Todo lo que siempre quiso saber sobre el acné y nunca lo encontró en la red.

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   La química y divulgadora científica Déborah García Bello publicó en Cuadernos de Cultura Científica el mejor informe científico sobre el acné, donde recopila además los mitos y verdades sobre el tema.

   El tratamiento con peróxido de benzoílo es habitual, pero muchas pieles no lo soportan. La preocupación de la influencia de la dieta en el acné surgió en los años 30, donde el chocolate, el azúcar y el yodo estaban entre los factores dietéticos implicados. En los estudios sobre el acné que se hicieron hasta los años 70, no se encontró ninguna conexión entre la dieta y el acné, así que este concepto se olvidó durante años. En cambio, hace un par de décadas estas ideas volvieron. Se hicieron nuevos estudios, algunos concluyentes y otros no. De ahí surgieron algunas certezas y proliferaron ciertos mitos. Veamos algunos de ellos: 

  1. Leche

Se han realizado varios estudios, con diferentes rangos de edad y diferentes productos lácteos, todos concluyeron que el consumo de lácteos sí puede desencadenar acné. Todavía se desconoce qué ingredientes de la leche son los responsables y, por tanto, cómo sucede esto. Existe mayor evidencia con el consumo de leche desnatada, cosa que podría atribuirse a la alfa-lactoalbúmina. Como esto no sucede siempre, no le ocurre a todo el mundo y no prevalece con todos los lácteos, consumir menos lácteos es un consejo que no hay que tomar muy en serio.

  1. Dulces, golosinas y otros alimentos de alto índice glucémico

En teoría las dietas de elevada carga glucémica aumentarían la concentración de insulina, estimulando la producción de sebo y contribuyendo a las lesiones de acné. La realidad es que los estudios demuestran que una dieta de baja carga glucémica mejora el acné. Por esto es recomendable dejar de consumir alimentos con azúcar añadido (dulces, facturas, golosinas, refrescos azucarados, etc.), edulcorantes como la miel, así como pan, pasta o cereales hechos con harinas blancas.

  1. Chocolate

Posiblemente el chocolate sea el alimento que más relacionamos con el acné, pero sorpresa, es un mito. No existe ninguna evidencia científica que relacione el consumo de chocolate con el acné. De hecho, los antioxidantes que contiene el chocolate son beneficiosos para la piel.

   Podemos pensar que la razón de este mito estriba en el tipo de chocolate que consumimos. Si el chocolate contiene azúcar, es un alimento de alto índice glucémico y, por tanto, sí podríamos relacionarlo con el acné. El problema del chocolate está en el azúcar, así que la mejor opción es tomar chocolate sin azúcar.

 

 

  1. Alimentos grasos como la pizza o las patatas fritas

Un mito común sobre el acné es que la grasa alimentaria se traduce en más grasa en los poros, pero no hay una relación directa entre ambas. De todos modos, una dieta rica en grasas saturadas puede estimular las microinflamaciones en todos los órganos del cuerpo, incluida la piel.

   Un falso remedio contra el acné es el sol. Probablemente hayas escuchado que tomar el sol y broncearse reseca los granos y los cura. No es así. El bronceado puede disimular algunas marcas del acné, pero la realidad es que recientemente se ha descubierto que la radiación ultravioleta del sol empeora el acné. Los efectos desecantes del sol provocarán que tu piel sufra un efecto rebote y se acelere la producción de sebo. El engrosamiento de la capa externa de la piel obstruirá los poros e impedirá que el sebo se libere adecuadamente. Para evitar esto, es necesario utilizar productos de protección solar específicos para pieles con acné, fluidos sin aceites y con texturas no comedogénicas.

   Ahora, para conocer remedios contra el acné, te dejo con el artículo original.

 

Fin del mundo en maya

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  Sopla un apetitoso viento magenta. Agachada en su huerto, apartando las hadas como moscas, Diana Cooper escucha el llamado de algunas de las criaturas pentadimensionales que viven en sus árboles. Conversa con ellas, luego al recogerla, la ropa se impregna con la fragancia de los rábanos recién desenterrados. La mujer ingresa en la casa a seguir escribiendo. Es una autora de serios best sellers sobre este tipo de asuntos delirantes.

   Una de esas tardes, un supuesto arcángel llamado Metatron, junto a un guía alienígena, le informaron que el 21 de diciembre de 2012 se acabaría el mundo, tal como los Mayas lo habían profetizaron.

  Los Mayas, que fueron incapaces de predecir su propia extinción como cultura antes de la llegada de los españoles, nunca vincularon el fin de la Cuenta Larga con el del mundo como lo hacemos nosotros. Fueron una cultura que surgió en Mesoamérica hacia 2000 a.c. Tenían tres calendarios: uno solar, de 365 días; otro ceremonial, de 260; y un tercero, llamado Cuenta Larga, de 1.872.000 días (5.125 años) que terminó el 21 de diciembre de 2012, donde volvió a comenzar la cuenta, es decir, una especie de Nochevieja a la que sigue su correspondiente día de Año Nuevo. Allí los mayas festejaban algo que en nuestra traducción podría entenderse como un fin del mundo, pero que en realidad esta civilización había festejado varias veces como un cambio de etapa.

   Poco importa indagar en otros libros a los amantes de lo mágico, y el libro de esta mujer disparó en miles de medios, películas y cultos, un supuesto fin del mundo vaticinado por los Mayas para 2012.

  Hubo quienes sostuvieron que el desencadenante sería el supervolcán de Yellowstone, un gigante dormido cuya erupción provocaría el equivalente a un invierno nuclear. Otros hablaron de un máximo de la actividad del Sol que achicharraría la Tierra. Otros fueron más lejos, a un alineamiento del Sol o el Sistema Solar con el centro de la Galaxia, desde donde nos llegaría una especie de rayo de la muerte. Y no faltó el clásico planeta X en rumbo de colisión hacia la tierra. La creencia fue realmente masiva como hacía tiempo no se experimentaba, gracias a las redes sociales en pleno desarrollo. Varios creyentes abandonaron sus pertenencias y se reunieron en lugares para ellos sagrados y no faltaron algunos suicidios.

  Alarmados, en Noviembre de 2010 varias decenas de chamanes de toda América Latina se reunieron en Chile con el objeto de desmitificar la profecía del fin del mundo para el 21 de diciembre de 2012, incluidos tres expertos de la cultura Maya. Casi ningún medio lo comentó.

Viento, dile a la hamaca…

¿Qué pasó con el fenómeno viral conocido como la hamaca embrujada de Firmat?

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  La noticia estalló en agosto de 2007. Los vecinos juraban que sin brisa ni viento, la hamaca de una plaza de la localidad de Firmat en Santa Fé, se columpiaba sola mientras las otras permanecían inmóviles. La gente se agolpaba en la plaza para ver. Finalmente, un video llegó a las cadenas nacionales de noticias y explotó el caso. La TV preparó su música de fenómeno paranormal, y ya teníamos un nuevo fantasma que pagaría el mes de audiencia. El caso se internacionalizó, el “video de la hamaca embrujada de Firmat” fue viral en cuestión de semanas.

  Como siempre, la “explicación” más ganchera es la que prima y se convierte en “oficial”. Periodistas incluídos, se aseguró que en lo años ochenta, cuando construían el barrio, un niño murió allí en un accidente con cilindros de cemento. “El niño existió —afirmaron vecinos frente a cámara—, tiene nombre y apellido”.

  Creyentes y charlatanes presentaron explicaciones al respecto. El “mentalista” Antonio Las Heras acudió allí con su péndulo y su demagogia empresarial para declarar que en la plaza había quedado “impregnada la muerte de un chico que recibió un caño en la cabeza”. Jorge Bustamante, miembro de la Universidad Argentina de Parapsicología y Terapias Alternativas de Buenos Aires, llegó a una conclusión. En la carta semianalfabeta (¡deberían leerla!) que le envió al intendente Carlos Torres, concluyó que existía una o dos personas en “ejercicio con la magia”, con el fin de llamar la atención de los habitantes. Por último, el informe realizado por Visión Ovni dictaminó: “no hay ningún elemento básico proveniente del electromagnetismo, corriente galvánica, fuerzas eólicas o corrientes isotérmicas, que ocasionen los movimientos de las hamacas. No se halló ningún elemento ajeno a la estructura que conforma el juego, se descarta que haya una corriente de aire cálido que produzca un efecto envolvente que cause el movimiento.”

  A esa altura, cabía preguntarse por qué no se consultó a la ciencia. La respuesta acude de inmediato: el país hablaba de Firmat, la muchedumbre viajaba al pueblo, la zona ya aportaba al miniturismo. Los medios mantenían buen rating dosificando la información paranormal de estos grupos de creyentes. Y la ciencia, como casi siempre, está ocupada en temas importantes.

 Una mañana, la hamaca ya no estaba. En su lugar quedaron un par de eslabones. Se notaba que había sido cortada con una cierra y según las huellas, trasladada en un auto. Apareció una semana después, pero no en la plaza, sino a la venta en Mercadolibre, a $21; aunque el vendedor aclaraba que se trataba de una base y se la llevaría el mejor postor. No faltaron ofertas, pero el tema se diluyó rápidamente. Aparecieron más dueños de hamacas de Firmat y se multiplicaron los videos en youtube mostrando columpios encantados en varios rincones del mundo. La mayoría montados con trucos muy groseros.

  No hizo falta científicos de renombre para explicar, por lo menos burdamente, el misterio de Firmat. Bastó con un programa de TV norteamericano que viajó para revelarlo. El Show se llamaba Fact or Faked y se emitió por SyFy en 2010. El equipo de investigadores estaba integrado por científicos de diferentes disciplinas, técnicos, ingenieros y expertos en video; todos formados por el agente del FBI Ben Hansen.

  Después de eso, ningún medio volvió a tocar el tema, así que como siempre, muchos siguieron creyendo en el fantasma y muy pocos accedieron a las explicaciones. Que la hamaca se moviera en días absolutamente calmos, que por otro lado sólo se producen algunos días de verano e invierno en esa zona del país, era falso y los pocos testimonios,  pobres. El pendular de la hamaca no era tal, sino que se trataba de un bamboleo. Solo en una estadística muy baja las demás hamacas permanecían inmóviles mientras la del medio se movía, si bien ninguna alcanzaba la excitación de la “encantada”. Por último, ningún chico murió allí durante la construcción del barrio y menos golpeado por caños de desagüe. El nombre y apellido del niño que aseguraban existía, jamás fue aportado ni siquiera por los vecinos que lo juraron frente a cámara.

  El programa de Tv montó algunas experiencias fallidas como es costumbre en este tipo de show que deben durar un tiempo exacto. Finalmente cerraron con la prueba que daría el resultado: instalaron una carpa sobre la hamaca para aislarla de las condiciones ambientales y con un ventilador gigante replicaron distintas condiciones de brisa y viento. Descubrieron que la hamaca “embrujada” era más ancha que las otras dos, lo que facilitaba un embolsamiento de aire muy superior en cada “envión”, una simple ecuación de suma exponencial. El experimento arrojó un movimiento idéntico al de las filmaciones virales.

  El fenómeno de la hamaca de Firmat no es único. Se estudiaron muchos casos de comportamientos “anormales” en objetos pendulantes en el mundo. Inclusive de comportamiento de seres vivos que despertaron las famosas teorías físico-matemáticas  llamadas vulgarmente efecto mariposa o para ser científicos: teoría del caos. Pero esos son otros temas, demasiado complejos y poco comerciales para producciones de TV masivas.

El fin del mundo Maya

  Hace cinco años, nadie hablaba o bromeaba sobre otra cosa que no sea el Fin del Mundo pronosticado por los Mayas. A lo largo de la historia se ha advertido su llegada miles de veces. ¿Entonces por qué hablar de este en particular? Porque aunque no parezca, fue el más popular de la historia de la humanidad, inclusive más que la llegada del temible año 2000. Tanto, que su masividad no resultó indiferente al mundo oriental. Los medios, como siempre, llevaron el tema hasta donde fue rentable, y luego lo descartaron sin dar explicaciones.

  La mentira comenzó con Diana Cooper, una autora de “serios” best sellers sobre este tipo de asuntos delirantes. Según contó en su libro, ella estaba en el huerto, escuchando el llamado de algunas criaturas pentadimensionales que viven en sus árboles, cuando un supuesto arcángel llamado Metatron, junto a un guía alienígena, le informaron que el 21 de diciembre de 2012 se acabaría el mundo, tal como los Mayas lo habían profetizaron.

  El libro de esta mujer se convirtió rápidamente en el más vendido, traducido, y pronto, otros escritores del estilo la siguieron montados en la viralidad que se había generado también gracias a una incipiente compulsión de las redes sociales por compartirlo todo. Miles de medios se hicieron eco, varias películas se produjeron en tiempo record, y en el mismo tiempo se popularizaron y hasta provocaron fundaciones de cultos, además de grupos de fanáticos que se retiraron para esperar la Revelación. Varios creyentes abandonaron sus pertenencias y se reunieron en lugares sagrados y no faltaron algunos suicidios.

  Hubo quienes sostuvieron que el desencadenante del armagedón sería el supervolcán de Yellowstone, un gigante dormido cuya erupción provocaría el equivalente a un invierno nuclear. Otros hablaron de un máximo de la actividad solar que achicharraría a la Tierra. Otros fueron más lejos, a un alineamiento del Sol o el Sistema Solar con el centro de la Galaxia, desde donde nos llegaría una especie de rayo de la muerte. No faltó el clásico planeta X en rumbo de colisión hacia el nuestro.

   Los pobres Mayas, que fueron incapaces de predecir su propia extinción como cultura antes de la llegada de los españoles, nunca vincularon el fin de la Cuenta Larga con el del mundo. Fueron una cultura que surgió en Mesoamérica hacia 2000 a.c. Tenían tres calendarios: uno solar, de 365 días; otro ceremonial, de 260; y un tercero, llamado Cuenta Larga, de 1.872.000 días (5.125 años) que terminó el 21 de diciembre de 2012, donde volvió a comenzar la cuenta, es decir, una especie de Nochevieja a la que sigue su correspondiente día de Año Nuevo. Solo un cambio de etapa.

  Alarmados, varias decenas de chamanes de toda América Latina, incluidos tres expertos de la cultura Maya, se reunieron en Chile en Noviembre de 2010 con el objeto de desmentir la profecía del fin del mundo y hacer respetar sus culturas. Pidieron seriedad a los medios y que den explicaciones. Pero la verdad casi nunca es rentable. Ningún medio lo comentó, dieron rienda suelta al regocijo de la gente: el sensacionalismo.

El lado claro de la luna

El alunizaje humano llevado a cabo por Estados Unidos en 1969 se convirtió asombrosamente en un mito contemporáneo.

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 “Se lleva el secreto a la tumba”. Esas fueron las palabras que, como muchos otros millones de personas en el mundo, pronunciaron varios periodistas el 25 de agosto de 2012 cuando murió Neil Armstrong, el primer hombre en pisar la Luna. Supuestamente, el secreto que se llevaba, era si el alunizaje existió o no. El enunciado “nunca llegamos a la Luna” pasó de ser una denuncia de un grupo de conspiranoicos -categóricamente refutados en su momento-, a una creencia popular que se escucha en la última década en los bares y sobremesas, con aires de superioridad intelectual.

  La idea comenzó en 1974 con las denuncias del norteamericano Bill Kaysing en su libro “Nunca fuimos a la Luna”, empezó a popularizarse cuatro años después, con el estreno de la película de ciencia-ficción Capricornio Uno, donde se ficcionalizó a la NASA intentando falsificar un amartizaje; y en 1968 un guión del dramaturgo británico Desmond Lowden, mostraba un alunizaje con maquetas.

  El mito cobró fuerza, pero muchos grupos New Age y otras creencias absurdas empezaron a luchar por instalar la idea del alunizaje falso y tuvieron éxito. Fue el caso de la Sociedad de la Tierra Plana, que aún existe y sí, Señores, sostiene que la tierra no tiene forma de papa (el tubérculo), sino de tabla. Esta sociedad afirmó que varias de las fotografías eran falsas ya que se veía una Tierra redonda.

  El descrédito del alunizaje fue imparable cuando se sumó el éxito del libro NASA Mooned America, del periodista norteamericano Ralph Rene, llegando a una global masificación en 2001 gracias a la prensa paranormal. Fue el documental  presentado por Mitch Pileggi -el jefe de Mulder y Scully en Expedientes X – emitido por Fox, el culpable.

  Las acusaciones de base son que la bandera en la Luna no puede flamear ya que allí no hay atmósfera y por lo tanto tampoco viento; que no se ven estrellas en el cielo lunar; ni  seguimos visitando el satélite; y que todo fue un montaje para ganar la carrera espacial a  los rusos en plena guerra fría.

  Al principio la NASA no contestó al absurdo, pero para 2003 tuvo que desmontar cada una de las numerosas acusaciones instigados por la prensa. La bandera, por ejemplo, nunca flameó (y se ve claramente en el video), posee un travesaño que la mantiene extendida y su movimiento, que no es ondulatorio, corresponde a la gravedad lunar. Las estrellas no se ven por la misma razón que en un partido de fútbol nocturno, la magnitud de luz no llega a imprimir la cinta; por otro lado sí se siguió viajando a la Luna, inclusive con misiones tripuladas hasta el Apollo 17.

  Algunas de las acusaciones más complejas plantearon que el módulo de aterrizaje pesaba 17 toneladas y no dejó huellas tan profundas como las pisadas de los astronautas; que ni siquiera el poderoso cohete propulsor del módulo dejó rastros cuando debiera haber creado un cráter; que los motores tendrían potencia para levantar polvo al alunizar y por lo tanto la famosa huella de Armstrong no podría haberse grabado si todo el polvo circundante fue soplado.

  Como todas, fueron explicadas no sin tedio: el módulo lunar pesaba entre 15 y 17 toneladas en la tierra, no en la Luna donde su peso se situó apenas entre los 1200 y 1600 kg. La idea del cráter debajo es errónea, el módulo sólo tenía que contrarrestar su peso, por lo que el empuje fue muy inferior, dividiendo esa fuerza entre la superficie de salida de la tobera, logrando la presión de expulsión de los gases, la cual disminuye debido a la rápida expansión de los gases en el vacío, por lo que no era suficiente para crear un cráter, aunque sí para levantar algo de polvo, como se muestra en las grabaciones realizadas desde la ventana del módulo. El polvo de las inmediaciones no fue removido por la falta de viento, y las huellas pudieron imprimirse.

  Para terminar, la evidencia más contundente es un simple cálculo estadístico: el proyecto Apollo llegó a tener en nómina a unas 35.000 personas trabajando y otras 400.000 que colaboraban en empresas y universidades contratadas. Demasiada gente para mantener callada. Las nuevas tendencias religiosas, que se basan en el negacionismo de cualquier ortodoxia, occidentalismo (a pesar de que sus prácticas nada tengan de orientales), la conspiranoia y el odio hacia Norteamérica, utilizan este caballito de batalla que ha llegado demasiado lejos para ser de madera con una tabla mecedora por debajo.

 Países como la Unión Soviética habrían tenido motivos para denunciar el fraude si no fuera que astrónomos profesionales, aficionados y observadores satelitales de numerosas naciones siguieron la misión, junto a radioaficionados que oían las conversaciones de los astronautas a través de sus radiotelescopios apuntados a la región exacta donde se encontraba la nave.

  Aún hoy mucha gente cree o tiene dudas sobre el alunizaje del 69; pero cada vez son menos gracias a programas serios emitidos en la última década como Magonia en España y Cazadores de Mitos en USA.

La primera feminista.

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(para La Voz del Interior)

   Lilith fue la primera esposa de Adán. Según la leyenda hebrea, Adán y Lilith nunca hallaron armonía juntos. Cuando él deseaba tener relaciones sexuales con ella, Lilith se sentía ofendida por la postura que él le exigía. «¿Por qué he de acostarme debajo de ti? —preguntaba—: yo también fui hecha con polvo, y por lo tanto soy tu igual». Como Adán trató de obligarla a obedecer, Lilith encolerizada, pronunció el nombre mágico de Dios, se elevó por los aires y lo abandonó.

  Podría pensarse en esta mujer como la primera que reconoce su cuerpo, su yo, y reclama derechos ante el despótico Dios que gobernaba el Edén. Lilith abandonó a su hombre para unirse a los demonios. La difamación que sufrió la ubica dentro de los más antiguos y peores males de la religión judía, pero su belleza se adivina también en las significaciones: viento, aire, espíritu, noche. Desde esta conceptualización se despliega la poesía de Vanesa Zalazar en Menos mal que a Lilith.

  Con laberintos gramaticales, versificación jugando como música prosaica y la exposición de un despecho típicamente femenino, la dramaturga, actriz y escritora debuta de la mano de Antiplán, el sello editorial cordobés dirigido por Iván Ferreyra que se propone iniciar a escritores en formato minimalista. La autora deja expuesta la incontinencia de un cuerpo que no acompaña al ser, donde la vestidura y la máscara serán quienes hablan, enfrentan, cantan y se retuercen: Te aviso, corazón / que me lo juré anoche… / el traje de Penélope / ha de quedarme chico.

  Más allá de las irregularidades del destierro que se hace piel en las páginas, de palabras de digestión incómoda y otras pequeñeces que pueden servir de respiro a tanto laconismo preciso; la poesía de Zalazar deslumbra de sombra y se emparenta con Pizarnik: dejar que le crezcan / los llantos / a la noche.

  Esta Lilith ladra a un hombre o a varios o a todos sus hombres, quizá a todos los de este mundo, ausentes literales o muertos en la cama, otras veces los evoca como metáfora de lo que debería ser. No por nada baja línea en un hipotético subtítulo a la entrada del libro advirtiendo que se trata de “poemas de género”, y ya desde la referencia a la mujer semita, queda claro que vamos a embebernos de una melasa femenina y cautivante, cuando no histérica, aunque deseable. Sexo y aroma, dos hermanos que se encenderán imperceptiblemente en los cerebros de los lectores incautos ante el súcubo.

  Desde siempre la femeneidad fue múltiple, y los múltiples yo del poeta se vuelven aquí diáfanos y permisivos excepto por una importante gravedad, a ninguno le permite “no decir”. Todos sus yo habitan la incontinencia del deseo, que es una forma de decir hacia adentro. Todas son Lilith. Una despechada mujer (explícita en contratapa) escapando de la simbología religiosa, dando un portazo porque la verdad está en el goce, la soledad, la belleza, el poema cuerpo, que es básicamente la sustancia de la mujer bella para cualquier hombre que mire, o lea, el cuenco servido que espera, las palabras que llaman como cantos de sirenas y regresan con los dientes del rencor entre las piernas.