atravezando el cielo una y otra vez”, de Ramaciotti, quien atrapa con un niño huérfano y su trágico pasado, dando pie a simbolismos profundos, bellos, cargados de misticismo y poesía, manejando los tiempos de acción, las esperas del lector y las texturas que brindan ciertas imágenes de manera excepcional.

  Después Javier Páez emociona en “El Cerdo” con una prosa simple pero robusta, un manejo musical del lenguaje que remite a Daniel Moyano, y la elección de un tema ameno: dos niños al cuidado de un cerdo. El autor nació en Tilisarao (San Luis) en 1980, pero vive en Villa María. Es profesor de Lengua y Literatura y participó de la antología Voces de este río (Eduvim, 2009).

  A la hora de hablar de estilos e influencia, Páez dice que los escritores que conoce de Córdoba a través de sus obras son Busqued, Falco, Wielikosielek, Gustavo Borga, Lamberti, Natale, Iván Ferreyra, Dughetti, Fabio Martínez y Alejo Carbonell, entre otros. “el panorama que veo —arriesga— es por demás bueno y alentador. El surgimiento de nuevos espacios de edición, ha posibilitado la aparición y continuidad de muchos escritores locales que tiempo atrás no tenían la chance inmediata de mostrar su obra. Me parece que se está generando toda una nueva corriente en Córdoba que no sólo abarca a la literatura”.

  El libro cierra con el estupendo “Huesos”, de David Voloj, donde un espiritista estafa en los pueblos con el cuento del tío y explota a sus sobrinos hasta que recibe su merecido. Recuerda al cuento Ave Fénix de Federico Falco (222 patitos, La Creciente 2005) y a ciertas películas americanas de ranchos y escapes. Voloj quizá sea el más experimentado de los escritores reunidos en la antología. Nació en Córdoba en  1980, es licenciado en Letras Modernas y en 2008 publicó el libro de cuentos Letras modernas (Mención en Premio Luis de Tejeda). Al año siguiente obtuvo el Primer Premio del Fondo Nacional de las Artes con el libro Asuntos Internos, publicado en 2011.

  “Varios de los escritores jóvenes que disfruto leer -dice Voloj-, han participado en las antologías que se publicaron desde 2009 hasta ahora. Pablo Dema, Hernán Tejerina, Luciano Lamberti, Fabio Martínez. Varios ya habían publicado, o muy pronto se despacharon con libros de una gran belleza, como Fondo Blanco, de Ramacciotti”.

  El propio Ramaciotti sostiene: “hay un gran nivel de escrituras en Córdoba, y una heterogeneidad de grupos y estéticas que es saludable, estamos en un momento donde la diferencia de escrituras se multiplica, pero como si vivieran unas al lado de las otras en una respetuosa indiferencia: soy un convencido del conflicto, y creo que faltan espacios de discusión de la diferencia”.

  Nicolás Albrieu, autor de “Invierno en Río Gallegos”, cuenta: “Mis viejos decidieron irse al sur cuando todavía no caminaba. Me crié entre el viento y la nieve (y la tele, obvio). Pero nunca tuve un Family Game. Quizá por eso me volví lector. Estímulo, motivo o razón (estimo) para que, ya de nuevo en Córdoba, me convirtiera en estudiante de Letras. Siempre albergué un deseo de escribir, pero no me convencían las cosas que me salían, hasta que leí a tipos como Carver, Bolaño, Bukowsky, Natale y Lamberti y me di cuenta de que no era necesario generar una intriga con misterio y conflicto. El resultado de mi atrevimiento es lo que puede leerse en esta antología”.

  Otro de los autores presentes es Marcos Funes Peralta, que vive en La Falda, y aclara que su conocimiento sobre el panorama literario de la capital y de otras latitudes de la provincia es limitado.  “No obstante, tengo una posición tomada.  Me gustaría que los autores noveles tuvieran la posibilidad de publicar sus libros sin verse obligados a pagar las ediciones o a ganar un concurso literario”.

  La única mujer seleccionada, Sofía Castaño, se presenta como escritora y psicodramatista. Se formó en el taller literario de Diego Paszkowski, en el Centro Argentino de Psicodrama Psicoanalítico y en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Alejo Carbonell ya alertaba en 10 bajistas sobre la escasa producción de narrativa femenina, donde abunda la poesía. En su antología no había una sola mujer, y en Es lo que hay, antologada por Lilia Lardone, apenas aparecen dos. En Los nuevos de Babel, Castaño presenta un relato que gira en torno a lo que produce la información medíatica sobre la edad de Luisiana Lopilato.

 

Huérfanos y herencias

   Los nuevos de Babel se presenta apenas tres años después de que las dos importantes en la década pasada hubiesen propuesto un panorama de la nueva narrativa en Córdoba con resultados similares: apenas algunas cabezas que demuestran talento, la mayoría ya conocidos. Aquella vez fueron las ya citadas 10 bajistas, de Alejo Carbonell (editada por el sello de la Universidad Nacional de Villa María) y Es lo que hay, de la propia Babel, con selección y prólogo de Lilia Lardone. Estás dos visiones, a veces discordantes, sirvieron para el monumental estudio Los prisioneros de la Torre, política, relatos y jóvenes en la postdictadura, que Elsa Drucaroff publicó en Emecé el año pasado. Allí, la crítica y docente porteña refutó el ideario común de que las nuevas generaciones no producen textos políticos y los puso a dialogar con la vieja trova de jóvenes narradores argentinos (Andahazi, Birmajer, Casas, de Santis, Fresán, Kohan, etc.). Córdoba se llevó un lugar de peso a la hora de aportar escritores de esa y la  generación siguiente, llamada en el estudio “de post-dictadura”, y casi ninguna otra provincia estuvo en la mira. En aquel momento se dijo que estas antologías reunía a una generación liberada de dogmas, resultado de una revolución industrial que no fue y que tenía el desafío de renovar la escena cordobesa. Se habló de esos autores como promesas, y se marcó que la gran mayoría desconocía la tradición local y tenían como tema común a la infancia, territorios de ficción con cierta melancolía brutal.

   Javier Martínez Ramaciotti lo definió muy bien entonces: “Somos huérfanos chocando con huérfanos mientras buscamos, como podemos, restos para construir una herencia, un acervo literario. Pero esta orfandad, que es nuestra pobreza, es también -creo- nuestra libertad.”

  “En las otras antologías -compara ahora Ramacciotti consultado por Ciudad X a propósito de su inclusión en Los nuevos…– los narradores tenían una cierta visibilidad en su producción o al menos una resonancia en el ámbito literario local. Lo que más me llama la atención de esta nueva antología es que la mayoría somos “buenos desconocidos”, hay muchos escritores realmente jóvenes, y con escasa o nula producción narrativa. Este dato, que en sí mismo no dice nada (porque ser “nuevo” no es un valor), puede sin embargo a la larga incentivar más literatura y más diversa. Y eso sí es un valor”.

  Marcos Funes Peralta, autor del relato “El cuento”, agrega: “He notado que los jóvenes escritores cordobeses compartimos un saludable interés por la interpelación crítica a la sociedad y a la cultura en que vivimos, moviéndonos en un amplio espectro de registros que va desde la melancolía hasta el sarcasmo. Me atrae mucho esa literatura provocadora e inconformista que se gesta en Córdoba”.

 Por su parte, Javier Paez, admite no haber leído demasiadas antologías de jóvenes escritores en Córdoba. “Aunque lo que más rescato de este tipo de ediciones es la posibilidad que brindan para que muchos publiquemos por primera vez”.

 

Los nuevos de Babel

Autores: Nicolás Albrieu, Emiliano Baigorri Theyler, Sofia Castaño, Marcos Funes Peralta, Franco Gatica, Facundo Gerez, Guillermo Marinaro Montalbetti, Javier Martinez Ramaciotti, Santiago Oliva, Javier Páez, Juan Manuel Saharrea y David Voloj.

(Suplemento Ciudad X – 2012)

Novedad

portada

¿Querían cara de loco, foto vieja, poesía reunida, bajo costo, disponibilidad? Ya está listo en Amazon el volumen que incluye mis tres libros de poesía y algunos textos inéditos. Los libros reunidos son La Felicidad es un Gordini (2009); Multiversal (2013); Leticia (2014) y algunos poemas experimentales sueltos. Se puede descargar grátis. ¡Que lo disfruten!

Crónicas expatriadas

“Sam no es mi tío” reúne textos de más de 20 escritores e intelectuales latinoamericanos residentes en Estados Unidos. El periodista y escritor cordobés Diego Fonseca cuenta el origen de esta antología que propone miradas sobre el modo de vivir el sueño americano, o sus pesadillas.

1927893_459998010873173_5909468253405104901_n.jpg
Foto: Adrián Duchateau

Hace unos años, el periodista y escritor cordobés Diego Fonseca llegó a Miami para dirigir la revista de economía competidora de la latinoamericana que dirigía desde México, donde vivía con su pareja. A los pocos días de comenzar, Bush da su discurso ante el Congreso y Wall Street se va en picada. En ese tiempo resuelve casarse y un domingo, en la primera mañana de luna de miel, se entera que desde el lunes se quedaba sin trabajo. Allí empezó a pensar la idea de un libro como plataforma para narrar su propia experiencia. Le contó la idea a la brasilera doctorada en literatura latinoamericana Aileen El-Kadi y se entusiasmaron.

 Así reunieron en Sam no es mi tío (Alfaguara) a más de una veintena de intelectuales “latinos” residentes en Estados Unidos (entre los que se destacanSantiago Roncagliolo, Edmundo Paz Soldán, Claudia Piñeiro y Gabriela Esquivada) para dar cuenta de cómo se juegan sus tensiones, las negociaciones de su yo, los conflictos y contradicciones; de qué modo se producen las mixturas y sincretismos en el gran país del norte.

   ”Siempre pensé a Sam no es mi tío como un puente —cuenta Fonseca desde Washington—, una oferta de diálogo hacia otros intelectuales, los americanos y sajones. La idea era: aquí está este grupo de intelectuales latinoamericanos —periodistas, académicos, novelistas— que asumimos así nuestra relación y la de los latinos en general con Estados Unidos. Una segunda parte de Sam debieran ser esos colegas latinos aceptando el convite: que nos cuenten cómo ven ellos su patio lleno de latinos bullangueros”.

¿Cómo fue el criterio para reunir las crónicas?

Lo primero fue evitar las agendas condicionadas. El gran tema vinculado a migración ha sido y es la migración indocumentada, en particular la que sucede por la frontera con México. Eso está, pero no es dominante. El asunto era tratar de mirar cuestiones universales: cómo es trabajar, vivir, amar en Estados Unidos. Cómo se miran los latinos en sus países en relación a Estados Unidos. Cómo es operar entre los agujeros del sistema. Cómo comprar los grandes discursos y sueños y encontrar pesadillas.  

¿Qué tan grande y complejo es Estados Unidos para no poder entenderlo?

Es complejo pretender explicar una nación en términos absolutos. ¿Es un imperio? Tiene comportamientos imperiales en política exterior. ¿Pero es una nación democrática, respetuosa de las minorías? Lo es, mucho más que varias que conozco. Y estas dos definiciones no abarcan todo. Más en el fondo, ¿hay una definición de lo americano, profunda y única? No: no es el mismo Estados Unidos el que ve un miembro del Tea Party que el que narra Springsteen. Ni es el mismo relato el de Mitt Romney que el de The Wire. No sé si existe “lo argentino”, por ejemplo, como categoría y, del mismo modo, no sé si se puede definir absolutamente qué es americano y, por extensión, qué es Estados Unidos.  

¿Cómo ve, si es que se puede resumir en una respuesta, un “latino” al país? ¿Y cómo se ve el mundo desde allá?

Estados Unidos, en general, es un país de pequeñas ciudades insulares. El ciudadano medio americano viaja poco —un porcentaje muy bajo de la población tiene pasaporte— y es un país tan vasto que suele ser pupocéntrico. La mayoría de los noticieros de los canales locales, por ejemplo, a diferencia de lo que suele suceder con los medios en Argentina, se enfocan en noticias muy locales. Si sirve esto como medida, en el último debate presidencial, Barack Obama y Mitt Romney discutieron política internacional sin casi mencionar México —que es central en la agenda migratoria—, Europa —capital para la estabilidad financiera internacional— o América Latina —que por primera vez en décadas tiene una agenda con una mirada relativamente independiente de Estados Unidos.

¿Cuáles son las diferencia en cuanto a la mirada sobre el país según la nacionalidad de quien escribe?

Nunca se puede ser concluyente pues cometería el mismo error que cuestiono —la generalización— pero en general se tiene una mirada más amistosa de Estados Unidos en el conjunto de la región que, por ejemplo, la que se tiene desde ciertos campos en Argentina. Hace unos días, en una charla sobre Sam no es mi tío que tuve en Miami, una persona de un grupo de lectura me dijo que se indignó con el texto de Claudia Piñeiro. Claudia narra cómo se perdió buscando una dirección en un viaje a Miami, un territorio que para la psique tradicional argentina no representa más que playas y centros comerciales. El texto de Claudia expresa muy bien cierta mirada superficial en alguna medida predominante en el progresismo argentino.  En México hay tensión producto de una relación muy cercana y friccionada, pero la retórica política es menos agresiva para con Estados Unidos, comparativamente, que la argentina.

Desde adentro

   Un inmigrante sin documentos se burla del sistema y se gradúa con honores. Una vieja cantante de tangos busca otros 15 minutos de fama mientras desinfecta baños en Miami. Un gringo que defiende a latinos pobres que lo van a traicionar. Una mujer y su amante ven por tele la caída de las Torres Gemelas mientras especulan si el esposo murió en el ataque. Estas y otras historias se reúnen en Sam no es mi tío.

   ”La mitología del “sueño americano” recibe aquí giros irónicos, patéticos, trágicos, melancólicos, pero nunca ingenuamente satisfechos y celebratorios”, se lee en el prólogo.

   Los 24 cronistas que aquí participan se propusieron desordenar los discursos oficiales que hablan de las relaciones entre latinos y gringos, entre legales e ilegales, entre primer y tercer mundo.

Perfiles:

Diego Fonseca: Nació en Las Varillas, Córdoba en 1970. Vive en Washington, DC. Es periodista desde 1989. Licenciado en comunicación por la Universidad Nacional de Córdoba, en Argentina, Diego tiene un MBA del Instituto de Empresa Business School, de Madrid, y estudios en posgrado en Georgetown University y en INCAE Business School de Costa Es autor del libro de relatosSouth Beach (Recovecos, 2009).

Aileen El-Kadi: Nació en Bahía, Brasil en 1972. Es Doctora  en literatura latinoamericana de la Universidad de Colorado. Traductora literaria, profesora e investiga­dora de cultura, literatura y cine contempo­ráneo latinoamericano. Dirige el programa de Estudios Brasileros en la University of Texas, en El Paso, donde vive.

Cronicas de Daniel Alarcón, Jorge Volpi, Santiago Roncagliolo, Ilán Stavans, Edmundo Paz Soldán, Claudia Piñeiro, Jon Lee Anderson, Joaquín Botero, João Paolo Cuenca, André de Leones, Aileen El-Kadi, Gabriela Esquivada, Diego Fonseca, Eduardo Halfon, Yuri Herrera, Hernán Iglesias Illa, Andrea Jeftanovic, Camilo Jiménez, Juan Pablo Meneses, Diego Enrique Osorno, Guillermo Osorno, Carola Saavedra, Wilbert Torre y Eloy Urroz.

(Suplemento Ciudad X – 2012)

La primera feminista.

10338698_10202608801194838_6438077777780481229_n

(para La Voz del Interior)

   Lilith fue la primera esposa de Adán. Según la leyenda hebrea, Adán y Lilith nunca hallaron armonía juntos. Cuando él deseaba tener relaciones sexuales con ella, Lilith se sentía ofendida por la postura que él le exigía. «¿Por qué he de acostarme debajo de ti? —preguntaba—: yo también fui hecha con polvo, y por lo tanto soy tu igual». Como Adán trató de obligarla a obedecer, Lilith encolerizada, pronunció el nombre mágico de Dios, se elevó por los aires y lo abandonó.

  Podría pensarse en esta mujer como la primera que reconoce su cuerpo, su yo, y reclama derechos ante el despótico Dios que gobernaba el Edén. Lilith abandonó a su hombre para unirse a los demonios. La difamación que sufrió la ubica dentro de los más antiguos y peores males de la religión judía, pero su belleza se adivina también en las significaciones: viento, aire, espíritu, noche. Desde esta conceptualización se despliega la poesía de Vanesa Zalazar en Menos mal que a Lilith.

  Con laberintos gramaticales, versificación jugando como música prosaica y la exposición de un despecho típicamente femenino, la dramaturga, actriz y escritora debuta de la mano de Antiplán, el sello editorial cordobés dirigido por Iván Ferreyra que se propone iniciar a escritores en formato minimalista. La autora deja expuesta la incontinencia de un cuerpo que no acompaña al ser, donde la vestidura y la máscara serán quienes hablan, enfrentan, cantan y se retuercen: Te aviso, corazón / que me lo juré anoche… / el traje de Penélope / ha de quedarme chico.

  Más allá de las irregularidades del destierro que se hace piel en las páginas, de palabras de digestión incómoda y otras pequeñeces que pueden servir de respiro a tanto laconismo preciso; la poesía de Zalazar deslumbra de sombra y se emparenta con Pizarnik: dejar que le crezcan / los llantos / a la noche.

  Esta Lilith ladra a un hombre o a varios o a todos sus hombres, quizá a todos los de este mundo, ausentes literales o muertos en la cama, otras veces los evoca como metáfora de lo que debería ser. No por nada baja línea en un hipotético subtítulo a la entrada del libro advirtiendo que se trata de “poemas de género”, y ya desde la referencia a la mujer semita, queda claro que vamos a embebernos de una melasa femenina y cautivante, cuando no histérica, aunque deseable. Sexo y aroma, dos hermanos que se encenderán imperceptiblemente en los cerebros de los lectores incautos ante el súcubo.

  Desde siempre la femeneidad fue múltiple, y los múltiples yo del poeta se vuelven aquí diáfanos y permisivos excepto por una importante gravedad, a ninguno le permite “no decir”. Todos sus yo habitan la incontinencia del deseo, que es una forma de decir hacia adentro. Todas son Lilith. Una despechada mujer (explícita en contratapa) escapando de la simbología religiosa, dando un portazo porque la verdad está en el goce, la soledad, la belleza, el poema cuerpo, que es básicamente la sustancia de la mujer bella para cualquier hombre que mire, o lea, el cuenco servido que espera, las palabras que llaman como cantos de sirenas y regresan con los dientes del rencor entre las piernas.

Divina compulsión.

Efecto matrimonio, El_137X220   

   Don Tillman, el protagonista de El efecto Matrimonio, es el Sheldon Cooper de la literatura. Para quienes no conozcan a ninguno de los dos personajes, se los puede describir no sin relatividad como cómicos involuntarios a los ojos de quienes no tenemos Asperger. No están del todo sanos en lo que llamamos  socializar, aunque en contraposición poseen una mente genial en algún campo específico. Para el protagonista de la novela, el genetista Tillman, quien cataloga a las personas por su IMC, la vida es juzgada por el análisis duro donde la estructura y la previsibilidad aparecen compulsivamente. Todo debe ser planificado con la mejor información científicas disponible. La empatía es algo de lo que carece este trastorno del espectro autista, descifrar los sentimientos de los demás y anticiparse a sus comportamientos es todo un desafío.

    Instalado con su mujer Rosie en New York, el científico australiano tendrá que hacer frente a su inminente paternidad. El embarazo de su esposa es bautizado como BUD (Bebé Único en Desarrollo) y para llevar adelante su futuro papel de padre decide emprender un estudio que lo meterá en líos y lo cuestionará todo. Su entorno se compone de una ex estrella de rock, un psiquiatra al que da asilo, un técnico en refrigeración y las respectivas familias, entre las que se encuentran crisis matrimoniales, separaciones, divorcios, nacimientos, infidelidades, conflictos paternales, en fín: la vida misma, eso que Don no comprende del todo. Así descubre a la mentira como sustancia natural de las relaciones humanas y una herramienta más para la resolución de sus dilemas, aunque no la administre del todo bien.

  Después de una exitosa carrera en el campo de la informática, el autor Neozelandés Graeme Simsion vendió su empresa y decidió dedicarse a escribir a tiempo completo. Así nació El proyecto esposa, novela antecesora de la saga, pensada para guión cinematográfico y protagonizada por el mismo Don Tillman. La novela fue best seller con más de un millón y medio de ejemplares vendidos, traducida a treinta idiomas. Ahora entrega su secuela también exitosa, donde vemos a sus personajes en un estadío difícil en la vida de todos: sostener lo socialmente correcto.

  La hilaridad constante no empaña la amargura del condicionante psicológico, el tema del autismo no se usa en función del humor y por eso Simsion narra en primera persona, desde adentro de Don, abriendo muchas puertas a la reflección de quienes vemos el mundo de manera “normal” (inclusive muchos Asperger nos llaman “neurotípicos”).

  El efecto matrimonio recuerda, de alguna manera, a El curioso incidente del perro a medianoche de Mark Haddon pero en clave adulta. Se trata de una experiencia literaria y social única, sus admiradores esperan una tercera parte, y es que semejante personaje puede hacer de cualquier trama un melodrama de enredos que funciona a todos los niveles.

La ciencia a la caza del arte

¿Qué pasa cuando un matemático mira un paisaje pintado? ¿Por qué grita el famoso personaje de Munch? Algunas respuestas se pueden encontrar en “Un científico en el Museo de Arte Moderno”.

10174952_10202523269696604_7447386832093782272_n

   Alicia y su país de maravilla pudieron deberse a la migraña crónica que sufría Carroll, o a las alucinaciones producidas por el Amanita muscaria, que también es el hongo que utilizaban como viviendas Los Pitufos. El personaje de El grito, de Munch, pudo haber entrado en pánico por una erupción volcánica y La noche estrellada, de Van Gogh, se utilizó como ejemplo de la física del caos. La mirada científica sobre cualquier ícono o suceso ficcional (más allá de la mera divulgación de las ciencias) encontró un nuevo nicho en el mercado editorial y crece entre la devoción de los lectores y el enfado de los académicos. El profesor-investigador de la Universidad de Guadalajara Luis Javier Plata Rosas lleva publicados muchos libros de divulgación científica y es uno de los escritores más creativos de habla hispana, el más prolífico y festejado por todas las edades en el género. Llegó a combinar la Ciencia con Madonna y Hello Kitty. Cree que educar no es la única función, ni siquiera la principal, de la divulgación, y ha disparado teorías tan sorprendentes e interesantes como increíbles.En Un científico en el museo de arte moderno (Siglo XXI, Ciencia que ladra, 2012) propone un paseo por lo que de ciencia tienen algunas propuestas del arte plástico moderno y lo que de arte suele tener la ciencia, sobretodo la especulativa. Desde la bioingeniería al servicio de la técnica pictórica hasta teorías de múltiples dimensiones; Rosas repasa en breves capítulos (ilustrados en la colección de Siglo XXI en blanco y negro -un defecto casi imperdonable-) algunas explicaciones o excusas que los artistas impusieron para presentar o defender sus obras. No deja pasar otras miradas científicas sobre instancias específicas de la historia del arte y sus productos. Se trata de un libro perfecto para aquellos que jamás entendieron las instalaciones, por ejemplo, o para quienes no encontraban explicación a algunas monstruosidades pictóricas que otros veían geniales. Es un libro que puede leer cualquier persona sin el mínimo interés en la plástica ni en la ciencia, y disfrutarlo; esa es la virtud y la clave del éxito de estas nuevas tendencias comerciales en literatura de no ficción.“Cuando tocas el tema de ciencia y pintura —explica Plata Rosas desde Puerto Vallarta, donde vive— una buena parte de nosotros de inmediato piensa en Leonardo da Vinci o en geometría, y más allá de la intención con la que un artista pintó un cuadro, para cada uno de nosotros existe una interpretación abierta y subjetiva al examinar una obra, que está en función de nuestras experiencias, estado anímico, conocimientos y otros rasgos individuales. Mi propósito en este libro fue compartir con los lectores los muchas veces inesperados resultados de este encuentro entre científicos y artistas”.

Coincidencias 

 —Las “explicaciones” que suelen dar ciertos artistas intentan teñir de conceptos científicos a sus obras como una manera de legitimarse más allá del oficio como si fuese más importante o digno ser científico que artista. De a momentos parece que cualquier cosa podría pasar por ese tamiz, ya que la ciencia lo estudia todo. ¿Cuál fue el criterio a tener en cuenta para unir ciencia y arte en este libro?

 —Hace unos años publiqué en México un artículo sobre darwinismo literario, que es el análisis de obras de la literatura desde el punto de vista de la evolución por selección natural. Los darwinistas literarios no proponían que su lectura fuera la única válida, pero sí afirmaban que era entendible el comportamiento de los protagonistas de novelas como “Anna Karenina” en términos de hembras que buscan la supervivencia de sus genes al conseguir los mejor de dos machos: uno, el “buen chico/buen padre” para proveer de techo y comida a sus hijos, y el segundo, el “chico malo/buen semental” para proveer de buenos genes a esos mismos hijos (biológicamente, el padre auténtico). A un escritor de mi país le pareció aberrante, “cientificista” y, de alguna manera, denigratorio el ponerse los anteojos de la ciencia para leer a los clásicos. Algo similar ha ocurrido con la ciencia y la pintura moderna, pero a mí me parece que esto es, inclusive, bastante enriquecedor.

—Se plantea en un momento el trabajo de Jackson Pollock con fractales. ¿realmente cree que Pollock sabía lo que hacía? Porque parece impensado que conociera ese concepto casi innatamente. ¿No son, a veces, las explicaciones, víctimas de lecturas con el diario del día después?

 —Estoy seguro de que Pollock no lo sabía porque su obra es muy anterior al desarrollo de la matemática fractal por Mandelbrot. Pero eso es precisamente lo asombroso de artistas como él, Van Gogh, Monet y otros: consiguieron “atrapar” en alguna de sus obras algún aspecto de la naturaleza que coincide con el análisis que la ciencia hace de éste. El procedimiento que Pollock usaba para hacer sus cuadros, transformándose en una especie de péndulo humano y lanzando brochazos y goterones de pintura durante un intervalo de tiempo que abarcaba hasta varios meses hace que el resultado sea similar al de un proceso natural en el que determinismo y azar intervengan por igual. De ahí que al físico Richard Taylor se le ocurriera que las matemáticas que describen la geometría que presenta la línea de costa de los continentes, tal vez, pudiese describir la geometría de la obra de Pollock. Otro físico publicó un artículo en el que señalaba posibles errores del análisis matemático de Taylor y que buscaban rechazar la hipótesis de la matemática fractal detrás de Pollock, pero Taylor se encargó de refutar cada uno de ellos mediante otro artículo.

—¿Cómo se siente trabajando en divulgación científica y cuales son los escollos que el divulgador debe sortear para llegar a la gente común?

 —Me encanta escribir divulgación científica. Me gusta, en especial, cultivar lo que Carl Djerassi llama “ciencia en ficción” y George Gamow “fantasía científica”: narraciones en las que todo es ficción, exceptuando la ciencia, que es bastante real y que, por lo tanto, las diferencia de la ciencia ficción.

—¿Qué se pierde cuando se simplifica demasiado un tema científico para divulgarlo en una publicación de carácter popular?

 —Como científico, se pierde mucho. No es raro escuchar a más de un investigador quejarse por la trivialidad y, sobre todo, por la pérdida de complejidad o de profundidad al divulgar la ciencia. Mas hay que tomar en cuenta, nuevamente, que la ciencia es parte de nuestra cultura. Y leer sobre ciencia es, o puede ser, tan disfrutable y valioso como leer literatura de ficción, o incluso como asistir a un partido de Boca-River (por favor, disculpen si estoy exagerando y échenle la culpa a mi incultura deportiva transnacional) más allá de lo que busquemos aprender con ello. Así como podemos disfrutar de varias maneras un partido sin tener que ser un Messi: jugando en un equipo semiprofesional, con los amigos de la escuela, sentados en un estadio o, simplemente, en el sillón de nuestra casa, así también podemos disfrutar de la ciencia de varias maneras.

—Usted es, también, un autor de ficción. ¿Qué diferencias evidentes encuentra entre ellos a la hora de enfrentar cada género?

—Creo que la diferencia principal es que necesito ser extremadamente cuidadoso de que la ciencia que explico en divulgación sea correcta, precisamente para que no se convierta en ficción sin haber antes enterado al lector, quien por supuesto no espera que le den gato por liebre, o fantasía por ciencia.

 (Para La Voz del Interior, Argentina)