Rosa de los vientos

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La vida en Irak antes de los dictadores. Los muy raros norteamericanos, incapaces de entender que estando lejos de tu país, no extrañes a tu auto. El bush australiano, un organizado laberinto como frontera final. La fascinante y asombrosa adaptación de los esquimales, ágape de carne cruda incluida. El gran Sahara uniendo y destruyendo pueblos aquí y allá, sin olvidar el rol de España y Marruecos en las matanzas de la arena prometida. El despertar del monstruo Chino que ya veíamos crecer como bebé con gigantismo. Y por último, la hermosa Alaska abandonada a bordo de un avión chorreado de sangre.

Estas son algunas de las postales que Rosa Montero publicó a lo largo de veinte años (1979-1999) en diferentes medios como artículos de viajes, crónicas, entrevistas, ensayos, y sobretodo como  lo indica el título, estampas. Textos con un denominador común: el fin de la geografía, la última frontera, la conversión de lo brutal-natural en lo actual anodino. Una prosa exquisita como ya conocen, capaz de oficiar de guía turística e histórica a la que no dan ganas de soltarle la mano.

Emily

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Emily Grey tenía treinta años y un duende
la boca reseca cerca
de media mañana
unos calores demoníacos le subían
por las piernas y
se alojaban allí
donde arde

el resto del día Emily vivía sin ilusiones podando el jardín
hablando con su gnomo
mintiéndole
sobre vacaciones en Denver
en San Diego sobre sus sueños
de convertirse en pintora sobre lo
que los doctores dicen de ella

su vecino el plesbiteriano Joseph Kirsten
en su reposera reclinada
veía irse la tarde oyendo apenas el murmullo de Emily
América ya no era lo que fue

mirando los nubarrones
veía ángeles
Joseph Kirsten

una tarde con su cerveza
el bamboleo de los árboles
los vientos del sur le hablaron
el sol se retiraba de la cerca
tenue la sombra oblicua
Joseph Ksaltó
cambió de patio
y Emily lo vio venir
y gritó
un segundo hasta que
Joseph Kirsten
le tapó la boca
la arrastró dentro de la casa

y afuera tronó
y llovió
hasta el día siguiente

La vuelta a la Luna es oficial al igual que el primer hombre en Marte

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Es oficial: la NASA ha anunciado formalmente su plan para volver a la Luna y para enviar a la humanidad, por primera vez, a Marte.

Para dentro de 10 años, la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio de Estados Unidos quiere liderar su gobierno en el espacio llevando al hombre, de nuevo, de vuelta a la Luna. Quiere que esto ocurra en 10 años; además, también quiere pisar Marte por primera vez dentro de 20 años. El objetivo, en realidad, no es volver a la Luna (que también), sino usarla como trampolín para pisar Marte, algo de lo que ya hemos hablado.

Además de estos proyectos, recordamos los planes de la NASA de retirar la Estación Espacial Internacional y sustituirla por la Deep Space Gateway, una nueva estación que orbitaría entre la Tierra y la Luna y que serviría tanto para enviar el Deep Space Transport (un vehículo interplanetario) tanto a la Luna como a Marte; sería como un punto intermedio y, por lo tanto, una de las partes más esenciales del plan.

Pero los planes de la NASA no son fijos. Como se dice 10 años para llegar a la Luna, se dice 8 o se dice 15, claro. La NASA deja abierto cualquier posibilidad de que suceda algo que atrase o que adelante el plan, lo cual es muy realista. Por ejemplo, una de las misiones de las que más dependen es de la Mars 2020, el nuevo rover (un pequeño helicóptero) que se enviará e Marte en 2020.

También en 2020 se enviará a la órbita baja terrestre 13 CubeSats (nanosatélites) para saber cómo preparar mejor las cargas útiles para el viaje espacial, tanto para llegar a la Luna, Marte o para más allá, en un futuro. Con lo aprendido mediante esos satélites, la agencia espacial piensa poner astronáutas en la órbita de la Luna en 2022, en apenas 4 años.

(la entrada completa acá)

Mafias del Tenis

Golpe-de-efecto

  Valerie Simpson, la nueva promesa del tenis americano, es asesinada en pleno US Open en la cumbre de su carrera. El agresor deja en los pasillos del estadio algunas pistas: una bolsa deportiva con el orificio de bala y el arma dentro. Myron Bolitar, el agente deportivo al que la tenista quiso contactar un día antes, considera el episodio como una afrenta personal y se lanza a investigar el misterio por su cuenta: cree que el homicidio está relacionado con unos oscuros casos de hace años en el mundo del tenis . Junto a Win, su socio comercial y de aventuras (un yuppy un tanto psicópata), Bolitar tendrá que hurgar en la industria de un deporte aparentemente anodino para encontrar una realidad muy distinta.

  Golpe de efecto se publicó por primera vez en 1995. Los protagonistas son los mismos que en Motivo de Ruptura, y continúan sus biografías aunque las novelas no constituyen una saga. Al norteamericano Harlan Coben, prolífico autor de policiales y suspenso, le sirve el contexto para documentar cómo se mueven los grandes grupos empresariales que patrocinan eventos, la alta sociedad, la corrupción del estado, las mafias, y las perversiones que se relacionan con un deporte solitario y egoísta.

  En el tenis, se denomina drop shot (o golpe de efecto), a la bola que para quien la recibe es un misterio. Su rebote es impredecible y ocurrirá cerca de la red: precisa metáfora de cómo se le presenta el caso al sarcástico detective amateur.

Mellow

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alguien comentó lo triste o alegre
en la vida de Mellow
pero no recordamos
si la vida de Mellow fue triste o alegre o igual
de absurda que la de cualquiera de nosotros

murió una mañana tranquila
ninguno la lloró demasiado
ni a los años ni nunca

hay un llanto tácito
la fatídica frase del cuervo
horada
el hueco lleno de gusanos

por la ventana
pasan nuevos desconocidos
las puertas del vecindario se estremecen

en el matutino de hoy
una poesía homenajeó a Mellow
sus piernas volvieron a trepar los pilares del Vina Vieja
sus brazos
abiertos al cielo
corrieron otra vez
cruzaron los distritos vecinos
sus cabellos bermellón al viento
gritando
como cualquier otro mamífero
que pronto se olvida
bajo las ruedas de los autos

la luz oblicua

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a lo lejos llovizna sobre los tejados de Linda Glen

tus ojos azules
títulos en mi lápida
perdonan como la luz oblicua
del polo
al bamboleo del mundo

mi memoria es minúscula y está llena de monstruos

 

(de Pasadena. Dínamo Poético Editorial. Córdoba, 2018)

Los necesito /2

Amigos que me asistieron en este work in progress hace algunos días: luego de aplicar las recomendaciones que ustedes me hicieron, pego abajo una primer revisión, a ver qué les parece. ¡Gracias!

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  La última vez que sus pies se hundieron en el césped del patio, tenía empleo y esposa. Directo desde la cama, sin vestirse ni pasar por el water, no siente que sea exactamente él el que está allí. Empleo y esposa; y una perra: Belkis. Hace años, Julio, Belkis y Carolina eran una sola entidad cuando jugaban, por la tarde, en ese mismo patio donde ahora la circunferencia del sol se completa sobre el muro. Extraña a la perra, no a Carolina. Eso debe tenerlo en claro. Es Domingo de fuego en Rosarito, invadida por las enormes antenas de alta tensión que la afean tanto.

  Anoche, como cada Sábado, los güeritos dejaron el reguero de basura por toda la calle. Ninguno tiene edad para saber que han cruzado a otro país. Creen que México  es el estado más divertido de América. La compañía de limpia del Ayuntamiento envió al personal de las playas a juntar la mugre de este lado. Un gordo que apenas si puede mover la bolsa donde debe colocar las latas de cerveza, entra y sale del cuadro que Julio descubre en la ventana mientras enciende un cigarro y termina de abrocharse la camisa. Se nota que el gordo es un voluntario, que tuvieron que recurrir a gente como él o quizá a presidiarios porque seguramente la mayoría del personal de la compañía se quedó limpiando la sobrepoblación de medusas en la costa. Ahora Julio cierra la persiana y alcanza a ver al gordo agacharse con dificultad, levantar una lata y botarla dentro de la bolsa.

  Julio cierra la puerta y proyecta en su mente el cruce por el Mojave. Enciende el Tsuru, baja a la calle y lo deja allí rumiando mientras cierra el garaje. Luego se sube y acelera. A las pocas calles gira por Troncoso Miranda, donde está el templo Bethel que siempre lo intrigó. Un día va a entrar, lo presiente, es una de esas sensaciones que lo empujan, como ahora, a una experiencia sin sentido, como este largo viaje por una perra.

Como platos sobre el agua

De cómo un error periodístico y un grupo de creyentes crearon a los platos voladores.

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  1947, nace el Fondo Monetario Internacional, su constitución prevé un alto nivel de empleo mundial y reducción de la pobreza. India y Pakistán se independizan del Reino Unido. Estonia, Letonia y Lituania son incorporadas a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Japón se transforma en una monarquía constitucional y se presenta Polaroid Land, la primera cámara de fotos instantáneas.

  El 24 de Junio de ese año, fue un día espléndido para volar sobre Oregon. Desde la avioneta el horizonte era una línea azul etérea curvandose sobre las montañas Cascade. Kenneth Arnold, un vendedor de equipos de extinción de incendios ve algo en el cielo en pleno vuelo cerca del monte Rainier. Objetos erráticos —contaría después al periodista Bill Bequette, redactor del The East Oregonian—, eran nueve, tenían forma de bumerang, se desplazaban como piedras cuando rebotan sobre una superficie líquida, como platos lanzados sobre el agua”.  

  Pero Bequette confundió el movimiento de los objetos con su forma.  Cuando la noticia fue difundida por las agencias United Press y Associated Press, ya estaba mal redactada. Los objetos se describieron como “platillos voladores”, no como objetos que volaban como platos sobre el agua. Meses después, todo el país juraba haber visto platillos volando en su ciudad y no tardó en afirmarse que se trataban de naves interplanetarias. A la gente le encantaba el tema, hacía tiempo que las publicaciones de ciencia ficción venían creando el campo propicio para disparar la creencia. No pasó mucho tiempo hasta que aparecieran los primeros testimonios de contacto extraterrestre y se globalizara.

  En 1950, el célebre locutor Edward R. Murrow entrevistó para la CBS a Arnold, quien recordó: «Dijeron que yo había dicho que eran “como platillos”, cuando lo que yo dije fue que “volaban al estilo de un platillo en el agua”» Décadas más tarde, Arnold bromeó:  “Muy probablemente, todas las razas alienígenas y extraterrestres que han visitado la Tierra han tenido que rediseñar sus naves para adaptarse al error de un periodista de un diario local de Estados Unidos del año 47”.

  8 de julio de 1947. Parte de un globo del proyecto Mogul, un programa secreto para la detección de la onda expansiva generada por explosiones nucleares soviéticas, cae en un pueblo perdido de Nuevo México. El Ejército Estadounidense lo recupera, llevándolo al Aeródromo Militar de Roswell. La base era entonces el hogar del Grupo de Bombarderos 509 de la Octava Fuerza Aérea, el primer escuadrón atómico del mundo, el que destruyó Hiroshima y Nagasaki.

    El diario local anunció en su primera página que habían capturado un “platillo volador”. El Ejército tuvo que dar explicaciones: lo recuperado, indicó, son piezas de un globo meteorológico. La explicación coincidía con los trozos de madera y papel de aluminio encontrados por el ranchero Marc Brazel que se presentaron en rueda de prensa. Ni Brazel, el que encontró los restos del presunto “platillo”, ni Jesse Marcel, oficial de inteligencia de la base de Roswell, hicieron mención alguna a la existencia de cadáveres de cualquier tipo. Los pocos testigos oculares de los restos del supuesto platillo coincidieron en describirlo como pedazos de madera balsa y algo parecido a papel de aluminio. El caso Roswell quedó explicado.

   Charles Berlitz era un escritor estadounidense muy conocido en 1980, especializado en civilizaciones antiguas y fenómenos extraños. Su libro más famoso fue El Triángulo de las Bermudas, vendió 20 millones de ejemplares. Allí relató varios casos de barcos y aviones desaparecidos. Ofreció un conjunto de explicaciones convencionales dadas por la Guardia Costera de EEUU y operadores de empresas de aviación o marineros conocedores del lugar. También recogió informes sobre extrañas luces en el cielo y bajo la superficie del mar y enormes explosiones submarinas. Estas desapariciones se las atribuye a causas tales como ovnis, experimentos de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, o restos de antiguas civilizaciones. Se remite a testimonios de otros investigadores de estos fenómenos y a las declaraciones de Edgar Cayce, un estadounidense que afirmaba ser un vidente y haber tenido visiones sobre la civilización de la Atlántida.

    El aviador Larry Kusche investigó a fondo los casos presentados por Berlitz y, en su libro El misterio del triángulo de las Bermudas solucionado (1975), llegó a la conclusión de que algunos casos ni siquiera existieron, otros tuvieron lugar muy lejos del supuesto triángulo, y el resto puede explicarse por causas naturales como malas condiciones meteorológicas, que Berlitz procuró no mencionar o convirtió en excelentes. Ni hablar de las otras menciones delirantes y de tratar de convertir al mito atlante en una verdad.

     En 1980 Berlitz publicó El incidente, libro que escribió con William L. Moore sobre la supuesta captura de extraterrestres en Roswell. Hasta ese momento ningún ufólogo creía que el caso tuviera que ver con extraterrestres, pero el libro instaló una mina de oro para el pueblo, que se convirtió en centro de peregrinación de los creyentes en los ovnis. Gracias a las superventas multiplicadas por millones de creyentes en todo el mundo, el caso Roswell pasó de ser una tontería, a ser un caso OVNI emblemático que disparó además la mayoría de las bases del pensamiento conspiranoico y el antiamericano en el mundo.

  Por supuesto, no hay quien no afirme que lo que cayó en Roswell fue, sí señores, un “platillo”.

Casos testigos

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  Las ciencias, incluidas las blandas, requieren atravesar un método y muchos sesgos para probar alguna cosa como verdad. Necesitan muestras significativas, o de un alto número de individuos y casos. En sociología, la reina es la estadística, pero se pierde en la extrapolación cultural. Entonces: ¿Se pueden iniciar ideas investigativas a partir de casos aislados e inclusive, un solo caso? Howard Becker cree que sí. Donde se encuentra una particularidad, se tiene la punta del ovillo para una futura teoría que aporte preguntas al campo social.

  Becker es un sociólogo de San Francisco (nacido en Chicago en 1928) que trabajó como pianista y orientó sus primeras investigaciones a explorar el mundo de los músicos de jazz, estudio que le valió, después de probarla en diferentes ámbitos, su famosa teoría de la desviación y el etiquetado.

  Esta primera traducción al español de Mozart, el asesinato y los límites del sentido común reúne artículos y ensayos, algunos inéditos, que sirven de apéndices a sus numerosos libros y trabajos de investigación que tienen como objetivo primordial responder a la pregunta de cómo se hace, se debe hacer y entender a la sociología en un planeta cada vez más necesitado de la ciencia fáctica. Para lograrlo aborda temas como las bellas artes, el delito, el consumo de opiáceos, la burocracia brasileña y otros tópicos, algunos únicos,  curiosos y sorprendentes.

 Así como cualquier discusión en nuestro ámbito cotidiano no puede seguir adelante cuando alguien realiza una comparación con el nazismo, o la figura de Hitler, lo cual es improcedente, desleal y erróneo; ocurre algo similar en el campo de las discusiones sociológicas cuando éstas sucumben a la tentación del sentido común. El autor se vale de dos figuras para explicarlo, las cuales tuvo que enfrentar en diversas conferencias y que dan el peculiar título al libro: Mozart y el asesinato. Así como para desacreditar a los modelos democráticos aludiendo a que Hitler fue elegido por el voto popular; un asesinato jamás podrá verse de otra manera que no sea “mala” al igual que con el mismo criterio, no podrá discutirse el “genio” de Mozart. Estos pensamientos producen una desviación en cualquier disputa porque conducen a etiquetados inamovibles: el crimen es malo, Mozart fue un genio. De allí la teoría que propone básicamente deshacerse de las desviaciones y etiquetas para poder estudiar.

  Los casos que el libro expone, además de servir como narraciones autobiográficas, son especiales para entender cómo, sin renunciar a la rigurosidad a veces desalentadora de la ciencia, se pueden desarrollar teorías completas y complejas, basadas en casos únicos, los cuales preguntan sobre los mecanismos de su naturaleza intransferible y de qué le puede servir a la sociología moderna analizarlos.

El lado claro de la luna

El alunizaje humano llevado a cabo por Estados Unidos en 1969 se convirtió asombrosamente en un mito contemporáneo.

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 “Se lleva el secreto a la tumba”. Esas fueron las palabras que, como muchos otros millones de personas en el mundo, pronunciaron varios periodistas el 25 de agosto de 2012 cuando murió Neil Armstrong, el primer hombre en pisar la Luna. Supuestamente, el secreto que se llevaba, era si el alunizaje existió o no. El enunciado “nunca llegamos a la Luna” pasó de ser una denuncia de un grupo de conspiranoicos -categóricamente refutados en su momento-, a una creencia popular que se escucha en la última década en los bares y sobremesas, con aires de superioridad intelectual.

  La idea comenzó en 1974 con las denuncias del norteamericano Bill Kaysing en su libro “Nunca fuimos a la Luna”, empezó a popularizarse cuatro años después, con el estreno de la película de ciencia-ficción Capricornio Uno, donde se ficcionalizó a la NASA intentando falsificar un amartizaje; y en 1968 un guión del dramaturgo británico Desmond Lowden, mostraba un alunizaje con maquetas.

  El mito cobró fuerza, pero muchos grupos New Age y otras creencias absurdas empezaron a luchar por instalar la idea del alunizaje falso y tuvieron éxito. Fue el caso de la Sociedad de la Tierra Plana, que aún existe y sí, Señores, sostiene que la tierra no tiene forma de papa (el tubérculo), sino de tabla. Esta sociedad afirmó que varias de las fotografías eran falsas ya que se veía una Tierra redonda.

  El descrédito del alunizaje fue imparable cuando se sumó el éxito del libro NASA Mooned America, del periodista norteamericano Ralph Rene, llegando a una global masificación en 2001 gracias a la prensa paranormal. Fue el documental  presentado por Mitch Pileggi -el jefe de Mulder y Scully en Expedientes X – emitido por Fox, el culpable.

  Las acusaciones de base son que la bandera en la Luna no puede flamear ya que allí no hay atmósfera y por lo tanto tampoco viento; que no se ven estrellas en el cielo lunar; ni  seguimos visitando el satélite; y que todo fue un montaje para ganar la carrera espacial a  los rusos en plena guerra fría.

  Al principio la NASA no contestó al absurdo, pero para 2003 tuvo que desmontar cada una de las numerosas acusaciones instigados por la prensa. La bandera, por ejemplo, nunca flameó (y se ve claramente en el video), posee un travesaño que la mantiene extendida y su movimiento, que no es ondulatorio, corresponde a la gravedad lunar. Las estrellas no se ven por la misma razón que en un partido de fútbol nocturno, la magnitud de luz no llega a imprimir la cinta; por otro lado sí se siguió viajando a la Luna, inclusive con misiones tripuladas hasta el Apollo 17.

  Algunas de las acusaciones más complejas plantearon que el módulo de aterrizaje pesaba 17 toneladas y no dejó huellas tan profundas como las pisadas de los astronautas; que ni siquiera el poderoso cohete propulsor del módulo dejó rastros cuando debiera haber creado un cráter; que los motores tendrían potencia para levantar polvo al alunizar y por lo tanto la famosa huella de Armstrong no podría haberse grabado si todo el polvo circundante fue soplado.

  Como todas, fueron explicadas no sin tedio: el módulo lunar pesaba entre 15 y 17 toneladas en la tierra, no en la Luna donde su peso se situó apenas entre los 1200 y 1600 kg. La idea del cráter debajo es errónea, el módulo sólo tenía que contrarrestar su peso, por lo que el empuje fue muy inferior, dividiendo esa fuerza entre la superficie de salida de la tobera, logrando la presión de expulsión de los gases, la cual disminuye debido a la rápida expansión de los gases en el vacío, por lo que no era suficiente para crear un cráter, aunque sí para levantar algo de polvo, como se muestra en las grabaciones realizadas desde la ventana del módulo. El polvo de las inmediaciones no fue removido por la falta de viento, y las huellas pudieron imprimirse.

  Para terminar, la evidencia más contundente es un simple cálculo estadístico: el proyecto Apollo llegó a tener en nómina a unas 35.000 personas trabajando y otras 400.000 que colaboraban en empresas y universidades contratadas. Demasiada gente para mantener callada. Las nuevas tendencias religiosas, que se basan en el negacionismo de cualquier ortodoxia, occidentalismo (a pesar de que sus prácticas nada tengan de orientales), la conspiranoia y el odio hacia Norteamérica, utilizan este caballito de batalla que ha llegado demasiado lejos para ser de madera con una tabla mecedora por debajo.

 Países como la Unión Soviética habrían tenido motivos para denunciar el fraude si no fuera que astrónomos profesionales, aficionados y observadores satelitales de numerosas naciones siguieron la misión, junto a radioaficionados que oían las conversaciones de los astronautas a través de sus radiotelescopios apuntados a la región exacta donde se encontraba la nave.

  Aún hoy mucha gente cree o tiene dudas sobre el alunizaje del 69; pero cada vez son menos gracias a programas serios emitidos en la última década como Magonia en España y Cazadores de Mitos en USA.