Queen y el populismo

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Freddie, como producto de la multiculturalidad inglesa, prueba que el populismo no teme a las contradicciones

El inesperado éxito de taquilla de la película Bohemian Rhapsody, de Bryan Singer, resulta algo así como una buena noticia. Ante este invierno de los descontentos, la película se ha convertido en un lugar en que padres e hijos y hasta abuelos pueden cantar unas canciones que, mezclando rock progresivo, ópera y guitarras afiladas, han logrado vencer en la aplicación Spotify por primera vez en años al reguetón como lo más escuchado.

¿Qué puede haber más provocador en la era del Brexit que un biopic que retrata la gloria eterna de Farrokh Bulsara (alias Freddie Mercury), un rockero inglés hasta la médula que nació en África, se educó en Asia y triunfó en Latinoamérica? Es al menos el Queen que la película intenta retratar, un mundo mejor en el que el rock permitía la convivencia de un astrofísico obsesionado con su guitarra (Brian May), un técnico electrónico callado (John Deacon), un chico rubio que está enamorado de su auto (Roger Taylor) y un joven parsi (Freddie Mercury) que, a pesar de su homosexualidad, ama de manera intensa y definitiva a su novia. Un grupo que da cabida en sus discos a los gustos de sus integrantes, hasta que, tras una serie de malentendidos promovidos por la escena gay en que Freddie se pierde, parece a punto de romperse. Un breve malentendido que termina con una reconciliación espectacular en el Live Aid del estadio de Wembley —el 13 de junio de 1985—, quizás el acto fundacional del buenismo musical: ese momento en que creímos que el rock podía derrotar al hambre.

Mirado en retrospectiva, el triunfo de Queen en este concierto es quizás uno de los hitos fundacionales del populismo moderno. Es al menos de lo que siempre la crítica musical más refinada acusó a Queen, de usar un talento, que nadie nunca le negó, para acariciar en el sentido del pelo la multitud de los estadios, despreciando la soledad del que escucha el LP en casa. No por nada, Dave Marsh, de la revista Rolling Stone, la llamó en época tan temprano como el año 1978 como la “única banda de rock realmente fascista”. Crítica a la que el grupo contestó exagerando aún más la pompa de sus himnos innegables, al mismo tiempo que crecía el número de asistentes de sus conciertos en países en plena dictaduras (Argentina y Brasil), donde hacían gala de la marcialidad innegable de su líder único, que pasó del pelo largo habitual del rockero al bigote de los macho man de discoteca gais, pero también de los interrogadores de la policía política.

Queen, reformado por el dolor, se convirtió al mismo tiempo en grupo tolerante y tolerable. Eso no quita que quizás sea el que mejor ayude a explicar el populismo actual. Un populismo que es, como Queen mismo, una mezcla dispar de elementos contradictorios. Evangelistas puritanos que votan por un presidente que no esconde su lujuria. Huérfanos y millonarios, racistas de muchos colores, obreros deslocalizados y sus patrones deslocalizadores, todos cantando de pronto la misma canción, el himno perfecto del populismo que es ‘We Are the Champions’, un piano de balada donde Freddie sufre los golpes de una vida que no ha sido justa con él para, en el coro, descubrir que, por eso mismo:

“Nosotros somos los campeones. / No hay tiempo para los perdedores / porque nosotros somos los campeones del mundo”.

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La biblia, la cábala y Madonna

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“La Biblia” significa “Los Libros”. Se trata de un conjunto de textos que el judaísmo y el cristianismo consideran sagrados y escritos por su dios. El primer texto donde aparece este dios (YHWH) de los judíos es una estela moabita conservada en el Museo del Louvre, y no sale muy bien parado: relata cómo los han derrotado y cómo las copas sagradas de YHWH son arrastradas ante un dios de Moab.

  Todos los dioses antiguos tenían sus correspondientes diosas; y YHWH  (convertido en Yahvéh) no fue una excepción. En el conglomerado cultural levantino, la diosa-madre era Asherah, aparece en la Biblia, y muy específicamente en el Libro 2º de Reyes, donde se explica cómo destruyen su culto y queman “todos los objetos que se habían hecho para Baal, para Asherah y para todo el ejército de los cielos” (2 R 23:4-7)  Y es que parece que el culto a Asherah como diosa consorte de Yahvéh era generalizado entre los judíos antiguos; existe un extenso registro arqueológico al respecto, y de hecho cualquiera diría que se trataba de una diosa muy popular antes de que los monoteístas pasaran todo por la espada y el fuego.

  La Biblia fue escrita a lo largo de aproximadamente 1000 años (entre el 900 a. C. y el 100 d. C.). Actualmente, la creencia común da por sentado que la Biblia está exenta de todo error, siendo perfecta como palabra de Dios al hombre aunque sea una colección de textos escogidos, previa eliminación de otros, corregidos, y amoldados a la religión que utilice el libro, poblado de leyendas e infantilismos dignos de los hombres de aquellas épocas y no de un dios.

  La Cábala nació en siglo XII, es una de las principales corrientes de la mística judía. Pretende (sin lograrlo) ser una ciencia que busca en la Torá (el Pentateuco, los primeros cinco libros de la Biblia), el significado del mundo y la verdad. La Cábala práctica persigue fines como la curación de un enfermo, la expulsión de un demonio, mediante la invocación o escritura de ciertos pasajes o palabras de la Biblia, en tablillas colgándolas del cuello del paciente.

  Según la concepción moderna la Cábala precede a cualquier religión o teología y fue dada a la humanidad por el mismísimo Dios, sin pre-requisitos ni pre-condiciones. Según las enseñanzas cabalísticas, el universo funciona de acuerdo a ciertos principios supremamente poderosos. Al entender estos principios y al aprender a actuar de acuerdo con ellos, la vida mejora enormemente en lo inmediato, y se logra a mediano y largo plazo la verdadera plenitud, para uno mismo y para toda la humanidad. Así, de la misma manera en que las leyes físicas básicas, tales como la gravedad y el magnetismo existen independientemente de nuestra voluntad y de nuestra conciencia, las leyes espirituales del Universo influyen en nuestras vidas cada día y a cada momento. La Cábala brinda el poder de entender y vivir en armonía con estas leyes, y además, de usarlas para beneficiarnos a nosotros mismos y al mundo.

   A pesar de estos enormes conocimientos, los defensores de esta creencia jamás explicaron científicamente cuáles son las leyes espirituales del universo y cómo usarlas, lo que hace que nos perdamos la fuente de conocimiento más importante para alcanzar nuestro bienestar.

   Según Gershom Sholem, su historiador, Sabbatai Zevi nació el 23 de julio de 1623 en Esmirna. Su nacimiento coincidió con el día en que los judíos conmemoran la destrucción del templo, y que ya había sido señalado por algunos cabalistas y rabinos como el del nacimiento del Mesías. Fue el año del despiadado pogromo de Chmielniecki, en Polonia, donde miles de judíos fueron asesinados.

  Una niña de seis años, llamada Sarah se salvó milagrosamente. Será la futura mujer de Sabbatai. Los cálculos cabalísticos no indicaban en qué año exacto nacería el Mesías, sino cuándo sería su entronización. En el Sefer ha-Zohar, o Libro del Esplendor, escrito por Moisés de León en la segunda mitad del siglo XIII, parecía deducirse que la fecha de su llegada sería el 1.648. Entre los milenaristas cristianos se apuntaba como especialmente señalado el año 1.666. Los cálculos numéricos que hacían basándose en el Apocalipsis indicaban que este año tendría lugar la Segunda Venida de Cristo. Precisamente en 1648 Sabbathai oyó una voz que le decía que él era el Mesías e inmediatamente se proclamó como tal en su ciudad natal, delante de un grupo de seguidores exaltados a los que consideró apóstoles representativos de las doce tribus de Israel.

  Poco después anunció que la redención de los judíos tendría lugar el 8 de junio de 1.666. Él restauraría el Reino de Israel. Se contaba que en el transcurso de sus mortificaciones era capaz de levitar y comunicarse con Dios y los ángeles y predecir el futuro. También lo visitaba el demonio contra el que acababa envuelto en tremendas peleas.

  Transcurridos algunos años, aquella niña sobreviviente de progromo se trasladó a Livorno, donde llevó, según decían, una vida bastante irregular. Pero milagrosamente comprendió que estaba destinada a ser la mujer del Messiah que estaba a punto de aparecer. Los informes sobre Sarah llegaron a oídos de Sabbatai, que inmediatamente la hizo llamar y se casó sin pérdida de tiempo con ella. Una antigua tradición sostenía que la mujer del Mesías tenía que ser una prostituta arrepentida.

  La popularidad de Sabbatai crecía. La curiosidad inicial se convirtió rápidamente en fervor entre muchos judíos, y este en frenesí mesiánico. Muchos judíos comenzaron a despreciar los bienes que poseían en el exilio y los malvendieron, preparándose para el regreso a Israel. Cantaban y bailaban en las calles y sacaron en procesión las tablas de la ley. Esta epidemia de misticismo afectó con especial intensidad a los judíos sefardíes.

  A comienzos de 1.666, Sabbatai se trasladó a Constantinopla. Nada más llegar fue arrestado y conducido a prisión cargado de cadenas. Tras dos meses de cárcel, fue recluido en Abidos y, posteriormente, en Edirne, donde el sultán lo convocó el 16 de septiembre de 1.666, obligándolo a elegir una de estas tres opciones: realizar un milagro y demostrar que era efectivamente el Mesías; ser ejecutado; o convertirse al Islam. Sabbatai optó por lo último.

  Un día lo sorprendieron cantando salmos y fue exiliado a Dulcigno, en Montenegro, donde murió probablemente el 30 de septiembre de 1676. Contaban que su muerte fue un acto de generosidad, pues cambió su alma con la de un niño que se había caído de un árbol y estaba a punto de morir. Inmediatamente comenzaron a llegar peregrinos hasta su tumba. El hermano de Sarah, Jacob Querido, anunció que el alma de Sabbathai había entrado en él y que ahora él era el Mesías. Aún hay seguidores de Sabbatai en Turquía y en Grecia, se hacen llamar Donmeh (“apóstata” en turco). Su número podría alcanzar los 15.000. Sus rituales son una mezcla de judaísmo e islamismo y son realizados en Hebreo, arameo y ladino.

    Entre sus seguidores están artistas como Madonna, Demi Moore o la diseñadora Donna Karan. La Cábala vaticinaba para 2012, no ya el fin del mundo, sino cambios “nunca antes vistos”, y ofrecía las herramientas para recibirlos con “felicidad” y como una “oportunidad” espiritual. “Vamos a ser empujados a ese cambio, y ese empuje está pasando ahora: destrucción económica, crisis mundial, desastres naturales; y podemos llegar a ese punto con luz y felicidad, o de una forma difícil, pero vamos a llegar, sí o sí, vamos a llegar”, declaró a Acan-Efe en Panamá la líder cabalista internacional Karen Berg, estadounidense de 69 años, que junto a su esposo, el rabino Philip Berg, dirigen el Centro de Cábala Internacional, con medio centenar de sedes en todo el mundo.

   La cabalista, que está considerada guía espiritual, no solo de Madonna, sino de otras celebridades como el actor Ashton Kutcher o el director de cine Guy Ritchie, recordó que ya “la cultura maya habla de 2012” como un año de transformaciones (falso) que, dijo en tono enigmático, serán inéditas y drásticas.

  Autora de libros como Dios usa lápiz labial (Kabbalah Publishing, 2005), Berg no precisó con claridad el cariz de los “cambios drásticos” que le esperan a la humanidad, pero sí enfatizó que, en todo caso, serán consecuencia de los propios actos del hombre, con lo cual cierra toda presunción sobrenatural y reduce aún más un supuesto poder de vaticinio. “Los desastres naturales que vemos ahora son el resultado de años en que la gente, por su negatividad personal, ha destruido la naturaleza y su forma de vida (…) Hay destrucción, y está ahí para hacernos comprender que no podemos destruir y no ver una reacción del mundo”, argumentó.

Zitarrosa, el otro lado

 La cww_lywxgaeflledición de Fábulas Materialistas es para el lector no muy versado en la obra del músico uruguayo el lado oscuro de la Luna, una cara que nunca se vio. Vincular a Alfredo Zitarrosa con misceláneas de literatura experimental por entregas es tan extraño como leer alguna de ellas. A esa voz profunda y grave que entonaba versos austeros, anarquistas, y contestaba entrevistas como si estuviera en una guerra santa contra el capital, se contraponen esta serie de notas en las que el absurdo, el humor, y la afición científica fueron el lugar donde el guerrero reposó.

  Zitarrosa (Montevideo, 1936) fue parte de un movimiento de música folklórica cuyas características personales en el modo de readaptar la tradición de la canción popular se puede rastrear hoy en Fernando Cabrera (autor de la contratapa), Jorge Drexler y la nueva trova del sur de Brasil, en Vitor Ramil, por ejemplo.  Zitarrosa siempre produjo literatura, mientra trabajaba en radio como en periódicos. Escribió cuentos, poesía y crónicas; como así también estas extrañas fábulas aparecidas en el periódico La Hora, de Uruguay, durante 1988, y que se editan por primera vez en Argentina.
Es un libro breve, satírico, con aparentes moralejas delirantes o inconclusas, donde parece que nada importa. Como explica Diego Recoba en el prólogo, hablamos de tiempos de discusiones culturales en medio del regreso de los exiliados. Estos textos servían a Zitarrosa para acercarse a las nuevas generaciones. Hay una evidente emparentamiento con lo que ya experimentaba Leo Masliah en sus discos y libros. Fue de lo último que escribió, murió abruptamente al año siguiente.

La misma calle, el mismo bar…

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para La Voz del Interior

   El debut literario de Fito Páez es La puta diabla, un amor suicida, una colección de anécdotas autobiográficas, aunque haya sido negado por el autor en la presentación de la novela, única aparición como escritor que hizo, además de una entrevista en un suplemento porteño. Luego, se encerró a terminar su siguiente CD, después del poco conocido disco negro El sacrificio.

   Félix –protagonista y alter ego de Páez– es el sujeto, junto a la novela que estamos leyendo. Un juego de espejos no del todo claro donde el personaje es el autor y el espejo la obra, y de allí todas las combinaciones que derivan de estos cuatro elementos: un crisol que transmite lo que define claramente Martín Rodríguez en la contratapa: “…el cuerpo de Rodolfo Páez”.

   La trama acompaña a un artista multidisciplinario narcisista-histriónico por una pérdida absoluta que lo convierte en vagabundo. El epígrafe apunta alto. Se cita un experimento psicológico peligroso y se asegura a través de una cita a Lezama Lima: “Deseoso es el que escapa de su madre.” Precisamente una madre atraviesa la novela como espina dorsal de la trama, una médula que evidencia, con prosa descarnada y confesional, el fantasma de la propia madre de Fito.

   La puta diabla comienza con una anécdota aparentemente real (narrada al autor por Roberto Goyeneche) que involucra a una viuda, a Aníbal Troilo y un canario en una situación escatológica hilarante que Páez se demora en narrar. Lo que sigue no le hace honor a la propuesta. Es muy difícil seguir leyendo después de las primeras 30 páginas, donde ya estamos hasta el cuello del sedimento que se acumula cada vez que el texto excede la cantidad (abrumadora, créanme) de nombres de películas, restaurantes, libros, músicos, discos, rosarinos, drogas, calles y ciudades, detalles de drogas, canciones… Un despliegue de erudición mundana que molesta a cada instante porque sólo está allí para pavonearse, al igual que cierto barroquismo innecesario y lleno de redundancias, errores que cualquier editor no dejaría pasar; por ejemplo, en la descripción que hace del personaje Casimira:

  “…era una mujer menuda de grandes ojos negros, nariz recta con la punta levantada de chanchita, lo que le daba un toque de niña traviesa, una boca japonesa pequeña formada por labios carnosos y comestibles, dos pechos voluptuosos y unas piernas duras que portaban un culo cubano nacido en la zona sur del gran Buenos Aires que cuando se veía subido a un par de tacos agujas (¿el Gran Buenos Aires se subía?) de doce centímetros (¿los midió?) lograban despertar a los muertos del cementerio de Bernal, la localidad donde había nacido.”

   Este ejemplo, con las correcciones que me atreví a practicar, sirven de muestra para hacernos una idea del ritmo y contenido de una novela muy cruda, casi un borrador, con dificultades de avance debido a tediosas citas y descripciones circulares, redundantes y ociosas.

   Fito utiliza el sarcasmo para caricaturizar a uno de sus personajes, la crítica de cine que, sin embargo, es de lo más atinada a la hora de describir sus películas y que bien podrían aplicarse a La puta diabla: “El autor no podrá determinar si el filme es una recopilación de escenas de una antropología personal sobre Buenos Aires (…) u otro de sus delirios pasionales en forma de melodrama (…) en todo caso pierde efectividad, sobre todo cuando intenta descontextualizar la época de una manera tan demodé”.

2013

Vuelve Reynols, música para dientes

En pleno vaciamiento menemista en la argentina de los años noventa, la banda noise Reynols -líder síndrome de Down incluído- pareció parodiar el modelo económico-social ya desde su primer lanzamiento, un disco sin CD, es decir, solo el packaging. La acción abrió una serie de grabaciones y performances que los llevarían en pocos años a vender cientos de miles de discos y a la cima de la revista The Wire. Luego de casi diez años la banda resucita y asegura que esto recién comienza.

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para Vice (México) 

   Hace dos años, Thurston Moore de Sonic Youth, entró a una tienda en Buenos Aires y ante el asombro y admiración del vendedor pidió algún disco de Reynols. Le explicaron que las ediciones de la banda no se consiguen en el país, ni siquiera el primero y único editado en Argentina: Gordura vegetal hidrogenada, el mundialmente conocido disco sin disco, un booklet y caja que al abrirse estaba vacía y mostraba la leyenda: este CD se desmaterializó hace 15 segundos.  “Es una obra inmensa —dijo Conlazo, uno de los integrantes del por entonces cuarteto —. Para mí es un souvenir de la inmensidad. Y también puede ser una estafa”.

   La banda fue acusada de defraudar a los consumidores. Entonces realizaron conciertos para rocas, plantas, insectos y hielo seco -todos “sentados” en sus respectivas butacas- en un parque público de Buenos Aires, hasta ser desalojados por la policía debido a “ruidos molestos”. Fue en 1995 y después de la orden policial, decidieron enchufar más de diez guitarras a ¡zapallos! y tocar. Fue uno de los primeros actos públicos del grupo  en cobrar notoriedad en la prensa especializada.

   Reynols es la primera banda argentina -y una de las pioneras en el mundo- en integrar a una persona Down: Miguel Tomasín. Antes, Roberto Conlazo, Alan Courtis y C.D. (integrante hasta el 94) tocaban los domingos en Plaza Francia de Buenos Aires y editaban casetes ruidosos bajo el nombre Burt Reynolds Ensamble, desafiando el nivel de tolerancia del público durante una de las décadas más vacías del país. La profundidad de su proyecto se llegó a entender recién con la adopción de Tomasín como “cerebro”. Se habían propuesto borrar los límites entre la psicodelia y la psicosis y eso no fue broma. Hicieron frente a una tradición con referencias de peso: Fugs, Residents, Faust, Negativland, Destroy all Monsters, Die Tödliche Doris y Boredoms, por nombrar algunos.

   La aparición de Miguel marcó un antes y un después, “es como si nos hubiésemos muerto y resucitado; Miguel nos hizo resucitar” dijo Roberto Conlazo en su momento. “Cuando lo escuché a Miguel Tomasín tocar y cantar entendí que nunca iba a llegar a eso”. 

 

 

Miguel

   Tomasín tuvo una desviación en el desarrollo de sus células, produjo 47 cromosomas en lugar de 46. Ese adicional cambió totalmente el desarrollo de su cuerpo y su cerebro demostrando habilidades musicales a los tres años tocando una mini batería. Entre los 14 y 15 vivió en Inglaterra, asistió al Dame Evelyn Fox School de Londres. A su regreso a la Argentina, aprendió órgano en el Conservatorio de Flores y finalmente estudió batería en la Academia EFIMUS. Allí conoció a Alan y Moncho (Roberto Conlazo) y re-fundó la banda.

Si bien tiene el habla muy desarrollada, al momento de cantar lanza palabras en lo que él llama un “español torturado”. En la ejecución del tema “Fincoll” del disco Pacalirte Sorban Cumanos, balbucea la canción “No llores por mí Argentina” del musical Evita, que enlaza con una versión deformada del “Ave María” de Shubert. Cuando se escucha esa canción se puede asociar a Eva Perón con la Virgen María, incluso especular sobre el aspecto religioso del peronismo. Inmediatamente Miguel se encarga de poner en ridículo semejante elucubración cuando al final del tema anuncia: “¡Roberto, ya está, terminó los temas!”.

   Algunos de los trabajos más representativos son: Bolas Tristes (1996, Reino Unido); Oreja de tipo oreja Simbo(1998 Suiza); Lo cabachua lo come de lo conejo (1999, USA) y Original Sountrack of Pythagoras’ theorem(2002, Japón), dejando fuera de la lista a otros valiosos trabajos ya que hasta la fecha se desconoce un número exacto de discos en su catálogo que supera los cuatrocientos.

   La búsqueda de Moore se remonta a muchos años atrás cuando quiso que los Reynols los acompañen como teloneros en una gira que iban a realizar con Pearl Jam. Lamentablemente el manager de éstos se opuso y terminó quedando la anécdota que fue narrada en la revista Rolling Stone por el propio Moore como un evento emocionalmente fuerte y significativo del viaje a Argentina.

   El fanatismo del guitarrista de Sonic Youth y sus amigos no es el único; en secreto se sabe que también sonfans de Reynols: Beck y Prince; y entre los locales, toda la dinastía Spinetta / Martí y el bello durmiente Gustavo Cerati, por nombrar sólo a ilustres. En una gira de Illya Kuriaky & The Valderramas donde actuaron como teloneros, el público enfurecido por lo que escuchaba les arrojó vasos, botellas y hasta ¡una carpeta de dibujo! Los elementos fueron utilizados por la banda para hacer música y amenazar tres veces con dejar el escenario para encolerizar más a la gente que les gritaba “Hijos de Puta”. Así se llamó el disco que grabaron esa noche: Hijo de Puta Tour, editado en Japón.

   En cada recital, antes de salir al escenario, Miguel Tomasín pone en ronda a todos los integrantes de la banda y golpea con su mano en la mejilla de cada uno diciendo: “Dale eh, quiero que dejen todo“. Cuando termina la ronda y es su turno, el mismo se pega y repite las mismas palabras. Su último show en el Museo de Arte Moderno, terminó a sala casi vacía por el abandono de los oyentes, y con el resto tapándose los oídos. Tomasín no asistió debido a que no viaja -se usan cintas con sus bases y un gran poster con su rostro- a Estados Unidos: considera que no existe, que después de México hay agua.

Los discos

   Tres CDs de Reynols quedarán para siempre en la historia de la música: Pauline Oliveros in the Arms of Reynols (1999, USA); 10.000 Chickens Symphony (2000, Alemania) y Blank Tapes (2000, Alemania).

  El primero surgió de la presentación en el prestigioso Lincoln Center de New York donde se popularizó el concepto “Deep Listening”, desarrollado por la norteamericana Pauline Oliveros quien los invitó a tocar. Se trata de una de las compositoras más importantes del siglo XX, pionera de la música electrónica, virtuosa del acordeón, pedagoga musical y filósofa. David O’Hara, hijo del magnate petrolero de Austin, fan de Reynols desde antes que viajasen, los tomó como huéspedes durante dos días en la famosa mansión. Reynols capitalizó esa visita en el álbum: Live at the O’Hara mansion. La crónica periodística documenta que se trató de uno de los  treinta y seis shows que el grupo dio por veintisiete ciudades de Estados Unidos incluido el recital furtivo en las puertas de la NASA que terminó con un desalojo policial. No sólo de ese desalojo hicieron un disco, sino también lo que terminó en la famosa pieza titulada Deportation Simphony, realizada con el sonido de las fotocopias de sus pasaportes y con el sello de deportados (Lado “A”: Don´t cry for me England y Lado “B”: Cry for me Argentina).

   La segunda referencia, la sinfonía de los 10.000 pollos, se trata de un vinilo simple grabado en un criadero de pollos en el que se colocaron siete micrófonos de alta fidelidad en el suelo para registrar un tornasol de bajas y altas frecuencias sobrecogedor. El lado A corresponde a lo tomado durante el día y el lado B (la noche) solo puede ser escuchado por personas valientes y escépticas de toda sobrenaturaleza. Este trabajo les valió ser la banda más requerida de avant garde a nivel internacional. Muchos, directamente los tildaron de “avant dadá”. Las carteleras de shows los ubicaban indistintamente en jazz, rock, música contemporánea, electrónica, punk y música clásica. Para Miguel Tomasín: “Es música para dientes”. Ninguna calificación daba en la tecla. Los Reynols parecían acercarse a su más ansiado anhelo: La nada audible.

   Fue en Blank Tapes que lo lograron. Un disco que reproduce las cintas de casetes vírgenes fabricados entre 1978 y 1999. El proyecto sedujo al ultraminimalista alemán Bernard Günter, el artista conceptual que trabaja sobre lo inaudible, quién quedó fascinado. El disco llegó al top de la revista The Wire y hoy está considerado uno de los 10 mejores discos de la música electrónica en Alemania. 

Recién entonces pasaron de ser unos “loquitos que hacen cualquier cosa” a ser consagrados. Con Pauline Oliveros ya habían dado un concierto vía Internet. Un movilero de América TV de Argentina le dijo a Moncho Conlazo mientras tocaba: “Un minuto por favor, dame un minuto nada más… estamos en vivo”. La cámara se acercó al músico, Moncho le contestó que no podía, que estaba tocando. Fue tal vez, la primera entrevista hecha a un grupo durante un show. Sucedió en el invierno de 1999 en el Instituto de Cultura Iberoamericana. Los flashes desde el ICI interrumpieron el noticiero de Néstor Ibarra hasta que el movilero consiguió la nota. En horario central, se pudo ver a un percusionista con síndrome de Down, un guitarrista vestido de árabe y un tercer integrante que respondía preguntas mientras pulsaba un rack de efectos con una manopla de plástico. “De la manera que organizamos nuestro sonido —declaraba Alan mientras abandona el rack y vuelve a la guitarra— podríamos salir al escenario con tijeras de podar. Pero usamos guitarras. La gente quiere ver guitarras; la juventud las necesita”

Reynols fue durante un año banda estable en el programa “La salud de nuestros hijos” del famoso Dr. Socolinsky. En una de las presentaciones, el conductor pidió que muestren uno de sus primeros vinilos. Lo único que tenían encima era el legendario disco de la banana de la Velvet Underground y ¡lo mostraron como propio! Otro programa al cual fueron invitados en vísperas de una Navidad (siempre en Argentina) fue “Hablemos claro”, un talk show donde la conductora le preguntó a Tomasín cuál era su deseo para las fiestas y el baterista contestó: “Amor, Salud y trabajo”. Ella buscó ser políticamente correcta y agregó “Muy bien, buenos augurios para todos los argentinos”. Tomasín replicó inmediatamente: “¡No, para mí solo!”.

 

   Cerca del año 2000, iban a ser invitados al programa de Susana Giménez (la famosa diva de la TV Latinoamericana). El objetivo primordial de ellos era regalarle en vivo a la millonaria rubia, un billete de 100 dólares como ironía. Finalmente no asistieron porque desde la producción querían únicamente que vaya Miguel Tomasín, sin el resto del grupo. Los padres de Miguel y el resto de la banda decidieron rechazar la invitación por aquella condición y porque consideraron que Tomasín no es ningún freak televisable. Finalmente el líder declaró que “Los Reynols no existen”. Y dejó en claro tres cosas a un diario capitalino. Que “antes del huevo y la gallina fue el gallo”, que “la felicidad es Jesús tomando sol en su terraza” y que “Dios es una cámara oculta”.

   En 1999, la BBC le solicitó material a la banda para ser incluido en un programa dedicado a la música del siglo XX.

En febrero de 2004 publicaron una carta anunciando que el ciclo de vida de Reynols había llegado “a su fin natural”. Y fue así. Después de casi diez años de silencio, y sin anuncios mediáticos de ningún tipo, se mostraron en la TV Brasilera como una dupla simbiótica. Solo Miguel Tomasin y Moncho Conlazo. Nunca se había expuesto mejor el espíritu del grupo. Desde la declaración de Miguel de que los Reynols no existen, pasando por una carta formal de separación, hasta este inesperado regreso; Reynols puede ser cualquiera, nadie, separarse sin hacerlo, reunirse sin nunca dejar de tocar. Ser una nota infinita, un efímero sueño, una mentira, una estafa o un simple alambre vibrando en la soledad del apocalipsis.

(2013)

Alex Ross lo hizo de nuevo

 

Ciudad X – La Voz del Interior

  En principio es un objeto precioso. Un libro gordote lleno de ensayos sobre música escrito nada menos que por Alex Ross, el crítico del New Yorker que ya había deslumbrado con El ruido eterno, merecedor de la candidatura al Pulitzer consiguiendo un éxito sin precedentes para un volumen sobre música: la unanimidad crítica y la popularidad entre los lectores.

  Ross empieza Escucha esto diciendo que odia la música clásica. ¿Qué es lo que ha hecho este género para convertirse en un concepto tan odiable? “Hablar ahora de «clásica» implica que lo que vas a escuchar es música del pasado”, escribe. Por eso odia que se la llame así, porque se sigue componiendo y tocando, bien y mal, pero sigue viva. Molesta también que los cultores más fanáticos crean que la música “popular” -otra aberración de los rótulos- sea considerada mala, poco sofisticada o comercial. Ross destruye cada uno de estos prejuicios y muchos otros con un recorrido que lleva desde Mozart y Schubert a Radiohead y Björk. Nutridos pasajes sobre música experimental, público, industria y líneas melódicas son imperdibles para entender el viaje. Lo fuerte es regresar al punto de partida para convencernos de una idea global de este arte y su desarrollo en los últimos siglos con una homogeneidad llena de matices pero nunca fragmentada.

  Para acompañar semejante proeza el autor puso a disposición del lector una página web donde se encuentran buena parte de la música a la que hace referencia y sirve para comprender el alcance de las explicaciones. Una camaradería para quienes no conocen de música ni saben leer las partituras, insertas en algunas de las más de 600 páginas del libro.

  Ross insiste en cómo se entrelazan los lenguajes musicales a través de la historia. Radiohead y Björk muestran de manera muy explícita la conexión con Messiaen y Stockhausen respectivamente, por ejemplo. El autor retoma pasajes o armonías que aparecen aquí y allá como si monitoreara a un gen que va emergiendo una y otra vez a lo largo de los siglos, y se detiene a describir qué es lo que  produce cada aparición, cada utilización de la fórmula, cómo muta, cómo afecta en la personalidad de quien la porta. Ross no sólo es periodista musical sino también músico, alguien que puede explicarnos ciertos misterios internos a la hora de componer, ejecutar, o vivenciar la creación sonora. Utiliza la sociología, cita arquetipos antropológicos y juega a historiador pedagógico en el artículo donde narra cómo la grabación cambió la música para siempre.

  El interés central que puede desconcertar al lector, y el punto alto -gigante- de Escucha esto, es la descripción del núcleo sonoro mismo del siglo XX, compuesto de todo tipo de sonidos y ruidos, incluso los molestos, extraños e increíbles, no sólo a través de profesionales que los producen sino el que se manifiesta espontáneamente en las calles, el cerebro, o como hobby en la experimentación digital hogareña y comercial en las películas y la televisión. El auténtico problema de la música como arte es conseguir que esto cobre sentido en una sala de conciertos. Siempre con una prosa cómoda y genial, el autor explica por qué no basta con robar un mingitorio y colgarlo en la galería.

  Dice Martin Mull en el prólogo que “Escribir sobre música es como bailar sobre arquitectura”. Ross, que no había escuchado hasta los veinte años otra cosa que no sea música “clásica”, ha brindado otro espectáculo brillante, sea lo que sea que haya hecho.

(2013)