Lanzamiento

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Este es Pasadena, mi nuevo libro de poemas. Una colección breve de versos e historias poéticas con un lenguaje que homenajea al neutro de los doblajes de mi niñez conformando una paleta de colores que refiere a la América lavanda de ciertas viejas cintas y fotografías de los años 50 y 60. Intente expresar algunas cuestiones emocionales con dicho lenguaje, espero haberlo logrado. En mis redes pueden ver los puntos de venta, por el momento sólo en la ciudad de Córdoba (la Argentina). Empieza con este poema:

 

 

estas son las palabras que nos sobrevivieron
fuimos extraños arrojando las cenizas de un aduanero
al viento del domingo

los añejos panteones argentinos
son perros pila petrificados
que pronto habitaremos

cansa el pecho tártaro
cansa además
que a las pulsiones del cuerpo
las monte la palabra

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Multiversal, por Marcelo Díaz.

“sabemos que lo poesía no falla

pero tampoco existe

el humano noctámbulo

detenido

tipeando

es la metáfora”

 

P.G

 

   Pablo Giordano fue un enigma hasta el año pasado. Había publicado en varias antologías, tenía en su haber un libro de poemas llamado La felicidad es un Gordinielogiado por María Teresa Andruetto, y un volumen de cuentos en Montevideo el cual motivó a Mario Bellatín a escribirle. Su blog Cosas de mimbre fue uno de los más visitados en el país y su participación en diarios y revistas de América y Europa hicieron conocido su nombre. 

    La primera vez que escuché de él fue a principios del año 2009. Lilia Lardone realizó un monitoreo (o una radiografía) del campo literario cordobés y elaboró una antología de autores que por una u otra razón mantenían un vínculo con la provincia de Córdoba, se llamó Es lo que hay (babel 2009).  En la presentación se esperó su presencia para desmitificar sus faltas en los foros literarios. Giordano no asistió y  terminó de contribuir al rumor de que no existía, que se trataba del seudónimo de algún escritor cordobés. Al respecto, el autor bromeaba bautizándose como el Salinger hispano y por esos años brindó una entrevista para la feria del libro provincial, ¡vía telefónica!

   En simultáneo circulaban expresiones que hablaban de jóvenes promesas de la literatura. La idea de promesa por entonces no me convencía. Y por supuesto que ahora, pasados varios años y después del recorrido de los textos de  Giordano, me parece que ya no es pertinente usar esa expresión. Lo que antes figuraba un proyecto de escritura, hoy es la obra de un autor con una voz propia y resuelta que no le debe nada a nadie.

    El año pasado salió al ruedo con el libro de cuentos Los muertos (Primer Premio El Mensú Ediciones) y la novela Chozaseditada también por este sello y presentada en Casa 13 donde por fin el autor se dio a conocer como un escritor autodidacta de Las Varillas. Con respecto a la novela, Fabián Casas la comparó con la literatura de Zelarayán, y Luciano Lamberti le contestó al suplemento Ñ de Clarín que se trataba de lo mejor que había leído el último año.

   Roland Barthes considera  que un texto puede no ser sólo una estructura de significados sino una galaxia de significantes en el que se acceda a él a través de múltiples entradas sin que alguna gobierne por encima de las otras. Las interpretaciones no se clausuran, por el contrario, es la pluralidad de sentidos lo que mantiene en funcionamiento la maquinaria interpretativa y las lecturas a veces son reversibles,  se movilizan en diferentes direcciones y lo que sigue puede ser un ejemplo de ello.

   Desde un comienzo los versos “no fui llamado a ser el poeta de mi generación/ en este universo/ no hablaré de la patria ni el futuro/ de nada/ igual de anacrónico” proponen una ruptura contra esa serie de procedimientos literarios que se repiten en el tiempo y llevan el nombre de tradición como si lo escrito fuese a parar al tacho de basura de Charles Bukoswki. El movimiento de lectura es doble. Por un lado la poesía ocupa, y de esto se han encargado varios estudiosos, una posición periférica dentro de la literatura y a la vez, con respecto a la escritura misma, el yo lírico decide separarse de sus pares y ubicarse en una especie de nadedad espectral desde la cual nos dirige la palabra.

   En ocasiones el poeta siente que debe explicar cuál es su condición y qué entiende por poesía mediante preguntas del tipo: “¿Por qué no llevan Señor /título sus poemas/ ni puntos/ ni comas?/ porque son huérfanos” La orfandad como una excusa para hablar no de la vivencia personal e intransferible, la orfandad como una ausencia de tradición literaria. Una poética de consignas que precisan un posicionamiento frente al orden de la lengua:“no seré/ el poeta que lee un cielo/ para escribir la tierra/ tampoco el de la justicia/ ni civil ni poética/ repito/ ni retórica” Los poemas se ubican en el terreno de la inmediatez, no importa lo que vendrá, ni el pasado de nuestros precursores así como tampoco vale confundir literatura con educación cívica o formación en valores, la poesía no es un manual acerca de cómo organizar nuestra experiencia en el mundo.

   Existe un término que proviene del mundo de las matemáticas y es el término fractal. Los fractales son estructuras autosemejantes y repetitivas de la naturaleza, estudiarlos permite comprender cómo se componen las partículas elementales del universo. Los poemas de Giordano podrían ser una metáfora de la idea de duplicación y de esa necesidad de continuar y seguir minuciosamente el recorrido de la experiencia personal transformada en lenguaje. Duplicación como procedimiento formal: “me dijeron/ que la muerte lo visita cada noche/ y cada noche le susurra/ la fecha cercana” y  duplicación como una prolongación y un espejo del rostro de nuestros padres: “¿Cuándo muté en él/ empecé a arrastrar con pesadez/ las pantuflas por el pasillo/ hasta el baño?” o sino en los versos: “a cierta edad/ los padres ingresan en superposición cuántica”.  Lo idéntico y lo distinto habitan un mismo plano en el territorio de la escritura.

   En los siguientes versos: en la vigilia o en el sueño/ remo en el potrero de infancia/ la tierra espesa/ el holograma universal” asoma con cierta incandescencia la palabra holograma que bien podría estar acompañada por el término representación. En Multiversal la representación se vuelve un tópico y configura una realidad fantasmática a lo largo del texto. Pienso en qué significa representación e inmediatamente lo asocio con la idea de simulación a la manera de Baudrillard.

En varias oportunidades los versos edifican sentidos relacionados con lo fantasmático:“dijeron que ese fantasma era yo” enuncia la voz del yo lírico o sino la imagen del autofantasma del abuelo que parece perderse en un túnel temporal y nostálgico en:“cristalino / con cívica lentitud/  su exótico auto fantasma/ rueda la barranca del domingo”sin perder de vista al mismo padre definido como un “rancio fantasma doméstico” en el corazón de una familia desdibujada. La diferencia entre representación y simulación está en que para lo primero todavía existe una referencia, una suerte de ancla, en lo real. En cambio para lo segundo: no hay una cartografía posible sobre la realidad, los signos han perdido su referente inmediato. Lo mismo ocurre con la experiencia que, distinto a lo que sucede con las leyes de la termodinámica, no sigue una única dirección sino que se disgrega como un conjunto de neutrones en el centro de la nada misma.     

Relacionado con lo anterior recuerdo una novela de Orson Scott Card en la que unos niños aprenden con hologramas mientras sus padres están trabajando. Recuerdo, también, las palabras de la princesa Leia dirigidas hacia un joven Skywalker, como una botella arrojada al océano del inmenso cosmos, palabras que no llevaban fecha ni lugar de enunciación y proponían el desafío de salvar el mundo o  mejor aún: recuperar el orden de todas las cosas. 

   Desde el fondo de la casa se escuchan los pasos y los maullidos de Schrödinger acercándose para confirmarnos en forma provisoria en esta realidad como si fuésemos a emprender una suerte de  viaje estático. ¿Cómo es que un estado  puede ser a la vez b?O: ¿cuándo dejamos de ser nosotros mismos y pasamos a ser otro? De todas las opciones para realizarnos aparecemos aquí y contemplamos a la distancia las múltiples e infinitas alternativas que le siguen, o le hubiesen seguido, a nuestra existencia.

  Para Vicente Federico Luy la poesía era en teoría la única ciencia que se encargaba del problema. Giordano recurre al campo científico, retoma términos como  moléculas, unidad de longitud,  superficie, volumen, capacidad,  peso y temperatura  o se detiene en relatos cotidianos que documentan el funcionamiento de la naturaleza.

   Puede que a estas alturas ya no importe resolver el problema o la pregunta acerca de cómo adquiere sentido la propia experiencia sino que lo hace para cuestionar la posibilidad de que el mundo disponga de un sentido prefabricado. Simultáneamente recuerdo que Osvaldo Lamborghini disponía de un enunciado compuesto por tres premisas: existir, ser, estar vivo. Por alguna razón identifico el verbo existir con escribir. Como si la escritura fuese la garantía de que aún es posible revestir de significación lo que nos toca. Tal vez sea muy pretensioso pero quién dice que la poesía en el devenir torrentoso del lenguaje no simula un mapa (cuando no un laberinto) hacia una lejanía secreta e íntima como un espejismo.

 

Marcelo Díaz.- Cba. 2012.-

Finales

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como quien oye llover
sin despegar la vista del libro
oigo a mi esposa dejarme

los cajones se abren y golpean
con melancólica violencia
los cierres de los bolsos
abren tajos en la materia aérea

jamás hubo tanto silencio

los taconeos por la casa
el segundero que marca la hora
en que vuelvo a ser otro

 

 

 

 

comienza a detener
el pueblo su noria

oigo esteros
llamados de aves

no más que aire violentado
procesado
captado por el oído
interpretado por el cerebro
significado por la cultura

el ruido de la moto lejana
después
de dos horas de silencio

un mensaje de texto
equivocado en la madrugada

me duermo con el roce de su ausencia

 

 

 

 

viajamos hacia el frío
sin saber cuándo
la oscuridad decretará
lo suficiente

la soledad
y toda su oscilante timidez
empieza a acariciarnos

debemos cerrar los ojos
dejarla hacer

con el tiempo recorrerá nuestro cuerpo
parte por parte
con sus palmas mudas
probando pavorosa
cada cicatriz
hasta devorarnos por completo

¿de dónde viene
a sacarnos de a poco la ropa
a abrirnos la cama?

 

 

 

 

el abandono
con su tarde plateada
acaricia el agua
de los ojos

en el fondo es cobarde
la muerte
toma el rostro del cadáver
para mirarnos

el recuerdo de la fiesta
la niña dormida
en la hamaca bamboleante
con una guirnalda de cumpleaños
enredada en el tobillo

 

 

 

 

sirva otro trago
mozo
está saliendo el sol
la empleada pasa el piso
después de barrer las colillas

lagañas de luna
resto de olvido en los vasos

las patas de las sillas apuntan al techo
estacas de una aldea
al aguardo de sus decapitaciones

Una mina de Cortázar

1507-1  En una carta enviada al poeta y pintor Eduardo Jonquières en 1957, Julio Cortázar escribió: «Yo vivo tan en mis cosas, tan contento con la presencia de Aurora, que no necesito una vida de relación intensa». La mujer a la que hace referencia es Aurora Bernárdez, su esposa, quien murió hace apenas tres años, en París, a los 94. Dejó una vida de viajes, traducciones y erudición, en medio de los grandes nombres de las letras del siglo pasado. Conoció a Cortázar en 1948 cuando se convirtió de inmediato en su primera lectora. El escritor la nombró su heredera universal y desde la muerte de este a la suya, cuidó la obra del cronopio, editó sus libros póstumos y su correspondencia. Ahora toca el turno de ella. El libro de Aurora reúne poemas, relatos y las notas de diario personal escritas en el París de los gloriosos sesenta y setenta donde la vida cultural la convirtió en una mujer del siglo XX con todas las letras.

  Aurora Bernárdez nació en Buenos Aires en 1920, se licenció en Filosofía y Letras en la UBA. Tradujo al español obras de Lawrence, Durrell, Flaubert, Calvino, Nabokov, Camus, Sartre y Faulkner, entre muchos otros. Mantuvo, como escritora, un perfil bajo absoluto, al grado de no publicar. Quienes la conocían quedaban maravillados. Vargas Llosa,  refiriéndose a la pareja, aseguró: “difícil descubrir quién era más inteligente y más culto, cuál de los dos había leído más, mejor y con más provecho […]. Yo estuve siempre seguro que Aurora no sólo traducía —lo hacía maravillosamente— sino también escribía, pero se abstenía de publicar por una decisión heroica: para que hubiera un solo escritor en la familia”

  Entonces surgen algunas tentaciones: ¿Cómo fue tener a Julio Cortázar en el cuarto de al lado escribiendo Rayuela? ¿Qué se siente resignar los propios texto por la sombra que proyecta un gigante de las letras? ¿Qué tipo de literatura produce una mujer que ha traducido a los más grandes de las letras universales y corregido a uno de los mayores de sus cuentistas? Pero la Aurora de este libro no se somete a la fascinación del lector interesado en leer a ”la mujer de”; sino que nos descubre su obra oculta durante décadas (escrita pasados sus setenta años) resultado quizá, de los cuadernos de toda una vida, que fueron desapareciendo, en muchos casos, intencionalmente.

  Esta edición contiene, además, la transcripción de la única y extensa entrevista que concedió Bernárdez a Philippe Fénelon para su película documental sobre Cortázar. En ella Aurora revela un costado no tan comentado del autor argentino y se detalla su extensa estadía en la India, donde no sólo quedaron pasmados por el concepto de la muerte y el tratamiento que daban a los cadáveres en las fantasmagóricas aguas del Ganges; sino las peculiaridades de la arquitectura hindú que inspiraron “Instrucciones para subir una escalera” entre otros textos.

Lo suficiente…

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entre las banderolas
los acueductos
moro

salto y me refugio
de una en uno
bajo
por los techos
habito veloz
las alcantarillas

vacilantes tapiales
de los gatos
cornisas y molduras
de las ratas

manglares
de vereda a vereda

tengo once años y escapo de una sustancia de la vida
cumplo con un mandato de los sueños
y lo tipeo

 

 

 

 

a los vecinos ahorcados en los fresnos de las medianeras
un pibe morocho sin magia
paseaba estudiando

visitaba
el puente donde los cuerpos
eran atraídos hacia el alivio

con el tiempo aprendió a remolcar en el agua
los embutidos fríos
desanudar los frutos tensos
en lo alto
de la rama más fuerte

devoraba este niño los capullos
uno a uno
en laboratorios desolados

dijeron que ese fantasma
era yo

fue la estación en que cumplí
todos los años

 

 

 

 

por esta ciudad anduve tanto que
igual a fonemas harto repetidos
la desconozco

¿sabrá de mí?
¿o también
me repitió demasiado?

¿soy una aliteración
una marca de agua en sus fotografías?

 

 

 

 

¿por qué no llevan
señor
título sus poemas
ni puntos
ni comas?

porque son huérfanos
pobres

¿cómo flores silvestres
en la brisa de la tarde?

no
mejor guachas
en medio de un monte
entre espinillos asediados por serpientes

¿o gorriones
atravesando la lluvia
hacia la muerte?

no
cabezas de muñecas quemadas
en el poniente del baldío

Bolsas plásticas en los baldíos de Las Varillas

Pablo Giordano vive en Las Varillas, Córdoba. En 2011, El Mensú publicó su libro de cuentos, Los Muertos; este año Editorial Ciprés publicó Chozas, su primera novela.

 por ADELA SALZMANN

¿Cómo pensás la relación de tus personajes con la organización en etapas de su vida? ¿Cómo arman su historia?

Creo que son personajes que no pueden armar su vida, sino que son arrastrados por ella. Están a la deriva de un paradigma en el cual es muy difícil asomar la nariz hacia algún atisbo de salida. Hay varias metáforas sobre eso a lo largo del texto [Chozas], a esos chicos los lleva el viento como a las bolsas plásticas de los baldíos. Es por eso que, en un momento, ven en la literatura una forma de escape como otros la verán en el boxeo o la delincuencia. Ingenuamente creen que uno puede trabajar de escritor y salir de esa vida donde otros ya tomaron las decisiones por ellos. La novela trata de este tipo de cosas: el paradigma en el que se nace, las elecciones que otros tomaron hace mucho sobre el destino de nuestras vidas, y el paso del tiempo. La conciencia, ese suspiro del hámster en la rueda, es la que indirectamente narra.

¿Qué pensás de la educación?

Yo dejé de estudiar en segundo año del secundario, no tanto por cuestiones educativas sino de salud; pero creo que la educación no está pasando un buen momento. Si bien el modelo y los planes de estudio se van actualizando, no contemplan cuestiones de base, como el incentivo hacia la curiosidad y las preguntas basales de la humanidad, como de dónde venimos, por qué estamos aquí, y qué es la realidad. Estoy hablando de la educación en general, obviamente, quizá no deban tocarse estos temas en primer grado, pero si uno puede llevar a sus alumnos a contemplar el cielo y hacerles tomar conciencia del universo, o a los más avanzados a entender que para que su padre tenga un empleo y pueda darle de comer tuvo que luchar y morir mucha gente para que este fuera un país libre; y no hacerles hacer láminas estúpidas de gente con paraguas frente al cabildo. Sigo generalizando para que se entienda el concepto sobre los planes de estudio. Hace años la hija de una ex novia me pidió ayuda para un trabajo que le habían dado en el colegio. Iba a tercer grado, el tema era Malvinas porque se acercaba el 2 de abril. Inmediatamente noté que no se podía comenzar a realizar la tarea sin explicarle a la niña, antes, lo que era una guerra (¿Se imaginan la cantidad de cosas que hay que explicar antes de eso para que una niña de esa edad llegue a entender el concepto bélico?); así que imagínense lo que sería explicarles Malvinas cuando, por lo visto en el cuaderno, la docente creía que habíamos sido invadidos por los malvados ingleses en 1982 y nuestros soldados patriotas habían ido a recuperar esas islas tan argentinas donde por lo visto no vivía nadie, y si alguien había allí serían argentinos, ya que por lógica –sobre todo una lógica de siete años– si las islas son argentinas quienes viven allí deberán serlo.

Las escuelas no están preparadas para formar en los valores esenciales del conocimiento que permiten una educación independiente de la institución (que debería ser un complemento), una autoeducación que sólo te brinda la curiosidad por el universo, la conciencia, la historia de nuestra humanidad y sobre todo, el pensamiento escéptico, el amor a la ciencia, es decir a la verdad. Me cuesta, muchas veces, y me sorprende con enormidad, encontrar profesionales de disciplinas consideradas científicas que desconocen absolutamente el método, el pensamiento escéptico y, no sólo eso, pueden llegar a creer en la astrología, por ejemplo. Eso no puede ser otra cosa que una falla en la educación, que sigue atada a la sociedad sin cuestionarla. Me parece que dimos un paso, por ejemplo, al despejar a la religión de las escuelas públicas. Ahora, lo que no se hace es enseñar que las religiones son una falacia y la tragedia más grande de la que la humanidad se tiene que desprender para siempre.

¿Puede ser la ciencia de alguna forma una religión?

No, de ninguna manera. La religión, entendida en el sentido clásico, intenta re-ligar un supuesto vínculo perdido hace siglos con un supuesto dios; y en el sentido moderno de religión, se puede decir que es toda aquella práctica llamada espiritual basada en falacias o pseudociencias. La ciencia, en cambio, es un método para arribar a la verdad. La religión es dogmática y no aportó jamás evidencia a sus postulados, ha sido refutada millones de veces, explicada, documentada como falsa, rastreada en la historia de la humanidad hasta sus inicios antropológicos de control de tribu, etc. La ciencia se ha ido desarrollando con un concepto de apertura total, cuyo valor principal es el escepticismo, el cuestionamiento, y ser antidogmática por naturaleza, y obligarse a presentar evidencias antes de declarar que algo es una verdad con la cual se deba proceder, al contrario de la religión y las creencias, que accionan sobre mentiras y producen mucho daño.

El pensamiento de que la ciencia es como una religión moderna es ingenuo y contemporáneo. Nace de las nuevas religiones New Age, que al no tener argumentaciones válidas para sus creencias, al ser refutadas constantemente por la ciencia, construyeron ese rincón en el que se creen seguras, argumentadas y sabias –como si acabasen de desentrañar un enorme paradigma que nos domina– aunque lamentablemente esto también es falso. No existe ni ha existido en la humanidad un método mejor para arribar a la verdad que el científico, y aún así ignoramos el 70% de la constitución del universo, por ejemplo; cosa que cualquier religión te puede responder en un parpadeo: Dios. Las religiones tienen respuesta para todo porque racionalizan en vez de razonar. Por ejemplo: un niño está a punto de morir, su madre reza para que el niño se cure, le pide a Dios que lo salve: si el niño se salva, la religión responderá que está ante un milagro, uno de los tantos de los que es capaz Dios; si el niño muere, Dios lo ha llamado a la vida eterna. Ergo, el sistema religioso es una burla, una farsa, una mentira que debe ser desterrada. Ha creado un sistema intocable y logrado protección estatal y legislativa bajo la estupidez del respeto a las religiones y credos, y desde allí mantiene a instituciones económicas, mafioso-pervertidas, que dominan a masas y las encaminan a guerras, hambrunas, muertes por abandono (Madre Teresa de Calcuta, homeopatía) y finalmente a retrasos sustanciales en el avance de la ciencia desde hace siglos. El mal que le han hecho las religiones a la humanidad es incalculable y casi total, el de la ciencia es más calculable y perdonable; en la mayoría de los casos, comparados con la religión, no representarían ni el uno por ciento, además de que ha llegado a sus metas con evidencias.

¿Qué cosas hacés para despertarte?

Hace mucho que, de niño, como cuento en la novela, tenía ciertos comportamientos que me hacían despertar. Hoy me despierto solo, fresco, casi sin recordar haber soñado o hasta dormido. Es extraño pero bello, y se lo atribuyo, sin prueba alguna, a las drogas que consumo.//RT3

Revista Tónica – 2012

Papá

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en sueños lo acaricio con las yemas
recorro su rostro lentamente
analizo ese
ser
esa
exoentraña
irreconocible

pregunta qué pasó
cuándo ocurrió
eso de envejecer de repente
el terror a morir de dónde diablos salió
qué ráfaga lo sopló
mientras
daba hilo al barrilete

 

 

 

recuerdo verlo a los ojos por única vez
la mañana
en que me enamoré de la niña mexicana

el vértigo
de mi brazo en su hombro
en el corazón del llanto
el cuerpo frío de su madre en la cama

 

 

 

¿cuándo muté en él
empecé a arrastrar con pesadez
las pantuflas por el pasillo
hasta el baño?

ahora
dobla el diario con estertor de rana decapitada
el sol pega de golpe en su nicho

mamá cocina

concentrado en el plato y los cubiertos
de visita
almuerzo y ceno como recluso

a cierta edad
los padres ingresan en superposición cuántica
uno los da por muertos
pero allí están sus esqueletos sosteniendo una carne cansada

la televisión ensordece
se oye Animal Planet:
los lagartos del sur de Australia
son fieles durante veinte años o más

al aplastar uno en la carretera
su pareja resiste semanas
dando empujoncitos al cadáver